- 1 -=- cion del pueblo romano y recibimos cada dia nuevos testimonios de su afecto, Yde todas partes amplísimas y continuas manifestaciones del nlas cordial afecto y obsequio hácia r os y al mismo tiempo de dolor y de excecracioo por el triunfo obtenido por la impiedad. ¡Oh! sí; la historia contara que hemos debido sucumbir al poderío en una secta que se ha apoderado del gobierno de las cosas; mas nunca podrá afrentarse á los verdaderos hijos de ltália el haber hecho traicion á la suprema potestad del Pontífice y á sus derechos civiles. De todo corazon nos alegramos con sotros, amados hijos, porque teneis ciertamente una gran parte en ganar esta alabanza para vuestra patria mediante la sociedad que habeis instituido, la cual se propaga con admirable celeridad aun en las naciones extranjerass atrayéndose en todas partes numerosísimos sócios, .y mediante el ejemplo de su piedad, firmeza y celo conservó y fomentó en el pueblo la integridad de la fé y el amor á la Religion y á la sana doctrina. l\Ias este feliz exito, quizá inspirado, demuestra claramente que vuestro prop·ósito ha sido agradable á Dios y debe exitaro~ {t persistir mas alegremente en la obra com~nzada, á fin de que podais merecer una gracia mas abundante y el premio de aquel cuya causa defendeis y seais los primeros en madurar el triunfo que la ve,rdad y la justicia alcanzarán defini tivamerite de todas las maquinaciones contrarias. Entre tanto invocamos sobre vosotros la abundancia de los dones celestiales _para el aumento de vuestra empresa, y como un augurio de ellos, en prueba de nuestra paternal btrnevolencia y como testimonio de la gratitud de nuestro ánimo á vuestra solicitud y á vuestros dones, os conced-.!mos á todos ,·osotros y á la sociedad entera de la juventud ca~ólica la bedicion apostólica. Dado en Roma, en San Pedro, el 12 de Enero de 187 l, en el vigésimo quinto de nuestro pontificado. P10, PAPA "IX. NUESTRA. SITUA.CIOS. POR MONSEÑ01l GAUl\lE. CARTA JI. Ái'lllGO MIO: Prometí deciros el moti vo por qué - la Revolucion ha de querer á Roma á toda costa. La úllima parte de mi carta anterior os lo habrá hecho presentir, pero deseo explicarme ahora con mayor claridad. Pueril por <lema:; seria negarlo: se ataca al poder temporal de la Iglesia para llegará 'iU poder espiritual. Piénsase con fundamento que la disminucion progresiva del último será favor~ble á lo que se llama emancipac1on de la humanidad, ó, para decirlo con_sus palabras propias, á la autocracta de los reyes y pueblos. En este punto los hechos sou mns elocuentes que las pnlabrns. ¿Será para obtener las pocas leguas de territorio que compouen el Estado pontificio, que pone en juego la Revolucion sus fuerzas todas, públicas y secretas? ¿Porque el sucesor de Pedro posea un rincon de tierra independiente para amarrar su barca y descansnr su cabeza encanecida, estará amenazado el equilibrio europeo? ¿Cómo no ven los mismos italíanos que se engañan, que su proyecto de unidad es una utopía? Pretender unificar á Italia sin la Iglesia, es intentar la resolucion de uu problema insoluble. Dos son únicamente los elementos ~e unidad: Dios en el cielo y la Iglesia en la tierra, y querer unir sin ellos y contra ellos, es querer realizar un absurdo. Ea vez de la uni-dau, LA IGLESIA PUNEÑA. los italinnos, pueblos de orígen distinto y de razas muy diferentes, realizarán la desunion y la anarquía, que irán seguidas de la ruina de su país ó del despotismo que embrutece. Como en los hermosos dit1s de la antigüedad, imperará la unidad en la esclavitud y en la miseria, Motivar la guerra contra Roma en la libertad, en la dicha que se quiere procurar á los súbditos pontificios, es un amnrgo snrcasmo. La ronduéta de aqu(lllos que se permiten proferirlo es e-1 so!emne mentís de sus palabraíl. ¿Por qué pues !aula obstinacion para despojar al }lapa de su poder temporal? ¿Qué fuerza desconocida imµulsa á uo retroceder para couseguirlo ante ninguna violencia por deshourosa y culpable que sea'? Quien desee dar de este fo11ómeno, de otro modo inexplicable, tna explicacion satisfactoria, ha de •recurrir al gran misterio de la historia. El nundo se rlivide en dos ciudades eremigns: la ciudad del bien y la . ciudad del mc1l. Formada desde el origen de los siglos, la ciudad de :,atan, crece y aumenta mientras dura la antigua idolatrlá. Su ce11tro es alternativamente .Ninive y Babilonia. Reina del mundo, Roma llega por fin á ser s~ carita! (a). Des:le allí, como desde lb alto de su ciudacela, el príncipe del siglo-princeps hujus ;(JJculi, reina como soberano. De allí parten los decretos que hacen temblar i los pueblos basta los confines de la tierra, las legiones que los devastan, los proconsulcs que los despojan y oprimen, los escándalos que los degrac.an, los edictos de proscrircion que por espacio de tres siglos inundan de saugre cristiana , las ciudndes y campifus de Oriente y de Occidente. Muda de terror ante poder tan gigantesco, la humanidad solo acierta á prodigarle sus adoraciones, su oro y su sangre. Sin embargo, los destinos de la ciudad eterna no se habían cumplido. ¡Oh profuudidud de los designios de Dios sobre • la ciudad misteriosu! Roma ha de ser la capital de otro imperio 110 menos extenso y poderoso que el primero. Otro Dios ha de reinar eu el Capitolio; otros monarcas hnbit.ar sus palacios¡ otros ejércitos someterle p~e- . blos; otros procóusules gobernar sus provincías; otras leyes regir al género humaro, en cualquiera rcgion en que resida. Por mucho tiempo iluminado el mundo por la nueva Roma con el sol de 1~ verdad, libertado por ella de las cad~nas de la esclavitud, ·)e p11gará cou entusiasmo uu merecido tributo de aratitud y de amor. Pero /1pesar de rcvolucion tan bienhechora el recuerdo de Roma gentil, de su g{an unidad material, de sus libertude. falaces .y de sns mentidos esplendor s, no morirá en el corazon del hombte, como el virus onginal no mucre. sathnás alimeutará de generacion en genJracion el pensamiento de resucitar u poder, J hará brillar ante los hijos de Eva lns antiguas glorias de su imperio. Con comparaciones insolentes, se atreverá a poner sus creaciones ~n pre~eucia de las crea~iones cristianas, y con frecuencia sobrada sabrá hacer que se dé la preferencia i-1 las primeras sobre las segundos. Sus instituciones, sus artes, sus tesoros, sus pretendidos grandes hombres, sns mngníficos triunfos, y sobre todo la fascinadora apoteósis de la voluntad humana, serán para muchos objeto de admiracion J de deseo; y resucitar bajo cualquier nombre aquel órden de cosas; hacer otra vez á Roma capital de un nuevo imperio nnti-cri stiano, del cunl Italia, ,•uelta á la unidad política, será como antes el orgulloso municipio; tal es, 1·a se crea ó no se crea, la idea formidable que se oculta en el fondo (a) S, .\ gu:;Li u. de Cic. Dei- lib. :.\ V,c. ,. de lo que se agita á nuestros ojos. No seria preciso lm~car mucho para encont,·nr numero?-as pruebas de esta verdad diabólica, revelada hace tiempo por alguuos, )' lle~ada á ser pulmaria en el uin; si11 1!rnbar~o, dos bastarán. En 28 de .l unio <le 18GO, el cardenal vicario, en el edicto dado con motivo de la fü)sta del Príncipe de los apóstoles, decia: «El triunfo de San _Pedro sobre la ciudad ue Roma ha mspirado tal despecho al espíritu m_al_iH110, que jamús ha cesado el d~ d11:1Jtr contra la ~anta Sede la mas enear111zada guerra para qne volviera Ro111/J, al error y a la barbarie antigua. 8lu traer á la memoria sus esfuel'Zos en 10s pasados sinlos ¿no hemos sido no ::;'.)tros, no somo; aun ahora, testigo::; de los que emplea contra la barquilla <le Pedl'o?" En su E11cicl k a de 8 de Dirirmbrc de 1849, P10 lX, víctima por primera vez de la Hevolucion, se muestra mas explícito aun. «La Revolucion, dice, está inspiracla por el mismo Satanás, y su objeto no es utro qt1c destnw hasta en sus cimientos el edificio del cristianismo, para reconstruir sobre SU5 ruinas el orden súcial del gentilismo Sn gran medio consiste en hacer hri lar á los. ojos de los italianos las glor~,s de la Roma gentil, á fin de haccrles odiosn la Roma cristiana, como el obstaculo que impide á la Jtalin reco1quistar el esplendor antiguo de los tit111pos pasados, es decir, <le los tiempos idólatras: qua Italia JJristi1iimt 1Jelerum temporum, id esl Ethnicorum, splentlorem iterwn acquirere 7Josit.,. Así habla la mas grande autoridad que existe en la tierrn, y este le;iguaje del augusto Ponlifice es muy rntuble para limitarme yo á transcribirle En mi próxima cnrla lo citaré otn: "Vez, r.011cretá11dome ahora a deducir uc\ mismo algunns consecuencia s. Hacer retroceder el mundo á la época del ge11tilismo, es el objeto final de la Rcvo !ucion; al quitar á és la la máscara, al iudicar11os aquel fin, el oráculo de la verdnd ha hablado ~orno quien cs. El gran obstáculo para la realizacion del infernal proyecto, di¡bolicí eoriim concilii, es para la Revol cion el poder temporal de la Santa ~e e, y 110 se e11gafia. El Pnpa-Hey es el reino visible de Jesucristo en la tierra, es la ind pendencia de la Iglesia y de la ve dad, y estando hoy por todas partes 1spojada l11 lglesia del derecho sober,.• o de propiedad, este reino visible desa arece con la pérdida del Estado Ro ano. Por esto el dominio de San Pedrb es con tanto ardor codicindo; pero es \o es Roma el objeto del combate, por esto en fin hemos visto lo que el nundo no habia presenciado jnmás: ¡ Vicario de .l cs u.cristo an1eu ¡1zado en st misma capital por cien mil excomulg <los, entre los aplausos de los ciudadau s de la ciudíld del mal, diseminados p r toda la tierra. 'l'or1rnda Romn, Satanf,s vuelve ser el príncipe del universo, en cuant habrá desaparecido el postrer obst culo social q11e se opoqin á su poder y á la autoridad de sus lngartenientcs. C ear, como en la antigüedad, uu mun o en que Jesucristo, el Iley de reyes, será como si no cxisticr:1; on mundo ed que el poder humano sin fr eno ni -valla, tendrá bnjo - su ·yugo á la Iglesia !V los intereses espirituales, este es su ~bjeto. Con el Papa-Rey, este objet no puede realiznrse y vais á compre der por qué. El Papa, que representa al mismopios; entre los hombres, es el depositario y el intérprete i11corruptible de la ley eterna de justicia y de libertnd; el 1T)uro de bronce in superable para todos los despotismos; el po11t1ficc inquebrantable, el único que puede decir con autoridad soberana así a los reyes opresores como á los pueblos rebeldes: NoN UCET; el hombre que aun con peligro de su ,·ida, está obligado á decirlo 1 y el_ que hace diez y ocho siglos qae lo dice fielmente de gc11eracion eu generacion. A_hora bien: el Papa-Rey, es el Papa rndependiente en lo material es el Papa inviolable. El Papa inviola,ble e~ el Papa libre de decir toda Ja verdad y de lanzar su anatenn coutra los déspotas y usurpadores, sea cual fuere la grandeza de su poder. La Re~oludun que, bajo la máscara de la igualdad y de In libertad, no es otra cosa q11e la usurpacion y el despotismo vivie11le, no puede tolerar la mo11arquia pontificia, y su exL tencia es pat·n ella cuestin11 de vida ó muerte. Corn pre11cle muy bien que huy allí una fuerzn. ~" única que so opone á aquella cu!~ trnrnfo quiere hoy y cuya apoteosis qu e rrá mañana; y dirije sus atnques todos contra la fuerzn del Pontifice Rey, porque solo eJ!a impide é impedirá siempre il los modcruos Césares grabar en su diadema la decrradantc el ivi sa de sus predecesores: EMPERADOR Y PONTÍFICE MÁXIl\10, Imperalor et sunimus Pontifex. Ténganlo por dicho esos pretendidos adoraJores de la libertad. Sus atentados contra la soberanía pontificia los condu.r.en, y a nosotros con ellos, al despotismo mas horrible que jamás haya pesado sobre el mundo. Luego que el Papa no sea re_v, los reyes serán papas, y la libertad reservada a los pueblos, que la habrán crocificbdo en la persona de su representante, con~istini eu repetir bajo los mortales lazos de la esclavitud, las fúnebres palabras de los gladiadores: "César, los que van a morir te saludan:-Cesar, morituri te salutant,,. Esto es lo que importa ver para darse e:rncta cuenta de la situacion; lo demás, como decís bien, se queda para los míopes y ciegos. Los t"oJieglm• ecleshtl§tlcos ele las nac.aoneti ex trnujt"a·as ~n Roma. Despucs de la ocupacion de Bomn por Ins tropas del gc11eral Cadornn, ha sido la santa ciudad teatro de las mas escan<la(o~as escenas contra la religion y sus lllllllStros. Los ultrajes de la revoluciou se han dirijido esµecialmc11te á los. ilustres sacerdotes que se consagraban á la cn::leñanza J disciplina de la juventud. Sii_1 ~ome11ta1·io alguno, publicamos los s1gu1entes documento , que pruebau qué Jénero de exceso,; se cometen hoy eu Ron~a y la ~u.ni l• !e intlife_rencill, por no decir comp1Jc·1d;1 1, que ostenta respecto de ello::. el Gt, liicruo del Rey. A S. E. el sei1or general Lugarte11ieu• te, Caballel'o Alfonso Lamarmora. Los infrascritos rectores de los colegios nacionales extraujcros de Roma, tieneü el honor de dirijir á V. E. :y por su medio al Gobierno del Rey 1;1::; ~iguien tes reclamaciones. El dia 11 de este mrs, nuestro cólega, i\'1011señor Roelauts, Rector del Colegio Nacional Belga que pnsnha tranquilamente por la plaza del colegio Romano con un amigo suyo, fué repentinnm~nte golpe.arlo en ·1a cabeza por una piedra nrroJada de poca distaucia con mucho impetu, faltó poco para que el golpe fuese mortal, de modo que el atacado puede atribuit- sola1,oente á la protecciou divina el haber recibido solo una grave co11tusion. ~sta incalificable agresion no es la pnmer~ por la que tengan que quejarse los rnfrascritos. El colegio germánico-hirngaro vió destrozadas sus ventanas, porque estabnn iluminadas el din de la Vírjen; otro tanto sucedió al colegio de la propagaudn, y con mucha frecuencia los jóvenes de nuestros co-
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