La Iglesia puneña : órgano del gobierno ecleseástico de esta diocesis/Título posterior : La Iglesia Puneña periódico semanal. órgano ofial del gobierno eclesiástico de la diocesis(desde N°37)/Título posterior: La Iglesia puneña: publicación eventual. órgano de dcoumentos, doctria y hechos (desde n°180) - Año Nº1-18,/Nº19 Ene 12/Año 2-Nº2/Año 1,Nº3/Año II-Nº 23-51/Año III Nº52-79/AñoIV Nº 80-99/100-116/ Año V-117-136/Año VI 137-148/Año VI Nº149-172/Año VII-Nº175-184

AÑO V. PUNO, MAYO 10 DE t87L N. º t~5. f tt Jglcsitt f untñtt. . PERIODICO SEMA.NA.L. OROANO OFICIAL DEL GOBIERNO ECLESIASTICO DE LA DIOCESIS. LA IGLESIA PUNEÑA. Puno, )layo iO de i87L 1En toda sociedad bien organizada y que reune en sí las condiciones necesarias para su increzheo to y desarrollo, se nota una tendencia muy marcada hacia lodo Jo que puede ennoblecerla y conducirla a su fin social, su mirada se halla siempre fija en lodo lo que cree hallar un elemento mas para su engrandecimiento, y esta mirada siempre penetrante revela muy claro el ardiente deseo que abriga de encontrar el elemento que una vez por todas debe producir su deseado ensueño. Lás palabras ptogreso y civi'li'zacion resuenan sin cesar en sn . seno como la espresion inequívoca de su constante afan. Pero ¡ay! observando por un moménlo las sociedades modernas vemos con dolor que ella se aleja cada dia mas y mas. del objeLo de sus desvelos. Las sociedades no son lo que debian ser despues de diez y ocho siglos de cristianismo, y el elemento bárbaro se encuentra hoy en el mismo grado casi que se hallara en los primeros siglos; está tan lamentable como cierta observacion nos hace comprender que hay una época que qr.izá no está muy lejana desde la cual las sociPdadPs lejos de progresar retrogradan, y en vez de civilizarse se barbarizan. Esta época es muy marrada, casi no necesitamos apunlarla, un poco de atencion en la leclura de la historia basta para hacerla conocer. Sí, el Prote~lanlismo esa proteslacion como su mismo nombre lo indica de todo lo justo y bueno, ha sido la unica que disfrazada bajo el manto de reformadora de abusos cual otro Salan encubiP-rlo P-n la forma de serpiente repitio el eriti"s S'icut di'i que aquel babia pronunciado en el paraiso, y nalural es que se verificase en las sociedades que escucharon estas horrízonas frases, el mismo efeclo que se produjo la primera vez. Estudiado el oríjen y los primeros pasos del Proleslanlismo lo encontramos toda'1ia desnudo sin que ningun halagüeño ropaje nos evite la •ingrata tarea de contemplarlo en todo su horror. Para poder dominar las sociedades hay necesidad de ejercer un ascendiente muy especial sobre ellas, y el Protestantismo las atrae hácia sí halagando las pasiones de lo multitud, no solo ~olerándolas en la práctica, s1 que tambien canonizándolas en el ler:r,:eno de los principios. Su fundador principio su empresa regeneradora por ofrecer á la consideracion de sus secuases una lúbrica escena. Era un abuso el que una rrwnfa se encontrase entreg~da al servicio de su Dios, llevando la vida contemplativa del retiro, 1necesario era por esto mismo que el gran reformador la arrancase del Santuario. Tambien era un abust su existencia en el claustro Domínico, ligado con tantos votos y obligado á cumplir tantas leyes de perfeccion; debía pues, por consigniente, aposlalar como en efecto aposlaló de su religion. Por último, era un abuso que el ministro del Sau luario no tuviese mas esposa ni mas hijos que la humanidad doliente, que no arrebatase á los fieles los cuidados q.ue debía consagrar por una obligacion especial á su familia, y que en fin, se hallase pronto á sacrifü;ar en bien de su grey una vida que eu otras circunstancias habria rscatimad() en obsequio de sus descendientes, y el único remedio á tanlo mal, era casarse rompiendo asi los sagrados votos qne lo ligaban con · ]a monja que había robadu. Ya vereis las máximas de moral correspondientes á un tan decente pl'Oceder. (Continua1·á). Una pnlubra en llonor de la re;-e11ern«-ion de la Comunlda•I Uerccdnrla en Lima. En medio de los trasportes del mayor gozo, nos proponemos escribir estas llneas que siendo la lraduccion de nuestrns senLimien Los manifiesten nuestro entusiasmo ca t.