marcha á su antojo, tiene que sufrir necesariamente lo que esperinrnnta todo ser en la creacion, cuando por taló cual motivo se desvia del órden que se le ha trazado al Universo: poi· eso un racionalista cree á un visionario mejor que á Dios; por eso á un liberal se le ve adorar y aun esclavizarse á pasiones tal vez asquerosas, antes que obet1ecer al imperio de las leyes. La iniquidad se miente siempre a sí misma, ha dicho el Espíritu Santo: mentita est iniquilas sibi. Y ¿podrá la Iglesia mostrarse indiferente á males tan graves? ¿La Iglesia que es la columua y el fundameuto de la verdad, podrá dar franquicias al error, para que cunda sin obstáculo y asesine intelijencias caudorosas y bien dispuestas? Los economistas y diplomáticos, retan tambieu á su turno á la Iglesia Católica, prohibicndole toda injerencia en sus teorías. Pero si la Economía Política, no tiene por base las leyes morales, si la diplomacia no se apoJa en la buena fé y en la rectitud del corazon, ¿qué son, ni para qué sirven? Las doctrinas novelescas, sirven para producir el cáos social,' para provocar conflictos interiores y esteriores. Y la Iglesia no puede consentir que los fariseos del si{Zlo XIX imperen sobre los corazones «dando mas importancia a las tradiciones de sus padres» que á las enseñanzas de Jesus. Últimamente, ¿por qué los jurisconsultos rechazan la revelacion? ¿Puede }iaber jurisprudencia sin lei Divina, Natural y positiva? ¿Hui ol.ra autoridad aparte de la de Dios que dé fuerza y vigor á las leyes humanas? ¿Con <JUé título manda un hombre á otro hombre? ¿con el título colecticio que hoi se llama SOBERAl"llA POPULAR? Pero si un hombre no tiene derecho sobre otro para imponerle leyes, ¿por qué la suma de hombres lo tendra para dictarlas, exijieudo su cumplimiento á otra suma quiza mayor de sus semejantes? Todo es ilusion, hijos carísimos, todo vanidad, con el pernicioso proyecto de hacer de los pueblos al grito de libertad, de revindicacion de derechos, y de p1·ogreso, lo que Luzbel hizo con Adan y Eva en el Paraíso. Allí la lei dada por Dios, fué desmentida por Satanñs, nequar¡uam moriemini: hoi la lei Divina es tambien rechazada por los jurisperitos: allí Dios mismo fué calumniado, porque Satanas le supuso intenciones siniestras, sed eritis sici¿t Dú scientes bonurn et malum; hoi los discípulo5 de Solon. y de Licurgo suponen, asimismo, planes ambiciosos por parte de la Iglesia, para iuvadir los derechos de Los Gobiernos: y lo positivo es que, la moderna jurisprudencia, l'R0TESTANTE en sus principios, y mas PROTESTANTE aun en sus aplicaciones, sirve para d11r muerte a la sociedad doméstica, para desvirtuar todo principio de justicia intrínseca, para enervar la accion de la libertad en su mas noble y generosa manifestacion. Burlamnqui, Pufl'e11dor, Heinecio, Benthan, Ahrens y otros por este estilo, hau hecho daños que ellos mismos no podrian calcular. n matrimonio civíl: la utilidad como base de toda lejislacion, el di vorcio qua ad vinculu1n, el anatema contra el celibato; hé aquí masó menos el resumen de las teorías de esos jurisconsultos, á quienes hombres sin seso católico rinden el homenaje de su veneracion: y entretanto las sociedades agouizan, y aquella profecía de rnorte morieris se va cumpliendo, porque los pueblos con la corrupcion de costumbres van muriendo para la vida moral, · y esperimentan al mismo tiempo el desqui• cinmiento que les anuncia su muerte física, es decir su desaparicion del catálogo de los pueblos libres: nsi son todas las promesas de Satanas, y asi se cumplen siempre en sentido inverso. 1:ª Iglesia Católica que no es madrastra srno madre de las modernas sociedades, no puede mostrarse indiferente á LA IGLESIA PUNENA. tanto) y sin duda procura atajarlo en cuanto le sea posible con el próximo Concilio. Ya la Inglaterra, la Alemania, la Prusia, la Suiza y la Francia, tienen esperimentados los efectos del protestantismo. Ya el Oriente y la Rusia cismática, deben saber lo que importa un cisma, cuyos resultados son siempre funestos para la causa de la civilizacion y del órden social. Hoi, la Iglesia Católica llama de nuevo· á todas esas sociedades á su regazo materno: ¡Dios quiera que escuchen esta voz, porque quizá sea la última que resuene á sus oidos para atraerlos á la unida<l! Vijentes se hallan estas palabras del Espíritu Sauto, proferidas no solo para los individuos, sino para las Naciones: 1Jocavi et renuisti's: ego quoque in inlc,·itu vestro ridebo. Subsiste aun en el Evangelio esta sentida frase del Salvador: Qurerctis me, et non inveniétis, et in peccato vestro moriemíni. Hijos mui amados en Cristo, tememos por vosotros, y tememos no sin fundamento, porque debiendo separarnos de vuestro lado por algun tiempo, entendemos que los siervos de Luzbel harán esfuerzos por atraeros al camino de ptrdicion. Nuestra palabra ha resonado constantemente á -vuestros oidos, esplicaudoos el pensamiento de Nuestro Señor. No nos remuerde la conciencia de haber tergiversado el intento de Dios al esponeros el Evangelio; lo hemos hecho, conformandonos con los espositores mas acreditados. No hemos gustado jamás de imitar á los llamados hoi, progresistas é ilustrados, · que hablan por sí y ante sí, sacando toda la doctrina que predican de su propio fondo, sin tenerlo, porque si de algo se cuida menos la mayoria de nues• troa literatos actuales, es de leer y de instruir~ de una manera conveniente. Leen es verdad, á SuE, á DUl\us, á SA ' D, á VÍCTOR HuGo, amen de VoLTAIREJ RoussEAU, VoL:NEY, &: mas esta lectura, lejos de ofrecerles una instruccion sólida, los fascina, hasta el punto de recl1azar toda ilustracion lejítima y provechosa: hé aquí una de las causas que nos Ita tenido aílijidos. :Sin embargo, confiarnos en vuestro buen sentido catolico: tenemos fé en que no gustareis de novelas, ni de obras impías, y nos prometemos de vuestro c,~tolicismo, que durante nuestra separac1011, permanecereis conservaHdo nuestras enseñanzas: asilo esperamos de vuestra docilidad, y de la gracia de nuestro buen Dios que no os desamparará. Con este intento publicamos la presente instruccion pastornl: hemos querido daros á conocer el objeto del próximo Concilio, y poneros á cubierto de los falsos profetas qiw pueden acercarse a vosotros) vestidos con la piel de fo, oveja, sie11do no obstante verdaderos lobos rapaces. Carísimos hijos, recibid uuestra paternal bendicion: contad con ella en toda distancia, estad seguros de nuestro paternal amor J y sabed J que si no promediara, en la convocacion á este próximo Concilio nuestro deber de conciencia y Yuestro bien, no se separarin de vosotros vuestro Padre y Pastor. Dada en nuestro Palacio Episcopal <le San Carlos de Puno, firmada por nuestra mano, sellada con el sello de nuestras armas,y refrendada por nuestro infrascrito Secretario de Cámara y Gobierno; á los28 dias del mes de Julio del año del Señor de 1869. JIJA.lV AMDBO§IO, Obispo de Puno-(firmado). Por mandato de S. S. Iltma. el Obispo, mi SeñorFRANCISCO Rmz-Secretario-firmado). INSERCIONES. ClllILE. CÁMARA DE DIPUTADOS. (VEASE EL :N:Úl\lERO ANTEIUOr.). ¿Cuáles son nuestros dógmas democráticos? ¿La libertad, la igualdad, la dignidad humanas, el respeto al derecho y al deber? Pues todos esos dogmas , ·ienen del Calvario; todos esos son títulos de la humanidad regenerada por el Evangelio y que han sido aplicados, desenvueltos, vigorosa y perpetuamente defendidos por la Iglesia católica, por la Iglesia que venera eu el derecho el respeto á la ley de Dios, que venera en el hombre a la imágen del Creador, que venera en el pobre, en el desvalido, en el que sufre, la imagen de Aquel que padeció muerte de Cruz. ¿Quién derribó de su trono secular á esa divinidad implacable, que el mundo conocia con el nombre del destino? ¿Quién contra el paganismo antiguo y el paganismo moderuo, contra los fatalistas y materialistas, contra Séneca y Lutero, ha proclamado y defendido el dogma del libre alvedrío, que es la libertad misma, que es la libertad por excelencia, la fuente iudispeusable de todas las libertades posibles? m catolicismo. ¿Quién, abatiendo á los soberbios semidioses de In tierra proclamo la igualdad de todos los hombres, hijos de un mismo padre, y elevando á los humildes, sacó a sus escogidos de las últimas clases del pueblo? El catolicismo. ¿Os ol vidais de Teodosio, amo del mundo, haciendo penitencia junto á los esclavos de sus esclavos? ¿Os ol vidais de San Luis, llevando sobre sus hombros los cadáveres de sus enemigos, como los humildes sepultureros? ¿Os ol vidais de los príncipes de la Iglesia, besando los piés á los mendigos? ¿Os ol vidais de los carpinteros, herreros y basta porqueros, elevados mas alto que los mismos reyes, por la Iglesia que les babia hecho sus pontífices en los tiempos feudales, en los tiempos mismos en que ser plebeyo importaba tanto como ser esclavo? Mostradme en toda la historia de la huTJlanidad, un espectáculo como éste. l\Iostradme en toda la historia de la humanidad, un espectaculo mas grandioso, un espectáculo mas universal y permanente y que haya contribuido mas á cultivar el sentimiento, á rolmstecer el principio de la igualdad entre los hombres, que el que ofrecen los fie1<.~s en la Iglesía, donde ricos y pobres, reyes y mendigos se postran igualmente de rodilla! para recibir iguales tesoros, iguales castigos é iguales recompensas. ¿Quién restableció la dignidad humana, el respeto del hombre por ser hombre, elevando su orígen hasta la divinidad, reconociéndole uo alma á imágen y semejanza de Dios mismo, y dándole por herencia la inmortalidad'? El catojicismo aun. Los indios construyen hos pitales para los perros y los niegan á los hombres. La Jglesia católica, no <lejando miseria humana á que no haJa procurado alivio, ha a~ombrado al mundo con los recursos inagotables de su caridad. El chino arroja sus hijos á las olas del mar, y á las corrientes de sus rios, y la Jgiesia católica como una tierna madre disputa esos niños á las aguas, los cría y lgs sal va. Todo por respeto á la dignidad humana, todo porque la Iglesia vé en el hombre al rey de la creacion, á la imágeu de Dios. Y ¿quién en nombre de la libertad, de la igualdad y de la dignidad humana levantó del lodo á la mas hermosa mitad del género humano, ¿quién redimió á la muger? ¿Y quién, en nombre de esos mismos principios, redimió a los cautivos y proclamó la libertad de los esclavos? ¿Quién ha realizado tantas maravillas? Todavía la Jglesia católica, todavia esa religion á quien maldicen, porque 110 la <!onocen. El catolicismo es el que ha restaurado la personalidad humana, anonadada por el despotismo pagan~, a~t~ el cual la sociedad era todo, el rnd1v1duo nada. El catolicismo es el que, restablec iendo la dignidad llumana, aseguró la autonomía legítima del individuo y de la familia absorbida por el paganismo. El hombre fie:a del circo romano, el hombre sacnficado en los altares de los pueblos bárbaros, el niño débil a deforme arrojado á las simas de la Saconia, el estrangero, el escla"To, la muger, privados de todo derecho; en una palabra, el hombre cosa de la jurisprudencia pagana y bárbara, desapareció con el soplo vivificador del catolicismo que proclamaba la excelsa dignidad de los seres humanos. Sí, el sentimiento del individualismo, el sentimien_to de la dignidad y de la independencia personal, base capital de la democracia moderna, se debe al catolicis• mo y nada mas que al catolicismo. Todavía hay otro sentimiento que ha contribuido poderosamente á la civilizacion y al bienestar de las naciones; es el sentimiento, la conviccion profunda de lo sagrado del deber, sin lo cual no hay libertad, no hay igualdad, no hay fraternidad posible. Ese sentimiento y esa conviccion se debe á la Iglesia católica, que por la voz de sus apóstoles, de sus mártires y de sus pontífices, sosteniendo con el abuso y con la fuerza una lucha tan antigua y duradera como el mundo, está sin cesar repitiendo á los pueblos y á los gobiernos: primero es morir que faltar al deber. El deber es ante todo, no importa que haya que arrostrar toda la cólera del poder, todo el furor de las pasiones populares, no importa que se levante contra él el mundo entero. Mostradme una grandeza moral mas sublime, una maxima mas elevada ni mas santa, que mas convenza á la justicia y á los principios democráticos que tanto amamos. · Hoy, señores, un principio que constituye la base fundamental de nuestra organizacion republicana: ese principio está consignado en el artículo 4° de nuestra Constitucion. Dice así: «La soberanía reside esencialmente en la Nacion J que delega su ejercicio en las autoridades que establece esta Constitucion. » :Es el mismo principio sobre el cual reposan las instituciones democráticas, las instituciones representativas de los pueblos cristianos. Pues bien, esta piedra angular de nuestro edificio político ¿es el que queremos poner al abrigo de los ataques y de las doctrinas de la Iglesia, que se temen prevalezcan en el Concilio? Este principio eminentemente democrático ¿lo hemos inventado nosotros? Nó, señores, ese principio lo hemos calcado, lo hemos copiado servilmenie de la doctrina católica. Y ya que se ignora el catecismo, no es mucho que se desconozca tanto el derecho público y que me vea obligado á disertar sobre él, en defensa de la verdad. Como los comerciantes de última mano, que ignoran el orígen y procedencia de las mercaderías, en materia de ideas, los adversarios del proJecto, que lo son al mismo tiempo de la Iglesia, descocen el orígen y procedencia de estas preciosas enseñanzas, de estos principios sociales sobre los cuales hemos construido nuestro edificio politico. Yo demostraré ese orígen y esa procedencia; y para ello no necesito ser teólogo; me basta haber leido algunos libros. Ya en el siglo XUI Santo Tomas de Aquino, esponiendo la doctrina sobre el orígen del poder público, establecía la igualdad de los hombres y derivaba de esa igualdad el principio de que la potestad de lejislar y de gobernar resida en el pueblo, que la delega a las autoridades que él mismo establece con ese objeto. ¿En qué tiempos este santo doctor de la Iglesia romana, p~oclamaba como doctrina de ella esta 1gualdad y. esta soberanía popular? En toda la puJanza de los tiempos feudales, en una época eu qne, como ninguna otra, las des-
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