·esta inmor'c.alidad que prestas á ia nuestra tan f:;olamente porque es hecha á la .,gloria de tu nombre y por tu amor? . ¡El 'alma es inmort.aH La razon me lo dice., la fé me lo .dice. Y si alguna cosn pudiese hablar mas. alto que la fé y 1~ razon, diría que mas inveuciblemente que las dos, lo dice todo corazon q' ]}a amado y que ha visto morir. ¿,Habeis tenido un hermano o una herJnana, un hijo ó una hija, un esposo ó uníl esposa, un paq.ré ó una maclre q' ' habeis querido, festejado, amado, adorado, y si fuese permitido, que habeis idolatr(ldo? ¿Os -acordaís del dia en que fué , permitido al ángel de la muerte el dar ese fatal golpe al cual no quisiérais sobrevivir, que.viéndolo destruido todo, todo acabado, .no deja mas recurso que ¡• -Dios. para espet'ar-? . . ,y ·en ese dia trágico, os acordais de .¡ esas, horas que pesan sobre nuestro co1razon con todo el peso de toda una vida, y en donde uno sigue eon el sentimiento de .una indecible angustia y de t\na ¡impotencia .desesperadora la mar- • , cha triunfal de la agonía en una cara adorada, hasta que al fin ois distintamente los pasos de la muerte que se acer- ,ca, y de modo que no os queda mas que decir: Héla aquí: . Y cuando,, en fin, llega el momento de esa mirada, de esa sonrisa, de ese temblor, de ese sacudimiento supremo y despues ese soplo que se llama e~ último y que apoderándose de nosotros un sentimiento que nos haria capaces de disputar á mil mue-rtes la vida amada entre todas, aun cuando uao se diga á sí mismo, loco de dolor y :sin esperanza: «no, eso uo es, eso no puede ser,» es necesario, sin em.bargo, inclinarse bajo el decreto de la , suerte y •recono- . cer que lo que .uno tiene en sus brazos, ; lo que uuo estrecha: contra su p,e- ..! cho, lo que uno cubre ,co.n mil ,besos y con lágrimas no es. mas •que una masa in·erte, tibia .aun, bie.n pronto helada, despues livida, despues ... ¡Ah! ¡No me iatr.e,vo á mirar ·mas allá! Pero lo que · yo sé es que hai, contenida en tales dolores, una leccion capaz de vencer todo~ los escepticismqs. Lo ,que yo se es que hni lágrimas, de uua <;1margura tal que pagan y.' compraQ las certidumbres mas indestructibles; lo que yo sé es q' hai quebrantos del alma ante los cuales esta certidumbre de vol verse á ver es capaz de salvar al hombre de la demencia; lo que yo sé es que el alma que ha amado y que ha visto mori.r se dice á ella misma con acento que \lo puede .mentir: «¡No, no es todo la muerte! ¡No se ha acabado todo, porque nos volvere[)los a ver!" Lo que yo sé, en fin, es qu¡3.esta esperanza de vol verse á ver en la eternidad es para el corazon quebrantqdo una necesidad tal ,que todas las fi- 1 hras de mi.sér protestan coutra la sos- ' pecha de que Ulld Providencia implacable nos haya dado esta esperanza para . no satisf¡icerla nunca. Y si el corazon pudiese creer que de todo lo que han amado tanto, que de todo lo que espera volver á ver con tanto , ardor, no queda nada, que todo se ha acabado, acabado para siempre ... ¡Ah! Se pondria á odiar, a maldecir, á blasfemar, ese poder, mas bien infernal q' divino, que permite al hombre embriagarse de amor por las almas para desesperarle en seguid.a asesiqándolas. m alma e~iste .ye,s inmortal. ¿Cuál será esta inmortalidad? Si yo 110 me engaño, á la, allura á. que hemos llegado. la respnesta ílparece por sí sola á nuestra mirada: recompensa ó castigo, desolacion ó felicidad infinita, Dios, poseido para nunca perderlo, ó perdido para nunca poseerlo, tal es la