ólico por un acontecimiento que siendo el principio de una gran regeneracion está llamado á producir sazona• dos fru Los en bien del progreso y la civilizacion de las sociedades. Ninguno de nuestros lectores ignora la ruidosa cuestion que había surgido en el convento de la Merced en Lima, á consecuencia de una eleccion ilegal y anticanónica que tuvo lugar en el, y que fue re - chazada con toda la energía de un espíritu verdaderamente monástico por cuatro sacerdotes qne apesar de la abominacion de la desolacion, y mas que lodo, de la ignorancia entronizada en algunos claustros, habían sabido nutrir su espíri Lu con el saludable néctar que proporciona la prácliea de las virtudes y afünentar su inteligencia r.on las sublimes verdades que en su alta honda~ nos enseña siempre esa maestra umversal é infalible-la Iglesia Católica. Pero entretanto, si el espíritu del mal llegó á cegar á algunos nécios basta el estremo de que llamasen apóstatas y desmoralizadores á aquellos que precisamente se ocup~ban con ardor en la defensa de sus rnsti luciones y en evitar que se diese el ultimo golpe de muerte á esa Comunidad que cortase el hilb de su existencia lánguida y agoniz~nte; si la sociedad tuvo que ser espectadora de escándalos que le fué preciso rechazar por su ioslinto moral, en esos mismos, en los que solo debia ver ejemplos de santidad y virtud que imitar; si _en fin, la opreaion y el •desprecio fuerou por lo pronto los únicos frutos de este noble empeño, mas larde ]a inflexibilidad de ]a justicia se dejó sentir en la autoridad, y el Reverendo Metropolitirto dió un edicto que anuló ]a eleccion del usurpador, que con nombre de Prelado se ha11aba rijiendo á los Religiosos Mercedarios, y lo reemplazo con el Reverendo Padre Fray Juan de M. Espinosa, teniendo además por objeto, restablecer la disciplina monástica en el convento, ünico medio, á decir verdad, para la conservacion del orden y para el adelanto genuino y verdadero en una i11stilucion como esta. Esta medida que á primera vista se presentaba como irealizable, ya por los graves incom1enieutes que ofrecía, ya lambien por la resislencia que se notaba en aquellos cuya cooperacion habría sido provechosa, se principió á poner en práctica; y hé aqu1 que ella ha dado una muestra inequívoca de su oportunidad y del buen éxito que está lJamada á producir. El horizon le se presenta claro y sereno, y no muy lejos se dejan entrever resultados de que solo pueden dar testimonio hombres que existieron en tiempos mas felices en que las comunidades religiosas eran el perenne santuario en que se albergaban hermanadas la virtud y la ciencia que el mundo siempre loco ha pretendido y pretende separar contra el espreso mandato del Dios eternamente sábio y justo. Se ha comenzado por atacar y dar muerte á la ignorancia, al mas terrible dragon que la pérfida astucia de Satanás había colocado como fiel custodio de sus intereses y el medi() empleado para esto ha sido lu fundaeion de un colegio que Jotado de un número ,competentefde iostroidos profesores debe propinar la inslruccion necesaria á todos los que solícitos por su verdadero bien pretendan cultivar su inteligencia. Lima, que ha tenido ocasion de, admirar la vida monástica y su hienechora influencia en las sociedades cuando la"ciencia se hallaba encerrada casi p~r completo en los claustros, no necesita mucho para conocer lo que este establecimiento importa. Una triste esperiencia nos ha demostrado que la ignorancia en los ministros del santuario ha ocasionado males gravfaimos. El desprestijio de ellos, su maleamiento moral, y en fin, el olvido completo de todos los deberes impuestos por su al ta mision, tales son los resultados inmediatos de una tan perniciosa como desagradable plaga. Concluiremos dando un voto de alabanza al Reverendo P. Comendador y sus dignos cooperadores por el celo que desplegan para restablecer el antiguo brillo y esplendor de la Comunidad mercedaria y deseando que tan laudable ejemplo sea seguido por todos los <lemas conventos. PROCL."-IIA DEI, SEÑOR HORALES. •.lías libertad menos gof!ierno.,. (VÉASE EL N. 0 J 22.) Es cierto que la autoridad dispone de medios y recursos para cumplir el mayor de sus deberes-el órden; pero ¿cuáles son estos medios y recursos?-el poder de que dispone, Ja dominacion justa por la ley, la obediencia de los subdilos. Pero si se enerva la accion de este poder, si deja de ~jercer ese dominio sobre los individuos, si estos abrigando una errónea idea de su libertad, se . niegan á obedecerla, indudablemente habrá desaparecido el orden. El órden en las sociedades, es fruto del armooico ejercicio de esos dos elemen los, que juntos producen la felicidad de los pueblos; y eR un error el creer que esle puede darse c~a_odo se ron:ipe esla armonía deseqmhbrando la rnfluencia de ambos. Los derechos ejercidos bajo sus justos límites, son la expresion del verdadero·progreso de los pueblos, y ~o~ ~l P:in• cipal vehículo de su civ1hzac10n. Mas, toda extralimitacion importa un Jaño positivo, porque el abuso de ellos, es nada menos que un alaqu.e directo á otros no menos sa ...

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