nuestras mas dolorosas pruebas, pero mas preciosos hoi para Nos que todo el resto y mas útil it la Iglesia; y nos regocijamos vi vamente en el Señor de veros animados de esas disposiciones, . que nos hacen esperar con certeza los frutos mas fecundos y mas deseables de vuesti-a reunion en Concilio. Lo mismo que no hubo quizá jamas guerra mas encarnizada y pérfida contra el reino del Cristo, lo mismo no hubo jamas tiempo en que la union de los sacerdotes del Señor con el Pastor Supremo de su rebaño, que hace la fuerza admirable de la Iglesia, haya sido mas necesaria; y esta union, por un favor particular de la Divina Providencia, y por efecto de vuestra eminente virtud está tan íntimamente establecida, que es y sera cada vez mas, lo esperamos, el espectilculo del mundo de los ángeles y de los hombres. Pues bien, Venerables Hermanos, fortificaos en el Se11or; y en el nombre de la augusta Trinidad, santificados en la verdad, revestidos de las armas de luz, ensefiad con Nos la vio, la verdad y la vida, despues de las cuales el género humano trabajado de tantos males, no puede ya aspirar; trabajad con No·s á d~volver la paz á los reinos, la ley á los rnfieles, la tranquilidad á los con- • ventos, el órden á las Iglesias, la disciplina á los clérigos, el pueblo á Dios. Dios está en su santo lugar, asiste á nuestt·as deliberaciones y á nuestros actos, nos ha escogido él mismo para sus ministros y sus auxiliares en esta obra insigne de su misericordia, y debemos aplicarnos á este ministerio, consagrándole esclusivamente durante todo este tiempo nuestros espíritus, nuestros corazones y nuestras fuerzas: Por nuestra parte, conociendo nuestra debilidad y desconfiando de nuestras fuerzas, levantamos con confianza los ojos hácia vosotros, y os dirirrimos nuestras s~plicas. ¡Oh Divino Espíritu! ¡oh manantrnl de la verdadera fé y de la verdadera sabiduría!, iluminad ñuestras almas de vuestra gracia, á fin de que poda~10s ve1· lo que es recto, util Y. necesar10; arreglad, realizad y dirigid nue:itros corazones, á fin de que los actos de este Concilio comiencen bien y terminen saludablemente. Y vos, ó Madre del bello amor del co~ocimiento y de la santa esper;nza, Rema y protectora de la Iglesia, dignaos tomarnos á nosotros, nuestros consejos Y nuestros trabajos, bajo vuestra maternal proteccion y salvaguardia, y h~ced por vuestras suplicas cerca de D10s, que permanezcamos siempre unidos de espíritu y de corazon. . Y vosotros tambien, sed propicios á nuestros votos, ángeles y arcángeles, y vos Pablo, el cooperador de su apostolado, doctor de las naciones, predicador de la verdad en el mundo entero, Y vosotros todos los santos del cielo, vosotros sobre todo cuyas reliquias aquí yeneramos; haced por vuestra poderosa mtercesion que todos, llenando fiélmente_ nu_estro ministerio, obtengamos la misericordia de Dios en medio del templo de Aquel á quien pertenecen el honor y la gloria en los si0 los de los siglos. 0 (De «El Correo de Ullram,ar» ). rnSERCIONES. ()ONl?H<~RE~fCIIA :ti»RJEDIC&.~A EN VIENA, EN LA IGLESIA DE LOS ESCOCESES María-B~rru.tll"do l'!lauerr. lJc la unidad de la Igles'ia. (GONTINUACION.) Si quereis, pu-es, medir el milao-ro dQ esta- ~nidad, _ ll~i hecho vulgar, t~asportaos a ese drn rnol vi~able, y mirad al mundo tal cual aparece á los rayos del LA IGLESIA. PUNEÑA. sol que vió morir á Jesucristo eu el Calvario. Salvo el pueblo judío, él solo que conoce y adora al verdadero J)ios (rechazando en parte, al menos, su d~finitiva y radiosa manifestacioo,) la tierra entera estaba sumida en lo que se hallamado admirablemente «las tinieblas apasionadas del deleite y del orgullo.» La humanidad está dividida en un sinnúmero de pueblos diferentes no solo en lenguas, razas, costumbres y gobiernos, sino tambien hostíles entre sí. Cada pueblo esta prosternado ante sus ídolos; cada ídolo está consngrtido á un vicio. Y á la guarda de los templos ·que encierran sus i<lolos y á la guarda de los ídolos que divinizan sus vicios, la humanidad y el infierno conjurados se mantienen de centinela para impedir á la unidad católica, aun por hacer, el acceso del mundo. Las pasiones y los vi- · cios le impediran el acceso de las almas; los Dioses Lares la rechazan de la fami- - lia; el sacerdocio la arroja de los tem~ plos; la filosofia la despide de la escuela, los oradores de la tribuna y todos los poderes constituidos la espulsan .del seno del Estado. César, en fin el jefe, el dueño, el Pontífice y como el Dios de esta humanidad, de la cual es imágen, y que lleva la marca de Ja suya, César la desterrara de toda la tierra, y no la dejara mas basílicas que Ja,; catacumbas, mas cátedras que los desiertos, por único refugio inviolable ... la muerte. Y es en esta humanidad, así hecha, y así dispuesta, donde se trata de fundar la monarquía de las conciencias. ¡Ese reino de Dios que no tendrá fronteras y no tendrá fin! ¿Y con qué se fundará? Con nada, dig-o demasiado, con menos que nada, con lo que es vil é infame, con esta cruz, emblema para el romano, del último de los suplicios sufrido por el último de los hombres del último pueblo del universo. ¡Ah! señores, hombres instruidos que me escuchais, lo repito, si os hubiéseis encontrado con los apóstoles en el cenáculo la última tarde de la vida terrestre del hombre Dios, y le hubieseis oído profetizar el establecimiento de la unidad católica os hubiéscis puesto á sonreír de lústi~a en vista del insensato que para sostener sus desfallecimientos mortales, y para distraerse de los horrores del suplicio, en los desvaríos de una imaginaeion delirante, se complació en construir sobre su sepúlcro, bien pronto sellado por el verdugo, un mausoleo no solamente imaginario, pero imposible, puesto que para que llegase á ser una realidad, hubiera sido uecesario nada menos que la doble c?mplicidad de la humanidad y de los siglos; de la humanidad, para que fuese el arquitecto, de los siglos, para que fuesen el guarda. ¡Pues bien! Ahora podeis asombraros, pero no podeis reirás. El mausoleo está construido! ¡El imposible está hecho! i El sueño se_ ha hecho historia! ¡La quimera es realidad! ¡La unidad católica hanacido, vive, está en p·ié! La monarq_uía univers_al, el reino de Dios existe, si no a~n vigorosamente por todas partes Y siempre, al menos en prnporcio• nes ta!es g~e lo que se ha hecho no puede deJar ninguna duda, sobre lo que se hará en el porvenir de los tiempos. La Iglesia católica, contrariamente á todos los datos de la historia, á despecho de todos los furores del infierno, la Iglesia está eu el mundo, coustruida por la mano qel hombre y por la mano de Dios. . ¡Y á mí, soldado de esta monarquín, c_,udadano de ese reino, hijo de esa Iglesia, sacerdote sirviendo en este templo, miembro humilde y oscuro, pero convencido hasta la muerte, de esta unidad, me es permitido, como ú los veuce~ores que llegando a la brecha, embrrngndos por el triunfo de Cristo, puedo en presencia de esos triunfos pasado_s, como de los que están á mi vistn, gritar: ¡Facti¿¡n est! ¡Esta hecho, está tcrmi11ado! l.Uas es una tarea casi ingrata, á fuerza de ser fácil, decir lo que es la unidad católica y demostrar su incontestable Epifanía, haciendo verá la luz del sol su fisonomia ecuménica y siempre igual á ella misma. Es necesario ahora buscar su principio, es decir, demostraros cómo ha nacido, cómo ha vivido, como viye hoi en el momento en que os hablo. Querer estender sobre toda lá tierra, sin hacer caso de las nacionalidades, que difieren por sus lenguas, costumbres y cultos idólatras, una fé única, aun cuando uo consistiese sino en algunas verdades generales de ·fácil comprension y de aplieacion familiar, es ya un pensamiento tan admirable, que no se puede atribuir sino al desvarío de uu insensato, cuya razon turbada presta á sus utopías uua realidad imaginaria, ó bien á la omnipotencia de Dios, que estando seguro á la vez de él, del mundo y del tiempo, acomoda, no solamente su r,ensumiento a las cosas, siuo todas las co::;as a su pensamiento. Querer di vulgar en la humanidad, no solamente una fé que consist'.l en algunos principios generales, sino todo un dogma complicado, rebosando verdades trascendentales, una moral austera, un culto espiritual, espresion de ese dogma y disciplina de esa moral¡ en fiu, una gerarquía universal para servir y gobernar ese culto, enseñar ese dogma y vigilar esa moral, es el cúmulo de la 1ocura; ese sueño no es verdaderamente mas que un sueño; el cumulo de la potencia, sí, es una promesa que .se lrn cumplido. Mas querer dará este imperio sin limites como sin fin, cufus regnum non erit finis, un gefe único, querer unificnr toda la humanidad en la misma f é, y querer personificar toda estafé en uo solo hombre, querer realizar así el sueño de la antigüedad pagana que creía en un jigante que llevaba en sus poderosas espaldas el peso del mundo, crear el atlas cristiano, q' para colmo de prodigios será comunmente un anciano que no tendrá mas fuerza que su debilidad, otro imperio que el reflejo de Dios sobre su frente, y á quien la humanidad, siempre en libertad para negarle, no le negará jamás, esta es, convenid conmigo en ello, lo que confunde el entendimiento humano; y si Jesucristo no hubiese hecho mas que eso, aun cuando 110 hubiese curado a los ciegos, resucitado á los muertos, calmado las tempestades, yo le tendria por un Dios. l\Ie parece inútil deciros que ese milagro vi ve hace 2,000 años, y que el gefe del catolicismo reside en la Roma pontifical, depositaria de una soberanía que cuenta súbditos en todas las latitudes y en el ejercicio de un poder que, firme en la veneracion de los unos y el ódio de los otros, no es contradicha por nadie. Esas cosns no se prueban; para ver al sol_, no hai mas que mirarle, y a cualquiera que lo negara, este astro sobern- - uo se coutentaria con enviarle por toda re~puesta un rayo de su luz y uua emanacion de su calor. No se trata, pues, de probar la existencia del Supremo Pontificado, sino de hacer ver cómo nació ese Pontificado priucipio de la unidad, y cómo de él na~ ció y unce sin cesar, la grande unidad catoiica. Queriendo Jemcristo hacer del Papado, del gran Sacerdote de la lei de ~rucia el princio de la unidad católica trabajó de antemano en esa grande• obra con una_ paciencia donde aparece bien esa leut1tud que revela la accion del que hace los tiempos sin alimentar en ellos su propia vida. ~a ~scritura nos enseña, que Dios trabaJa .s,er~pre por el mismo: omni·a propter semetzpsurn operat2ts est Dorninus. Pero decir que Dios trabaja por el· mismo, es decir que trabaja por el cristianismo· decir que trabaja por la Iglesia, es de~ cir, en fin, que trabnja por este puesto supremo que se ha llamado la Cabeza, lfflXm: sq cuyo cuerpo es la Iglesia, y que se llamaría aun con mas propiedad que su cabeza, su alma y su vida. Porque de la misma manera que las cisternas en la cumbre de las montañas reciben directamente del cielo y sin intermediarios las aguas celestes que, sacadas de esa límpida fuente, se derraman por los alrededores, así el torrente invisible de gracia y de potencia espirituales, de que el mundo tiene necesidad para vivir, cae directamente del corazou de Jesucristo en el alma de su Vicario·en la tierra, por derramarse de allí en el universo donde circula con pulsaciones indecibles en las venas de la humanidad regenerada. Yo digo que Jesucristo se ha complacido en preparar con anticipacion esn grande obra de los siglos, y voi á probarlo. El Papado es una obra compleja, formada por un dualismo cuyo1 dos elementos constitutivos están fundidos en el molde de una indestructible unidad. Es ante todo, institucion divina, potencia espiritual, jurisdiccion y supremacía eclesiasticas, Todo e.s-o lo ha recibido de Dios, lo ejerce para Dios, y no debe cuenta ... sino á Dios. Es al menos, desde que hace mas de t ,000 años en que tomó su forma definitiva, potencia temporal, que sin pertenecer a la esencia sobrenatural de su divina institucion, sin ser, en fin, para servirme de una palabra tantos veces repetida, un dogma, se liga, sin embargo, de una manera tan estrecha. tan in11eparable, visto el estado de la Europa moderna, al ejercicio efectivo de la potencia espiritual, que ninguno podría atacarle á la primera, sin haber asumido la responsabilidad formidable r¡ue rermdia al impío, que atenta al libre ejercicio de la segunda. No es mi designio estenderrne en cuestionas tan ardientes y hablar de una manera puramente especulativa; pero pasaré insensiblemente del terreno de la fó al de la política. (Continuará.) Por todo Jo no firmadoIGNACIO F1mN ANDEZ, ANUNCIOS. EL CALENDARIO ECLESIÁSTICO P.uu. 1870 se halla de venta en la Libreria Católica, al precio de dos pesos ejemplar. SEMINARlO C. DE SAN Al\IBROSIO. Por disposicion del señor Rector, se pone en conocimien Lo de los padres ó apoderados de los alumnos del Seminario, que la matrícula queda abierta desde el dia de mañana 20, y podrán apersonarse en el local del Colegio, de doce á una del dia, los que quieran que sus hijos o recomendados sean inscritos en la matrícula. Asimismo, el dia designado para la apertura del quinto año escolar es el 20 del próximo mes de Febrero. debiendo estar, en dicho dia, recogidos todos los alumnos internos, para que se de principio á las labores escolares el 21.-Puno, Enero 19 de 1870. Francisco Landaeta.-[Secretario]. Imprenta «L.1 lGLESl.\ PU.NE~A» de M. C. .M.
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