La Iglesia puneña : órgano del gobierno ecleseástico de esta diocesis/Título posterior : La Iglesia Puneña periódico semanal. órgano ofial del gobierno eclesiástico de la diocesis(desde N°37)/Título posterior: La Iglesia puneña: publicación eventual. órgano de dcoumentos, doctria y hechos (desde n°180) - Año Nº1-18,/Nº19 Ene 12/Año 2-Nº2/Año 1,Nº3/Año II-Nº 23-51/Año III Nº52-79/AñoIV Nº 80-99/100-116/ Año V-117-136/Año VI 137-148/Año VI Nº149-172/Año VII-Nº175-184

de bien escasos esfuerzos para conveu• cer á cualquier entendimiento despreo• cupado, de que es lógico el militarismo, lógico el imperio de la fuerza eu aquella sociedad donde huelgan todas las ideas, y donde las doctrin.:ts disolventes alcanzan los mismos, si 110 su periores derechos que los principios fundamentales en que descansa la paz y la prosperidad de las naciones. Solo dos medios hay de sujetar al hombre: ó por la autoridad de la verdad, ó por la autoridad de la fuerza. Aquella, dirigiéndose al entendimiento, ejerce tambien su accion sobre la con· ' ciencia y sobre el corazon. Doñiinado el entendimiento por la verdad, y escitada la conciencia, el corazon contiene sus malas incli1wciones, y dirige naturaJmente la voluntad por el camino del bien. El hombre, en semejante estado, es dócil y sumí. o. Para dominarle, está de mas, la espada: basta un cetro de oro, brillante representacion de la autoridad r¡ue manda en nombre de Dios. Tal es la cansa del orden que reina siempre en toda sociedad verdaderamente cristiana, en la cual la espada solo tiene por objeto defender la independencia de la patria y poner todos los derechos legítimos á salvo de las agresiones de los hombres perversos. Mas cuando falta la autoridad de la verdad, y se deja libre al entendimiento pa1 a estraviarse y al corazon para corromperse, es absolutamen-tc necesaria la autoridad de la fuerza, único medio que los poderes hallan á mano para contener la voracidad de esos temerosos incendios que perpetuamente estallan en las sociedades enardecidas por el ca1or de las pasiones desenfrenadas, Es así que el liberalismo legítima este desenfreno de las pasiones· luecro el liberalismo ha de usar fatalr:ient¡ de 1n autoridad efe la fuerza para evitar la ruina de los poderes publicos. Ved aquí esplicada la situacion de la Europa moderna. No pregunteis va por que en Fra•1cia hay uu César ro.deado de miles y miles de bayonetas; por qué el Rey Guillermo de Prusia suele ir con casco y coraza á la apertura del Parlamento; por qué I?rancisco José y Víctor l\Ianuel son dos generales, en yez de ser dos Reyes; por qué, en fi11, Es• paña, como tesoro abandonado de sn dueño y encontrado por una turba de aventureros, ha ido pasando de las manos de Espartero á las de Narvaez, de las de Narvaez á las de O'Oonnell de las de O'Donnell á las de Prim y Serrano, todos generales y todos sostenidos en el poder, u? por el amor de los españoles, ¡ay! no, s100 por las sólidas cureüas de 1os cañones. Ya lo sabeis: el militarismo, el siste:. ma mus brutal de gobierno, es ineludible consecuencia de las doctrinas liberales. (Continuara). Los creyente~ de boy. Retirábame cansado y molido no ha muchos dias á mi aposento, cuando acerté a pasar µor uno <le esos sitios, que llaman cafés, morada hauitual de gente ociosa y mal avenida con el tra- ~ajo. J)eseanclo reposo y u11 t.a11to aguiJoneado por la sed, eri tréme en él tomé P?Ses~o11 de una mesa que es;)eraba sol1tarrn la presencia ue algu11 huésped; llamé con dos palmadas, seoun es costumbre en tales sitios: y acu<Jici1do pr_esuroso un mozo, pedílé un refresco: mientras era servido, pasé al descnido la vista por los que a mi lado se hallaban. }'i)éme ~obre t_odo en una mesa que era a la m1a vecina, y en la cual, en no muy decorosa postura, hallábanse senta~os cuatro ó cinco moza! vetes, que no baJ,~bau de los veinte ni pasaban de los vemte y cinco, y cuyas voces u11 tanto descompuestas a todos molestaba~; pues tan alto llevaban su conYersac10u, que mas parecían moradores del LA IGLESIA PUNEÑA. Cnmpo de Guardias, que de sitio donde la coro postura es un deber á toda persona que <le educada se precie. Hablaban, á l'J que pude colegir, de la cosa publica; y en breve rato juzgaron a cosas y personas, murmurauuo de las unas, censuranuo á las otras, y abordnncio cuestioues delicadisimas, de las cuales JO, déspues <le muchos estudios y 110 pocas vigilias, 110 babia podido darme cKµlicacion cumpliua. Asombrado quedé, al ,·er tauta erudicion y couoc1mic11tos en los que por su edad. mas á propósito pareciau para cursar las aulas, que para ocuparse de la gobernaciou <lel fatado; á la cual, á mi entender, solo debe llegarse cuaudo las canai blanquéen la cabeza. Iscuchábalos yo, hnsta c¡ue por uno de esos giros en la con ver ·aciou tan naturales, pasó é:i ta de las cuestiones políticas á las religiosas, pronunciando, no sé con que motivo, uno de los mozalvetes, la palabra milagro: al oirle, los que con él estaban· soltaron una sonora carcajada, exclamaudo uno de ellos con tono magistral: «Mentira parece que la humanidad por espacio de tantos siglos ha) a creído paparruch1s semejantes.» De hi~lo me quedé al escuhar esto, y abrí mas y mas el oído, ¡.rnn1 110 perder un punto de la conven,acion que á mi lado se llevaba. «Sí, coutinuó el que había hablado, paparruchas propias de los tiempos de fanatismo y de ignorancia son todos esos milagros que nos refieren: hoy afortuuadamente la aurora de una ~ueva civilizacio11, rompiend \Hl las brumas neb_ulosas qu~ se ceruian sobre inteligencias raquíticas, ha vc11ido á restablecer el reinafo de la verdad, y á sentar sobre las ruinas y los escombros de los alcilzares del fanatismo el reinado de la despreocupaciou u11iven,al.» «Bra rn, bravo! exclamaron los acompañantes: debes ir al Congreso, allí harás efecto; abandona la cátedra, que sabes ya Jo ba 'i tante p,ara seguir en la universidad; tu puesto está eutre los legisladores de la .Nacion.» «Sí, y en eso pienso, continuó el orador, mas hinch ado y orgulloso c¡ue un pavo real: es nercsa rio qne el elemento jóven venga ú fundar aquí la escuela nueva, rompiendo para siempre con la pesada cadeua de la tradicio11, esa ominosa CO)' 11uda que nos ha tirauizado por tan1os siglos, para que la l111ma11idad sig¡¡ caminando por el camino que l~ indic~ la marcha progresiva del vspintu humano hácia el ideal infinito, que . es donde reside la idea de la verdad infinita, para que nunca mas el mundo vuelva a ver monstruos como 1"elipe IT, horrores como la i11qu isicio11, ignorancia como la uel siglo XVl, y sobre todo, para q~e todas esas paparruchas, como los mi11gros, que son la socaliña de que se valeo clérigos i¡.tnoranles, no vuelvan mas á pertudrnr á los hijos de los hombres.» Pueden prcsu111ir mis lectores el efecto que en mí harían desatinos semejantes, cuando les diga que soy católico rancio, defensor de la monarquía tradicioua) á macho y martillo, gran admirador del señor D. Felipe H, qne sa11t.a gloria haya, el mas famosísimo de los reyes que conocieron los tiempos antiguos, conocen los presentes y co11ocerá11 los venideros, y sobre tod¿, entusiasta del siglo XVí, qu~ legó un Quijote a nuestra literaturn y que puso nuestro t1ombre en armas, en ciencins y en letras por encima de ln sábia Homa, y de la culta Grecia. Compuse mi ademan, un tnnto alterado con lns razones qne acababa de oir, y procure entablar co11versacio11 con mis vecinos: no me fué mn,v difícil, pne,- crPyéndome sin duda el mozalvete ndmirador suyo por el <liscursejo (]Lle acababa de endilgar, recibióme con aire de co.ntento y proteccion. · -«Y bien, le dije yo, por qué no cree U. eu los milagros, que tantos documeutos acreditan, que confirman tantos testigos presenciales, y que estan tan claros como los mas claros sucesos históricos?,. Esper;.:ba una respuesta contundente, cuaud0 sin iumuturse respondióme lo que sigue: -No creo e11 los milagros, porque no. -¿,Y no teneis mas razou -para 110 creer'? repu:-e yu. -~o, y es bastante, afiadió: lo milagroso es sobrenatural, y lo sobrenatural 110 es 1111tural, y uo siendo uatural lo sobreuatural, no. me parece natural el qu.e) o crea eu los milagros: esto es una razon contundente: todo lo .q e se aµarta de la 1·azon no debe ser creído, debe ser desechado hasta sin exámen; que han llegado los tiempos de la independencia de la rnzon humana." Trazas llevaba <le seguir barbarizando, cuando JO, que habia comprcnuido JU los puutos que mi interlocutor calzaba, me levauté con n11imo de 110 oir mas <lesatiuos: levuutaronse tambieu ellos <licie11dn: -Es la hora de la sesion; nos vamos. Juntos salimos, y al despedirme, uno que ·parecía mas franco que los e.lemas, me dijo: -¿Por qné no nos acompalia U.? -Sí, venga ll. co11 nosotros, ,11iadieron los demás; venga L'. cou 11osotros y verá cosas maravillosas. En un punl.o me explicaron que iban á un1t sociedad espiritista, de la cual los cuatro eran afiliados y grandes propagadores. Cosns por demas extrañas habia yo escud1ado de sociedades semeja utes: así es que picóme la coriosi<lad, ,, el diablo, que lodo lo enreda, me hizo caer en la te11tacio11 de acompañar a aquellos cuatro charlatanes. Ya en el camino, tales cosas hubieron de decirme, que apreté el pa::o cou ánimo de llegar cuaulo antes.; ~uiado por ellos, dimos en una casa de apariencia regular, en la cual entramos sin que nadie pusiese obstúculo, pqr set· si.11 duda conocidos los que coumigo ve1111111. !:l egamos á una sala de grandes proporc1011es, llena en su mayor parte de gente, y en la cual me coloqué todo ojos y oídos á esperar el principio de la sesion. No tardó mncho, rucs al poco rato, un señor desde lo alto ue uua tarima 11us a11uuci ó que l'mpczaria ésta por el llamamiento del espíritu de Platon. Colocóse 011. trípode eu la tarima, y á su alrededor se11tado3 cuatro hombres pusieron ¡,;obre él lns manos. - "Espi ri tu de Pla ton, ¿,~·si ils dispuesto á acudir'?» dijo el que hilhia hablado. El trípode, levantándose lijeramente, movido sin duda por los que á su lado estaban, dió tres golpes .en el pavimento. Un estremecimiento de alccrría circu1 . l') o por todos los espectadores, que· ~ozosos exclamaron: «Ya está ahí el espíritu de Platon.» Quedcme mas frío que la nieve, al escuchar cosa tal, v asombrado movía e11 todas di rvcciones· la cabez11, toca11do mi cuerpo para couven('ermf:! de que uo era víctima de alguna pesadilla. El que en lo al Lo ~e la tarima estaba siguió diciendo: - 11 EI espíritu vaá hablar:» venga el 111Pdium. Llegóse en esto u na moza algo desenvuelta, sentóse e11fre11te del que parecía Jirector de aquella farsa, que tanto papanata escuchaba con piadoso silencio, el cual empezó á gesticular y mover las manos, hasta que ella quedó ó fingió quedar dormida. - .. El mediu,rn está en d isposicion: interróg-uele cualquiera,» añadió el director. Saltó á la tarima el mozo que en el cnfé h11bia estado decl11ma11do contra los milagros y el fanatismo, y diricriéndose á la mujer entabló co:i· ella ~I siguieute curiosísimo dialogo. -¿Ves al esrírilu?-Lc veo. -¿Qu6 lrncc?-Paséa. -¿Cómo va vestido? -Con túnica. -¿Eres medium escribiente?-Sí. -Pues escribe. T~1~ó la mujer un ·lápiz y se puso á escn~1r con un_ movimiento rápido y 11erv10so, pero siempre con Jos ojo), cerrados, despues que el moznlvoto In hubo hecho esta pregunta. · - -Espíritu de Platon, dinos dónde está Ari~tóteles, y cuenta sus perip-ecias. Par~se al poco rato la mujer, y cogien- , do_ el d1rec.tor la~ cuartillas que había escrito, leyo lo siguiente: . . . - «El espíritu de A ristoteles, rota;la l1ga~ura que le encadenaba al cuerpo, vago desocupado alguu tiempo, hasta que volvió á encarnar en uuo de los perros que guardaban los ganados en fas laderas <le los AI pes; siguió en trasformaciones sucesivas y fué c.irnero, buitre, esclavo de Esparta, ciudadano romano, hasta el mome11to actual que se encuentra en el cuerpo de uu mercader de sedas de Alejandría." No _hay asombro comparable al asombro ~10,_ cuando vi que todos aquellos, que a mt lado e:;:toban, en vez de soltar el _trapo á reir, tomaban muy por lo serio lo que aquel charlatan decía: sin poder, contenerme, s:llté á la tariru~ y y cog1 de manos_del director lo que acababa de leer,_fiJé en ello los ojos, y vi-, ¡oh lector amigo! vi uno'> cuantos mamarrachos, qu~ en realidad nada espre.. saban: se lo hice notar, pero él siu inmutarse !ne dijo muy sério: -Es porque U. no sabe traducir es.- to~ siguos; pero ahí dice lo que yo he leido. -:¿Y quién me asegura que U. no falta a la verdad? le añadí. Yo, dijo el mazo que á la c~sa aquella me habi::t llevado. -¿Pero U. los sabe leer? -No señor, ni falta que me ha~e; pero el scfior lo ase'gura y yo lo c;reo: no dude U. pues, que el mismísimo espíritu de Platon en pérsona ha dictado lo que hay aquí escrito. -¿Y U. no crée en los milagros, y crée en estas paparruchas? .Lo que esto es, es una forsa, y unos farsantes los que tal hacen. Al oír mis razones, un tanto descom~ puesto avanzó el jóven bácia el publico diciendo: -No se alteren ustedes, el seüor no cree en la sublime ciencia del espiritismo; es un neo. · ~penas hubieron escu<'hado la pnlabreJa, cunndo de todos lados exclamar?n: "Fuera el 11eo, fuera el supersti- ·c1oso, fuer<1 el fanatico.» No necesitaba yo semejante despedíº?; que ya con paso mas que largo habia tomado la puerta. Ya en la calle, ) mns serena la cabeza, me e11~ret_uve c11 admirar los profund~s des1gnios de la Providencia, que mantiene sobre la tierra tanto tonto por no dceir tanto imbécil. ' Asi son todos los que en In época actual presumen de despreocupados: rechazan las divinas v~rdades reveladas .por Dios, como incompatibles con lar;,_ zoo humana, y van á humillar esa misma_ razon ante el primer charlatan que quiere hacerles comulgar con rueda:- de molino: nié>ganse á reconocer como verdades hechos que generaciones anteriores á la suya han_ presenciado, y admi• ten. como verdad 1ncon<'l1~a, que los e~- pír1tus ~e pongan á disposicion del primer qu1dam que quiere llevarlos de Ceca en Meca, para recrear. e con ellos. . Con estas y otras reflexiones, que no cito por no hacer mayor este artículo, ya b_astante .lar~o, llegué á mi nposent.o, adm1ran~o a oqnell_a bue11a señora? que al conclu1r el rosario, no dejaba nunca <le rezar un Padre nuestro y una A ve l\Iaría por los tontos. Yale. VICE1'TE ÜRTI. Imprenta «LA IGLESIA PUNEÑA» DE 'MARIA.NO C. l\LrnTINEZ.

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx