Lr\ IGLESIA PUNEÑA. ;¡;;;.;;;;;;;.,;;==:;¡;¡¡;;¡;;;.;¡¡¡;¡;;¡.¡¡¡¡;¡¡¡¡¡¡;¡;¡;;;¡;;,;;¡;¡¡.¡¡.¡_¡;¡;¡¡;;¡;.,;;,..;;;;;;¡;Nl'¡;¡;¡ -:,-,r.,:--- ~~Vñ.•""""~•~~~.lll:•t..--,e,~,.,..,:,cs,e,rw.-........, "'ll!IID'~... ~v~.,¡y~~-~!!!l!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!el'!!!!!!l!!!!!I!! tiene la honra de dirijirse á S. E. el Sr. / Ministro de Relaciones Exteriores de S. M. el Rey Víctor Manuel, á consecuen- 1• cia de los inesperados y dolorosos acon• tecimientos verificados desde el 20 de setiembre del año precedente, en la capital del Orbe católico. Atacada la 'existencia del Catolicismo en el Representante de la unidad católica, en la persona sagrada de su Augustú Jefe, a quien se le ha privado de su dominio temporal, única y necesaria garantía de lfbertad é independencia en el ejercicio de su mision divina, es inuegable que todo católico1 y con mayor razon el Gobierno que rige á una porcion considernble de católicos, tiene no solo el derecho ·sino el deber de protestar contra aquel odioso y sacrílego atentado, y, sin embargo, el Gobierno del infrascrito aguardó en vano que se hiciera oir la protesta autorizada de los Estados poderosos 'de Europa contra la injusta y violenta ocupacion de Roma, ó que, S. l\l. el Rey Víctor M:anuel, rindiendo expontáneo homenaje á Ju justicia y al sagrado carácter del inerme y anciano Pontífice, retrocediera en el camino de la usurpaciorl y de vol viera á la Santa Sede el 'territorio que acaba de arrebatarle. Pero no habiéndose oido hasta hoi la voz de ninguna de las potencias del antiguo Continente, y siguiendo oprimida Roma por las tropas de $. !-"l. el Rey Vfotor Manuel, el Gobierno del Ecuador, apesar de su debilidad y de la distancia a que se halla colocado, cumple con el deber de protestar, como protesta, ante Dios y ante el ~fondo, en nombre de la justicia ultrajada, y sobre todo en nombre del católico pueblo ecuatoriano, contra la inicua invasion de Roma¡ contra la falta de libertad á que está reducido el Venerable y Soberano Pontífice, no obstante las promesas insidiosas, tantas veces repetidas como violadas, y las irrisorias {.tarantías de una it1depe11dencia imposible con que se pretende encubrir la ianominia de la st:1jecion¡ y en fin, contra todas las consecuencias que h11yan emanado ó_ en lo sucesivo emanaren de aquel indigno abuso de la fuerza, en perjuicio de Su Santidad y de la Iglesia católica. Al firmar esta protesta por órden expresa del Excelentísimo Señor Presidente de esta República, el infrascrito hace votGs al cielo, á fin de que S. ])l. el Rey Víctor l\lanuel repnre noblemeute el efecto deplorable de una ceguedad pasajera, ántes que el trouo de sus ilustres antepasados sea tal vez reducido á cenizas por el fueo-o venaador de revoluciones sangriet~as. 0 Apr~vechando esta oportunidad, le es mm µ-rato al infrascrito ofrecer al Excmo. Señor Ministro de Relaciones Exteriores de S. l\I. el Rey Víctor l\lanuel, la seguridad del profundo !'espeto con que es de S. E. mui obediente servidor. Francisco Javier Leon. CIRCULAR .{ LOS GOTIIERNOS INVITÁNDOLES Á HACER IGUAL PROTESTA. El infrascrito, Ministro de Relaciones E~teriores de la República del Ecuado~, tie1~e _la honra de dirijirse al Excmo. ,Senor Mrn1stro de igual clase de la República de ........ adjuntándole cópia autorizada de la protesta que ea esta fecha ha dirijido al gobierno de s. M. el Rey_Víctor l\1a11uel, á consecuencia de la v10lenta é injusta ocupacion de Roma. . ~na violacion tan completa de la just~cta co_n~ra el Augusto Jefe de la Igle- ~ia .catoltca, no puede ser mirada con rnd1ferencia por los Gobiernos republicanos ?e 1~ América libre; y ya que en el Antiguo l\Iundo ha encontrado solamente el silencio de los Reyes, es natural que eu el Nuevo halle la severa r~p,·obacion de los pueblos y de los Gobiernos que los representan. Por eS t o, Y en nombre del Gobierno Ecuatoriano, tiene el infrascrito la honr~ de e~citar al de V. E. á fin de que, st lo estima convenien~e, se sirva protestar coutra aquel inexcusable atentado que, consumado contra el Supremo Pastor del Catolicismo, ha herido directamente á los católicos de todo el ulliverso. Con se11tirnientos de profunda y respetuosa co11sideracion, el iufrnscrito tiene la honra de ser de V. E. muí ohe~ diente servidor. Francisco J avi~r Leon. » La Encíclica' de Nuestro Sant.íslmo Padre Pio IX. Pio JX1 el Pontífi:ce mas manso ma~ benéfic~, mas Lierno que ha~ temdo los siglos, se ve hoi atacado de ?ºª mánera brusca ·por los parLidarios de una secLa la mas tiránica la mas funesta y la mas descorazo~ nada que han visLo los siglos-Aludimos al Masonismo. Esta sociedad, tenebrosa por carácter, infame des~e ·su cuna, y reprobada y aoatemaL1zada por el sentido comun aun antes de que la Iglesia la reprobase y la ana.te~a.tizase. por cuanto profesa prmc1 p10s absurdos, máximas disolventes y teorías contrarias al órden ~ocia~: esta sociedad, repetimos, ciego mstrumento del infierno, e~ la que ha hecho y con linúa haciendo una cruda guerra al Pontificad?. Ha entendido que para herir meJor con su dardo venenoso, convenia dirijirlo al puolo mas noble, á la entraña mas delicada, que es el corazon; y por esto, valié1Jdose de rid1culos sofismas, de argument~s de taberna, tan viles y tan ind1gn?s como la inteligencia que los concibe, se empeña diabólicamenLe por destruir la obra de Dios, preparada con tanto amor, protejida con tau ta misericordia .Y sosteuida con tanta boudad para bien de los hijos de Adan-Aludimos á la Io-lesia Católica y á su Pontificado Su-- premo. El sucesor de Pedro es el ' corazon del Catolicismo, porque es el ceutro de la unidad religiosa.- El que no. esta con Pedro, está con- . tra el mismo NuesLro Señor Jes uCristo. -El que no escucha á Pedro, no escucha al Salvador del género humano.-Di gámoslo de un'"a• vez: El que ofende :i la CáLedra Pontificia hiere por esto mismo, para serviI·no~ de una frase del Espíritu Santo, ]a pupila de los ojos de Dios! ¿Puede darse una traicion mas abominable? Enemigos del Papado, y muí particularmente vosotros los que formando una SOCIEDAD SECRETA tern~is siempre abierto vuestro oido para escuchar las instrucciones de Satanás, á fin <le dar ·muerte al Pontifica.do, queyem~s preguntaros:-¿Contais com0 posible la realizacion de vuestr·os ·in ten tos? Vosotros pensais que ]a Iglesia Católica es de invencion humana, sois tan necios como todo esto: suponeis, por lo mismo, que despojando á su Pontífice Sup1'emo del poder temporal que ejerce, le habreis esclavizado, logrando así la muerte de la Iglesia Calólica.- ¡Cuáuta pena nos causa esta vuesLra suposicion!-porque ella importa la revelacion mas triste de vuestra ignorancia y de vuestra infidelidad. Vuestro masonismo, por mucho que alambique sus pérfidas teorías, por ingeniosos q•1e sea11 los medios rastreros qae emplee para herir de muerte a la Esposa del Cordero lnmaeulad0, sabedlo una vez mas, sd• bre diez mil, que nada podrá contra la obra de Dios; y tened entendido que esta es la conviccio:i fümísi ma de todos lo:s que sabemos sSJr calóli-- cos, porque todos los que pertAnecemos á !:':Sta sociedad de la LUZ VERDADERA participamos in sóli'dum de las mismas conviccionPs de Nuestro SanLísimo Padre, y nos esforzamos por imitar su onergía y su resolucion para defender á todo trance la causa de los intereses caLolicos. - Leed su Encíclica: CARTA ENCICLICA DE SU SANTIDAD PIO IX, PO!l LA. DIVINA PllOVIDENUA, PAPA, A. todos lo© patriarca~, pirli!natlos, arzobh;pol:ii, obh,J)O~ ::r Oli'Ol!j ordilluu•io@. ea1 :{l'&cia y comunüo:i co!lll Ra. Sed~ A po§tónica. P.10 J.X, I•,t..I•,I.. ¡Venerables hermanos, salud y bendicion apostó! icn! En vista de todo lo que hace desde algunos años con sus 'no interrumpidas tramas el G0bicrno subal pino parn derrocar el principado civil que J)ios, por una providencin especial, ha concedido á esta Sede Apostólic.a, á fin de que los sucesores d,e Séln ·Pedro, gocen de la completa libertad y la seguridad necesarias al ejercicio de su jurisdiccion espiritual, no podemos menos, Venerables Herm·anos, de Sl'nti'r el mas vivo dolor en medio de tan gran conspiracion contra la Iglesia de Dios y -esta Snnta Sede. En,.esta época tau desgrnciada, en que ese ¡¡obierno, siguiendo los com,ejos de perversas sectas, ha llevado a ,·abo por medio de la violcncin y de las armas la sacrílega invasion qt1c desde mucho tiempo meditaba de nucs trn ciudad Santa .v otras oiudades, cuyn :-;oberaoía uos hab~a dejado la a1,tcrior utsurpacion, en tanto que prosternado ante Dios, adoremos humildtmente sus aecretos designios, nos vemos obligados á repetir estas palabras del profetn: «Gimo -y mis ojos vi erten arroyos de lágr·ir.rns, ·porque Aquél que dcbia con- · solarme levautando mi almo, se ha alejado de mi: se hai\ perdido mis hijos porque mi enemigo ha llegado á ser el mas fuerte.,,' Hace mucho tiempo yá, Venerables Hermanos, que dimos á conocer y manifestamos al universo católico la his• toria de esa guerra criminal, y lo hemos hecho en v¡uias de nu est ras Alocuciones, Encíclicas y .Breves dirijido-:l ó dados en diversas épocas, á saber: el I. 0 de ~oviembre de 1850, el '22 de Enero y el 26 de Julio de 1855, el 18 y 26 de Junio y el 20 de Setiembre de 1859, el t 9 de Enero de 1860; en nuestras Letras apostólicas de 26 de Marzo de 1860; y nuestras Alocuciones de 28 de Setiembre de 1860, de 18 de . Marzo y 30 de Setiembre de t 80 l, y de 28 de Setiembre, 17 de Octubre v 14 de Noviembre de t 867. " El conjunto de estos documentos demuestra y descubre claramente las enormes injurias que el Gobierno subalpino ha inferido á nuestra Autoridad Suprema y á la de esta Santa Sede, aun antes de la ocupacio11 del reino de la lp;lesia, comenzada en los años anteriores, ya dictando leyes contra el derecho natural, divino y ecles-iásti~o, ya sometiendo á indignas vejaciones á los sagrados ministros, á las familias religiosas y a los mismos obispos, ya iufringiendo los tratados consentidos por con veníos solemnes ajustados con esta misma Sede Apóstólica, y recusando tenazmente su inviolable autoridnd al mismo tiempo que nos manifestaba el deseo de anudar cou Nos, nuevos convenios. .Estos mismos documentos patentizan de una manera evideute, Venerables Hermanos, y toda la posteridad verá por me<lio de qué artificios y gestiones pérfidas é indig11as ha llegado ese Gobierno á oprimir la justicia y la Santidad de esta Sede Apostólica, y la posteridad sabrá al mismo tiempo los cuidadós que hemos d-espteg"do para reprimir, en cuanto estaba en nuestra ma110, su ¡1Ud1,cia de dia en día mayor, y para defender la causa de la Iglesia. ::;abeis muy bien que ese Poder subalpi110 envió secretamente en el uI1o 1859 escritos, corlspiradoTes, armas y dinero para iucitar al crimen de alta traiciou á la8 principales ciudades de la Emilia; y que poco. tiempo de3pues reunió al pueblo eu comicios, captó los sufragios, obtuvo por fuerza un plebiscito bnjo cuyo nombre Y· escudo arrancó á nuestro gobierno paternal uuestras provincias de esas comarcas, apesar de las vanas protestas de los hombres honrados. • Es igualmente notorio que el año siguieu te, para apoderarse de otras provincias de la Sauta Sede, situadas e'n el Piceno, la Umbría y el Patrimonio; el mismo gobierno se arrojó de improviso y con falaces pretestos sobre nuestros soldados y los jóvenes voluntarios católicos que habiaii acudido en defensa nuestra, de todos los puntos del mundo, impulsados por el espíritu religioso y su piedad hácia el Padre comun, los cercó con un ejército considerable, y antes que hubieran podido preveer una irrupcion tan su.bita, los aniquiló en una· sangrienta batalla, en tanto que combatian sin miedo por la Rcligiou. , Na<lie ignora ron qµé imprudencia é insigne hípocre!--ía para atenuar la odiosidad de es.a sacrílega usurpacíon, se atrevió ese Gobierno á vanagloriarse de hnber invadido esas provincias para restablecer en ellas los principios del órden moral, siendo así que ha sembrado en todas partes la propagaciou y culto de toda falsa doctrina, que en todas partes ha soltado las rienda-, á . lns pasiones y á la impiedad, atropelhndo i11ju--tameute á los veuea·ables prelados y á los eclesiásticos de toda órden, hundiéndoles en las mazmorras y permitiendo que los insultasen públicamente, en t 1lllto que los perseguidores c¡uednban impunes, así como los que ni siquiera respetaban la dignidad del SuJ>remo Pontífice en nuestra humilde persona. l~s además pntente que Nos, fiel á lo.z deberes de nuest ro cargo, no solo hemos resbtido siempre á los reiterados consejos y á las peticiones que nos dirigian é impulsaban, y¡1 á faltar vcrgno,zosamente á nues tro deber, ya á ceder y entregar derechos y posesiones de la Iglesia, ya á ajustar con usurpadores criminales convenios; f:'Íllo que á esas teutativas y esos crímenes perpetrados conta_·a todo derecho 'divino y humano, hemos opuesto ante Dios y ante los hombres solemnes protestas, hemos declarado á sus autol'es y fautores ligados por las censuras eclesiásticas y hemos lanaado nue1amente contra ellos las censuras que han sido necesarias. Finalmente, es indudable que ese mismo gobierno perseveró sin embargo en su coútumáeia y sus mnquinnciones, :y exitó á la rebelion en el l'efto de nuestras provi11dns y especialmente en Uoma, envinado sin cesar, perturbad.ores y valiéndose de todo género de medios. No habiendo correspondido estos esfuerzos á sus esperanzas á causa de la inquebra'ntable fidelidad de nuestrqs soldados y el amor
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