perspectiva que la razon nos muestra posible y q' la fé nos muestra segura. Este dilema in.evitable nos aguarda á todos, y _quizás para alguno que escucha esta palabra precederá la aurora á la noche q' comienza á bajar sobre la tierrn. Mi tarea ha terminado; ren, un pensamiento me ocupa ; permitidme gue os LA IGLESIA PUNEÑA. lo diga antes de dejaros pt:ir la ultima vez en este año. ¿Si Dios me pe,rmitiese dentro de un año, á la misma • hora, encontrarme en este lugar, ,•osotros todos los que me escuchais 'ahora en la fuerza de la vida y quizás en la fuerza de la edad, podriais como hoi venir ,al pié de este púlpito? ¿No sabeis que la muerte se vá por los caminos de la vida-destruyendo á diestro y siniestro con ufl brazo infatigable? ¿Nosotros todos que vivimos; qué somos sino ~spigas olvidadas durante el año que acaba y que eHa sabrá encontrar _durante el que va a abrirse? ¿Quién será el primero de nosotros que en el curso de este año desnparecera arrebatado para ser sepultado bajo esa doble nieve que cubre la tumba donde están nuestros restos, y el o[- · vido que nos oculta esta tumba? ¿Ser·á uno de vosotros, seré yo? ... ¡Dios mio! Yo 110 conozco al que haberi; ,ya desig11-adci al ángel es terminador. Pero por favor, no permitais -que toque á la puerta antes de la hotu! Porque está escrito: Hrec est vita ceterna, ut cognoscant te solum Deitm vermn et quem r111isiste Chrútitm Jesmn. La vida eterna consiste en conócerte a ti el solo verdade-ro Dios y al que tu has enviado, Jesucristo. Al que no lo couoce, al que no te conoce, aun por favor, no le llames .. , .• ¡Aguarda! ' FIN. ( La Influencia religiosa. (CONTINUA.CION.) . ,Por lo mismo que el hombre no per- ,tenece entouces á ninguna familia, es, por decirlo asi, el . padre de todas; y . viviendo en :qiedfo <fel . mundo, solo v aisl¡tdo como peregrino ~n tierra extrai{. gera, representa mejor á Jesucristo, quien proponiéndose enseñarnos que el hombre debe anteAoner las cosas del cielo á todas las consideraciones de familia, dijp:. «¿Quién es mi madre y quié,!es son mis hermnnos·r.. Y que e1.- tend1endo la mano sobre sus discípulos continuó: ,,He aquí mi madre y mis her~ manos, pues cualquiera que hiciere la volunt~d de mi Padre que está en los cielos, este es mi hermano, mi hermana y mi , madre ... (San Mateo cap. 13). A un hombre. que no está ligado con una muger se le abren con menos dificultad los arcanos del corazon; y 'el fiel que, lleva oculta en su pecho· una afliccion angustiosa, que quizás no osara revelará sus mas íntimos allegados, deposítala sin el menor recelo en el ánimo del sacerdote, seguro de que no . hará traiccio'n a la confianza quie11 no tiene mas vínculos sobre la ti~rra, que los impuestos por la lei de la caridad. ¿Cuantos secretos no se lleva al sepúlcro el sacerdote que ha ejercido por algun tiempo las funciones de su ministerio en el sacramento de la penitencia? Y auu fuera de el, ¿cuantos son. los d'elicados y espinosos asuntos, que no salen del círculo de una familia, si110 para pedir consejo al ministro de Dios; ó para constituirle medianero en cir• cunstancias críticas? Los mismos que menos adictos se muestran á la Rcligioo, los mismos q~1c quízás se desatan en mas acervas injurias contra el clero, no reparan, y esto lo e.nseña la experiencia de cada dia, 1no reparan ~e,peti- _ mos, en confia1· á un. eclesiástico lo.