fanía. Se espera á que habrá mucha oposicion á que vuelva á reunirse dicho cuerpo; pero, Su Santidad dice: que está seguro de la cooperncion de los obispos americanos. Paris, Diciembre t 2. Un telégrama de Roma anuncia que el Papa ha espedido un decreto espresando su deseo de que, en caso de morir, se disuelva el Concilio Ecuménico, y que los cardenales sean los únicos que tomen parte en la eleccion de su sucesor. Diciembre 13. El Coneilio se reunirá mañana, con el objeto de concertar los pormenores de su organizacion. Las comisiones que han de redactar los artículos relativos a la fé, disciplina, órden y as u u tos orientales, quedarán constituidas en dicho día, y se compondrán de 86 delegado~ que serán nombrados por el voto del Concilio. Se ha publicado la lista oficial de las personas que tienen derecho de asistir al Concilio, y comprende los nombres . de 55 cardenales, J l patriarcas, 927 arzobispos, obispos y abades; 22 abades mitrados; y 29 generales de órdenes religiosas. Diciembre I fL El Papa Pío IX, acaba de cspedir nna bula de la mayor importancia relativa al Concilio Ecuménico. · Los obispos han traído un gran número de memoriales y presentes para el Papa, remitidos por los íicles de to• das partes del mundo. Se anuncia oficialmente, que desde 1859, la Santa Sede ha recibido cien millones de francos procedentes del óbolo de San Pedro. París, Dfriembre 14• La Emperatriz Eugenia ha escrito una carta al Papa, en la que espresa el sentimiento que le causaba no poder visitar á Su Santidad. Diciembre 16. Se anuncia en cartas de Roma, que el Papa recomienda el nombramiento de obispos galicanos pena que tomen parte en las comisioues permanentes. -Créese generalmente que el objeto del reciente decreto del Papa para que se disuelva el Concilio, en caso de fallecer, durante su celebracio111 es impedir que asista al cónclave ningun prelado que no sea Italiano. Anúnciase tambien que el Concilio no l1a podido formar toda via una comision que establezca las relaciones entre la Iglesia y el Estado, y definir los derechos de cada uno. Se han recojido varios votos, pero todos son indecisos. Roma, Diciembre 16. El General Cauzler, ministro de la guerra, pasó ayer revista a los zuavos pontificios. Asistieron al acto mas de 60,000 ,personas, 500 obispos y muchos oficiales de los ejércitos extranjeros. No se abriga temor alguno con respecto á la salud del Papa, y el decreto relativo á la eleccion del sucesor, en caso de morir aquel durante la celebracion del Concilio, ha sido únicamente un acto de pura fórmula. No es cierta la noticia de que se van LA IGLESIA PUNEÑA. á hacer modificaciones en e\ reglamento del Concilio, y se anuncia oficialmente que no se permitira discusion alguna acerca de este asunto. Diciemb-re t 8. Se ha dado hoi otra razon sobre l.a suspension de las sesiones del Concilio hasta el 6 de Enero. Los obispos tuvieron que abandonar la Catedral de San Pedro, por causa de las imperfecciones acústicas de la sala; y se ha resuelto que las sesiones se celebren en otro lugar que no puede estar preparado en pocos días. El Concilio no ha nombrado todavía los i2 miembros de las 3 comisiones sobre la disciplina, las órdenes religiosas y los asuntos de la Iglesia de Oriente. Los miembros de la comision sobre la Fé han sido designados pero no se han publicado sus nombres. Los obispos franceses han protestado contra la intervencion del Papa en las deliberaciones del Concilio. Los obispos de España y de la América latina sostienen al Papa: ·R oma, Di"ciembre 19. Falleció ayer á la edad de '72 años el cardenal Pontini, romano. Ha~ahora 16 sillas vacantes en el sagrado colegio y se dice que el Papa no las llenará mientras : dure el Concilio. Diciembre 20. El Papa recibió ayer uua diputacion de 600 franceses y · les pronunció un discurso en francés. INSERCIONES. La lnOuencla rellglosa. . (CONTINUACION.) Durante este largo periodo se presenta tan de bulto la Religion dominando todos los otros elementos, que ap~nus se descubre alguno que no esté baJo su dependencia. La idea grande, · fuerte, general que impulsa Ja nacion entera en la lucha contra los moros, es Ja Religion cristiana. Por ella hacen la guerra los reyes, por ella combaten como héroes los magnates, por ella se arroja á la muerte la turba popular, invocando la proteccion del cielo; por ella no se repara en peligros de ninguna clase, cuando se trata de abatir el estandarte odioso, cuya presencia en la Península se considera. como un continuado ultrage á la enseña de los cristianos. ¿Quereis apreciar debidamente el espíritu de aquella época, deseais comprender las causas que engendraron tanto heroismo, trayendo una completa victoria apesar da tantos obstaculos como oponian la tenacidad, el valor, y la abundancia de recursos de los sarracenos? No andeis disecando con el aliento de ·una crítica indiferente y fria los acontecimientos históricos y las leyendas populares; no os detengais á examinar minuciosamente las mas pequeñas circunstancias, cotejando escrupulosamente las fechas con el prurito de sorprender en fragante error la candidez de un cronista; reservad estos estudios para cuando os propongais simplemente la exactitud histórica, pero no os dejeis preocupar demasiado de ellos, cuando sean vuestras miras mas elevadas, mas vastas, teniendo por blanco nó la cronología y el minucioso rigor de los acontecimientos, sino el formaros una idea clara y viva del espíritu que los producía y animaba. Entonces no serán á vuestros :4io's: tosas despreciables lns leyendas prodigiosas en que se cebara la credulidad del pueblo, no miraréis ·como cosa de poClil valer los sencillos cantares con que el cristiano vencedor se solazaba en sus triunfos recordando las gigantezcas victorias en que se inmortalizaran sus progenitores, no seritn insignificantes á vuestra vista las narraciones de los portentos, con que el ·cielo tomando parte en la lucha se complacía en alentar á los fieles decidiendo en su favor encarnizadas batallas; hallaréi-s en todo esto, sean cuales fueren vuestras creencias religiosas y vuestras opiniones históricas, un abundante caudal para formar juicio acertado · sobre un período de la historia de Esparla, que bien merece figurar entre los mas grandes y estraordinarios que se admiran en los fastos del humano linage. Se os ofrecerá la influencia religiosa en t?das las fases de dicho período, diri- . g1éndolo todo, dominándolo todo. Quitad al Sacerdote del Indo del guerrero y veréis como el brazo de este se enerva, desfallece, cae; apartad á los ?bispos del consejo de los reyes, deJad qne no se vea en la ciudad que v~n il. conquistar, la futura purificac10n de una mesquita, la restanracion de una catedral, el restablecimiento de la religion, la liberta·d de los fieles que gimen bajo el yugo maometano, y hallaréis que los monarcas no acometen la guerra, no piensan siquiera en ella; y tranquilos ante el pendon enemigo que les está amenazando, inclinan • de nuevo sus servíces bajo la prepotencia musulmana; apagandose el fuego del santo entusiasmo que se alumbra allá en la misteriosa cueva donde se refugiara el invicto Pelayo. ¿Qué mas? si en el pueblo bajado de las monta.ñas de Asturias y que avanza intrépido hácia las orillas del l\Iediterráneo, prescindís un instante de la influencia religiosa, 11quel pueblo desaparece, se disipa como un vano fantasma; porque carece de -vida, de alma, y su existencia misma fuera una anomalía inesplicale, supuesto que faltando el motivo religioso que le mueve y empuja, ui aun concebirse cabe como pudo venirte 6. la mente la idea de empefiarse en lucha tan desigual y cómo no prefirió el resignarse tranquilff a sobrellevar el yugo, bajo el cual se habian doblegado tantas otras naciones, y del que no se babia podido sustraer la inmensa mayoría de sus hermanos en el reato de Ja Pe• nínsula. Mucho nos engatinmos, si no se baila en la historia de este periodo otra de lai razones del ascendiente que en los tiempos sucesivos ha tenido Ja Religion entre nosotros; supuesto que no es dable que se borren tan fácilmente en un pueblo las ideas, )os sentimientos, las costumbres, los hábitos, que arraigados desde .antiquisimas e pocas, se han estado sellando con sangre vertida en los combates por espacio de ocho siglos. Fuera de desear que no se olvidaran de esta reflexion cuantos estudian y escriben nuestra historia, y que se persuadie~en de cuán grave desacuerdo es, no dirémos el sepqrnr de ella la religion, pero ni siquiera el tratarla con desconfinpza ó mirarla con desvío; qtie esto equivale á falsear dicha historia, . a dejarla sin' vida, a borrarla. Decidida completamente en favor de los cristianos la victoria con la conquista de Granada,- y formado el gran cuerpo de la monarquía espafiola por la reunion de las dos coronas en el enlace de Fernando de Aragon con Isabel de Castilla, desplegóse la influencia religiosa con· el vigor y lozanía que era de esperar en pos de tan señalado triunfo; ni á eclipsarla alean• zaron los deslumbrantes resplandores de la soberbia diadema donde se engastaban cual piedras de inestimable valor l;bs dó.pünio~ de puevas provincias y nuevos mqndos. Sosteníase con diguidad al lado de tanta grandeza· acrecentándose si cabe con el homenaje y acatamiento que le rendian los poderosos monarcas, tendiéndole amistosamente la mano, hasta en los negocios civiles y políticos, en ademan de solicitar ·su apoyo y de aprovecharse de sus fuerzas. No i~noramos cuanto se ha dicho pretendiendo probar que la iufluencia religiosa fue en aquella época bajo diferentes aspectos altamente daiíosa y funesta; no nos empeñarémos en una cuestion que en otro escrito llevamos ventilada, y en cuya contiuuacion la ventilarémos todavía mas; solo nos proponemos recordar el hecho, consignarle aqui, para que figure como le corresponde, en el bosquejo que de la influencia religiosa vamos rapidamente trazando. l\f ucho podria decirse sobre la influencia del clero en los últimos tiempos, comenzando á contarlos desde el principio de la revolncion en 1808; pero c~mo este es un hecho que nadie ignora, y en cuya existencia todo el mundo conviene, por mas discrepancia que haya en los juicios que se forman sobre su naturaleza y efectos; y por otra parte, proponiéndonos examinarle mas· detenidamente en uno de los próximos numeros, nos dispensarémos de darle cabida en este artículo, mayormente cuando notamos que ya va tomando mayor extension de la que le hubiéramos señalado. , No queremos empero concluirle, sin detenernos algun tanto sobre otra de las causas que, segun hemos indicado, contribuye á proporcionar al Clero católico tan duradera y poderbsa influencia. Dijimos, que á mas de la independencia en el ejercicio de las funciones religiosas, tenia este clero la particularidad de mantener con la conciencia y la v~da entera de los fieles, 'una comunicacion mas continua de lo que baya tenido otra religion cualquiera, con la de sus respectivos sectarios. Comprenderémos mejor este carácter del catolicismo, exáminando por separado las varias y principa1es caus1;1s que á formarle contribuyen, y que en nuestro concepto pueden reducirse a las siguiegtes: t. ~ Unidad y fijeza del dogma. 2. ~ Dccision, declaracion y 'ensefianza del mismo dogma, exclusivamente reservadas al clero. 3. ce Sábia organizacion de la gerarquía eclesiástica. . · 4. = Nervio de la disciplina. 6. ce El celibato del clero. 6. «' Vigilancia sobre las costumbres de. los fieles; y el sistema de predica.. cion. 7. cc Esplendor y magnificencia· del culto. s. cc Los 3acrameotos, y en particular el de la penitencia. Procurarémos declarar con la claridad y precision posibles, los indicados puntos, señalando á cada cual la parte 1 que le corresponde en crea.r esa influen• cia del clerQ católico, objeto de tan continuadtls invectivas de .los enemig0s de la Iglesia. De esta suerte se echará. de ver que lo que se atribuye á intrigas mez.guinas, . está radicado: en la •misma naturaleza de las cosas, y es independiente de la voluntad de los hombres. La demasiada extension que ha to-· mado este artículo, y 1'a necesidad de dar cabida en este numero á otras materias interesantes, nos obligan á reservar para el siguiente la continuacion de este asunto. (Continuara). UONFEl&ENCIA. PREDICA.DA. EN VIENA, EN L.\ IGLESIA DE LOS ESCOCESES Jllaria-De1•nardo nauer. IJe la u-m:dad de la l.,!J lesia. En el momento de t erminar fa cnse-
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