La Iglesia puneña : órgano del gobierno ecleseástico de esta diocesis/Título posterior : La Iglesia Puneña periódico semanal. órgano ofial del gobierno eclesiástico de la diocesis(desde N°37)/Título posterior: La Iglesia puneña: publicación eventual. órgano de dcoumentos, doctria y hechos (desde n°180) - Año Nº1-18,/Nº19 Ene 12/Año 2-Nº2/Año 1,Nº3/Año II-Nº 23-51/Año III Nº52-79/AñoIV Nº 80-99/100-116/ Año V-117-136/Año VI 137-148/Año VI Nº149-172/Año VII-Nº175-184

-= ac; ra puesto entre las manos una lira sin enseñarme el modo de sacar sonidos de sus cuerdas y de lrncer con e os sonidos una armonía. Si me hubiese hecho un don incompleto, porque ruc hubiera puesto entre las manos uun lira sin enseñarme el modo de sacar sonidos de sus cuerdas y de hacer con esos sonidos una armonía. Si me hubiese dad() la conciencia sin darme el sentido intimo, el don hubiese sido auu ma,;; imperfecto, porque eso hubiet·a sido trazarme una armonía ideal, un diapason imaginario siu instrumento para hacer de él una realidad. Pero el sentido íntimo atesliguánd0me que tengo un alma y la coucieocia dictándome lo que debo hacer, se completan admirablemente y hacen del hombre el ser glorioso y beNdito cap~z de comprender en la revelacion el Verbo de Dios, que no ha hecho, al hablarnos, mas que fecundizar esas tierras preparadas por ól y para él, el alma y la conciencia. ¿Qué es la conciencia? Una de las cosas á la vez mas vulgares y mas profundas. La conciencia es eu nuestro interior esta luz primordial que nos muestra la distinciou del bien y del mal. Es mns que una luz, es una voz que nos dice: es necesario hacer esto aun cuando sea penoso; es necesario no hacer esto aun cuando sea agradable. Es mas que una voz qae advierte, es uua leí simultáneamente prohibitiva y penal: prohibitiva porque veda, penal porque castiga. Es mas que uoa lei abstracta, es una lei aplicada por un tribunal interior. Es mas que una lei aplicada per el tribunal, es el tribunal mismo que notifica al hombre la sentencia que dimana de la lei, y que dice al ser cuyo orgullo des!}lesurado se exaspera a la meuor marca de menosprecio, al ser vanidoso que se admira tanto mas cuanto que es menos admirable, al ser corrompido, en fin, tan propenso á absorberse él mismo y á hacer del vicio satisfecho una necesidad legítima y casi una virtud. ¡Y Rin embargo y apesar de todo, aun cuando el mundo y la sociedad estuviesen delante de mí serviles y rastreros, cou el sombrero en la mano, postrados de rodillas nnte mí. ... lo que he hecho tal día, á tal hora, es infame, y yo ... no soi mas que un miserable!. .. ¡La conciencia! es mas que un tribunal que da sentencias ó pronuucia juicios, es el verdugo que las ejecuta envenenando con secretos abatimientos, con inenarrables disgustos, con tristezas inconsolables, las apoteosis públicas del culpable; ella es 9uien hace ag-itado y ansioso el sueño de la injusticia; ella es quien hace taciturno y pesado el despertamiento del deleite despues de noches pasadas en medio de festines; ella es quien derrama en las existencias que se sirven de todos los dones de Dios para abusar, ese fastidio sin nombre, ese desencanto sin rival q' descarría la inteligencia hasta la locura, y que la exaspera hasta el suicidio. Ella es, en fiu, mas que el verdugo: es el hacha con que hiere, es el puñal invisible, el rílyo lento, el veneno secreto que el hombre lleva consigo, como sancion íntima de la lei moral v como un suplicio á la vez vengador y revelador, puesto que la concieucia, torturando así el alma hurnaua, prueba invenciblemente que ltai ua alma. ¡Dios mio! Yo te doi gracias por haber puesto, hasta en el seno de los mas lúgubres misterios de tus justicias y tus venganzas, esta luz inmort:il qne ilumina las profundidades del alma, como un sol suspendido en un abismo. ¡Dios mio! en nombre de tu justicia, en uombre de todas l«s debilidades oprimidas que muchas veces no tienen otro vengador que el que tú mismo has puesto en el pecho de sus opresores; ¡en nombre, en fin, del cul pabk mismo q' puede eneolltrar su salvacion en su suplicio, · yo te doi gracias por ha be l' creado ese verdugo que se lluma la CouLA IGLESIA PUNEÑA. WWWWWM WW!i ··- ciencia, y por haberla armado con esa cuchilla que se llama el Remordimiento! (Continuara). La lnih11encaa reUglosa. (CONTHHJACION,) Las lglesias separadas, quebrantando esta unidad, y destruyendo la gerarquía, desconocieron los eternos principios de todo buen gobierno, y se privaron de los medios pnra influir sobre el animo de los pueblos. Vano es que- se llameo Iglesia; faltu la unidad, y no son una Iglesia sino muchas iglesias; falta la conveniente dependencia de los ministros, falta un punto céntrico de donde pueda dimanat· la eficacia del influjo sobre la conciencia de sus subordinados. Nieaan la divina institucion de la ordenaciou sacer<lotal, conceden el sacerdocio con mas ó mcuos rcstriccion, á la generalidad de los fieles como cosa que de derecho les corresponde, se burlan de la gerarquia y la miran como una invencion de los hombres, otorgan t\ todo el mundo el dercclio de interpretar la Biblia, y por consiguiente la ilimitada facultad de decidir en materias de dogma, y de moral, como mejor paresca: ¿qué puede resultar de una orgauizacion y sistema semejantes, ó mejor dirémos, de la falta de todo sistema, de toda organizacion? dígalo la esperiencia de cada dia, dignlo la historia de los tres últimos siglos. El nervio de la disciplina ha debido por consiguiente ser cosa desconocida entre los protestantes; y dejando aparte las vi rtude, mas ó menos se veras que hayan podido eucootrnrse en al_;uno~ ministros de la pretendida reforma, y la mayor ó menor asiduidad con que se hayon dedicado al ejercicio de sus funciones, puédcse no obstante asegurar, que la disciplina como tal, no ha existido ni es dable que exista en las Iglesias disidentes: no hai disciplina sin autoridad, ni autoridad sin gerarquía, ni gerarc¡uía sio cabe-. za. En la lglesia católica ha suce<lido todo lo contrario: hasta en aquellas épocas cuya turbaciou traía co11s1go el trastorno de las ideas y el oh ido de los deberes, no careció nunca de disciplina: á veces se la desatendia, se la conculcaba; mas por esto no dejaba de existir, no faltaba quien la proclamase, quien protestase contra las infracciones, quien 'alzase enérgica voz para demandar la e1.t1rpacion del mal y el castigo de los culpables. Particularidad uolable qne solo en la Iglesia católica se encuentra, el que nunca la ley sea tan impnnemcnle hollada, que no se adelanten únimos esforzados á defenderla; el que la ley nunca sea tan abatida que !-C la fuerce á la prostituciou doblegándose á las insaciables e. igencias de las pasiouC's. En la Igle. ia la ley á veces se quebranta, pero no se dol..ilega; el mismo legislador obra quizús mal, pero legisla bien; por un efecto de la debilirlacl humana, no está exento de ser i,1,irn,to en al~unas de sus obro<;; pero aun en este lamen• table caso, proclama la justicia; desordenado en las costumbres, en~alza la pureza de la moral, y la predica á la faz del mundo, aun á riesgo de hacerse snbir el propio los colores al rostro: y sin temor a los poderosos, sin consideracion á la humana flnquez11, sin rndulgencia para si mismo, muestra á todos los fieles la regla inflexible, sin curarse de que lrnJa de resultar así mas palpable, este ó aquel escándalo, v excitar la execracion de la conciencia pública. A UII Cll los tiempos mas calamitosos de la historia eclesiástica, notamos un constante movimiento en el seno de la Jglel-ia hacia ana reforma qne rcrnedia~e los males que ln humana mi. cria hnbia introducido. S. Gregario YII, S. neruurdo, S. Euena vcutura, eran los preWM cursores de los padres del Concilio de Trento. Por cuyo motivo los cristianos de una fe pura y de una iutencion recta, no ven jamús en los males que á la Jgle ia afligen, una selial de que la haya abandonado el Espíritu Santo, ni creen necesario destruir para reformar, ni que sea menester poner otros cimientos de los que puso el Divino Arquitecto; pues que á. mas de las iqdefectibles promesas de E te, ven siempre que la llama del Paracleto no se ha extinguido aun, que el fuego sagrado arde toda via en el santuario, y que debajo del tabernaculo se conservan intactas y enteras las tablas de la ley. La d isci pliua se relaja, la autoridad parece dormirse, pero los centinelas de Israel no se entregan juntos al sueñ.o; hay algunos que estan velando, y gue recuerdan á los dcmas el sagrado deber que les incumbe de custodiar con temor sanlo los celestiales tesoros de la casa del Seüor. O reunidos co coucilio los Obispos, ó desparramados en sus diócesis, cumple el episcopado la misioo que le encargó el Espíritu Santo de re~ir la Jglesia de Dios; si una niebla oscura parece ofuscar los entendimientos, y la corrupcion señorear las voluntades, si flotando á la merced de los vientos y de las olas la combatida navecilla, nmenaza con iuminente naufragio, llenando de espanto n los que no tienen fir4 me la fé, y fijada en el cielo la esperanza, levantase Jesucristo pum salvarla, manda a los vientos y á los mares, bastando su palabra para restablecer la bonanza. No se presenta él mismo, pero suscita hombres como Jldebrando, como S. Bernardo, como S. Cárlos Borromeo, como S. Jgllacio de Loyola, y derramando sobre ellos los raudales de su gracia, renueva milagrosamente la faz de la tierra. Que sean los vicios de los .fieles ó de los sacerdotes, que el génio del mal haya conseguido llevar sus estr11gos á regiones las mas elevadas, Hada queda sin notar, nada sin reprcuder, nada exento del clamor de correccion y enmienda. Lo que hoJ es el proyecto, el simple deseo de una caridad ttrdidieute, se abre matlaua paso en la legisliwion eclesiástica .Y forma uno de los artículos de la disciplina. ,.\si, cuando circ1rnstancias lamentables hau ocoi,;ionado mayor ó menor descrédilo de los ministros de la relü?ion amenguando los resretos y cons.iderariones de que se los rodeara, bien pronto con una reforma legitima se ataja la corriente del mal, se rejuvenece la autoridad del sacerdocio, se 11ume11t:1 su ascendiente é influencia, restablcciéudose mac, íntima, mas afectuosa la comunicacion entre el sacerdote y el fiel, reparlrndose de esta suerte los males que á la fé y á la moral se acarrearan con el alejamiento y la descoufürnza. ¿Quién ignora los prodigios que en esta parte se realizaron en la lg/esia, desde el siglo ,XVI? ¿í]nién_ no sabe el profundo y saludable camb10 que fué el inmedinto efeclo de la reforma hecha por el concilio de Tren to'? El celibato del clero, tan combatido c0n o. teutoso aparato de razon .s político -económicas cnya futilidad han venido á demostrar los adelantos de la economía política, es un elemento tnn precioso e11 el ministerio eclesiástico, que su desapnricion relnjaria de golpe los lazos de la disciplina, y entibiando la confianza y la intimidad ~on que los fieles estan ligados con el ministro de la Religion, y despojando su sagrado carácter de la santa austeridad que le embellece y realza, acabaria por dejarle en la clase de loa hombres honrados, y si se quiere influyentes, pero en grado muí poco superior al qne le graugearian sus calidades personales. No tratamos aquí de examinat' á fondo esta cuestion cuya inmensa importauc.ia reclama por cierto nrnyor espacio del que los límites de un artículo consienten; solo nos proponemos tocarla rápidameute en lo que concierne el celibato á proporcionar mayor influencia al clero católico, facilitando la comunicacion de la conciencia de los fieles con la de los mini tros, é inspirando aquella veneracion y confianza indispe11sables, para que las funciOI'" .:i.1<'~rdotalcs puedan ser ejercidas Ud l'. 11 ',•le á la alta misio u de su in ti· u Por de p.ronto, éclwse de VP.r á ht primera ojeada, qu,· e:, el celibato u11 sacrificio en las aras ,Je la H11li:-r1on y de la salud de sus ecnejantv;, emblema sublime del desprendimiento que acompañar debe el ministerio eclesiástico, pues que encierra nada menos que la' rignrosa obligacioo de una virtud, cuya practica no fué prescrita en el evangelio mas que por via de consejo, y de la que hablando la sagrada Escritura nos h pinta como uno de los rasgos en• racterísticos de la Yida angclica. Aquella completa abstracciou de los placeres sensuales, aquella ilimitada renuncia de sentimientos tan gratos al corazou humano, cuales sqn los c¡ue resultan de la formacion de uua familia y de la esperanza de sobrevivir en la prosperidad, de ·ligan en cierto modo de los cosas terrenas, y consagran á las celestiales el hombre entero. No se albergan entonces en el áuimo la solicttud y lo~ cuidados que consigo trae el ser cabeza ele familia¡ y en cambio hallase el espíritu mas libre, mas espedito para ocupar sus peusamientos y deseos en objetos de mayor importancia, de un iotet·cs ma~ trascendental, y para acometer empresas que arredren por sus peligros, ó desalienten con la exigencia de sacrificios dilatados y penosos. ¿Cómo se hubieran podido verificar los pro@Hgíos de las misiones católicas, si aquellos apostólicos varones se hallaran embarazados con el cuidado de mugeres é hijos? ¿Cómo fuera posible que llegaran a la sublime alrnegacioo, que nadé\ reserva al hombre, que en nada repara, que por nada se detiene, y que sufre con igualdad de ánimo la pobreza, las privaciones de toda clase, las mas insoportables fatigas, los tormentos mas exqui ilos, la muerte mas lir,rrorosa? ¿Ele,·aro11se jamas á tanta altura los misioneros protestan tes? ¿n,üs• trarou jamas tan heroico º"~pruudimienlo? ¿No es su primer cuidado al llegar al puuto de su de:-:tino, el proporcionar á sus esposas y familia un h;1bitilcion decente y có111oda, y el no olvidar su propia fortu11a en 111eti10 de sus predicaciones evaugélicas? ¿Cuándo recabaron de sus neófitos igual admíracion y eutusíasmo, igual sumision y obediencia, al que alcanzaron nuestros misioneros, qué siu oro para distribuir, sin poderosas escuadras para protegerlos, sin nurnero5os ejércitos para sosteoerlos y hacerlos respetar, se presentan ft los fieles 110 llevando otras riquezas que su breviario, ni mas armns que sa cayado, ui otros medios de persuacio:i que el ardor de su celosa palabra y d ejemplo de sus virtudes, .Y el escuóo <le una infatigable paciencia? (Continuará.) Por todo lo 110 firmadoIGNACIO fn',,.ANDE.Z, AVISOS. l!'W'l.'lEB!Ef:S,. ~ 'J:'G. Se anuncia que se ha principiado la publicaci~n de la importantísim: obra ' 'L.\ POLE\IICA RELIGlOSA'',escrita por el lltmo. sclior Obispo de lu Diócesis Dr. D. Juan Ambrosio Huerla, la cual se dara á luz en cuarto mayor, te11iendo como urws trescientas páginas; invitamos á los que quieran tener esta ma~- uHica obrn, para que se suscribau en la Imprenta «La Tglcsia Puncfia .. , doud.e se les pondrá al corriente de las condiciones de la suscricion.

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