$ mas hondos secretos, sobre todo si son estos de tal naturaleza que demanden un .depositario discreto y caritativo, a propósito para buscar remedios ó proporcionar consuelos. Se nos habla á veces de la dulzura d.e los senÚmientos paternales, de la influencia que ellos pueden ejercer sobre el carácter; pero no se advierte que los sentimientos que han de obrar en el corazon del ministro de Dios, no es necesario ni tampoco conveuieute, que tengan aquella seusual ternura, que si bien es mui apropósito p.ara cumplir en el recinto de la familia, los fiues destinados por el Autor de la naturaleza, no se adaptan sin embargo a la elevacion y austeridad de las funciones eu que se ha de ocupar el sacerdote. La caridad es tierna, afectuosa, mas nó débil ni liviana; descendida del cielo, tiene por objeto al mismo Dios; y cuando reside en el alma, no tiene su morada en la region de , los . sentimientos terrenos, sino en la voluntad superior, en lo mas eleV?do del . espfritu. Se alegra con los que se alegran, pero su alegría es en el Señor; llora con los que lloran, pero sus lágrimas las ofrece al Señor; quiere el bien de todos los hooibres, los estrecha á todbs en sus brazos, los socorre en sus necesidades, los alivia en sus penas, pero todo para llevarlos á la eterna bienaventuranza, todo para purificarlos en esta vida, y l~acerlos dignos de sumirse en la otra, eu un pie.- lago infinito de~fuz y de amor. , , Estos d_eben ser · los seotímientos ·del sac'erdole: hijos de la caridad, animados • por la caridad, guiados por la caridad; que nada ofretcan de muhdano, de sensual, que en rn\da se asemejen á los que se fundan én motivos puramente , humanos, y que aun en medio de su condescendencia, dejen entrever el cumplimiento dé aquellas palabras del Apóstol; «todo para todos para ganarlos •á todos.» Suponed que se llama para consolar á la esposa que acaba de perder el apoyo de s11 debilidad y el objeto de su ternura conyugal, al padre á quien una muerte prematura arrebató el orgullo de su juventud y la esperanza de su vejez. ¿Cuál es en estos casos el papel que en la triste escena le corresponde al ministerio del santuario? ¿Llorando con los que lloran, deberá hacerlo de tal suerte que tambien maestre participar de aquel abatímiento que desalienta y postra, imitando á las personas a quíeues se propone consolar? ¿aseutaríale bien por ventura, que al traves de la tristeza pintada en su semblante, se trasluciesen 'sentimientós puramente humanos, con la debilidad y desfallecimiento que en tales casos los acompafia? Nó por cierto: en aquella ocasion solemne no va á consolar dando rienda suelta al dolor y aliviando la penu con solo compartirla; sino que va a confortar con los grandes pensamientos que en el seno de la religion se ligan. con la muerte. Dios, sus secretos designios, la riecesidad de co11formarse á ello~, lo breve de la separncio11 que' tanto aflige. las probabilidades de que el finado disfruta ya mejor vid'íl, la próxima reunion de tc:Jdos,' que en el seno del Dios vi viente se ha de verificar en los abismos -de la eternidad: hé aquí los puntos sobre .que han de gir'nr las palabras del sacerdote-, hé aquí los pensamientos cardinales de don~ de ha de hacer brotar las consideraciones adaptadas al caso que le ocupa, h6 aquí dónde buscar debe los consuelos que intenta proporcionar á la desolilda familia. Para ejercer dignamente e~tas elevadas funciones, no es necesario que el sacerdote haya ex.perimentado en toda su vi veza las afecciones conyugales ó- del amor paternal; bástale un corazon sensible en que de algun modo vibre en las