cilio, no tiene, ni puede ten€r por odjeto, el r establecimiento del de...'.. recho público dominante en la EDAD M_Eou.: de ese derecho que las naetones, y no ella, creúran para bien -de los pm~blos, y para la conser- ''.acion del orden social. Pero la I~lesia conoce mejor que los polít1cos modernos las costumbres, ]as ideas_ y las circunstancias especiales de cada época: procede siempre con .una, cordura y prudencia tal, que serfo de desear aprendies® de ell . ·los que forn-iulan c-onsti'tuci·ones, sin tener en cuenta ni las costumbres ni las Q~rcur,islancias especiales de las soci;edades. Los que atribuyen al Papa~~ estos planes de resta-urac,ion, deber,rnn avergonzarse al considerar que mientras ellos, catól-icos, aoatem_é~füan el derecho público de la edad média, escritores PROTESTANTES de conocida fama literaria, prodi(J'an ,alabanzas y bendiciones á ese 1~smo derecho. Podemos citar algunos, entre muchos. En 1806 -el protestante Aucillon escribía lo' siguiente:- <cEn la edad média en » que no había órden social, el'Pal) pado solo salvó quizá la Europa de » una absoluta barbarie, formó rela- » ciones entre las naciones mas dis- , tantes, y fué un centro comun y » u_n punto de union para los Estados ., aislados. Fué un tribunal supre- » mo levantado en medio de la anar- » quía universal, cuyos decretos fue- )) ron tan re_spetables como respeta- >> ~os: prevrno y contuvo el despo- » hsmo de los Ernpéradores, reparó >, el ~efecto de_ equilibrio .Y aminoró . »losmconvementes del -réjímen feu4 }>da].» El celebre PROTESTANTE >, LP-ibuitz en el tomo V. de sus obras ,> dice:- ~Yo seria _de parecer que se >>-estableciese un tribunal europeo en n Roma y que se nombrase presiden~ » t~ al Papa, _al modo que en otro )> t1empo hacia de juez entre los )> Er~ncipes cris~ianos~ pero conven- ,, i:lna que nl mismo tiempo recobra- )> se°: los eclesiásticos su antigua au- >) tor1dad, y que un entredicho y » una excomunion hiciesen temhlar » á los Reyes .Y á los reinos como en » tiempo de Nicolao I, 6 de Gregario '' VII. Este proyecto se loo-raria tan » fücilmen Le como el del Ab~te Sain t4 >, Pierre; y pues es permitido com- » poner nove·Jas, ¿por que llevaremos » á mal una ficcion que 11.os traeria ,i e~ s~rlo de oro?» El jefe del m·-i's- ,> tianismo PROTESTANTE en París >, M r. Coquerel, en su ensayo sobr~ » la Historia del Cristiani smo, decía: «El poder PonLificio, disponiendo _ )> de ~as coronas, impedía que el des4 )) poL1smo se hiciese atroi. Así es » que en aquellos tiempos -de LinieJ> blas, no _hallamos ejemplo alguno J> de brama comparable á la de los >J Do.miciat.10s de Roma. Un T i be- ,, rio era imposz·ble, Roma lo hubiera )) anonadado. Los g1·andes despot-is- » mo_s Vl;e"(ten cuando los Reyes se >>persuaden de que no ltai· nada su4 »perior á ellos; entonces es cuando >, la embriaguez de un poder ilimi- )> tado da orígen á los crímenes mas )) espantosos.» Un MINISTRO ANGLICA· > NO decia en 184.2: - ,,No se crea LA IGLESI! PUNEÑA. ).} que poi· hallarse sometidos á la al- >> ta uireccion del Papa los reinos >l de ·la edad média fuesen menos » venturosos ni menos libres, pues >i precisamente sucedió todo lo con- » trario. ¿Qué soberan_ía mejor que J> la de los Inocencio y los Gregorio9 J> .... Respetadme, someteos, obede- » ced, decían; en cambio, yo daré "el órden, la ciencia, la union, la ,, organizacion, el progreso......Con >) una mano el Pap_ado luchaba con- » tra la media luna, con la otra aho- » gaba los restos del paganismo e- » nérjico del Septentrion, atrayendo >) al rededor, de un punto céntrico, ,, las fuerzas morales e intelectuales >i de la especie humana. Bl Papado )) era déspota como el sol, que háce ))ffrar al globo,), (1) Las sociedades actuales necesitarian pues, á fui'ci'o de nuestros hermanos dúi"dentes, volver al reconocimiento de la teoría política de la edad média: nosotros los calo]icos nos contenta,riarpos con que solo volviese su espíritu, porque á méri Lo de ese espíritu, los pueblos recobraron la vida q' habían perdido. Lo que aprovecha en un caso dado, natural es que aproveche siem4 P!'e en casos análog os! La irrupc1on de l9s bárbaros del Norte dio ~n tierra con el órden social, y deJÓ en agonias á la ciencia. El Cat~licismo levantó ese órden, ómejor dicho, lo creó de nuevo, y salvó de la muerte á esa ciencia que agonizaba. Hoi, una irrupcion, qujzá mas bárbara que la de] siglo V, amenaza destruirlo todo, porque todo lo ataca á la vez. ¿Qué principio sano, verdadero, y fecundo en resultados felices hai que no sea bruscamente herido, por los que se titulan padres del progreso? La libertad, la santa liderlad, noble atributo que Dios en su ~andad nos otorgo, para que mereciésemos con ella una corona de gloria, la han transformado en una pr~stituta. La igualdad, esa revelacion magnífica que Nuestro Señor nos hace en su Evangelio, para que (1).-Con un motivo semejante. al presente., nosotros escribiamos en 186(), lo siguiente:-«Hagamos, pues, a nuestros adversarios la mas farnrable de las conce5iones; supongamos que el Papado ó la Curia volviese a tomar la importancia .v á e1jercer la influencia que tuvo y ejerció en la edad media. ¿Perderían algo las socierlades? ¿Perderían los Gobiernos? Las socicdade,;, ¿qui én no sabe lo que sufren, las perive cins que experimentan, Ja invadidas por una horrible anarqu\a , ya dominadas tiranicamente, siempre inquietas, siempre com·ul sas, buseando la paz sin encon. !nula nunca ? Los Gobíerno!-, ¿qui én ign9ra las cuitas q11e pe.san para conservar su autori• dnd !- irmpre amenazada , siempre vacilante? Díganlo sino esos mismos enemi gos de la Curia, del P11 pado y de la e.d ad média-esos mis~ mos que tan celosos se muestran por conser- ' 'ar los <l ercr.hos de los Gobiernos, cuando se trata de ultrajar á la l3l e~ia, y que tan hosWes se Loman para con los mismos Gobiernos, cuando se haltan de por medio sus propias pasiones-díganlo Lo cfos los que mientras de un lado gritan sin descanso contra Roma, de otro maquinan tambien sin descanso J vocean A toda hora contra los Gobiernos. ¡Oh sociedades! 10h Gol,icrnos! entre el curialismo Y el rojismo, entre el Papado y la anarc¡ufa, entre las excomuniones y el puñaL. . . ,. ¿ ~u_át de estas dos cosas os seran mas perjudiciales? ¿os habeis asustado con el fantasma de la Clll'ia y no temblais de paYor co 11 el gigante de la anarr¡ tt'l a? sin obstáculo alguno se lleve á efecto su mandato de caridad recíproca, la han convertido en una loca furiosa, que en su frenesí, ha llegado hasta proclamar el com11.,nismo. La fraternidad, término esencialmente cris4 tiano, destinado á significar el tierno empeño con que debemos procurar nuestro bien respectivo, favo4 reciéndonos múluamente para hacer menos ingrata esta vida de tribulacion, la han hecho servir á sus ruines intentos, obligándola á que desempeñe el ridículo papel de fantasma, bajo .cuya sombra, el MASONTSMO lrabaja para dar el golpe de gracz'a á las sociedades. Todo se ha falseado hoi, hijos carísimos, so pretesto de progreso y de civilizacion. Pero, ni vosotros vereis, ni verán vuestros hijos ese tan decantado progreso y civilizacion, y ¡ quiera Nuestro Señor, que el cuijdro no se presente por él reverso para la jenerar.fon que nos suceda! El verdadero progreso, la irnica civilizacion lejítima, solo pueden ser enjendro del Catolicismo, y ¡si algo nos causa un sentimienLo profundo, es que clespues de veinte siglos de esperiencia, tengamos que detenernos para hacer observaciones á este respecto! ¿Qué es de las sociedades modernas entregadas á la necia ilusion de los utopisLas? Desde la Inglaterra, que vejelando en el statu quo, aunque exhuberan te de progreso en el sentido material, solo revela vida , moralmente hablando, para torturará la Irlanda, hasta la Nueva Gra4 n_ada, que en nuestros dias, queriendo sacudir el yugo reli o-ioso ha caído en la mas desesperanLe de las anarquías, todas las naciones del Globo I prueban unísonamen te, la necesi,ctad de acatar y respetar el principio Religioso Católico, para ser LIBRES, para mantener el orden, para conquistarse su verdadera felic.idad. El Concilio Ecuménico de 1869 trabajará por salvar todas estas dificultades. A la Iglesia Católica se la llama hoi retrógrada-¿por quiénes?-por los que aspiran al reinado de la carne sobre el espíritu, por los que prefier,en la tierra al cielo, poi· los que hacen de las pasiones humanas virtudes, v de las virtudes vieios. ¿ Y con q~é motivo se la llama retrógrada? ¿será porque sálvó á las ciencias en el siglo V? ¿ó porque promovió su desarrollo en mayor e~cala en el siglo XVI, bajo el pontificado de Leon X? ¿Jal vez porque siempre ha fomentado y continua fomentando la riqueza de las bibliotecas con las obras clasicas que produce, ¿ó quizá porque se esfuerza en ~mpedir la bárbara irrnpcion de las ideas modernas, que preñadas todas ellas de princjpios disolventes, ocasionarían sin remedio la muerte de la sociedad? Pero si esto es retroceso, estemos por él, hijos carísimos: vale mas retrogradar con la verdad y c~n el bien, que avanzar con el error y con el vicio. Se dice (y esta es la ver<la<l) que Dios sabe sac;ar el bien del mal: así se aprovecha de los extravios de un pecador para convertirlo; de los horrores de una ~ste, 6 de un ter-- remo Lo, para llamar al órden á muchos corazones disipados. Esta conduela de la Providencia, nos es mui conocida, y la bendecimos á cada momento, porque en ella descubrimos el consorcio bellísimo de la sa.- biduria infinita con la infinita misericordia. La Just,icia y la Paz, como decia el santo Rey David, se clan un ósculo en tales casos: Justitz·a et pax osculat(B sunt, llé aquí una conducta propia de Nuestro Se4 ñor. Pero lo que es profundamente abominable, lo que apenas puede concebirse por la inteligencia, ni menos tolerarse por el corazon, es que, invirLiendo los términos y el espíritu de ellos, se saque EL MAL DEL BTEN, y esta es la teoría moderna, este el secreto de la impiedad, del filosofismo y del MASONISMO. Sacar el mal del bien es el arte de Satanas, y por lo mismo, es la ciencia de todos sus satelites. Pero ¿en qué consiste este arte y esta ciencia diabólica? El arte consiste, hijos carisimos, en seducir a la multitud ignorante, so pretesto de civilizacion, de buen tono, de filantropía> y de otras palabras no menos ampulosas. La ciencia se reduce á principios Maquiavélicos en política, Epicureistas en moral, y Espinosistas en filosofía, La mala.fé, el sensualismo, el Panteísmo, ó sea la deificacion del hombre, hé aquí la teoría científica, moderna; que sirve de base á los estudios políticos y sociales. Maquiavelo, del principio del órden social v de su necesidad. deduce la doctri~a del despotism~ y de la esplotacion de los pueblos. Epicuro, del estudio de las exijen....: cias físicas y de lo conveniente . de su satisfaccion para mantener la vida humana, concluye por santificar los apetitos hasta hacer la apoteosis de la sensualidad. Espinosa; examinando la idea de sustancia, y encontrando en el hombre ese compuesto sustancial de materia y esp1rilu, de carne y de intelijencia; de barro y pensamiento; dedujo ·que Dios era todo y todo era Dios. Y ¿podrá la Iglesia Católica, madrs tiern1sima de la humanidad, consentir en que e3los errores cundan, y que cundiendo den muerte á intelijencias y corazones llenos de nobleza y dignidad? 6podrá mostrarse impasible espectadora de este cataclismo moral, sin que sus entrañas maternales se conmuevan hondamente? No: esto equiva1dria á un crímen. La Iglesia Católica ni es trn.flcante en doctrina , ni es profesora de jUantropüi: para ella la ver dad es una (por eso la apellidan intolera.:i le), y todo el que no está cou ella en comunicacion de esa verdad, no está, por esto mismo, en su union: qui· non est mecitm, contra rne est, ha dicho Nuestro Señor. La Iglesia no puede pues ser traficante. Tampoco ha gustado demostrarse simplemen Le filan trópica, ni menos de enseñar la filantropía como , el secreto úuic o Je lu felicidad so-
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