La Iglesia puneña : órgano del gobierno ecleseástico de esta diocesis/Título posterior : La Iglesia Puneña periódico semanal. órgano ofial del gobierno eclesiástico de la diocesis(desde N°37)/Título posterior: La Iglesia puneña: publicación eventual. órgano de dcoumentos, doctria y hechos (desde n°180) - Año Nº1-18,/Nº19 Ene 12/Año 2-Nº2/Año 1,Nº3/Año II-Nº 23-51/Año III Nº52-79/AñoIV Nº 80-99/100-116/ Año V-117-136/Año VI 137-148/Año VI Nº149-172/Año VII-Nº175-184

ñanza que Dios me ha permitido hacer bajar de este púlpito á vuestros cor~zones, me parece oportuno echar una OJeacla retrospectiva por la ruta que hemos recorrido y resumir breve°:1ente l_as verdades sucesivas que han sH.lo obJeto de . esta eusefianza. Esto será como el panorama que se presenta al viajero cuando, llegando a la cumbre, aba~ca en un solo horizonte todos los horizontes sucesivos que se le habían presentado. Quizás vecordareis que tomé como punto de rartida de mi enseñanza, no las afirmaciones de la fé, que, aunque soberanas, son sin embargo contradichas y aun reputadas quiméricas por los ánimos incredulos: hemos partido de un dato cierto, evidente, material, del estado, en cierto modo palpable, de la lrnmanidad: ella se ha revelado á nosotros en un estado de miseria física é intelectual, moral y religiosa, social y :política, que impone á toda mirada atenta la certidumbre de su decadencia. Sien· do permanente esa decadencia, es ~vi- . dente desde luego que el mal ¡hereditario exige un remedio hereditario; y puesto que el mal se llama ~ecado, el ~emedio no podía llamarse s10O Redenc10n, La .caída que el racionalismo puede negar como dogma, pero que la razou forzosamente reconoce como hecho de uná evidencia que nada puede alterar, una vez ouesti0nada la caída, el cristianismo, examinado en sus manifestaciones mas incontestables, se · nos ha aparecido como el remedio providencial á ese mal, como la reparacion, la Redencion divina de esta caida. Esta certidumbre que se impone á priori he tra- · tado de corroborarla por el hecho igualmente material de las 1prof~cías, anunciando los acontecimientos, y los acontecimientos cumpliendo fas profecías. Su correspondencia mutua obliga al hombre á creer en la divinidad del cristianismo, ó bien en una casualidad que de un lado durante millares de años ha an'unciado con perseverancia un encadenamiento de hechos que ninguno, escepto Dios, podía prever, y al cual por otro lado, durante millares de años por un capricho desesperante para la razon, ha sucedido un encadenamiento de hechos que ninguno, escepto Dios, podia cumplir. Esos dos feuóm enos, la profecía de una parte y el cumplimiento de la otra que se encuentran y se corroboran con una precision matemática, me parecen, abstraccion hecha de todas las <lemas pruebas del cristianismo, de tal naturaleza, que desesperan la razon, ó al menos turban la paz de toda criatura á quien no dan la fé. Porque ¿cómo suponer que un ser sensato se quede pacífico y tranquilo, y sin concebir ni siquiera una sospecha de la verdad, en presencia de problemas de donde pimle al menos depender su dicha ó su desgracia eterna; problemas que llenan todos los siglos y que están tao llenos ellos mismos de la potencia de los resplandores de Dios, qu e delante de ellos la inteligencia mas escéptica no podría defenderse contra la tentacion de la duda; no podría: haberlos visto durante toda una vida, sin haberse preguntado mas de una vez en esos momentos en que el soplo de la ver,. dad nos toca con un ali ento mas penetrante: ¿no se rá verdaderamente t od,o eso mas que una casua lidad? O bien, ¿no será todo eso, á d especho mio y de mis dudas ... la verclad'? Hoi, bien lejos de venir a tranquil i- ...zar esa confusion saludable, que es habitQalmente para las almas que perma- .. necen aun en las tinieblas, qui in tenebris ·· et' in umbra mortis seden t (cá1itico d (t_ Simeon), el alba plateada del dia de Dios, veBgo ii •anmentarla diciéndoles: lo que .hab.eis ,¿isto, lejos de ser todo el sol de ;f8-';'f fa vcrda'1/no es mas que Uil rayo furtivo. Lo que he podido decir de la apología cristiana e n el curso de nuestras Conferencias no es sino un í nfimo fra gmento de lo q 1c me queda por decir, LA IGLESI!\. PUNEÑA·. No pudiendo decirlo, al menos este a- . ño, y sintiendo un deseo inmenso de dar gratuitamente á los hombres lo que he recibido gratuitamente de Dios, quiero hoi escoger entre el gran número de materias que rue quedan por tratar, laque me parece mas própia parn aumentar, y aun para completar la luz que Dios por su Verbo interior ha empezado, yo lo sé, á hacer brillar en muchas de vuestras almas. Esta materia es con la que el universo cristian,o hace diez y ocho siglos, que cada día, maña y tarde, doblando la rodilla, ensordece los oídos del infierno con esta soberana afirmacion: Credo fo unam sanctam catholzcam et aJJostolicam ecclesíam. Yo creo en la santa Iglesia católica, apostólica y romana. · ¡La Iglesia! ¡ah! lo que esa sola palabra despierta en el corazon del sacerdote bien pocos lo saben, algunos lo sienten, muchos no lo sospechan. ¡La Jglesia'. es lo que el sacerdote ama, no digo mas-, pero me atrevo á decir, mas tiernamente. Porque hai en todo corazon sacerdotal tres amores que, no formando mas que uno en su inefable trilogía, tienen sin embargo caractéres diferentes. Si et sacerdote ama á los hombres como á sus hermanos, si ama á Dios como á un padre, ama á la Iglesia con' ese amor sin igual con que se ama a una madre, y esa sola palabra dice á todo el que tiene co1·a.ton, que si ótros amores son mas augustos, ninguno ciertamente es mas tierilo que este. ¡Santa Iglesia de Dios, madre de las almas y l\ladre mia ! ¡tú q' me has concebido en la caridad, llevado en tus entrañas, bautizado en la luz y en la sangré, nutrido con la leche de tu doctrina y q' cada dia me alimentas en el altar con la sustancia viva del cuerpo y de la sangre de Jesucristo! ¡Iglesia de Dios que, semefante á la madre que enseña á hablar á su hijo y que recoge sus sonidos nacientes á medida que se desarrollan, me has enseñado la lengua que hablo, el verbo que late en mi pecho, que snle de mis labios y que repito á los hombres como la alegría de mí alma y como la gloria de mi inteligencia! ¡Ah! puesto que el amor hace elocuente, hoy, para hablar de tí, ¡oh madre, prestame acentos de fuego para que todos aprendan á amarte á fuerza de ver cuanto te amo! ¿Que es la Iglesia católica? La Iglesia catolica es la sociedad fundada en la tierra por Cristo para bautizar, ensefiar, consolar, santificar á los hombres, y para conducirlos asi al termino final, la vida eterna. La Iglesia es mas que el testamen to, es la herencia, mas que la herencia, es la sucesion de Jesucristo en el seno de todos los siglos, y mas allá que todas las front e ras; es Dios en la lmmauidad y la humanidad en Dios; hace permanente el reino de Dios en la tierra para hace r eterno el reino del hombre en e l cie lo. Dios no tiene la vida como una cosa est r nña á él, como una cosa recibida, comuuicnda, El hombre tiene la vida; pero Dios es la vida,es d ecir, s u suprema y sust ancial coucentracion, la fueüte única de donde mana e n el uni verso. Pero s iend o Dios l a vid a subsis tente, Deus es t sum essc (Santo Tomás de ~!\ q uino) , lo que conti nú a la Yida de Dios co11tioúa por eso mismo , si no Dios (lo que no puede d ecirse) , su acciou ad ecuada en la humanidad. Desde luego, la Iglesia, si e ndo est a continuadora, t odo lo que se dice de Dios , e n ci erto sent ido, debe poder decirse tambicn de la Iglesia. ¡Dios es santo, la Iglesia es santu! ¡Dios es inmenso, la Jglesia católica, ecuménica, es decir, universal! Dios existe siempre, sq vida no .ti~ne intermiteucia; la _Jgleaia es índefectibl~, 1~ que · sig'tlificaº i:jif(f has.-"fi iid-o "tie uila- ~ttcT permanente que excluye~ t0-dt.1 i,dca de., ccsacion temporal, de suspension tra• sitoria de vida, y reduce a las proporciones de una puerif fábula ese pretendido dogma de una Iglesia invisible que fué inventada por el errgr en el siglo XVI, para las necesidades de la causa. ¡Dios es la verdad sustancial, la Iglesia es infalible! Dios es eterno, la Iglesia es inmortal, en fin; Dios es imo, la Jglesia es y no puede ser sino una. Y aun cuando yo no conociere mas que esa teología del sentido comuu, ella basta ria para hacerme entonar, con una fé imperturbable, en presencia del espectáculo, todos -los dias mas multiplicado, de las sectas disidentes, q' yo abrazo en nombre de la caridad, pero que combato en nombre de la verdad, para hacerme entonar, digo, ese antiguo canto donde la certidumbre . reposa en la fé y donde la fé se dilata en la caridad: Credo in unam san'ctam cathoHcam et tlJ)Osto .. licam ecl.esiam. No pudiendo decirlo todo en esta prodigiosél abundancia, quiero hablaros hoy de esta unidad, porque de todas las foses múltiples de esta' vasta materia, me parece la mas própia para confirmar á las al mas que creen, para aclarar á las almas que buscau, para guiará ]as que dudan y para confundirá las que niegan. ¡Ah! pueda el espectáculo de esta majestuosa unidad que voi á evocar de·. laute de vosotrns, co'nfirmarla y aumen-: tarla con la conquista pacífica de muchas de. esas adhesiones cuya. unanimidad ha sido elocuentemente pintada por el Cristo la víspera de su muerte, con estas palabras que son una oracion y una profecía: ut omnes unum sint, sicut tu., pater in me et .ego in te ut ipsi in rtobis mium: sint: que todos sean uno, como tú, pa-: dre mio, estás en mi, y como yo es-: toy en ti; que estén asi todos en nosotros consumados en la unidad. (E,ang. de Sari Juan, cap, 17, v. 21.) Daos hoi ese espectáculo, uno de los mas augustos que lu tierra dá al cielo, uno de los mas grandes que el hombre pueda darse á sí mismo, el contemplar esta incomparable, esta divina unidad en que Dios aparece tan manifiestamente, que si no hubiere, como en todas laa obras divinas, aquí bajo ese,último velo, esta sombra suprema que place á Dios dejar sobre él hasta la hora de la última revelacion, todo el mundo esclamaria delante de esta vision manífiesta, trasparante de la verdad, como esclamó•en otro tiempo el proconsul romano desde lo alto de su balcon: Ecce; ¡Héle aquí! Pero no como otra vez: Ecce Ho1no; ¡Hé aquí al Hombre! sino como tan á amenudo despues y para siempre: ¡He aquí Dios! ¿Qué es la unidad católica? ¿Cual es su principio? ¿Cual es su fruto? Es una realidad existente, ó bien es una piadosa utopía de la Providencia? El exámen de esas cuestiones será el objeto de este discurso. ¿Qué es la unidad eatolica, de la cual Cristo habia dicho á su Padre la víspera de su muerte: serán wio como nosotros so-mos uno? Es, ante todo, la unidad en la fe toda e ntera, no esa fe eclética que, al grndo del capricho individual, bajo el nombre pomposo de conviccion, acepta tal dogma, r e pudiando tal .otro, procedimiento sobcl'anamente ilógico, puesto que estando todos los dogmas atestiguados por el mismo criterio, todos se presentan con este dilema implacable: Creerlos t odos ó no creer ninguno. La uuidad sacramental, que consiste, uo solamente en la fé uuúnime en los siet~ sacramentos instituidos por el Cristo, sin reducirlos al numero,· quien de cuatro, quien de tres, quien de dos, al gusto de las sectas diversas, sino ni aun en su ndministracion y su frecuentacion uniformes y universa les para comunicar por todas partes á los fieles la · mism;1 gracia por las mismas vias. ·" Laiffiid'rtd· moral, que consiste en ·Jas ,-y:¡ismas. costumbres, emanando de esta · fé unánime y de esos sacrameutos invariables, comunicando por todas partes li.1 misma fuerza a las mismas virtudes. • 1, cm:ecroo non • - La unidad de gerarquía, que consiste en esta superposicion majestuosa q' h~ce del sacerd_qcio católico, para ~ervirme d~l térmmo de la Esc;ritura un ejército formado en batalla, y que' empezando por el mas humilde levita, vá elev~ndose en una ~radacion siempre creciente hasta los obispos del catolicismo, doctores y jueces de la Fé, en los limites del territorio encargado á su solicitud, y formando una partícula de ese reino de Dios, que no tiene otras fronteras que las del espacio. En fin, y eso seria el cúmulo si no hubiese mas alto qne la tiara del Vaticano, la corQna de gloria y de espinas llevada por el Pontifice eterno Pontifex factus in <eternum, como San Pablo llamn majestuosamente al Hijo de Dios; en fin, digo, sobre la cumbr,¡ de esta pirámide inconmensurable, que encierra la humanidad y los siglos, la fé y las eostumbres, la doctrina y los sacramentos, el sacerdocio y la gerarquía, solo, domi- . nando por encima de todo, á una altura en donde no hai mas que Dios que pueda impedir el que se apodere de U• na criatura moral el triple vertigo del error, del temor Y' del orgullo... ¡hni uu hombre! Y este hombre es creído ' por todas partes en la anidad de costumbres, está presente por to<,ias par.. tés en la unidad de la vida sacramental, es venerado por todos lados en la unidad de la Tida gerárquica; en una pa• labra, como lo veremos ahora mas ma- • nifiestumente, es el principio visible de esta unidad en la tierra, como Dios es el principio invisible en el cielo. Si quereis medir cuán grande es el milagro de esta unidad, suponed un instante que en lugar de »aber inaugurado no h~ mucho tiempo el año de gracia de 1866 de la füidencion, estuviésemos en la víspera de la crucificacion, sentados en el cenáculo con Cristo nl - redcdor de la mesa de ese supremo convite, durante el cual el condenado á muerte en medio de sus discípulos estupefactos, á los coale» anuncia que fundaria para ellos en la tierra el reino de · Dios, la monarquía universal de las conciencias, la obra de la uuidad católica, traza el programa fabuloso de un porvenir, ó que al menos ha debido parecer tal á todos, escepto al que mira sin palidecer y temblar delante de lqs siglos porque sintiéndose, Dios sabia que todos · son tributarios de su omnipotenci11. (Continuará.) Por todo lo no firmadofoN A.CW fETINA.NDEZ, ANUNCIOS. SE}[INARIO C. DE SAN AMBROSIO. Por disposicion del señor Rector, se pone en conocimiento de los padres 6 apoderados de los alumnos del Seminario, que la matrícu· la queua abierta desde el dia de mañana 20, y podrán apersonarse en el local del Colegio, de docQ á una del día, los que quieran ~ue sus ];iij os .o recomendados s~an_ inscritos en la matrícula. As1m1smo el dia designado para la apertura del quinto año es.colar es el . .20 del próximo mes de Febrero. deh~endo esLar, en dicho dia, recogidos todos los alumnos internos, para que se de principio á las labores escolares el 21.-Puno, Enero 19 de 1870. Fmncisco Landaeta.-[Secretario]. EL. CALENDARIO ECLESIÁSTICO PARA '1810. Se halla de venta en la Lib1·eria Católica, al precio de dos pesos ejemplar. Imprenta «LA IGLESIA Pu~E.\A))--de M. C. M.

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx