LA IGLESIA PONEÑA . ......;..;-.;;;...,-;.·;·;;~ - :.._-;_;..;.•..;;;;;;;:.;;.;..,,..-¡.a-=.-.,. __... .-.,......,·.-,.·.·""'i.ñ.:a.;......,......,_________________...,.-•.. c~------•1..i.:-,..._ _,_ _,__.____ _ ~ - - -me nYJJIW - legios son en pleno día, objeto de palabras villanas y de jestos amenazadores, no menos odiosos que las pedradas. Tales hechos no son delitos comunes, pero sou iudiguidades mas profundamente inmornleS, dictadas por la pasion y el óqio contra la religion y aquellos que la representan. Por esta razon seria inútil dirijirse a los oficios de queja, que no pueden poner reparo alguno, y se hace indispensable buscar remedio en mas alto lugar. Los infrascritos están persuadiaos de que el Gobieri10 1·eal desaprobará grandemente tales excesos; pero están igualmente conveucitfos de que hechos de este jéuero son por desgracia inevitables, á causa de hnber invadido á Roma hombres del partido estremo de toda Italia, ma'nifiestos euemigos de la· religion y de la Iglesia. Esta circunstancia aumenta el peligro; tiene en suspension los ánimos y las cbnciencias de los infrascritos, y les impone el deber de dirijirse al Gobierno del Rey, 110 solo para protestar y quejarse de los hechos consumados, siuo tambien para buscar un ren,edio _,ficáz para que tales hechos no se renueven ó 110 suceda 'algo peor. PorconsiguientP., los infrascritos, para corrobo1·ar eu primer lugar estas protestas y estas quejas que se ven obligados á formular, están en el deber de su'plicar encarecidamente al Gobierno del Rey, que qúiera tomar en consideraciou que los infrascritos 110 son hombres privados ó simples eclesiásticos, sino que están revéstídos de un carneter eclesiástico intel'llacional, reconocido por el mismo Gobíerno en sus declaraciones, y que sus institutos participan del mismo carácter. Tanto pues los institutos como sus sup~riores tendrían derecho á una particular proteccion del · Gobierno. En segundo lugar, los infrasciitos, para quedar seguros sobre la suerte futura de sus institutos, se encuentran en el deber, no ménos imperioso de invitar con instahcia al Gobierno del Rey á que se digne emplear todos aquellos medios, de que él solo puede .disponer, que sean capaces de impedir en lo sucesivo hechos de esta naturaleza, no solo inmorales y sumamente inciviles. sino tambien contrarios á la seguridad personal. · Tenemos la honra de suplicar á V. E. que se sirva trasmitir al Gobierno real estas respetúosas, pero urjentes reclamaciones; participarle igual mente que nosotros, decididos á sostener nuestros -derechos, las ponemos igualmente en manos , de los respectivos representantes de nuestros Gobiernós y naciones cerca de la Santa Sede, y las mandamos á todos los Obispos de los cuales <lependen nuestros jóvenes. Quiera V. E. aceptar la exprc!-im1 del profundo respeto con el cunl tenernos la honra de ser de V. K humildes servidores. Roma, .18 de Diciembre <le 18í0. Loret.o -Yacovacci, Rector del colegio_ Urbano de Propaganda Fide; A. Stemhuber, Rector del cole0-io Germánico-Uuga_ro; H. O'Collagha~i, Rector del c?leg10 Inglés; T. Kirby, Bector del coleg10 Irlandés; A. Grant nector éel colegio Escoces; G. Cernic,' Rector del coleg(o Ilírico, L. Roel1111ts, Rector del coleg10 Belga; H, Brichet Vice Rector del colegio Francés; A. sa'otinelli Rect?r del colegio Pio-Latino-America~o; F. S~las Chatard, Rector del colegio A mer1cano de los Estados Unidos; P. Semenenco, Rector del colegio Polaco. n. RESPUESTA DEL LUGARTENIENTE LAMÁRMORA,-LUGARTENENCIA DEL REY EN ROMA, Eff LA. PROVINCIA ROMANA. Roma, Diciembre '22 de 1870. Iltmos. y Rvmos. Señores: He recibido la carta de 18 del corriente que VV. SS. me han dirijido, como á representante del Góbierno del Rey. En esta carta, VV. SS. partiendo de lo · c0utecido á Monseñor Roelaots, Rector del colegio nacional Belga, formulan quejas y protestas por la condicio11 e'n que, á vuestro juicio, se encuentran los cole~i0s nacionales extranjeros e11 esta ciudad. No ts la primera vez que he debido ocuparne de lo acaecido á Mgr. Roefauts, muque éste ni se ha dirijido a las autorit.:a<les italianas ui ha creido que debía suministrarles las noticias y las i11dicaciones que le pedian, Por esta razon, me admira mucho, qne ~e p~rsista en dar al suceso una impo¡ancia mucho mayor de b que en sí lie e, como si hubiera interés en alteraro y exajcrarlo. No es verdad que Mgr: oelants fuese victima de un grave a ntado; leve fué el golpe que recibió, l~vísi mus fueron sus consecuencias, ~rnto que al dia siguiente cuando ldautoridad de seguridad pública se ptiiseutó en su domicilio espontáneani!nte, había salido de casa; y de las in agacio11es dilijentemente hechas, resul a que el golpe fué efecto ó de jmpr ctcnci,, ó de casualidad, mas no del propósito determinado de causar daüo ú ofensa á su persona. Deipues de esto, no me detendre á habla!! ni de los daños hechos a algu- _nas v~planas, ni de los ' ultrajes, á que dice11 espuestos los alumnos de los colegios nacionales extranjeros. Lo cierto es que por estos inconvenientes no se ha ormulado jamás una queja ni se ha he ho denuncia alg-mrn. Y tambien es cíe to que yo mismo soy diariamente te igo de la perfecta sC'gu ridad con que Is personas eclesiasticas de todo órde recorren las calles de Roma y del respe general que rodea en Roma á los cficios de la Religion, apesar de las aflrmaciones contra rías. De Aquí es que, seg-urq como estoi, de que ~\ Gobierno del Rci cumplirá en Roma con todos los deberes de un Gobierno civilizndo, pu(:<lo garantir it VV. SS. y á sus colegios co11trn cualquier hecho que pueda ser prevenido ó reprimido p>r las autoridades públicas. Y por esto 10 tengo por qué dolerme de la queja. aunque iunecesal'ia, que VV. SS. han formulado con tal fin. lUas, por que este fin no P-S el único de la carta de 16 del coniente, debo deplorar que se e.obtengan en ella hechos y apreciacione; que evidentemente no son séria'"s y justls. Esta circunstancia, si el carácter de VV. SS. no asegurase lo contrario, rodrfose creer que la carta del 18 del ¡J"esenle forma parte de un sistema del cual en dias pasados se tu vieron otros indicios y otros resultados. De cualquier modo que sea, el Gobierno <le Ilei no saldrá de los términos de la modcracion y de la legalidad, que forman su esencia. El Gobierno no desconoc( las dificultades que le suscitan los h<rnhres de todos los partidos extrnno) no de uno solo. · Pero al mismo tiempc está seguro de tener á su favor al paí~ e1_1tero y á todas las personas de buena fé y amigns de los progresos orde1Hdos de la civilizaciou. Ace1)tad, Jltmos. y Rdrnos. Señores, el J-estimonio de mi <listiuguida cousideracion. El J.ugarteuiente del Rei, Alfonso Lamármora, A los lltmos. v Udmos. Señores Rectores de los Coiegi11s estrangeros en Roma, J por ellos á 1\Jgr. Loreto • Jaco• vacci Rector del Colegio Urbano de Propaganda Fide. III. A S. E. el Señor General Lugarteniente Caballero Alfonso Lamármora. Excelencia: Los infrascritos, tenemos la honra de agradecerá Y. E. por su carta de 22 de Diciembre en la cual dice: puedo ~aruntir a VV. SS. '!) á sus colegfo5 