entrada, tirando paralela á la misma una grande y tHpida cortina. Para suplir el local t¡ue se ua perdido con esta reducciou, háuse colocado nuevas líneas de ~ LA IGLESIA PUNEÑA. ~~~~~~~~~~~~~~~~!- para permanecer a_sí pa~a siempre en ¡Dios y Dios solo es ba~tan~e fuerte desenlace reparador y venga~or, .e~ represalias posteriores, en ~11a Justicia final, en fin, en una ettrn1dad, 9ue_ presupone como elemento constitutivo. Y como condicion indispensable, la existencia de las almas y su inmortalidad? , bu11cos eu .el espacio que quedaba en medio, t·educi<lo ahora en un simple pasillo, .El altar se ha trasladado al fondo, en donde se elevaba antes el trono pontificio; el púlpito está en el estremo opuesto, arrimado á la cortina, y l_os taquí<•rafos han abandonado las tribuBas par: situarse mas cercanos á los oradores. Esta trasformacion ha dado bastante buen resultado; pero no sé si será considerado suficiente para suspender Jas obrus empezadas en el Quirinal, a fin de habilitur una nueva capilla conciliar. E11 ambos casos la antigua quedará restablecida en su primera y majestuosa forma para los días de sesion ·pública. Pusado mañana, conforme estaba anunciado, tendra lugar la segunda de estas; pero no se publicarán decretos, sino que. haráu los Padres la ·profesion de fé de Pablo IV, con cuva formalidad no se había cumplido tod~via. El Papa la leerá primero, la repitirá en seguida el carde11al mas antiguo de los presi- . , deutes de las comisiones y despues se adheriran á la misma individualmente los otros Padres, pronunciando simplemente la forma del juramento sobre los Sautos Evangelios, que les será recibido por el sumo Pontífice. El dia 9,se reanudarán las congregacioiws para continuar la discusion _de los «schemas.» El no promulgarse mnguno de estos en la sesion próxima recouoce po.r ún.ica causa el querer de• finir de una vez todo lo relativo á una materia. Y como las palabras son pesadas todas una a una con el peso del santuario, y á los cánones acompafiará, segun parece, una mas difusa esp!icacion de doctrina en capítulos separados, de aquí el que no haya podido terminarse su discusion, ni fijarse la redaccion definitiva. En la serie poliglota de sermones que se pronunciarán en Sao Andrés de la Valle durante la octava de la Epifanía, representaran el idioma español los Ilustrísimos, Pelagio d-e Lavastida arzobis- ' po· de Méjico, y Benito Saos y Forés, 1 111 • obispo de Oviedo. (De «El Correo de Ultramar,,.) INSERCIONES. CONll'ERENCl.tl. PBEDIV.tl.D.tl. EN VIENA,, EN LA IGLESI~ DE LOS ESCOCESES POll ~L ABATE· llaría-neraardé Baoer. Be ltt, txi6tencia y de la imnortalidad del alma. (CONCLUSION,) 'Diré más. No solamente la criatura que ha llegado a destruir el seutido moral no prueba nada en contra de _la ~xistencia de los mundos, cuya lei viola, sino que es por el contrario, por una revelacion trágica, la prueba do~orosa, la última y suprema confirmac1on de esos mundos. Porque ¿cual es el filósofo el moralista, el pensador, el hom• br~ de sentido, que ante el espectáculo todos los dias multiplicado de esas existencias que reunen todos los vícios á todos los sucesos, de tal manera que la medida de su abyeccion es la medida de su felicidad, asi ' corno ante el espectáculo mas frecuente aun de esos destinos donde todas las virtudes se enlazan con todas las desgracias, que son para la mirada del vulgo y para la del impío que las contempla burl_ándo~e, el escándalo secular de la prov1denc1a; quién es el hombre, digo, que en frente de esas dos figuras tan frecuentes: .El mal en la apoteosis y el bien en la picota,• no crea invenciblemente en la existencia de un órden moral, en un ¡Justicia de Dios, yo te admiro! Tú has ordenado que el mal mi_sm_o, que el mal en lo que hai de mas 1rr~tant_e, es decir en su tiempo inmerecido rnsolente'y al menos en apariencia impune, venga á ser, a pesar suyo, UD apóstol del bien; y de la misma manera _que 1~ noche anuncia la venida del d1a, as1 _las injusticias del tiempo proclaman la JUSticia de la eternidad. Hemos interrogado sucesivamente el órden racional y el orden moral. Los dos han dado el mismo sonido; han afirmado con las certidumbres que les son propias, el dogma, que es al mismo tiempo un hecho de la existencia de las almas. Ahora voi á abandonar la region de las certidumbres humanas, y hacer brillar delante de vosotros, despues de las luces graduadas ~el hombre, la luz suprema y · culmrnante de Dios. Abro, pues, de nuevo el libr~ .rna~avilloso que esplica todos los m1ster1os y sin el cual os desafio ~ esplica~ uno solo, la Biblia. Le abro eu la ynrnera página del primer libro de 1\fo1sés, que ya en el curso de nuestras conferencias nos ha suministrado luces tan resplandecientes: hé aquí lo que le?: F(Yl'- mavit igit·ur Dominum Deus fwmrnern de limo terrre. «El señor Dios formó el hom · bre del lodo de la tierra.» Esto es para su subsistencia corporal; el mármol está pulido, está esculpido por Ja mano de Dios mismo; pero por mas bello, por mas sublime, portmas inco~par~ble que sea, no es sino ma~mol srn vida, estatua inanimada; no digo muerta; la muerte no •babia nacido, puesto que el pecado de donde debia _nacer !10 existia aun. Una de las dos sustancias de que se compone ~uestro dualismo, existe; la otra no existe aun. Derepente Dios se inclina amorosamente desde su altura hácia la obra incompleta de sus manos:_ Et inspiravi, in faciem ejus spiraculum vi~m. . «Y le sopl,ó el aliento de su vida.» La se~unda ,sustancia está creada. En segmdaJ momento augusto y para siempre bendito, Ja sustancia material y la sustancia inmaterial, el cuerpo y el alma se apoderan el uno de otro, se adoptan el uno al otro, el marmol se estremece, se colora, palpita el ojo, lé;inza su mirada, el lábio su aliento ... ; ¡el hombre vive! Et f actus est horno in animam vive~- tem. Himeneo ¡indescriptible! ¡Bodas sm mancha de la carne con el espíritu y del espíritu con la carne! ¡Amor virgen, castos abrazos! Ninguna boca, ninguna voz, ninguna arpé;l, ninguna lira cantará jamás dignamente vuestro cántico nupcial. Entonces, en un mundo que el pecado no babia aun manchado, le cantaron todas las v?c~s, como un grito de alegre acontec1m1ento, en presencia del hombre arrebatado con el espectáculo de su propia grandeza. Pero ese·· cántico ha callado despues, y ninguna voz despertara jamás sus inefables ecos. Es verdad que esta alianza entre ·eJ cuerpo y el alma, alianza destinada á durar para siempre,la destruirá la muerte, fruto del pecado. Sin embargo, no podrá reducirla á la nada. La tumba no será mas que un crisol de donde el cuerpo, despues de haber sido herido por la muerte, roido P?r los gusanos y pul ve rizado por los siglos! renacerá para el honor ó para la ignominia en un día que Dios no ha revelado á nadie. Y ese cuerpo que primero existió sin alma y esa alma que despues de la destruccion corpora~ existió sin cuerpo, cuando venga el dia que no tendrá mañana, ese cuerpo y esa alma se encontrarán, se reconocerán y se abrazarán de nuevo y en esta vez la gloria ó en la rnfamrn. contra semejante adversar10! El y solo De suerte que el dualismo de que se EL seria bastante poderoso para matar compone nuestra personalidad, de~pues una alma, es decir, para anonadarla, de haber sido proclamado en el orden para sumirla en la nada por '!1º acto de racional como en el órden moral, nos su omnipotencia, acto que seria mas maaparece en el órden reve~ado como un ravilloso que la creacion de mil mundos. dogma positivo; las conclus10nes de nues- Porque crear, aunque fuesen ci~n unitra razon las afirmaciones de nuestra versos, es trabajar en la nada, mcapaz concienci~ y los oráculos de Dios se en- de resistir; pero destruir, aunque no cuentran y se corroboran. La ~ripie fuese mas que un cabello, es en~ontrar certidumbre racional, moral y m1stica delante de sí lo que es, lo que existe, lo demuestra la existencia del alma. que poseyendo la vida, no podría perAquí termino mi primer pe~samien- derla volviendo a la nada, sino por una to para no consagrar á los o~ros dos fuerza superior á la que la sacó de la· nasino algunas cortas reflexiones comple- da, por una fuerza que seria nada mementarias, visto que lo que aqabo de nos que el supremo esfuerzo, por ~ecirdecir contiene ya en gran part~ las so- lo así, de la omnipotencia, de cuyo esluciones que os babia prometido. fuerzo no podria declararse á Dios metafísicamente incapaz, pero del cual en realidad no ha usado nunoa contra el El alma humana es una realid~d; existe, ¿pero es inmortal, es decir, sobrevive á la catástrofe que hace del ho~bre un cada.ver y de su cuerpo un residuo infecto, que la vida abandona don desden a los horrores de la muerte? ¿ Y ese yo no sé que, del cual Bossuet ha dicho que no tiene nombr;e en ninguna lengua y que reposa .bajo esta tierra aun fresca donde el primer rayo de sol hace nacer una primera flor, eso es todo el hombre? ¿Eso es todp el yo? ¿O bien, hai en alguna p~rte, al~."~ éosa que fuese yu y que v1v~ y v1~1,ra para siempre? A esta cuest10n v01 a responder brevemente. Demostrar que el alma es inmaterial, es decir, espiritual y simple por su naturaleza} es demostrar al mismo tiempo que es inmortal, como es fácil hacerlo -ver. Es un hecho constante de dbservacion (y casi un lugar comun) que nada , deja de exis_tir; que lo que nos?tros llamamos termrnar, perecer, morir, no es mas que un cambio de for~as, u~a dislocacion de partes, una d1syunc10n de elementos que, subsistiendo siempre, se trasforman sin cesar, hacen florecer la vida hasta en el seno de los horrores de la muerte, de suerte que en ese sentido, es rigurosamente exacto el decir que la materia_ misma ,está d?tada ?e cierta inmortalidad. ¡Si, débiles criaturas! De la misma manera que no podeis crear nada, es decir, evocarlo de la nada, de la misma manera no podeis tampoco destruir nada, es decir, precipitarlo en la nada. Y vosotros, hombres poderosos que· rompeis los istmo~, que allanais las montafias, y que habe1s borrado al ruido del cañon, del vocabulario de los pueblos modernos esas dos palabras orgullosas, fortaleza inespu~- nable... ensayad la fuerza de vuestros prodigios y los prodigios de vuestra fuerza contra ... un solo cabello de mi cabeza. Un cabello, ensayad á reducirlo á la nada; no podreis. Porque au~ cuando lo echárais en una hornaza, leJos de haberlo destruido, reduciéndolo á cenizas, de un solo cuerpo habeis hecho ~il, y si cada uno estu~iese dota_do de vida se reiria de vuestra impotencia. De suerte que vosotros que teneis la fuerza de trastornar el mundo, no podeis destruir uno solo de mis cabellos. Ni aun esa muerte imperfecta que consiste en el cambio de las formas ó en la disyuncion de la~ part:~ pued~ destruir el alma, sustancia espmtual q no tiene forma sensible, sustancia simple que no esta compuesta deyartes. El alma no puede perecer por nrnguna de las fuerzas de la naturaleza, que tod~s, con las armas forjadas en el arsenal rnmenso de la destruccion, donde el genio d·el hombre se combina con la ~otencia de los elementos, no pueden mvariablemente sino cambiar las. formas ó separar las partes. ¿Qué t~ndria el alma que temer de todo el umverso conjurado contra ella, puesto qu~ como Jo he dicho, es e&piritual, no ~•ene forma geométrica, es simple, no tiene partes constitutivas? menor de los átomos de su creacion. ¿Y qué? Dios, que vela sobre el grano de polvo con esquisito celo ,para impedir q' quede olvidado, en un rineon de su vasto universo! ¡El, que hasta, en las mas viles materias animales, 1hasta en las sustancias mas nauseabundas hace milagros de generacion espontánea para q' nada se pierda en el universo,, para que todo fructifique con usura! ¡El, permitidme la espresion, el divino avaro que ha encontrad'o el secreto de enriquecerse hasta en el seno de la destruccion y de fecundar hasta lo que es tan vil que mi lengua caHa por temor de ofender vuestros oidos..• ¡El saldría cuando se trata de lo que hai de mas grande, de mas seme-jante á El, de mas divino, en una palabra, del alma; El saldría, digo, de ·su naturaleza, y El avaro cuando se trata de un a.tomo, seria pródigo, ¿qué ' digo pródigo? disipador, cuando se trata de la joya mas espléndida de su .corona? ¡Y mas importante aun que una perta de su diadema, porqqe s·e trata de lo que en él, mas que todas las cosas del universo, puesto ·que es su soplo vivo, Et ínspiravit.in faciem e;'us spiraculum vitre! : ¡Soplo de Dios, tú no pereceras! Porque si el soplo del hombre no perece, ¿cómo podría perecer el de Dios? Yo, que no soi mas que un ' hombre y que no tengo mas que una hora, yo tengo un soplo. Ese soplo es mi verbo, mi palabra. Pero no sacándola como Dios del 'fondo de una vida inagotable al exhalarla, exhalo con ella en eierto modo, esa vida misma que lleva en sus alas, y que Dios sabe soi dichoso en dar por las almas. Y de la misma manera que Dios es la aurora del mundo, inclinándose sobre el mármol inanimado del cuerpo humano, hizo con su soplo soberano un hombre vivo, Et factus. est horno in animam viventem, de la misma manera el apostolado católico se inclina con sn altura sobre las almas dos veces muertas, bi's rnorture, como dice San Pablo, muertas porque han a• postatado la verdad, muertas (¿debo decir mas muertas aun?) porque no la han conocido nunca. Y hé aquí qué ese soplo, al pasar á esas almas, hé aquí q' ese verbo, al penetrar en esas inteligencias y en esos corazones, hace· bajar la vida divina, los anima y los resucita; hé aqui que el mármol vive, el ojo que no veia á Dios, se abre pura reconocerle, los lábios que estaban cerra.dos _se mueven para hablar, el corazon que no latía, siente por la primera vez las pulsaciones inenarrables del amor sobrenatural; el mármol vive, el muerto se ha despertado del sueño doloroso de su incredulidad. Et factus est homo in animam viventem. Y esta vida producida por ese soplo, spir~culum vitre,_ esta vida es inmortal; amplius non moritur. Mas si el fruto de mi soplo es imperecedero, ¿cómo el de Dios no lo seria? ·Oh Dios, que nos habeis conocido á no~otros frágiles y débiles, el don de hacer obras que no tendrán fin, solamente porque son_ hechas erl t~ nombre! ¿cómo no dams á tu propia obra
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