.ÑO IV., PUNO, MAYO f2 DE. t 870. N-o t ,1 - '.ll f.. ----!!!!!l!!l!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!~!!!!!!!!!!!!~!!!!!!!!!!!!'!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!'!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!~!!!!!!!l!l!~!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!l!!!!!!!!!!!!!~!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!'!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!'!!!!!!!!!!'!!!!!!!!!!'!!!!!!!!!!'! !!!!!!!!!~!!!!!!!!~!!!!!!!l!!!!!!!!!!l!!!!!!!!!!!!!!'!!!!!!!!!!~!!!l!!!!!!li~~!I:!!!!!!~~ ,r a :Jgt~;~!,-~,\·,,:11·1-l~!fitt..: ·: . PERlODI-00 SEMA~AL. ~ !;: :f.~::, ..-: v( ·~ • 1 t - ..:,. < J - . ~ i , \, (,,..,, •• -. A í • I i t ~ ' l 1. f ~· r~ . ' • ll Puno, lfayo U de 1870. FL ENTREDICHO DE PU!WO. Con el epígrafe que encabezamos este artículo, nos regala «El Nacional» de Lima, en la segunda edicion del 21 del mes pasado, número 1,488, un editorial que mui bien sabemos á donde va á parar, y lo que es mas, su orí~en. ¿Se nos llama á una polémica? ¿No la tememos, no: como la luz no teme las tinieblas, la sinceridad á la astucia, la verdad al error y la integridad a un procedimiento venal; pues, si hemos tomado la defensa de los sagrados derechos de la Iglesia, de la autoridad del mismo Dios, confiada á los propagadores de su doctrina y guardianes de su rebaño, los Obispost que, cual nuestro · heróico Prelado el Illtmo. Sr. Dr. D. Juan Ambrosio Huerta, respetan y guardan sus altísimas obligaciones; no cejaremos cobardemente un punto, aunque nos cueste derramar las lágrimas del ostracismo, 6 ser presionados por la fuerza bruta,que porcierlo no durará mucho ni siempre. Al contestar a los EE. de «El Nacionaln, con la franqueza que nos caracteriza, principiaremos por contraernos al brusco ataque que se nos dirije. «La Iglesia Puneñal) es un ·órgano oficial del gobierno eclesiastico de la JJiócesis, y no de un grupo creri·col, ni de persona alguna para sostener sus intereses particulares; es el órgano de la autori'dad eclesidstic.a, que tiene la mision de enseñar, confiada por N. S. J. C., su fundador; no es un periódico de especulacion, que vuela al servicio del mejor postor, 1ajo la engañifa de colocar3e al lado del poder civil para fortalecerlo con su concurso, á fin de sostener derechos que se dicen ultrajados y la enerfi·a de la lei, barniz de toda publicacion, q' con sacrificio de la verdad y justicia se propone triunfar. Entiendan los muí ilustrados EE. de ((El Nacional», que el medio de refutar nuestras publicaciones, no es solame:cte afirmar, que <1La Iglesia Puneña» se ha convertido en una cátedra de enseñanzas reacci·onari"as , de i'deas contradi·ctori'as de nuestras leyes, etc., etc.; porque esto es solo própio de escritores que no teniendo razones con que contestar, escarnecen solo con frases y simples >·-, • • ' , ll ·· l •,,' l f r¡ • • r ORGANO OFICIAL DEL GOBIERNO ECLESIASTICO DE LA DIOCESIS. afirmaciones lanzadas al aire, esto es llevarse de encuentro hasta al sentido comun; háblese con la razon, racioc1nese con buena lógica y llegaremos a la verdad. «La Iglesia Puneña» ¿en qué ha atacado la bien entendida libertad de imprenta? ¿dónde están los excesos, en que ha incurrido? ¿acaso en refutar los errore$ de que están plagadas las vistas del señor Fiscal Paz-Soldan, desmentir las falsas aserciones de <<El Registro Oficialn de Puno y sostener la verdadera doctrina Cat.olica, con raciocinios y argumentos que dan derecho para llamar en conclusion las cosas qon sus propios nombres? Si tal es el abuso de la libertad de imprenta, que los EE. de <<El Nacional» nos echan en cara, les replicamos que la mezquina pasion del inter.és los tiene cega· dos. Fortalecer el principio de auto- . rida;d, no es canonizar sus abusos, y adular á un Gobierno, porque de , ~l se espera algun empleo 6 cosa semejan le; es sí, mui al contrario, determinarle su verdadera esfera de accion y no permitir por ningun motivo el que se estralimite. Nueslros artículos, que pueden releerlos los SS. EE. de «El Nacional,n no son un haeinamienlo de conceptos sin apoyo; lo que escribimos lleva el sello de la conviccion y de la verdad, y nuestro deber es atacar el error donde quiera que él se presente, y cualquiera que sea el que ose propagarlo, sea que pese á los EE. de <<El Nacional» ,. Fiscales 6 Prefectos. Al «Nacional» estaba reservado concebir' que la paz se al lera y se reviven los .horrores de los anti!fu(}S disturbi·os con 1~ , enér,gi<iaom..aoir: feslae-ion-de la , v,eref,adi- . ponque da,i vendad am¡angah ua:ruoo,choca · C'OO las ·; pasiones y ,los abusos. ¿Dónde se ha · bebido las idéas de paz y aversion á los disturbios, las de genuina libertad, que forman la base de la vida democrática? Solo en las doctrinas del catolicismo; y hoy q' sostenemos esos principios en su pureza, la prensa se convierte en disociadora, porque es el clero el que habla y se opone á los desmanes de sus implacables enemigos:-solo porque no quemamos el incienso de las adulaciones ante el trono de los poderosos d~ la tierra, sí; pero como soldados de Cristo N. S., somos fieles y sínceros católicos, y no variamos de colores ni estamos al sol que nace . Dice «El Nacional,)) que el clero ,. del Perú, jité siempre enemigo de todas las conquistas de la li"bertad... Entonces el país era fóven, para ser li"bre; la prensa no i'lustraba, si·no corrompi'a. Era preciso i'mponerle silendo. La calumnia es alroz, pero no nos eslraña la in¡puden_cia de EE. que prohíjan por costumbre cuanto es contra la Iglesia y sus ministros: una prueba de P-llo verán nuestros lectores .en la Pastoral que insertamos en este número del Ilustrísimo Dr. Don Bonifacio Antonio Toscano, dignísimo Obispo de Nu~- va Pamplona . . El que el clero Laya luchado sin descanso, cumpliendo su deber, en los consfjos del e/ecutivo, en los debates de ,las asambleas y ~ntre las filas de lo que «El Nacional» ,llama fanatismo y del pueblo, porque las ideas sean sanas, las costumbres puras, se respe,te la , conciencia, el ,deber y no pre~flriquen los hombres-¿es título para _ llamárle enen1;igo de la libertad? La verdader~ libertad que es una facultad inherente ~l hombre no conqui'sta, y lo que conquista es el libertinage, que adquiere dominio por la fuerza, subyugando, seduciendo o halagando. Los EE. de l,El Nacio"' nal,» sin pensarlo ni quererlo, han prodigado un elogio al clero peruano, llamándolo enemigo de las conqui'stas, pues como saben bien, el ; derecho de conquista es de los siglos de barbarie; liaeg_o el clero es amigo de la razon, de la libertad genuina en todo sentido, de la verdad y el émulo de la corrupcion y de la venalidad. Perdonamos a nuestros 'ofensores su .iute □cion dañada, y aceptamos la· frase como una confesion involuntaria tanto. de lo que ha ,sido siempre el clero peruano,. como 1 de . la admirable influencia que tie- : ne la lg1esia en,.todas las escalas y ! c0ri<ilicr0Ms r;s(!)cialesdpor , sus -minis- ! tros, ·que _no' cuentan en su_, apoyo , ' con rifles, cáñones ,mi \ moNedas, y sin r,olocairse al ·· lark,, i del poder•·oi·- víl para adularlo~ ·conservando sí la moral y la obediencia racional que sostiene a los gobiernos temporales. El clero no ha podido ni puede lransijir con el error, y lo que hoi sostiene es lo mismo que siempre ha sostenido al travez de los siglos y de las preocupaciones, sin temer jámás la obstinada lucha del infier• no, y seguro de ser aborrecido por crisLianos como los EE. de «El Nacional.» Hoi se quiere imponer si"lenci"o á «La Iglesia Puneña,» bajo la pura y sola afirmacion , de r¡ite la b;cenci"a, . tkl escr-itor se ha erijido en medio lejítirno de combatir; pero tampoco este es el medio de tachar nuestras publicaciones: hágase conocer nuestra licencia, dígase y demuestrese, que nuestras doctrinas son ense-- íianzas reaccionarias, ideas contradi"ctor,ias de las leyes é infuri'as propaga.das en daño de la autori._ dad nacional; entonces, y so1o entonces, podremos salir del craso error en que nos suponen los mui moderados EE. de «El Nacional.,> La verdad no se avergüenza de combatir, -Y por ella no buscaremos nuestra comodiaad, y donde quiera que la encontremos allí nos recibirá un obsequio raci~ nal. No nos sorprende ni nos es nue-- vo, ,qu~ se ataque la dóctrll{a ·cató--- ,lica, la autoridad de la Iglesia, la. 1 resp.elabilidad de sus ministros y se. pre,tenda que los Gobie~nO$ tempo- , rales tienen la omnímoda sobre todoy en toda materia; io que sí nos causa admira-cion, es que- «El Nacional» grite templanza, la únpren- -ta, no ya li'bre, sinq licenciosa y otras lindezas de este género con-- tra «La Iglesia Pm1eña>> ; ese «Nacio- .nah> que ~n el artículo editprial que,, nos consagra, usa de los coloridos/ , mas recargados, no solo para herirnos, sino aun mas para l?,llrajar al señor Vicario; y todo .sin pruebas, sin argumentos, con las generalidades mas v~gas: ese?Naci~nal», que · á lá vez que inserta ·lodo lo que es contra la Iglesia y sus der~chos, núnca hace lo propio con lo que es adverso á sus principios é intereses, aunque ·sea lo verdadero. Tal conducta es parcial y hasta estudiada; quitémonos la careta, SS. ·EE. d& «El Nacional» y seamos mas francos, mas leales; discutamos~. per°; con la razo.n y el buen sentido, no 1 seamos pesimistas de todo lo que ! no-es nuestro ó se oponga á nues- · ¡ tras n;iiras personales. · · " · <<El Nácionah? en su empeño de . enaltecer al Gobierrid cuanto puede, no trepida en calificar al Señor Vicario, rebelde á las autorülades. Vicari·o rebelde, ele., iS con qué derecho, con qué pruebas? Conrel que le dá el deseo vano de ver al' poder temporal con_ la facu~ta~ ~e.' imponer en materias ecles1ásbca~, con las que le sujiere su dura 'lóglca. Para Lodo dogmatiza, y si se propone argu1l:1e?tar, di?e:-la cu_esti·on no es religiosa, sino pol'itica. Ya no se trata del entredi'cho en sí" múmo, si·no de sus consecuenci'a,~ 1 , del predmnin:Z-o de la funsdfrr1.on·
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