te á tu ascencion gloriosa: ascendens in altum capiivam duccit captivitatem. Sí, en tu gloriosa ascencion has llevado c&utivo á los cautivos, pero para darles libertad: libertad, por cuanto viviendo esclavos bajo la suvidumbre de Satanás, tu has roto esas cadenas al ascender á los cielos, abriéndoles con tu ascencion las. puertas del verdadero Paraíso; y anunciando, por esto mismo, que la verdadera felicidad consiste en servir á Dios y en cumplir con los deberes que impone su ley santa, en tanto que el pecado engendra siempre la muerte, segun esta frase del Espíritu Sant_9: peccatum autem genera mort. ' § IV. 1' 1, '1 r Salvador Divino, entre los muchos motivos q'ae tenemo·s para ben~ecirte, entre· los muchos títulos que tenemos para gloriffca·rte, por las misericordias que ejerces con nosotros los pobres viadores en este valle de lágrimas, uno de ellos, y quizá el mas especial, es, el recuerdo de tu asceneion á los cielos; ella nos prueba, nos asegura de nuestra union algun dia con· Dios, que es tu Padre y Padre nuestro tambieo, contigo, que eres su hijo, y cou el Santo Espíritu, ascenderemos sí, no en virtud de nuestra propia fuerza, sino á mérito de la gracia que tú quieras comun'icarnos, y entonces llegaremos á tu Padre y nuestro Padre, cantando un himno de gratitud en reconocimiento del amor, del cuidado y de la solicitud con que el Padre celestial nos ha prohijado y salvado, teniendo en cuenta tu sangre y tus méritos. § V. • Seo.ores: J esus, al ascender ·á los cielos, no solo dijo, que ascendia á su Padre y á nuestro Padre, sino á su Dios y a nuestro Dios. ¿Que quería significar con estas palabras? Porque el Salvador jamás empleó un lenguaje vacio de sentido; vamos pues á ocuparnos un momento de la iraterpretacion de estas palabras del Salvador: Deum meum et Deum vestrum. Jesus, en su condicion de Verbo humanado, al aludir al Padre celestial, tratándose de su ascencion, le llama su Dios, y eu verdad, con una admirable exactitud. Sí, era su Dios, por cuanto aunque V.erbo del Padre y por Jo mismo su imágen y semejanza, su palabra . consustancial é increada, segun la frase de San Pablo, y formando una misma esencia con él, segun las palabras del símbolo d~ nuestra santa fé; eso no obstante, habill encarnado en las entrañas de la Virgen !.Uaría y se hizo hombre, verdad es que por nosotros los hombres y por nuestra salud: mas, el hecho es, que se hizo hombre, y que en espresion de Sao Pablo, reuoia todas las miserias de la humanidad, excepto el pecado: era pues por esto mismo exacta la espresion de Jesus, cuando decía, ASCIENDO A Ml DIOS. Importa que nos ocupemos de la segunda parte de su pensamiento-y á vuestro Dios. § VI. Salvador Divino, nuestra ignorancia no nos permite descubrir los misterios que se encierran en vuestro corazoa amorosísimo, toda vez que nos hablas de la eteruidad y de los bienes qu·e en ella nos esperan. Somos como los Apóstoles antes de la venida del Santo Espíritu, nécios para entender y tardos para hablar: no podemos concebir debidamente las maravillas que has operado en nosotros. ¿Qué has querido decirnos al epresarte con este lenguaje: ASCIENDO A MI DIOS Y VUESTRO DIOS? Hemos podido medio descifrar la primera parte de tu pensamiento-asciendo d mi Padlre y a vuestro. Padre. Mas, la segunda, nada parece esplicarnos, por cuanto teníamos sabido, que el Padre celestial era nuestro Dios-¿á qué pues LA. IGLESIA PUNEÑA. esta segunda parte de tu discurso: a.s- 1 ciendo á, mi Dios y vuestro Dios. § VIT. Mis hermanoi: el Apóstol San Pablo nos ha dicho, que tenemos un abogado ante Dios, que es Nuestro Señor Jesucris• to (se entiende en su condicion huma - na), y ved aquí el por qué de esa segunda frase de Jesus, al dirijirse a sus apóstoles en el momento de su ascencion :. ascendo ad Deum meum e.t Dcum vestrum. i En verdad, iba háoia ·tu --Oiós, como hombre que era, é iba a nuestro Dios, en su condicion de Hijo de ·Dios y Redentor nuestro, iba para ·poner, si puedo espresarm-e asi, · €.l ' último ' te llo ¡\ la obra de Sil ~edencioti; illb1 á mandarnos al Espi'fitu sa1Hin.cad·or1 ; 'aJin de que nos diera el d'llimo b'¡jfió qi,e iíbs : purificase por conrp'leto; 'ó ' d'é la leph . del pecado original, de la que ya está- • bamos purifica'dos pór el bautisrrío, 1sfüo de lo que los 'l'eólogos llaman forttcs - peccati, es decir, de esos resa'bios de perversidad que ha dejado en nuestro corazon humano Ta caída de nuestros primeros padres; por esto es, que Jesus se es presa en este lenguaje~ «asciendo á mi Dios y á vuestro Dios•. § vrn. ¿Quereis una explicacion mas circunstanciada y mas tierna del misterio que hoy celebra la Iglesia? El mismo Salvador, cen sus propias palabras nos lo ha revelado espresáudose· de la manera siguieute: subo á mi Padre y á vuestro .Padre, a mi Dios y a vuestro Dios¡ y por el lijero comentario que acabo de haceros de · este su lenguaje divino, habreis comprendido el sublime objeto de su ascencion á los cielos. ¡Oh ascencion divina de mi Jesus! Tu llenas de consuelo el corazon de los pobres pecadores, tu alientas muy par- · ticu!armente al mio, porque es quizá el mas miserable entre los de los hijos de Adam. Al subirá esas alturas incomensurables te has lle,•ado cauliva á la cautividad; llévame á mi, Sel1or, que soy uno de los mas aprisionados con grillos enormes, con cadenas terribles, á causa de mis mii'lerias: rompe estas cadenas, desata estos ~rillos y ten misericordia de mí al ascender á los cielos. Pero en mi condicion de ministro sagrado yo no debo pedir por mí · solo¡ te ruego, pues, por este pueblo que ha venido á solemuizar el prodijio de tu ascencion admirable á los cielos. Bendícelo pues, SeI1or, y al recordar el momento solemue en que te levantabas sobre las nubes, á fuerza de tu propia virtud, te ruego que cousiderat:Jdo ese prodijio de tu Om11ipotencia, mires con ternura de padre a esta pobre Diócesis naciente, y derrames sobre ella tus misericordias infinitas, como sabes distribuirlas con los pueblos que te '-'ºº fieles y , consecuentes.-Amen. NUIESTRA. SI'I'UA.CION. Pon l\IoNsEÑOR GAmu. CARTA IV. ÁMIGO MIO: En cuanto me ha sido dable, he tratado de caracterizar la situacion presente. Sabeis -va la naturaleza del movimiento que 1;os arrastra, y salvo error, el punto preciso en que estriba la lucha eterna del mal contra el bien. Ahora se resume en la usurpacion de los estados Pontificios, ó lo que viene á ser lo mismo, en la supresion del reino visible de Nuestro Sefior Jesucristo. ¿Habrá surgido este hecho como una .seta al pié de un árbol? ¿Nació esta idea ayer en la mente de no importa que personaje? ¿Ha sido de pronto y, por decirlo así, de un salto que ha entrado la Euroµa en el terrible atolladero, del cual 110 acierta á ialir? Pensarlo nsí seria un error. El harto famoso folleto El Papa y el Congreso; 110 ha creado la situacion, al con- .trario ella lo ha en¡:rendrado. Cuanto es, emana de lo que fué, J no ver en la sittytéion actual Síno un ncaecimieuto transitorio, imprevisto ó improvisado, seda red4cir el ~igante a la talla de uu pigmeo. Ser.mu hemos dicho, el despojo com~leto , de lµ Iglesia Romana es UH hecho anunciado hace tiempo, un · hecho que tiene profundas raíces en el t-111sado ele ·1~ Europa mode-rnn. Jnves- - tiguemoslas pues, en cuanto para conocer ...l&ien- una enf,ermedad y sobre todo , @III'rt mcdícarla (lOn mcierto, importa ante todp saber sti origen. , Considernda en su causa primera, qne es el despecllé) del espíritu del m¡il, la 'úsurpc1cion suprema co11 que se nos a - menaza es tan antigua como el c,ristiauismo; pe,ro si la estudiamos en su fórmula y eo sus pretextos, en una pala.bra en su manifestacion pública y recono• ·cida, data únicamente de cuatro siglos. Sabido es que al penetrar en el mundo el cristianismo halló al ~é-nero humano de hi11ojos ante el yugo de los Césares. Todos los poderes e~taban concentrados en mauos de un he mbre, todos los derechos en ~u voluntad. A- . quel hombre era dios, y este dios sellamaba Neron, Tiberio, Calígula ó Domician.o. Entónces reinaba la unidad en la abyeccion. Para destruir tan monstruoso despotismo, el cristianismo divide el poder, · y junto al César crea 111 Pontífice; al César, subordinado al Pontífice, ,e contia los cuerpos; al Pontífice le confia las alm11s. Corno el alma y el cuerpo, la sociead esµiritual y la sociedad civil, unidas sin confu11dirse, marchan con paso firme bácia su perfeccion relativa, y una vez. hecho imposible el despotismo cesáreo, queda salvada la libertad humana. Tres siglos de encarnizada lucha arrojan ni demollio de Roma su capital, que se convierte en capital de la ciudad de -Dios. Como ha dicho el eminenté cardenal vicario, Satan furio so no re1;unció al combate, y desde su e1pulsio1, no ha cesado de dnr vueltas alrededor de Roma y de emplea•· continuos esfuerzos para penetrar de nuevo en ella. La historia, que los relata, refiere tambien su eterna derrota. En vano para resucitar lo pasado, recluta bajo sus sediciosos ' estandartes á los emperadores de Alemania y á sus legistas; en vano el poeta de Florencia publir.a la apología del antiguo cesarismo: Dante ve ' frustrados sus planes, al igual que los Gibeliuos, y el órden e11ropeJ descansó p0r mucho tiempo sobre el principio eYangélico, como la pirámide del desierto sobre su base de granito. Estas lejanas tentativas contra la monarquía pontificia, serán, si os parece, lás raicillas de la situacion nctual, pero ]a verdadera raíz es mas moderna. La semilla, sin la cual el árbol jamáshabria crecido, fné plantada hace cuatro siglos en la tierra de Europa. Llegada aquella época, de siniestra memoria, despiértuse eutre las naciones cristianas de Occidente una especie de fanatismo por las institucion.es políticas de los tiempos gentiles, y presentada como tipo de la fuerza y de la perfeccion social, la gran unidad material del mundo de Tiberio, brilla ante lit Europa deslumbrada. La Roma antigua abandona el sepulcro con todo su cortejo de libertades, de virtudes y victorias; cántanse sus grandezas, explicase el secreto de su poderío; construyésela otra vez en teoría, y siempre en el remate del edificio brilla el César emperador y pontífice. Entonces se verifica una transformncion profunda en la política tradicional de Europa, y l\Jachiavelo fué su principal instrumento. «Su obra, dice un autor nada sospecho!!o, l\l. Matter indica el principio de una nueva éra: de una éra de subversion completa· seliala llQ un mero rompimiento entr; la religion y la política, sino un trastorno fundamental de sus pasadas relaciones» ( 1). Atreviéndose á lo que nadie se babia atr~vido, aquel hombre, hijo de su educacion, formula el.a.r;imente la teoría de la o~nipot_encia del César, abolida por el crtstiamsmo. La proclama de viva voz y por escrito, y consigue hacerla popular. Sía embargo, á e-stct'· om potencia se opone y se opondrá siempre un obsta- ~ulo: lia p_ro,predad q1Je I ace á la Iglesia rndep , d1e1tte, y liacltiavelo lo indica, t~ S~líala. ·En todo lfuropa, la ambic10n coronad<l: sabrá tarde o temprano hac~~lo des11~nrecer, y eu tanto que se verihca semeJ,rnte hecho el florentino empieza la obra eo su p 1 ropio país. Veinte años antes de la aparicioo de Lutero, eu una ciudad católica, á pócas ,leguas de Roma, atrévese · á p1·ego• nar que el irnico obstáculo que se opone á la unidad de Italia, Ja causa de sus ' males todos, esta en el poder temporal de la Iglesia romana, causando no poca sorpresa ver que han salido de su pluma la política del Piamonte la Cuestion romana de Abont, las procla~as de Garibaldi, el prog-rama de }Iazzíoi, los discursos de Cavour, las arengas de Víctor Manuel y las instrucciones de las sociedades secretas (2), Vedlo sinó...Nosotros italianos, dice Machiavelo, hemos contraído para con la Iglesia romana una gran deuda· tal es, la de haber sido causa de nu~stra ruina política, Quiero decir con esto, que -el_la_ ~s la que ha tenido y tiene aun d1v1d1da á nuestra pátria. Jamás han rei,~ndo e~ un país la unioo y la prosperidad, a menos de haber formado todo él trn'a sola república obediente á uh solo príncipe¡ y la cansa que impide á Jt~lia_ tener una república y un solo pr111c1pe que la go~iernf: es únicamente la Iglesia de Romn.• ' «Por una parte, su poder temporal es sobrado déuil para apoderarse de toda la Italia y s~r su reina; por otra, su dominio temporal es bastante extenso para que el temor de perderlo baya impul_sado á la lgl_e~ia á solicitar para su defensa el a11x11Jo de príncipes poderosos l'Ontra aquellos que en ltalia podían inspirar'e recelos. Así pnes, la Iglesia romana nos ha imped ido vi"Yir bojo un solo monarca, y co11deuada á sufrir el yugo de muchos, Italia ha ve•nido á tal estado de desu11io11 y debilidad, que es una presa ofrecída no solo á Barbaros poderosos, sin_o L1rnbien á cualquiera que de ella quiera apoderarse. Hé aqui de lo que somos d ,,. udores nosotros italianos a la lglesia de Romn, y nadie mas» (3). Para facilitar la supresi~n del poder. temporal de lá Santa Sede, Machiavelo procura desvanecer todo escrú puló en aquellos que q11erran intantarlo, y leS'asegu ra que la misma Religion está en ello interesada. Al llegar aquí, arriigo mio, aumentara ~uestra sorpresa. Todas las acusaciones, todos los cargos reproducidos hoi r.ou igual objeto y a·ceptados por el vulgo, están contenidos en las obras de Machiavelo. «Como Italia ha caido en ruinas por haber carecido de religion, ') esto por culpa de la Jglesia romana;» así encabeza uno de sus capítulos (4), que termina con estas palabras: «Así pues, nosotros italianos, somos deudores á la Iglesia romana de ser unos impíos bribones.» Por la muestra juzgad del pafio¡-4 inú- (1) Hist. de las Sectas polit .., etc., t. I, 70 (2) En 4 de Marzo de 1860, Ricasoli, gobern3:dor en tonce~ de. Toscana, decia á las tropas: «Nuestra const1tuc10n no puede encontrar otro escol 1 0 que su eterno y decrépito enemigo• el poder temporal de Roma.» (3) Disc., lib. 1, c. :xm. {-') Disc., lib. 1, c. XIII.
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