AÑO VI. PUNO, JUNIO 5 DE t 870. N. º t i5. fa Jglcs-itt nntñtt. - Ja ~gicsia ~ u1ttfüt. Puno, Junio 3 de 18i0. En los mas plausibles acontecimientos, como en los mas aterradores y dolorosos, no vemos nosotros, sucesos independientes de la voluntad de Dios, pues de lo contrario dejaríamos la lnz de la fé, única ancora de sal vacion, mucho mas en los presentes tiempos calamitosos, en que los monstruos de la indiferencia y del racionalismo iutenta11 devorar con su audaz atrevimiento, todo principio, todo derecho, todo respeto, aun sin excepcionar el debido á Dios mismo, toda obediencia, en uua palabra, el trastorno mas completo del órden; y hoi, que se dice ser el de la ilustracion, se mina las bases mas inconmovibles del pl'incipio de autoridad, porque el liberalismo aspira á sacu dir toda sujecion, uo reconociendo otro principio de obediencia que el interés del oro, de los destino~ y de lo que esclusi va mente dice relacion á la parte puramente animal del hombre; y aun esto en tanto que la fuerza ejerce su presion. Ln conciencia y los eternos principios dejusticin, son ecos fatídicos, insoportables; y solo el orgullo del juicio individual qui e re campear sin rival, absorbiendo toda doctrina y todo sistema por santo é inamovible que sea, con mas la funestíc;ima manía de medirlo todo por iute'iigencias q11e carecen hasta de lo mas necesario para sus rectas funciones. ¡Lastimosa aberracion, á que conduce la relajacion de las costumbres y el estravio de los principios! Hemos arribado á épocas, en que por no mantener á la razon en los justos límites, que le prescriben la fé con relacion á los verdaderos iutereses del hom~ bre y la impresci11ditle obligacion de obedecer antes á Dios que a los hombres, se exalta esta razon hasta el punto de constituirla e11 soberana de.--pótica, y de ,su bordinar las leJcs divinas y eclesiásticas á las del falible hombre; y en fuerza de tan imperdonable aberracion, se perpetran abusos que conmueven la conciencia, sin que 11i el mismo santuario sea mirado con la veueraciou que conviene. Dejando por ahora, lo mucho r¡nc seria de nue&tro proposilo echar en cara á esos que se titulan catól-ico-Hberales, y que si algo tienen de católicos es apenas la careta, déjeseuos espresar uua sentida queja, que no puede menos de exhalar nuestra alma, aun ~ensible ante los ultrajes que se irrogan á uuestra madre la Iglesia, en lo mas íntimo, en lo que tiene de mas noble .Y sagrado, en lo que de mas cerca le pertenece; digamoslo de una \'ez, en ~u diviua autoridad, en su indepcndeucia, y en el ejercicio de Ja mision de conducir á las almas por el sendero de su sal vacion, apartándolas de las vias de iniquidad ¿y por quienes? por los que no se averguenzan de llamarse sus hijos ¡hipócritas! Ellos son, lo decimos muí alto, esos sepúlcros blanqueados, de los q' en otro tiempo hab laba el Salvndor:- ellos son, los fnlsM profetas qi1e viei1en disfra ~adús con las esterioridacles ele ovejas; PERIODICO SEMANAL. ORGANO OFICIAL DEL GOBIERNO ECLESIASTICO DE LA DIOCESIS, 111as en sit interio,· son lobos rapaces. Se disfrazan con la piel de la obediencia al Gobierno temporal, del que se con- '1erten en esbirros, entre tauto des?- bedecen á Dios, sacrifican á la Iglesia e¡1aras del interes y desoyen los remordimientos de su conciencia:-pred1can el respeto y la sumision á las autoridades del tiempo, cuando ellos misfi\OS dan el ejemplo de no respetar, sino vilipendiar a la aut0ridad de la Iglesi , ejerciendo la violencia mas atentatoria en Ja persona de sus pastores y m~nistros:-hacen alard?. de que s?n cajólicos, pero ese catol1c1smo lo megao, y reuiegan de él con sus obras; porque los falsos profetas son conocidos por si¿s frutos. El catolicismo de los que son hijos de la Jglesiu Católica, no es el del proced\miento cobarde; es sí el de Ja alta pnblicacion de las leyes de Dios, confirmada con el cumplimiento de ellas, y at1les preferir la muerte que infrinjirlas:-es confesar a Nuestro Sefior. Jesucristo ante los hombres, para que El los confiese delante de su Padre:-es amar á Dios, no con las palabras, sinó con las obras¡ es decir, obedecer antes á Dios que á lo~ hombres, aunque esta obedientia " cumplimiento de su ley traiga consigo, fa pobreza, el desprecio y befa de los hombres, todo el cúmulo de males y daños que sobre un mortal pueden pesar, en fin, la muerte misma. No es el temor que jamás servira de escusa ante el tribunal de Dios; y la conducta de un verdadero católico, esta fielmente trazada por el heróico comportamiento de los mártires del catolicismo, que nunca se arl'edrnron de cumplir los mandatos de Dios y de su Jgle¡;;ia, al travez de los mas crueles y atroces martirios sujeridos por el infierno, y á despecho de la zafia de los emperadores y del gentilismo Juuto:- no es la edad, el sexo, ni otra cualquiera condicion, la que exime Je confesar a Dios y su sacrosanta doctrina ante los hombres, pues ahí estáu los niños, los pretores, los plebeyos4 las vírgenes, los ancianos, y todos los que alcanzai·ou la coro11a del martirio, que Licn nos hncen comprender, lo que decia San lkmiu-io á Clodoveo:-Dobla la serviz , orgulloso sicambro! Adora lo que has quemado, quema lo que lias adúrado. Solo el catolicismo i11funde la heroicidad en todo órden; así, el respeto J obediencia á las leyc~ humanas, no 11nce sino de la conviccion y la conciencia; mas esta conciencia y conviccion 110 la dan las leyes humanas, que i-acan sn fuerza del temor de Dios q' ve lo interior, y de Dios que ha infundido al hombre ese respeto y obediencia, cu tnnto que no sean contraria s á sus soberanos mandatos. El Católico, t,,I como hebe ser v no como cada cual y á su modo quien¡ serlo, tiene por arma la resistencia pasiva contra las disposiciones injustas de las autoridades temporales, que pretendan exijir la traicion á la conciencia y sobreponerse á la Iglesia y á Dios; siéndole no solo prohiLida sino aun penada en todo caso y circunstancia la resistencia activa y mucho mas a mano armada; por eso y en confirmacion de lo que decimos, está llena la historia de las protestas á cual mas enérgicas de la Igle- · ·1 sía, de sus pastores ybde l?sd pdutbt~s . católicos, contra la ar itrane a I tiranía de los gobiernos temporales: todo con santa libertad, y que si bien ha producido la gloria y valor de los ·, mártires de la Tglesia, en ello está su victoria; pues, solo es la realizacion de los pronósticos de su fundador, que envió a sus ministros como ovejas en medio de lobos:-es el cumplimiento de la prevision de Nuestro Señor Jesucristo, que consoló á sus Apóstoles prometiendole_s su asistencia hasta la cousumacion de los siglos, en medio de las pe• nalidades que les proporcionaría el mundo, en las prisiones, en los torm~ntos, en los destierros y en los tribanales donde serían conducidos. Vamos ahora ul dia Yeiute y seis del pasado mes de Mayo. Este dia ce gran respeto y veneracion para tGdo Católico, por ser el destinado para conmemorar la ¡\scencion del Señor ú bs cielos; ese dia de gloria para la fglesia y de júbilo para los fieles ¡Oh!, foé profanado por las autoridades tenporales del Departamento:-fué el elegido para ultrajar á la autoridad eclesiástica en la persona del Señor Dean y Vicario General de la Diócesis:-ese dia, sin respetar aun lo santo de él, se le sacó con soldados para conducirlo á Lima y presentarlo ante un tribunal laico. Las autoridades del Departamen~ to se !aban las manos, como Pilato en otro tiempo, cou los mandatos del Gobierno de Lima; y gritan, que sí así no proceden, 110 serán amigos del César, -y luego se titulan Ca tólicos. Se ha renovado el escenario de Jerusalen, y se ha hecho con el ministro del Señor, lo que con Nuestro Señor Jesucristo. El prendimiento, Ja conduccion ante tos tribunales, está consumado, falta la crucificcion; pronto la llevarán a cabo. ¡Oh dolor! Si sobre Jerusalen Deicida cayeron los tremendos azotes de la ira de Dios, tambien ahora lloverán, no lo dudamos y nos aflijimos con amargura. Este es y será siempre el deles• nable fruto de la soberbia humana; pues hasta el infierno mismo fué forjado por la sobérbia. En vista de tan inaudito atentado, la Iglesia entra en un profundo dolor, ·y .con un sentido lamento pre,·iene ú sus ministros, que es llegada la vez de que suspendan sus funciones sagradas, y les impone silencio. Ya no podeis, les dice, con el poder que se os está conferido, mandar bajar sobre los altares al Cordero Jnmaculado para la mística inmolacion de la divina víctima por los pecados del mundo:-cesad de entonar esos cánticos y salmodias, ora de gozo y alegria, ora de accíon de gracias, ora de dolor y compuncion, ora de impetracion de gracias y auxilios:-:-dcjadme entregada al dolor, que bien merezco ll ornr mi humillncion cansada por mis propios hijos, que desgarran mis entrañas:-id á guardar y respetar mi aflixion, no seais tan osad,1s, que vi6ndome ultrajada y circundada de nmargura, lleveis el escarnio hasta el puuto de querer hacerme manifestar un contento que ha emigrado de mi corazon. Hoi, el dolor y solo el dolor, es mi consuelo, autc la ingratitud y desrrn- · triralizacion de mis hijos, que por sus propias manos se han atraído las mal- ~icion.es del cielo;-por fin, les dice, g~-~ id y llorad como yo, que vuestra tristeza se convertirá en gozo. Esta es la cesacion a divinis. Ahora, bien. ¿Qué toca á lo_s hijos fieles de esta madre? Guardar ese mismo duelo, respetarlo v esperar con sumision á sus mandatos 1~ vuelta de los días de su alegría y consuelo, Eutre tanto, los mismos que le han c~usado la. profunda herida á la Iglesia, todavrn desapiadados la llenan de befa y escarnio, la insultan, y no contentos cou el mal que le frrogaa, laceran mas y mas su atormentado corazoo Hijos infieles é ingratos, mirad vuestr~ infeliz situacioo:-estais poseidos del espíritu del error, temblad que os conduzca al precipicio, y aun os anunciamos 11ue_estais á su borde, un paso falta y no mas para precipitaros· si no sois temerarios, reflexionad po~ vuestra eternidad, antes de que la desesperacion os pierda. ¡Cuidado! La conducta de los verdaderos hijos de la Iglesia, es agruparse á su alrededor, fortaleciendo con su fiel obediencia y sumision la autoridad que inviste, reprobando altameuto la cruel conducta observada para con ella, protestando y condenando los avan. ces de los potentados y grandes de la tierra, como ella reprueba, condena y anatematiza. Sí, estas son las voces y conducta de consuelo que debeis tributarle; pero no burlaros de su mismo dolor. La grande aflixion de la Iglesia, sabedlo bien, no es de temor y corbardia, es sí porque siente vuestra ruina, la pérdida de vuestra bienaventuranza; porque, ahora como siempre, la Iglesia no teme la persecucion, que cuanto mas sangrienta y cruel sea, tantos mas hijos 1 dará para el cielo, que llevarán la gloriosa pnlma del martirio, consolándola con su fidelidad incontrastable; y que será el mas solemne reproche de los que se le aparten por protestas que los hagan desertar cobardemente de las filas del catolicismo para alistarse bajo las banderas del protestantisrno. Nú11cu llegó para la «Jg!esia Puneña» un din mas solemne, y en tal supuesto, le es honrosísimo y glorioso, protestar y reprobar, como en efecto JJrotesta y reprueba ante la faz de la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, y ante el mundo católico, la conditcla observada por el Gobierno del Pení, las autoridades y funcionarios del Departamento, para con la Iglesia punense, su prelado y ministros, estando nosotros prontos y avidos por sellar con nnest1·a sangre, si posible .,ea, la de- /ensa que hemos emprendido siempr~ de la divina y sacrosanta cloctrinci ?I aillo1·idad de la Iglesia Católica. Sí, confesamos á Nuestro Señor Jesucristo, delante de los hombres para que Él misericordioso nos confiese delante de su Padre, y á tod@s los estraviados les gritamos con San Reinigio:- Adorad lo que habeis r¡uemodo, quemad lo que habies adorado. Por fin, á los incautos y sencil10s, les recordamos las palabras del Salvador:- Guardaos de tos falsos profetas r¡ue vienen a vosotros disfrazado~ con las esteriorid<Jdes ele uvejas; mas en si¡ interior wn
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