contra Ct~alqz¿ier hecho q1te pueda ser prevenido ó 1·eprimido por tas autoridades públicas. Pero por otra parte, deploramQs mucho que se nos atribuya haber espuesto en nuestra carta á V. E. hechos Y) apreciaciones evidentemente falsos ije seriedad y justicia. La acusacion es grave y bajo cualquier aspecto nos rubiera sido sensible. Permítanos V. . examinar. El hecho principal alegado po~ nosotros fué la peclrada al Rdmo. ·Rec or del Colegio Belga. Nosotros la hem presentado como cosa séria. V. E. la considera de ni11guna importancia. 1 A.hora bien, el mismo Rector Belga, l\lo~señor Roela11ts, la persona mas competente como parte priucipal para dar uenta del suceso, lo describe así, en un~ carta á su representante el Ministro d~ Bélgica: «Pasando bácia las 4 de la tarde por la plaza del Colegio roman0, rue arropron una piedra en la cabezn, ~ue no me . ha causado sino un gran umor, pero que hubiera podido patír ela.» Esto parece que es suficienteme~te sério. Es verdad que, teniendo cybierta la cabeza con un snmbrero consiRtente, el daño que se le infirió fué menos grave. Pero al juzgar este hecho es necesario considernr las consecuenc~s que podían y debían naturalmente sEguir y no el accidente de no haber suf ·do sino uua simple contusion, por la efeusa del sombrero. No es verdad ue el Rector uel Colegio Belga haya re sado, como afirma V. E., dar inform á las personas mandadas á su Colegio or las autoridades actuales. Ha narra todo lo acontecido con sus circunstiuc"ias. ~las, h1!biéndosele presentado si~ escrito alguno, no ha creído que debfa responder por escrito sino solo de palabra. V. _E. creyéndolo cosa de poca importancia, no ha querido rletenerse en hablar de las ventanas rotas en nuestros colegios, por estar iluminadas en la fiesta de la Santísima Vírgen Inmaculada. Nosotros, que couocemos á Roma hace mucho tiempo, hemos tenido una impresion bien diferente. ~ntes del 20 de Setiembre, en las fiestas religiosas y eu las relativas á la sagrada persona de Pio IX, quien quería iluminar su casa lo hacia, quitn no quería se abstenía de ello; sin peligro alguno de violencia. Ahora existe otro órden de ideas y de hechos. No se puede iluminar cuando se quiere, y cuando no se quiere es preciso poner luces y banderas para evitar el peligro de ser insultado corno ha sucedido á muchoR. El tercer hecho colectivo citado por nosotros, compl'ende las amenazas é insultos frecuentísimos de que somos testigos y víctimas nosolros y nuestros alumnos . .No son hechos aislndo3, si110 una série de insultos contenidos sistemáticamente, quE: deben reprimirse de otra manera que con simples denuncias á la autoridad. No queremos hablar mas sobre este punto, porque deseamos compilar circunstanciada mente todos eslos ultrajes para hacer el uso q □ c convenga al interés de nuestros colegios. En cu,1nto á los hechos, basta lo dicho hasta aq tí. Queda aprobado que no merecemos la acusacion interpuesta por V. E. Ademas, los infrascritos debemos manifestar altamente nuestra sorpresa ,de que se nos atribuya por V. E. un fin diverso al de buscar la debida proteccion a nuestros colegios. Ignoramos qué parte de nuestra carta baya podido inducir á V. E. á admitir una suposicion semejante. En cuanto á otras observaciones de la carta de V. E. que parecen escritas especialmente por nosotros, queremos declarar que no somos hombres de ninguu partido extremo. Lns partidos son fracciones de la sociedad. Nosotros somos miembros de la gran familia católica, que tiene por padre y jefe al Sumo Pontífice, y á esta gran familia no le conviene ciertamente el nombre de partido. Estamos seguros que de tale:i persanas no se ha de temer, como creemos que realmente no se tema, nin~un abuso ó ilegalidad. 0 El objeto de esta respuesta nuestra no ha menester justificacion. J.os infrascritos no podían soportar en silencio loi cargos que se les hacen en la carta de V. E. y se han creído en el deb_er de replicar, como lo hacen, para satisfacer la obligacion de vindicav su v~racidad y la lealtad de su procedimiento. Como ex.trangeros residentes en Roma, y teniendo aquí á nuestros ministr:os y representantes diplomáticos acreditados por los respectivos Gobiernos para protecciou nuestra y de nuestros intereses, no podemos dispensarnos de mandar cópia de esta carta á cada uno de ello~, como igo.almente á los Obispos extr~nJeros que tienen derechos sobre nuestros colegiós. Quiera V. E. aceptar la expresion de nuestra alta consideracion. Roma, enero 5 de 1871. De V. E. humildísimos siervos-Loreto Yacovacci, rector del Colegio Urbano . de Propaganda Fide-A. Steiuhuber, rector del Colegio Germánico-CTngárico -H. O'Collaghan, rector del Colegio Jnglés-T. Kirby, rector del Colegio . Irlandés-A. Grant, rector del Colegio Escoces-G. Cernic, rector del Colegio Tlírico-L. Roelants, rector del Colegio Belga- H. Briehet~ vice-rector del Co-- legio ·Frnncés-A. Snntinelli, rector del Colegio Pio-Latino-Americano-F. Silas Chatard, rector del Colegio Americano de los Estados Unidos-P. Semenenco, rector del Colegio Polaco. (De «La Sociedad.») Italia, el Papa y los ingle8e8 católico8. · Protesta de los católicos del Reyno Unido por la invasion de Roma. «Nosotros los infrascritos, como hombres y ciudadanos, hemos visto con indignacion la perpetracion de un gran crimen publico. Es como hombres y ciudadanos que protestamos contra la invasion de los Estados de la lgle_sia y ocupacion de Roma, y en calidad de miembros de las naciones civil izadas, en coman, de• nunciamos estos actos violatorios del derecho público, cometidos sin pre,via declaracion de guerra, y sin mas motivo que el deseo de poseer esa capital y deponer á su antiguo y legítimo Gobierno que estaba en pleno y tranquilo ejercicio de sus funciones, reuniéndose con tal objeto mas de 60,000 hombres de tropas arregladas que han pasado las fronteras con numerosa artillería. Sostenemos que todos los que se some te rá n á este hecho sin protestar solemne y encrgicamente, en cuanto les sea posible, son conniventes con este golpe mortal dado á la conciencia general, y con la corrupcion de esos instintos rudimentales de honor y de justicia, $in los cuales la seguridad y la libertad son imposibles en los Estados y en los individuos. Pero nos alar'mah mas Ils maximas. familiares que estáu e1i boca de los c0nsentidores en este crimen, los cuales declaran que es contrario al derecho público calificar de conspiración el movimiento interior de un Estado, el caal ))asta para justificar una invasion, porque, suponiendo que esa faccion interior no hubiera invitado a los invasores piratas, el hecho es que no se ha perdonado trabajo durante muchos años para introducir y fomentar en el Estado Ro-· mano ese núcleo de traicion; y que ya cuando no han bastado las intrigas se ha emplead'o la fuerza, completándose la corrupcion y la traicion con el derramamiento de sangre y la mojigatería de un Plebiscito. Este golpe asestado á las buenas costumbres morales y á la seguridad de los Estados, es el que nos impele á • dar el siguiente paso.
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