derecfaos é intereses, y en que en cierto modo, está comprometido el lustre de todo el episcopado peruano, le ha· ble con la ingenuidad y franqueza que correspcmde a un cristiano, cuando mira hollados los poderes de la Iglesia y profaüadá sü dignidad; y si esta frantj_ütia, en sentir de alguno, 'es digna d~ eorreccion, censura ó castigo; estoy ptonto y resignado á sobrellevarlos, corno ya se Jo anticipe pe·rsonalmente á US., porque, ojalá Dios, compadecido de mis flaquezas y miserias, me haya deparado ya la hora en que tenga la mas grata satisfaccion de rendirle una muestra solemne de mi firme y verdadera creencia, dejando así á la posteridad, como ministro sagrado del Catolicismo, un ejemplo de que ante los intereses de la Religion, callan todos los miramientos, y a los presen\es, el de que todavía hai en el Perú católicos de coraion, que aunque débiles, tienen, cuándo se ofrece, la suficiente fuerza para sufrir las torturas, los- destierros, todo jénero de hostilidades, y aun la misma muerte, porque estan ciertos de que son bienaventurados los que padecen persecuciones por la justicia. Dios guarde a US.-JosÉ D1orus10 HvERTA.-(firmado.) CA.R'l'A. PA.STOR1IL QUE DIRIJE EL ILUSTRISlfflO SEÑOR OBISPO DOCTOR DON JUAN AMBROSIO HUERTA, AL CLERO Y FIELES DE SU DIÓCESIS, CON MOTIVO DE SU VIAJE Á ROMA, PARA ASISTIR AL PllÓXIMO CONCILIO GENERAL. NOS el Dr. D • .Juan A.nll•roslo Huerta, por la gracia. de Dios y de Ja Santa Sede Apostólica, OblS¡)O de Puno, etc. A nuestro Venerable JJean y Cabüdo, d nuestros Párrocos y Sacerdotes, y á los Fieles todos de nuestra IJiºócesis-Salud y paz tn Nuestro Seíior Jesucristo. Attendite a, f alsis ptophetis, qui veniunt ad vos in vestimentis ovi'tim, intrinsecus autem sunt lupi rapaces. A frnctlbus eor-um cognoscetis eos. Guardaos de los falsos profetas que vienen a vosotros disfrazados con las esteriorida<les de ovejas; mas en su interior son lobos rapaces. Por sus frutos los conocereis. cs. MATEo, cu. VII, v. rn.) {Conclusi'on .] Temed mucho, amados hijos, esta satanica ilusion: «Attendite á folsis pro- «phetis, qui veniunt ad vos in vestimen- «tis ovium, intrinsecus autem suut lu- «pi rapaces. A fructibus eorum cog- «noscetis eos.» Sed católicos, y catóJicos sinceros, porque el Catolicismo, 1li usa de frases hinchadas para favorecer su causa, ni proteje el crimen, ni adula para reinar. Quédese una tan mezquína conducta para el protestantismo, que pació á los pies del trono, p_ara el fi{osoflsmo que no pudo crecer, srno arrulludo en brazos de la prostitucion, y para el egoísmo cínico, que jamás habría medrado, si el mismo no hiciera esfuerzos por conquistarse un aplauso. La Iglesia Católica, que vive con la vida de Dios, y que, por lo mismo, animada de caridad~ ama a los Gobiernos, deseando comunicarles (lo que tanto les falta) vida y. abundancia de vida-la Iglesia Católica que, anhelosa por la s~lud de los p.ueblos, no pierde oportumdad para darles consejos sal u- ~bles, y hacerl_es prevcncio11cs, á fin áé que no se de1cn seducir por profe- .tas falsos, no ha convenido ui podrá LA IGLESIA. PUNENA. convenir con las fórmulas que se admiten hoy como la síntesis de la civilizacion. ¡Que bendigan pues de todo corazon á la Santa Iglesia Católica, las Naciones, porque rebosando de amor, evita la ruina moral de los pueblos, con solo sus gritos de alarma! ¡que ]a bendigan los Gobiernos porque con la sinceridad que le caracteriza, combate á los aduladores del poder, que siempre narcotizan á la autoridad! ¡Que la bendigan la familias y los individuos: las primeras, porque ella sostiene constantemente sus derechos: los segundos, porque les recuerda con frecuencia sus deberes! Y todos estos bienes que la Iglesia siempre ha prodigado, deberán ser por el próximo Concilio, robustecidos y confirmados de la manera mas solemne. En él la erudicion, la ciencia, la pndencia, la esperiencia, todo se reune para el triunfo de la verdad y del bien. Nuestro Señor Jesucristo redi - mió al genero humano en el Calvario, una vez, con su sangre preciosísima, y la Iglesia quedó con el encargo de verificar redenciones parciales, toda vez que el infierno avanzára en sus conquistas sobre el corazon. Comparad, hijos carísimos, ]as Dietas, las Asambleas, los Parlamentos, ]os Congresos, y demas asociaciones, que por motivos políticos se convocan de t'anto en tanto en las sociedades; comparadlas, repetimos, con los Concilios (especialmente los Ecuménicos) convocados por los Papas, y verificados en Jerusalen, Constantinopla, Nicea, Constanza, Calzedonia, Efeso y Trento. ¡Cuánta diferen- -cia en los resultado11! Jamás Concilio alguno ha dañado los intereses de los pueblos. De ninguno de los diez y nueve concilios celebrados hasta hoy, puede decirse lo que de la Confederacion de Bar, en la que se hizo la injusta distribucion de Polonia, privándola de su nacionalidad, ni menos lo que del famoso Congreso de Viena, que despues de haber trastornado las nociones del derecho público, hasta entonces existentes, puso el sello de ig- · nominia sobre la frente de la misma Polonia dos veces desgraciada, pues en dicho Congreso, se vió cedida por completo al Zar de Rusia. Los que declaman tanto contra los concilios, que mediten este hecho entre mil que pu1 diéramos citarles, para que amenguen sus prevenciones contra la Iglesia. l\Iil v.eces sea glorificado Nuestro Señor, y otras mil adorado su nombre, porque la Iglesia Católica jamás ha usurpado derechos ajenos, vulnerando la justicia en sus Concilios Ecuménicos! Antes por el contrario, su voz ha resonado mui alto, protestando contra toda tiranía La historia sabrá dar la prueba de lo qne aseveramos: porque, sin ir muy lejos, esa misma Polonia desg-raoiada, de que hemos hablado, ha sido de un siglo á esta parte, el objeto constante de las quejas paternales de los por'llífices, de sus tiernos reclamos, y del empefío de la Iglesia toda, por libertarla del yugo férreo del autócrata Iluso. «Si abro la historia del último siglo, di- «ce l\Ionseñor Dupanloup, veo que el «Papa Clemente XHI escribía en 30 de «Abril de 1767 al Rey de Francia, al «de España y al Emperador de Alema- «nia en favor de Polonia; que Clemente «XIV recomendaba tambien esta gran «causa en 7 de Setiembre de 1774, «quince dias antes de comparecerá la «presencia de Dios; que veinte . veces, «oidlo bien, en documentos públicos y «solemnes, estos dos Papas, SOLOS EN «EUROPA, protestaron con toda la ener- «gía que prestan la fé y el amor á 'la «justicia eontra la iniquidad de ]a con- "quista y d.e 1a reparticion.» Hij·os carísimos~ la Iglesia nunca se eongrcga sino para realizar el bien, para estirpar el error, y para contribuir, por esto mismo, al verdadero progreso de las Naciones. Las soberanías temporales, suelen tener sus celos con motivo de tales asambleas: celos 11evados muchas veces hasta el extremo de pretender el derecho esclusivo de su convocacion, ó por lÓ menos, el de intervencion. Las autoridades políticas suelen padecer muchos vértigos en materia de relaciones con la Iglesia. Los aduladores del poder son quizá mas culpables en esta materia, por cuanto les hacen entender que la Iglesia no debe ni resollar sin prévio permiso del Estado, sin reparar que el dia en que la Iglesia Católica selle sus lúbios, las Naciones y sus soberanos quedarán como Herculano y Pompeya, bajo las lavas del volean revolucionario. Tenemos la seguridad de saber que esto se realizará algun dia, pero nos alimenta la esperanza de que no será hoy ni mañana, todavía: el fin del mundo se acerca, es verdad, pero no lo creemos tan próximo: porque si bien la iniquidad cunde, y la impiedad avanza, y la guerra contra la Iglesia va tomando sérias proporciones; esto no obstante, las conquistas de la fé tambien avanzan, y la piedad se vuelve mas jenerosa: de otro lado, recordando que, como dice el apóstol, conviene que haya siempre herejias, para que así se revele la sinceridad y la firmeza de ]os verdaderos fieles; no nos asustan los ataques del filosofismo ni de la impiedad. Lo natural es, que combatan a la Iglesia los que son anatematizados por la Iglesia, y bajo ·este punto de vista, tampoco nos sorprenden los que con énfasis inaudito gritan contra la inutilidad de la reunion del próximo Concilio. Si ninguna importancia tienen las reunion.es conciliares ¿á qué al~rmarse por la que tendra lugar el 8 e Diciembre de 1869? En este Concilio se dara a lo sumo, mayor aparato esterno á la condenacion hecha )'ª por Nüestro Santísimo Padre en 1864, de las teorías modernas del Rojismo y del Liberalismo: ¿mas, qué importará á los Rojos y á los Liberales semejante condenacion? ¿acaso dejarán de seguir ellos contando con la credulidad de Jos pueblos? ¿no podrán continuar como hasta aquí, usando su diccionario, que aunque compuesto de solos algunos términos, como Inquisicion, Curialismo, Jesuitismo, Ultramonta?J.ismo, Oscuraritúmo, Galileo, &, bastan ellos solos, a su fuicio, para herir de muerte á la Esposa de Jesus? ¿Por qué se desconciertan, pues, con la celebracion del próximo Concilio? Esas alarmas especiales revelan ch,ramente que temen algun percance desagradable; no se hallan muy seguros del triunfo, y recelan de lo que se llaman preocupaciones ,,u]gares, sin reparar que los verdaderos fautores de preocupaciones son ellos, esclusivamente ellos. Aquí se realiza, hijos carísimos, un fenómeno verdaderamente raro: la ignorancia ilustrada de algunos, seduce y fascina á la ignorancia grosera de la muchedumbre; ni los que hablan para persuadir saben lo que dicen, ni los que escuchan para ser instruidos entienden lo que oyen, y sin embargo, ambos quedan satisfechos. ¿Qué significa esto, amados hijos? A nuestro juicio, este fenómeno solo tiene una esplicacion, y es la siguiente: Satanás opera en el corazon, hace entender que las pasiones se interesan en tal ó cual doctrina, y sin mas que esto, los mayores incrédulos, los mas exijentes para pedir pruebas en asuntos de fé, esos mismos que tachan de fanáticos a los católicos, son los primeros creyentes, los mas sumisos observadores de las bárbaras teorías, espuestas quizá por la mas bárbara de las intelijencias. Hé a-qui esplicado el enigma. El demonio Jo tenia res11elto seis mil años hace. El MasoN1sMo nos sirve de prueha palpitante: pregunta! á la mayoría de los que c~mpo~en alguna logia, si sabe~ algo, si entienden algo de lo q constituye la teoría masónica.-·Pob u~ Os habla~ con, énfasis de frat;rmiJ:J· d~ proteccio7: mu~ua, de amor al prójim~ (bien que silencian sus espléndidos banquetes, y su ceremonial que causa risa).- Mas la sustancia, el fin prim dial, el objeto á que tiende el maor- . . so. msrno, ese lo ignoran -completament . son verdaderos MANIQUÍS sin saberl:· de cuatro conocedores del asunto. l\la: rnne~ hay' que ignoran los anatemas ful~rnados por la Iglesia contra el mas1ms1?0: Y_ otros 9ue mas audaces en s~ misma 1gnoranma, arguyen contra d_1chos anatemas,_ hasta avanzarse á decir, que la ~glesia no sabe ni conoce lo q?e es la sociedad masónica,· y que, inspirada P?r su FANATISMO ha lanzado sus escomumones: po~ manera que, para los tales, la Iglesia Católfoa no es la verdadera Iglesia. Asi tiene Satanás embaucados á_ rnuc_hos que dejarian de ser masones s1 tuvieran un poco mas de instruccion. Véd, amados hijos, ¡cuanto tiene que lamentar la Iglesia! Observa á los filó. sofos, estudiu sus sistemas y encuentra funestas aberraciones em lugar de filosotí~: se fija ?n ~o~ jurisconsultos, exa- ~•~a sus prmc1p10s, y nota que la jus. t1cia, la verdad y la moral, han sido mas ó menos ~espedidas. en la política, en la economia, en la diplomacia y se persuade tristemente de las dec~pciones, de los estra víos, del miserable egoismo de que se hallan saturadas. De todos lados abusos y errores: por todas partes «la abominacion de la desolacioo.» Y luego, cuando conmovidas sus entraüas maternales, se pro·pone curar tanta llaga, gritos mil á cual mas destempiados se proponen atolondrarla. ¿Qué tiene que ver la Iglesia con la política? dicen unos: La libertad de pensar no puede tener trabas, dicen otros: Ni la economia, ni la diplomacia tienen punto alguno de co,ntacto con la moral evangclica, repiten ]os terceros. ¿Y que relacion tiene el Derecho con la Religion? Sus fundamentos son racionales: sus aplicaciones lo son igualmente: ¿Acaso la jurisprudencia se funda en revelaciones? así discurren los jurisconsultos. Decir que el Catolicismo nada tiene que ver con la política, es renegar de In política cristiana, es abrazar el paganismo, con todos sus despotismos, con to- · das sus injusticias, cou toda su deslealtad'. 1\Iaquia velo ha traducido en su libro DEL PniNCIPE esta teoria tan escandalosa como infame: y la Iglesia Católica tiene que ver, y mucho con esta política, desde que ella se basa sobre la mentira, sobre el egoismo, sobre la prostituciou; en una palabra, sobre un fundamento inmoral. Proudhon, con toda su impiedad no ha podido menos de decir en sus «Confesiones de un revolucionario» las siguientes notables palabras: «Es cosa que ad- ,, mira el ver de qué manera en todas ,, nuestras cuestiones políticas tropeza- » mos siempre con la Te.ología,,, Existen pues relaciones, y relaciones tan íntimas entre la Religion y la Política, que la misma impiedad se cree en la obligacion de confesarlo así. Los políticos lo conocen tambien por propia esperiencia, aunque infructuosa, pues siendo la mayor parte de ellos miopes, ya voluntarios, o sea de mala fé, solo quieren ver entre los Gobiernos y los pueblos, lazos materiales, vínculos cuya única ruerza se cifra en Jos goces de los sentidos. «La Jibertad de pensar no puede tener traba», dicen los racionalistas: Juego, la Iglesia no tiene por qué entrometerse en la filosofía. Pero no reparan los· que así se espresan, que el raoionalismo es la muerte de la razon, como el liberalismo lo es de la libertad. Desde que la razon olvidando sus leyes
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