mis_mas cuerdas quo en las de l0s afligidos; y la misma diferencia· que resulte d.e ,no estar su ,cqrazon ejercitado en aquel género <le emociones, contribuirá á conservar á su alma uo •. temple mas fuerte, qne se acomodara muy bien con la santa resignacion que deben respirar las palabras y las acciones de quien habla en uombre del cielo. Dígase lo que se dijera: el ins,tinto del humano linage manisfestado en las tradiciones de todos los tiempos y en la práctica de todos los pueblos, segregando mas ó menos completamente de los placeres sensuales á toda persosona que debiera intervenir en el ministerio religioso, entraña una sabiduría tan profunda y delicada, que solo puede ocultarse a entendimientos ciegos ó á corazones poco sensibles. En este punto, como en todos los <lemas, nos ofrece el catolicismo una prueba de s11 divinidad, realizando de una manera mas cumplida, mas sublime, el pensamiento qt1e en embrion se encuentra en las otras religiones; con esto nos da 1).na nueva señal de que . ha baja - do realmente del cielo, cuando se manifiesta en plena poses-ion de todo lo verdadero, y de todo lo bueno, que disperso acá y acullá, ·desfigurado de mil maneras, se encontrara en lastradiciones del género humano. Leed la historia, religiosa de todos los 'pueblos, y en todas hallaréis algunos ráStros de la union , del ministerio religioso con la .asbtinenci.a .de los! placeres sensuales, en torl@s 1notaréis alguna percep- ,. eran de- esta secreta armonia dé lacastidad deh wrazon 00'1 el •ofrecimiento del saorifléio; y hasta en aquellos que divinilíaron el placer, , y •lo presenta• ron á , la , veoeracion hum-a na bajo las formas mas ,v0luptuosas, descubrireis alguna iustitucion que protesta contra tamaño , estravío, simboliz--ando mas ó menos á las iclaras -esta idea-, , tradicion, instinto, llámese como se quiera; que en medio de sus vicisitudes y uberraeiones ha conservado la humanidad. (C?nti,iuar'á.) ANUNCIO,S. HETHIANDAD Df:L SANTisrno SACRAMENTO. -El ,que sµscribe, tesorero encargado de la colecta de limosnas qu~ contribuyen los Her- ·ID1\nos de lil Cpfr.adia, establecida en la Santa Jglosia Caledral,-suplica a los de uno y otro sexo, se dignen c!J1rncelar lo adeudado basta el .di~1 /as ecogaciones mensu,ales con que estan .; s.us..critos, para el onlto y ;lJlílYOI' gloria .de Jesús en la Eucaristía; que con tal objeto m·e cons1 iluy9 en la enunciad¡i Jglesia todos los Jueves á horas de la misa, del ~anlisimo; rogándoles, que en ;lo sucesirn sean e:x:ac-tos eq la entrega de las limosnas referiqas, que volunlaria}Ilenle ofrecieron. v3.-p·J. .Mariano S. Rivera. l'.'\'TERE,I.N'I'E. Se anuncia que se ha principiado lll publicacion de In importantísima obra '¡;LA POLl~mCA. RÉLrGIOSA'',escrita por ellltm . s~ñor Ü4bispo de la Diócesis Dr. D. Juan Ambrosio Huerta, la cual se dara á luz (Jn cuarto mayor, teniendo como unas tr~scientas pá~inas; invitamos á los que quieran tener esta magnifica obra, para que se suscriban en la Imprenta "La Iglesia Puneña», donde se les pondrá al corriente de las condici9nes <le la sus·cl'icion. ALGUNAS RE:FLECCIO~ES SOBUE '1 EL PERIODISMO · · : POR EL ILT1IO. SR, DR,. D. ,uAN AfflBROSIO HUERTA. ' ' 1 OBISPO DE PUNO., á :i rs. ejemplar, en e~ta .l~prenta. EL CALEi\ÓARCO ECLESlÁST1COPar,a 1870 se halla de venta co 1.\. LrBREnu C .\.'l'ÓLICA, al precio de 2 pesos ejemplar. IMPRENTA ''LA IGLESIA PUNEÑA11 DE MAilIANO C. M.\RTIN'.KZ.
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx