La Iglesia puneña : órgano del gobierno ecleseástico de esta diocesis/Título posterior : La Iglesia Puneña periódico semanal. órgano ofial del gobierno eclesiástico de la diocesis(desde N°37)/Título posterior: La Iglesia puneña: publicación eventual. órgano de dcoumentos, doctria y hechos (desde n°180) - Año Nº1-18,/Nº19 Ene 12/Año 2-Nº2/Año 1,Nº3/Año II-Nº 23-51/Año III Nº52-79/AñoIV Nº 80-99/100-116/ Año V-117-136/Año VI 137-148/Año VI Nº149-172/Año VII-Nº175-184

y adhesion que nuestros ppeblos Nos han manifestado constantemente, la horrible tempestad estalló al fin sobre nuestra cabeza en l 867, cuando en el otoño del mismo aüo nuestrilS fronteras y esta c"iudad de Roma f11eron invadidas por partidas de hombres perdidos, que respiraban solo crimen y furor, sostenidos por los subsidios de ese mismo gobierno, y de los cuales un gran número se babia establecido ya secretamente en la misma Roma. Debíamos temer Nos, asi comó nuestros queridos subditos de sus violencias, • sus crueldades y sus armas, todas las desgracias y todos los horrores, r,;i Dios con su misericordia, no hubiera hecho estrellar su rabia contra el ,·alor <le nuestras tropas y el poderoso auxilio de las Ie:giones enviadas por la ilustre nacion Francesa. En medio de estas complicaciones, en medio de .esta série de peligros, inquietudes "J' males, la Divina p ·rovidencia n0s envia un consuelo con la piedad y ]a adhesion de que vosotros, Venerables Hermanos y vuestros fieles, Dos habeis dndo pruebas contínuas con vuestras tiernas exposiciones y vuestras obras de caridad católica. Y sin embargo, aunque los g-raves peligros que nos rodeaban nos dejnsen apenas alguna tregua, no hemos descuida.dn, con el auxilio de Dios, nada de lo que podia conservar la dicha témpornl de nuestros súbditos. Todas las naciones que han enviado siempre con solicitud á esta ciudad numerosos peregrinos, e~pecialmente con motivo de varias fiestas y santas solemnidades que hemos celebrndo, han podido cerciorarse fácilmente del estado de tranquilidad y de seguridad pública tle nuestro ,gobiern.o, la prosperidad _ de todas las ,artes y los sentimientos '1e nuestr0s puElblos ,hácia Nos. Sin embargo, en tanto que. nuestros pueblos gozaban de los beneficios de la paz, el rey subálpino y su gobierno, aprovechirndo la ocasiou de u11a gran guerra empeliada entre dos las mas poderosas naciones.de Europa, con una de las c11ales se. habia oblig11do á c.onserva,r intacto el estado pref-:ente del reino de la Iglesia y á no tolerar que este reitJo fuera violado por facciosos, decidieron invadir sin demora el territorio que qu~dirba bajo nuestra uominacion y la Sede misma de 11uestro gob~erno y apoder~rs~ de ellos. ¿Pero, cuál era la causa de esta invasion del enemigo'? Que preteslo a - legaba? Todo el mundo 'habrá leido sin duda la carta que el rey nos dirigió el 8 de Setiembre ultimo y nos hizo entregar por su embnjador. En medio de una prolija y folí.lz os- ,. tentacion de palabras .y setJtimientos, bajo el nombre de hijo amnnte y de católico, bajo el pretesto d(! protejer el órden público, nuestro Pont ifi cado y nuestra persona) nos suplicaba que DOS dignásemos no considerar el derrocamiento de nuestro poder temporal como un acto de hostilidad, ci11e entregáramos expontáneamente estr> poder y fiáramos en las frívolas promes,1s que Nos hacia de conciliar lo que él llnmaba aspiraciones de ltalia con los derechos supremos y la libertad de la autoridad espiritual del Pnnt1fice Uomano. No pudimos reprimir nuestro profundo asombro al ver los mo t ivos bajo los cmiles se esforzaban en ocultar y disimular la violencia que muy pronto debia hacernos, ui nos fué posible dejar de deplorar en el fondo de nuestro corazoo el papel de ese mismo reJ, que arrastrado por perversos consejos no cesa de causar cada dia á la ]<Ylesin nuevas heridas, y que teniendo ~as en c~enta á los hombres que á Dios, no piensa que hay en el Cielo un Rey de reyes, un Señor de señores, el cual «no hara excepcion de nadie ni resl!_etará _la grandeza de nadie, pues es EL qmeo ha hecho al pequeño y al LA IGLESIA PUNEÑA~ grande, y que á los mas fuertes aguardan mns fuertes tormentos.» En cuan to á las peticiones que se nos hacia'n, hemos creído que no debíamos vacill1r obedeciendo en esto á nuestro deber y á nuestra conciencia, en seguir los ejemplos de nuestros predecesores, principalmente los de Pio VII de feliz memoria, y nos complacemos en· tomar y repetir los sentimientos de su invencible corazon, que esperaba en una causa enteramente semejatJte á la nuestrn, y de los que participamos en esta bcasion. 1,H~cordamos con San Ambrosio que el santo varan Nabot, poseedor de u,na viña, liabié'lidole i-nlirnado el Rey que se la cediese pa1ra plantar viles Legumbres en vez de las ce¡;as, res7JOndi'ó: ¡No perrni·ta Dios que ceda la herencia de rni's padres! l:lemos creído que nos era mucho menos lícito ent.r~g,1r una herencia tan antigua y sagn1cii1 (est_q es, el dominio temporal ~e e~tn Sauta Setle, que los Pontífices Romnnqs nuestros predecesores tran poseido una lnrp:a serie de siglos, no sin uu designio evidente de la Divina Providenctn), ó de consentir tristemente en que alguien se apoderase de la ciudad capital de,l mundo católico, donde, despues de haber t rastor11ado y destruido la forma mas respetable de gobierno que J=sucristo ha legado á su Iglesia y ha sido establecido por lo:; Santos Cáno11c ., inspir.ados por el Espíritu de Dios, se le sustituirá con un codigo contra.ri9 y opuesto, no solo á los 0 Sántos Cánot1es. sino hasta á los preceptos del Eva11gefo, y se le- reemplazará como siempre con un nuevo órde11 de c:osas que tie.~<le evidentemente á mezclar y coufunc_lir todas las sectas y supersticiones Cl,n la Iglesia Católica. Si Nabot defendió su viña a costa de w propia sangre ¿podíamos Nos, sea lo que quiera lo q~1e nos hubiera de suceder, dejar d~ def.ender los derechos y las pm;esio11es de la Santa l~lesia Romana, despuec;; de habernos obligado pnr un ~olemne ju lamento á conservarlos Pn cuanto Nos · ea posible, ó no revi11clicar la libertad de la Sede Apostólica-; tan íntimamen e unida á la libertad y á los interese de la Jglesia universal? «Los atontecimientos actuales (no .hay otros ar\.r umentos) demuestran sobradamt!nte la oportunidad y la necesidad del podi temporal para asegurar ar Jefe Sup emo de la Iglesia el seguro y libre eje ~ido del poder espiritual que ha recibido lle Dios sobre el mundo entero. ,i Anima o de estos mismos sentimientos, que scry1pre hemos manifestado en varias de nuestras alocuciones, hemos rechazad< en nuestra contestacion al rey las injus as · preteusiones de éste, demostril1H le al mismo tiempo nuestro amargo dplol' y nuestra paternal caridad, qu~ \10 puede cerrar su corazon ni aun á los¡ mismos hijos que imitan al rebelde ~bsalon. ' Aun n había' llegado nuestra carta al rey, cando su ejercito ocupaba Ja las ciuda es hasta aquí libres y pacíficas de nuestrn reino pontificio, dispersa11do faqilmente á las guarnicio11es en los puntos en que se esforzaron en resistir; y pronto ama11eció esa funesta aurora de~ 20 de Setiembre último, en que vimo~ algunos millares de soldados atacar esla ciudad, .sede del Princi1~e de los. Apóstoles, centro de la relijion católica y r~ugio de todas las naciones; en que vimos abrirse brecha en sus murallas y penetrar en su recinto el terror al mismo tiempo qúe las bombas ' que cont11a ella se disparaban; en que la vimos ' con dolor tomada por asalto por In fuerza de las armas por órden d-e aquel que pocos, días antes hacia una solemne protesta d~ su amor filial hácia Nos y de su fidelidad ú la Relijion . ¿Podía a~aso haber para Nos y para todas las personas de bien cosa mas triste que ese día, en qt.re tras el ejórcito in- , vasor vimos llenarse la ciudad de una extraordinaria multitud de aventureros facciosos; en que vimos luego turbado y trastornado el órden público; la dignidad y la santida1d del Supremo Pontificado atacadas en nuestra bomilde persona por impíos gritos, y -los fieles batallones de nuestros soldados sirvie11do de blanco á toda clase de imultos; en que vimos, por fin, reinar un~. desenfrenada licencia y cometer'se todo linaje de escesos en el mismo sitio en que poco antes el amor de hijos se esforzaba en endulzar las amarguras del Padre comuu? Desde ese ?ia hemos presenc1 ado cosas que no pueden referirse si~ escitar la indignaciou de todas las persoµas honradas, hemos visto vendeTSe á \vil precio y difundirse con profusio1j libros abominables) q.ue rebo saba~1 e~i·mpo. sturas, en obscemdades .Y en 1mp1e · ad; publicarse tod,os los dias gran nú ero de periodicos destinados á corro per las almas y las buenas costumbres y á mover los ánir:1os á des.preciar y calumniar la religion, á sublevar l.a opinion pública coutra Nos y contra e ta Se~e Apostólica; espenderse g,·abado inmundados é indignos y otras prod cciones de la misma especie, en que s ponen en ridículo y se entregan á 1 irrision del público las cosas y las per onas sagradas; dispensarse honores y erigirse monumeutos á la .memoria de 10mbres que han sufrido la pet~a jurí ica y legal reservada á los grandes ímenes; vomitar el odio contra los l\Iin stros de la Iglesia, colmar de insultos á varios de ellos., y sucumbir otros á a eves golpes; imponer injustas exacciones á distiu tos establecí mientos rel igioiws; violar nuestra residencia del Q4irinal y obligará salir de él a toda pri~a en virtud de uua órden arbitraria á uno de los Cardenales de la Sant~ Igt,sia, que en el mismo vivía; arrojar de ese p.atacio á otros eclesiásticos de nuestra 1norada y maltratarlos é injuriarlos; pu• blicarse leyes y decretos que daiian y arruinan evidentemente la libertad, la inmunidad, la propiedad y los derechos de la Jglesia de Dios; y vemos con dolor que todos estos males se agravarán aun mas si no los contiene la misericordia de Dios, mientras que Nos, inca paz en la situacion qne se nos ha creado de proveer de remedio á ellos, co110cemo-s que cada día es mas cruel el cautiverio en que se nos tiene y notamos cada vez mas la falta de esa ple11n li · bertad, que un gobierno intruso asegu1~a al mundo en mentidas palabras que se nos ha dej'ado para que podamos ejercer nuestro Ministerio Apostblicn, vanagloriándose de qnerer protejerla por medio de lo que él llama caudones necesarias. No podemos pasar aquí por alto, Ven erables Hermanos, el monstruoso atentado de que sin duda teneis 110Úcia. En-efecto, como si los dominios y derechos de la Sede Apostólica, por tan~ tos títulos sagrados é inviolnbles y reconocidos siempre como verdaderos é in\'ariables por espacio de tantos siglos, pudiesen ser objeto de duda y discu&ion, y como si las gravísimas cen::;uras en que por efecto y sin necesidad de ninguna nueva declaraciou incurren los que violan los referidos dominios v derechos, pudiesen perder su fuerza y veficacia por la revuelta y In audacia populares para cohonestar el sacrílego despojo de que hemos sido víctima, coo desprecio de todo derecho natural y de geutes, se ha apelado á ese aparato y á ' ese ridículo fantasma de plebiscito, de qlle se ha echado ya mano· en las otras provincias que nos hau arrebatado; y los hombres que aplauden las acciones mas feas no se han avergonzado de pa sear como en triunfo en esta ocnsion al estandarte de la rcbelion y del desprt>cio de .las censnras erlesiasticas al través de las ciudades de Jtália eo menosprecio de los sentimientos proí)ios