La Iglesia puneña : órgano del gobierno ecleseástico de esta diocesis/Título posterior : La Iglesia Puneña periódico semanal. órgano ofial del gobierno eclesiástico de la diocesis(desde N°37)/Título posterior: La Iglesia puneña: publicación eventual. órgano de dcoumentos, doctria y hechos (desde n°180) - Año Nº1-18,/Nº19 Ene 12/Año 2-Nº2/Año 1,Nº3/Año II-Nº 23-51/Año III Nº52-79/AñoIV Nº 80-99/100-116/ Año V-117-136/Año VI 137-148/Año VI Nº149-172/Año VII-Nº175-184

dos orígenes distintos, ó si quereis mejor, por dos antepasados que no puedo nombrar, sin nombrar las dos grandes ilustraciones del mundo, á saber: El pueblo judío llamado en todas ' las lenguas el pueblo-Dios; el pueblo romano, llamado el pueblo-rei. El pueblo-Dios, la mas grande realidad religiosa de la antigüedad, preludiando con su Pontificado al Pontificado católico, y por esa razon autepasado del Papado espiritual. El pueblo-reí, la mas grande renlldad política y guerrera de_ la antigüeda~, preludiando con su remado á ese reinado sacerdotal, y por esa razon antepasado del Papado temporal. . El pueblo-Dios y el pue?l_o-re1! tra- . bajando ambos en la obra d1vma srn conocerla, y despues, cuando fué terminada, desapareciendo los dos, como el andamio cuando el edificio se termi na, y mostrando á la humanidad estupefacta la sucesion de Aar!)n y la herencia de los Cesares, sentados en el mismo trono y cubiertos con la misma corona, bajo la imágen de los Papas coronados con la tiara en el Vaticauo. En los desiertos de Arabia fué donde Dios ordenó á l.\Ioisés consagrar á su hermano Aaron, el primer gran sacerdote, él primer Pontifice supremo, y por decirlo así, el primer Papa en el seno del pueblo-judío. En él empieza esta dinastía; cuyos sucesores han reinado en las cosas espirituales en nombre de Dios, en el seno de su pueblo, formando una descendencia continuada desde Aaron hasta Pío IX. Hai, sin embargo, en la historia de esta dinastía, la mas antigua de la tierra, dos fases distintas: una que durante 1,500 años se estiende desd.e Aaron hasta la venida de Cristo, hasta el dia en que Caifás, gran sacerdote de la Sinagoga, en el momento en que el Sanedrin condenó a muerte á Jesucristo, cumpliendo un hecho de incomparable profundidad, desgarró sus vestidos, emblema del sacerdocio espirante, y atestiguando así que en el momento en que la mano del hombre desgarra el símbolo, la mano de Dios desgarra In realidad que fué su signo, y que ese Pontificado, despues de haber reinado durante quince siglos en la Sinagoga, terminó para nunca comenzar, pasando de ella á la Iglesia católica, en donde comienza para no terminar jaml.l.s. Esta primera faz, que termina en Cristo, ha empezado por una investidura hecha por Moisés; la segunda, que comienza en Cristo, se ha hecho por Dios mismo. Hé aquí las cuatro palabras sacramentales que contienen la formula de esta investidura: Jesucristo, para fundar el principio visible de la unidad, comienza primero por separar doce hombres del resto de la humanidad, es un primer paso hácia la unidad. Pero no es aun mas que la unidad imperfecta, puesto que es colectiva; así un segundo paso sucederá al primero, una segunda separacion perfeccionara la primera. Porque despues de haber separado doce hombres de la humanidad para preparar así esta unidad, separara uno solo de ellos para cumplirla. Y, sin embargo, eso no es bastante; al hombre escogido para eliminar todo principio de division que podría provenir de la existencia simultánea de dos corrientes contradictorias chocándose en el mismo pecho, á este hombre va a separarle, por decirlo así, de sí mismo, separar al ho·mbre del hombre, al Yo del Yo, y formar en el un hombre nuevo, por esta palabra tan conocida, tan odiada y tan amada, esta frase, la primera entre las cuatro que crearon el Papado: «Tu es Petrus et super hanc Petram redificabo ecclesiam meam et portee inferí non prmvalebu.nt adver.sus eam. «Tu eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia.» Esta piedra será la primera en LA IGLESIA PUNEÑA las fundaciones, la última en la bóveda, el punto en donde se reunirán todas las agregaciones de la cu.pula destinada á cubrir con su nombre al mundo. Y las puertas del infierno pueden levantarse con el orgullo de la carne, con la gloria de los triunfos que no tienen mas que un dia, con la embriaguez de los sucesos que no tienen mas que u na hora, con el ruido que apenas nacido muere! Todas esas cosas que mañana no existirán, que pasado mañana no habrán dejado tras ellas con que probar que han existido: Non prmvalebunt, ellas no pre- ,•alecerán; podrán luchar siempre, vencer ... jamas! Pero esta primera palabra no confiere al principio de unidad, al Papado, sino la vida negativa, la fuerza de resistencia que consiste en no poder ser atacado. Hai mas que esta vida negativa, la vida positiva que confiere, no solamente la fuerza de no poder ser atacado, destruido, vencido, sino la de poder destruir y vencer. Esta segunda fuerza la creó una segunda frase: «Et qui ceciderit si¿per lapidem istmn confringettw. «El que cayere sobre esta piedra se estrellará.,. Y como si esto no fuese bastante aun: «Super quem vero ceciderit conteret eum.» Aquel sobre quien caiga será aplastado por ella.» (San Mateo, capítulo 21, v. 44.) Sin embnrgo, la posesion de esta doble vida no es el fin, no es mas que un medio. ¿Por qué el Papa recibe esta doble vida? Para ensefiar por todas partes, siempl'e á todos. lUas para en&eñar es necesario ante todo saber. Pero saber de una manera imperfecta, no puede engendrar sino una ensefianza imperfecta . Solo puede enseñar bien el que sabe bien, y el que sabe de este modo, está igualmente seguro de lo que sabe y de él mismo, de su doctrina y de su persona, de su ciencia y de su virtud. Esta doble posesion tiene un nombre famoso, se llama infalibilidad. La tercera frase la , creará: «Rogavi pro te Petre ut non deficiat fides tua. «He rogado por tí, Pedro, para que seas infalible en tu fé.• Como sin embargo, esta infalibilidad no se le ha dado á Pedro como un tesoro destinado á él solo, sino que no brota de su pecho mas que para derramarse á torrentes sobre toda criatura, la frase que la crea para revelarle el motivo de ese don, añade en seguida: «Et tu ... confirma fratres tuos. «Y tu enseña al mundo.» Como yo desde lo alto del cielo vigilaré sobre tü cora• zoo para conservar en él virgen la verdad, así tú vigilarás en el mundo para conservala tal cual yo mismo la guardo en tu pecho. ¿Es bastante? ¡Aun no! Porque la salYacion no consiste en saber solamente, consiste en obrar; es doctrina, pero es hecho tambien, y el principio de la unidad para alcanzar su fin, sin el cual la fuerza es latente y su infalibilidad estéril, debe poder reproducir en el órden de los hechos lo que ensetla en el órden de la doctrina; no, sino así llega- ' ra á ser soberana y hara del advenimiento del reino de Dios, de esta oracion suprema del cristiano en el Pater adveniat regnum tuum, una verdad. En el Papado, y solo en él, es, pues, donde .reside la fuente central de ese perdon de que todos tenemos tanta necesidad. Fuera de esta fuente no hai ni puede haber, ni jurisdiccion legítima, ni poder espiritual, ni poder sobrenatural, y por tanto ningun perdon dado en la tiirra y ratificado en el cielo. Así cuando se ven gobiernos graves, hombres de Estado serios y respetables, colocados á la cabeza de los pueblos, que caídos en la apostasía de la verrlad, renegando del Papado, con el centro de la unidad, la fuente de todo poder y de toda jurisdiccion espirituales; cuando se ven esos gobiernos y esos hombres de Estado juzgar al Papa, nombrar obispos, ordenar sacerdotes y remedar así todo el mecanismo esterior de la verdad,se .apodera de uno una indecible opresion de corazon, al pensar de esta inmensa profanacion de este vasto y secular privilegio. Porque de todos esos pretendidos obispos, ni uno solo es obispo; de todos esos pretendidos sacerdotes. ni uno solo es sacerdote; de todos esos pretendidos consagradores del cuerpo de Jesucristo, ni uno solo lo consagra; de todos esos ministros de perdon, ni uno solo tiene el derecho de perdonar; de todos esos pretendidos predicadores del Evangelio, ni uno solo ha recibido mision divina para predicarlo; y muchos de cutre ellos, siendo por otra parte hombres doctos, respetables, piadosos y aun virtuosos en cierto grado, sin embargo, ni uno solo es en realidad · y ante Dios, lo que puede creer el publico engañado y lo qne por poco que reflexione, no puede creerse el mismo, puesto que seria necesario para eso hacer mentir ese evangelio que invoca sin embargo, y que le con,iede inexorablemente en esta sola frase: «Tites Petrus, tú eres Pedro.» Acabamos de ver al Pueblo-Dios, antepasado del Papado espiritual; vamos á ver al Pueblo-Rei, antepasado del Papado tecpporal: Cerca de 800 años antes del nacimiento de Jesucristo, unos fugitivos abordaron á una playa desconocida. Cavando para establecerse al pié de una colina, encontraron una cabeza de hombre que ncababa de ser separada de su cuerpo; de ahí dedujeron, segun las interpretaciones, de su sacerdocio, que esta villa estaba destinada á ser cabeza del uni verso. Llamaron a esta·colina Capitolio, de la palabra Caput, que en su lengua significaba cabe.za; y llamaron á la ciudad Roma, del nombre de su jefe Rómulo. Creciendo sin cesar en numero, valor, territorio, riquezas, gloria, y en fin, en infamia, se hallaron 700 afios mas tarde á la cabeza del género humano, y su imperio fué el imperio del mundo. La cabeza había cumplido su palabra. En esta epoca la república se hizo monarquía y la humanidad se habituó desde luego a ver, no solamente en Roma la cabeza del universo, sino en César la cabeza de Roma. Por esta época una tarde entró, sin llamar la atencion. del soldado que estaba de centinela á la puerta de la villa imperial, un viajero oscuro, menos que un bárbaro, á los ojos de los orgullosos romanos, puesto que este viajero era.... ¡judío! Ese judío se llamó en otros tiempos Simon; despues Dios le llamó Pedro, y todos los siglos repetirán ese nombre. Entre todos los que vieron pasar á ese hombre, ninguno podía pensar que llevaba los destinos del mundo en los plie~ gues de su toga remendada, y que todos los prodigios que Roma babia hecho por espacio de 700 años no tuvieran otro fin que establecer el reino definitivo de los sucesores de ese mendigo. Para él habían volado 1as águilas de Roma; para él habían combatido sus ejércitos; para él habian vencido sus generales; para él habian reinado sus procónsules; para él, en fin, sus Césares habían hecho del trono de Roma el trono del universo. Verdad e8 que durante tres siglos aun, Roma continuó sacrificando en su propio seno á los antepasados de sus futuros monarcas. Mas al fin, la hora llega. Por una determinacion que se ha llamado justamente incomprensible, si no se esplicára por la voluntad espresa de Dios, Constantino lleva su trono hácia los bordes del Ponto-Euxino para plantar en las riberas del Bósforo su poder imperial. Roma, abandonada á eíla misma, cayó poco á poco, y por la fuerza invencible de las cosas, en los brazos del Papado; y cuando, en fin, algunos siglos mas tarde, Carlo-1\'Iagno apareció á la cabeza de sus francos para poner el último sello á la obra de los tiempos, no hizo mas que proclamar altamente lo que ya la Providencia y la humanidad habían preparado ó consumado juntas. OfZIV:P::Sl Hé aquí el doble origen del Ponti- ~cado soberano y de la soberanía pontifical. Sucesor del puebl~-Dios y heredero del pueblo~rey, reina desde hace cerca_de 2,000años en la Ciudadq' la humamdad se ha acostumbrado á cons~d_erar, por una especie de dogma poht1co y de !asentimiento cosmopolita, el centro moral de la tierra al mismo tiempo que se encuentra t~pográficamente en el centro de un promontorio que avanza en ese Mediterráneo que baña tres mundos y se abre al Oeste para dar paso al camino que conduce al otro hemisferio. Sucesor del pueblo-Dios y heredero del pueblo-rey, el Papado, por una conveniencia perfecta de lascosas Y por una lógica admirable de los hechos, lleva en su frente una doble semejanza con su~ dos antepasados, una mezcla de la ~laJestad Divina y de la Di- "!nidad coronada. En verdad, cuando pienso en todo eso, cuando pienso que para crear la Roma pontifical ha sido necesario durante millares de ~ños el concurso simultáneo del pueblo-Dios, del pueblo-rey, y en fin ... el de Dios mismo· cuando pienso que esta grandeza de l~ Roma p~g~na, una vez creada por siglos de prod1g1os, ha necesitado un milaO'ro de paciencia, de valor y de virtud, ~b· tener el traspaso de la diadema deshonrada de los Césares á la soberana humild~d de la ,Cruz; cuando pienso que esta soberama, una vez creada á fuerza de milagros, la Providencia, por un milagro mas grande aun, la ha conservado desde hace t ,000, en medio de todos los furores que, aunque hostiles entre si han jurado siempre su pérdida· cuand~ . ' pienso que desde hace tantos siglos Dios le da tanta humildad en su grandeza c?mo constancia invencible, pudiera decir desesperante, en el infortunio· cuando pienso que para atacarla y p;ra defenderla se ha derramado mas sanare que por cualquiera otra causa, desd: el dia en que Caín mató á Abel; cuando pienso que ese sitio topográficamente el centro del mundo, históricamente á la cabeza de Ja humanidad, religiosamente la cumbre de la Iglesia, que ese territ~:>rio en las tres capas de su suelo, aba30, en el interior y encima es una tjerra sin igual, marcada pór Dios con un rasgo revelador, signo indeleble de su predestinacion, puesto que está minado abajo por sus catacumbas, mundos subterráneos en donde duermen en honor y en paz esos huesos gloriosos que durante trescientos años ha sido necesario dar al infierno, á fin de obtener para la verdad el derecho de ciudadania en el universo, puesto que en su interior ese suelo está impregnado de la sangre de plebeyos @ de patricios, de vírgenes ó de ancianos, de matronas ó de pretores, que bajo este nombre sagrado de sangre de los mártires corrió durante tres siglos desde lo alto de las cruces, bajo el martillo de los verdugos, en la arena de los circos, al diente y las garras de los animales, así como á impulso del hierro de los gladiadores; puesto que, en fin, ese suelo así minado é impregnado, lleva sobre su superficie como sobre su epidermis, con las ruinas mas ilustres que hai en la tierra, todos los vestigios que han sobrevivido á la Roma de los Césares, todos los prodigios sin numero de la Roma de los Papas, de esta Roma que encierra con los archivos de la humanidad esas tumbas y esos templos que parecen gritar al oído de toda criatura: «Miradme, y decid si solamente al verme no reconoceis que aqui está el trono de Dios.» Cuando pienso en todo eso (y que cualquiera que haya pisado su suelo me comprenderá), es cuando reconozco que Roma... es Roma! ... Y cuando despues de eso me acuerdo de que hai inteligencias perdidas que para realizar un programa, ¿cómo llamarlo? ¿revolucionario? No es bastant~. ¿Demagógico? No es bastante. ¿Sacnlego? No es bastante. ¿Homicida? No es

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