de la inmensa mayoría de los italianos, cuya relijiosidad y cuya adhesioa y fidelidad hácia Nos han sido sofocadas de mil maneras habieudose impedido s.u libre manif~stacion. Nos, sin embargo, que hemos sido designados por Dios pa,ra administrar y gobernar toda la casa de Israel, que hemos sido constituído en vengador supremo de la religion y de la justicia, Y en defensor de los derechos de la Iglesia, ' i't fin de que no se Nos pueda acusar ante Dios y ante la Jcrlesia de haber g_'Jardado. silencio, y de 0 haber consentido con el •á una tan Cl'iminal ·alteracion del órden de cosas, reproduciendo y co11firma11do lo que tenemos ya solemnemente declarado en las Alocuciones, Encíclicas y Breves mas arriba citados, y en la protesta que por órden nuestra y en nombre nuestro el Carden~l .. ~~cargado de los negocios públiqos dtrtJ10 en 20 de Setiembre último á los E.mbaiadores, Ministros y Encargado_s de negocios d~ las nnciones extranjeras; declaramos ante .vosotros> Venerables Hermanos, del modo mas solemne que nos es p~sible, que nuestra intencion y nuestra voluntad es conservar y trasmitir intactos e inviolables á nuestros sucesores todos los dominios y derechos de esta Santa Sede; que la violacion de los mismos, . verificada así hoy como anteriormente, es injusta, violenta, nula y sin valor ni efecto, y adtmas, que condenamos, abolimos y derogamos to- ?ºs los. actos de lo~ enemigos y de los rnvasores, practicados hoy y anteriormente, y todos cuantos se han verificado hasta hoy y los que puedan realizarse en lo suces.ivo para confirmar de cualquier modq que sea esta usurpacion, Dec laramos ademas y afirmamos ante Dios y ante el universo Católico entero <:JU·e 110s hallamos en un cautiverio tal, que en manera algupa podemos ejercer con seguridad füciJ y libremente nuestra suprema aut'oridad pastoral. Por último, obedeciendo el consejo de San Pablo: «¿Qué participacion puede haber entre la justicfa. y la iniquidad.? ¿Qué comunidad entre la luz y las tinieblas? ¿Qué acuerdo entre Jesucristo y 'Belíal?» Oecluramo¡, y proclamamos abierta y públicamente que Nos, recordando nuestro deber al cua·l estarnos ligndos por solemne juramento, no consentimos ni consentiremos jamús en ningun arreglo que pueda destruir ó disminuir de cualquier modo que sea nuestros dere.chos, y por consiguiente los de1 echos de Dios y_,de la Santa Sede; y .il mismo tiempo protestamos que estamos dispuestos, esperando que el auxilio de la gra~ia d,iv_ina alijerará el peso de nuestros años·, á beber hasta las heces en favor de la Igle,sia de Jesucristo el caliz que el mis;mo se dignó apurar por ella, y aada haremos nunca para adherirnos y consentir las inicuas instancias con que se nos acosa. Y como decía nuestro predecesor P.io Vil:, «Hacer violencia á la soberana autoridad de la Sede Apostólica, separar .su poder temporal de su poder espiritual, &egregar, desunir, dividir las atribuciones de pastor de las de príncipe, .qo es otra cosa que querer. destruir y perder la obra de Dio:h que trnbajar en causar el •mayor daño posible a .l~ relijion, que privarla de su muí eficaz apoyo, haciendo que su jefe supremo, su pastor y vical'io de Dios no pueda .secorrer a los catolicos esparcidos por el mundo entero, y que solicitan de su p0der una ayuda y una proteccion~espiritual, que nadie tiene derecho á impedir.» Pero ya que nue&tras advertericias, nuestros ruegos y nuestras protestas riingun efecto han producido, por la autoridad de Dios Todopoderoso) de los santos Apóstolés Pedro y Pablo y por la nuestra, os declaramos, Venerables Herma11osJ y por medio de vosotros á toda la Iglesia, que todos aquellos qüé, aun bailándose revestidos de dignidad dio·na de mencionarse especialmente han co~sumado la invasion, la usurpacioa

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