Jerusalen, conteste; al eual no fué invitado ni el cesar ni su procónsul. Celebrado el año 50 de la éra cristiana, para resolver las· dudas suscitadas por los cri:itianos de Antioquia, es~ Con· cilio que algunos protestantes reconocen como el único ecuménico y que por haber sido obra de los apóstoles mismos, es, como debía ser, el tipo y modelo de todos los Concilios. Herido por la verdad histórica, su ~elloria pretendió esquivar el golpe, ol- -vidando todo miramiento.- «Entónces no habia Iglesia todavia,» replicó.-Si llamo á un niño de nuestras escuelas y le pregunto: ¿qué es Iglesia? estoi cierto que me responde sin vacilar: -«Es .la congregacion de lps fieles bajo la cabeza visible que es el Papa.,, Y me lo responder6. porque conoce de la Iglesia siquiera el catecismo. Y en el alio 50 de la éra cristiana, cuando los cristianos estaban ya esparcidos en Ásia, África y Europa ¿no babia Iglesia? ¿No l1abia Iglesia en el Concilio de Jerusalcn? Babia fieles y babia Papa, nada ménos que Pedro en persona. Su señoría me dirá que no está obligado á conocer el catecismo. En hora buena; pero yo, aunque el último de los que militan bajo la gloriosa bandera del catolicismo, tengo el derecho de exijir á sus adversarios lo que la razon y la justicia les exijen de antemano: que antes de combatir y condenar una institucion, es preciso conocerla. Antes de la paz de la Iglesia hubo mas de sesenta Concilios, a los · cuales llO · fueron convocados ni asistieron los soberanos tem'Porales, entre ellos los tres Concilios apostólicos de Jerusalen: el primero para nombrar un sucesor á Judas Iscariote, el segundo para nombrar los siete diáconos y el tercero, el q' cité anteriormente. Verdad es que á los ocho p rimeros Concilios ecuménicos de Orie nte, asistieron l0s emperadores por sí ó por sus delegados; pero, en prime1· lugar, el hecho nada prueba contra el derecho, y esos hechos se esplican por la naturaleza de los tiempos. Los obispos eran excesivamente pobres y los emperadores e~tabun dispuestos á darles y les daban cuanto era necesario para que costeáran su vinje al Concilio con toda pompa. En segundo lugar, las grandes vías públicas eran deJ dominio del príncipe, (por eso se llamaron caminos reales); y por ellos solo podian transitar Jibremente las autoridades ó los que tuvieren su permiso; y en tercer lugar es preciso no olvidar la ley romana que prohibía todo géuero de reunio11es . Para no chocar entóuces con los emperadores, mas prudente era ponerse <le acuerdo con ellos. Si alguno de los Concilios ecuméuicos de Occidente fueron convocados y concurrieron aigunos soberanos temporales, eso se explicíl per fe ctamente sin necesidad de negar c:l derecho de la Iglesia, porque esos Concilios se reunieron no solo para tratar puntos de doctrina, sino para moverá la cristiandad contra las invasiones de los turcos y de los tártaros; y nada era mas natural que concurriesen a ellos los mismos que debian empuñar el sable y la lanza. Pero ¿podria decirme :- u scüoriu, qué soberanos concurrieron á los primero y segundo Concilio de Ldrau , l!UC sou LA. IGLESIA PUNEÑA. al mismo tiempo el noveno y décimo de los Concilios generales? Ninguno. Podría citarme su señ.oría a qué soberanos convocó lnocencio 11? ..... El señor Ministro de Justicia, lo mismo que el honorable Diputado por Copiapó sentaban una verdad histórica, cuando decían que la práctica de la Iglesia a este respecto había sido vária. Su se:ñoría dijo tambien que Gregorio VJI habia dictado aquella célebre Constitucion en que se proclamaba el poder espiritual por su origen y por excelencia superior al poder temporal: la ley eclesiástica superior á la ley civil. Su sefioría agregó que contra estas doctrinas habia felizmente reaccionado Bonifacio VIII que comenzó en la Iglesia la éra de los Concordatos, y preguntó: ¿el Gobierno se ha hecho Gregoriano? ¿se ha hecho reaccionario contra Bonifocio Vlll? Me permitiré rectificar estas aserciones históricas. No fué Gregorio el que proclamó la doctrina de que se trata; fué precisamente Bonifacio Vlll el que la declaró en ]a célebre Constitucion unam sanctarn católicam ecclesiam &. No fué Gregorio en· el siglo Xl siuo Ilonifacio á principios del XIV, porque su Constitucion lleva la fecha de 1305. Hai pues aqui un pequeño anacronismo de tres siglos. Por otra parte, no fué Bonifacio el que inició en la Iglesia la éra de los Concordatos á principios del siglo XIV sino Leon X 'en el siglo XVI. Aquí hai otro anacronismo de dos siglos. Y aunque algunos cuentan como el pr~mer Concordato de la Iglesia el celebrado por 1\lartino V en tiempo del Concilio <le Constanza en 1418, todavía habría un anacronismo de mas de un siglo. Abandonaré el campo de las rectificaciones para entrar en materias mas importantes. El honorable Diputado por Copiapó decia testualmente: ¿los Obispos quieren ir al Concilio con el dinero del Estado a negar y combatir nuestras instituciones democráticas? Y el honorable Diputado por la Serena agregaba testualmente: van a atacar la soberauia nacional. ¿Podemos nosotros contribuir á que se combata lo que somos y lo que amamos?-Y quién ha revelado á los que tal dicen lo que resol verá el Concilio? A falta de razoues para combatirlo, se acude al arbitrio de las adivinanzas . No adivinamos, presumimos, me dirau: esas hau sido, esas son las doctrinas de la Iglesia. Señores: bien sé que la naturaleza de los debates parlamentarios apenas consiente que entremos en estas discusiones doctrinales á que se nos provoca y arrastra. Pero uo puedo consentir que corran sin coutradiccion en este recinto, opiniones que son una negacion completa de la verdad; doctrinas que acusan uu desconocimiento absoluto del catolicismo; no solo del catolicismo, sino de la filosofía, de la jurisprudencia y de la historia. ¡La Iglesia católica, la Iglesia Romana enemiga de las instituciones democráticas! Los intereses de la verdad me obligan a rechazar esta calumniosa acusaciou; pero en obsequio de la Cámara prometo ser mui bre ve . La Iglesia, es cierto, impone la obligacion <le obedece r á las potestades lejilimas; la l g le~ia , es cierto, que robostece asi y presta un señalado servicio al poder público; pero nada prejuzga, ni nada ha estableddo jamás sobre las formas de Gobierno. Por el contrario, viviendo bajo todos los climas, como bajo todas las formas de gobierno, solo ella ha aprendido, y solo ella nos ha dado las sublimes enseñanzas de la verdadera libertad y de la verdadera democracia. Eso es lo que atestigua la filosofía, eso atestigua la jurisprudencia, eso atestigua la historia, eso atestiguan todas las ciencias mora.. les y sociales. •La democracia solo conviene á la naturaleza de los ángeles y de los Dioses,» ha dicho Rousseau. ¿Por qué? Por las mismas razones que invoca Guizot . Porque las pasiones de los hombres la hacen casi imposible para ellos; porque para el respeto mutuo de todos los derechos, para el cumplimiento de todos los deberes, el réjimen de la li• bertad exije de parte de los ciudadanos un grado de moralidad, una suma de virtudes públicas y privadas que los hombres generalmente no tienen. Por eso mismo la ventura ó desventura de los pueblos, las libertades públicas, y hasta su grandeza ó decadencia dependen de la severidad ó dcpravacion de sus costumbres. Debilitada por los vicios su energía moral, pasan fácilmente de la esclavitud de sus pasiones á la esclavitud de lqs amos. Alzar, pues, el nivel moral de las conciencias, robustecer la veoeracion del derecho y del deber, es trabajar para la democracia, para la civilizadon y para ia ventura de las naciones; eso es lo que harán siempre lil"'--Jglesia y sus Concilios. (Conlinuara). SECCION OFICIAL. D1ócEs1s DE PUNO- Secretaría Epúcopal. -Puno, Mayo 7 de 1869. Al Sr. Vicario Foraneo de la Provincia de ..... S. V. F. El Illmo. y Dignísimo Sr. Obispo de la Diócesis, se ha servido espedir con esla fecha el aulo que sigue: ({Palacio Episcopal de la Diócesis. -Puno, Mayo 7 de 1869.-0rdénese á los señores Vicarios, que en el perentorio término de un mes, nos den cuenta certificada de si se ha hecho o nó, la publicacion de nuestras Sinodales, por los párrocos de su respectiva comprensio!:l, segun lo tenemos mandado. - EL OmsPO. -Por mandato de S. S. Iltma. • el Obispo mi Sr. - Francúco Ruiz . -Seeretario.» Disposiicion que trascribo á US. para su conocimiento y demas fines. -Dios guarde a US.-Francúco Ruú. -Secretario. REPÚBLICA PERUANA.- V1 i'cariato General encargado del Gobi'e1·1io .E'clesi·dstico y Provúoría de la IJi'ócesi·s de Puno.-Agosto 2 de 1869. Al Iltmo. y Dignísimo Sr. Obispo de la Diócesis. Iltmo. Sr. Por la apreciable correspondencia, que he recibido de US. Iltma. con fecJ:\a 30 del último .Tulio , he tenido la inesperada nolicia de que, á cqnsecuencia de la proximidad del Concilio Ecuménico, parael que han sido convocados todos los señores Obispos del Orbe Catolico, US. Iltma. que, movido de su corazon profundamente religioso y pastoral, ha determinado asistir á él; va á separarse de esta su grey, y Jtor consiguiente de la compañia de su Cabildo y del súbdito que suscribe. Al espresarle los votos de dicho Cabildo, que son tambien los mios, porque Dios Nuestro Sr. concediendo á US. Iltma. un feliz viaje, se digne proveer á todas sus cristianas y benéficas pretensiones; le hago la mas solemne promesa de que yo, así como los demas Canonigos de esta Iglesia Catedral, nos esforzaremos segun nos sea permitido, por llevar á cabo el adelanto de ella, q' US. Iltma. ha iniciado, apesar de la escasez de recursos, y de la cortedad de tiempo, contando con el auxilio celestial, que no se niega á los qu6 verdadera y confiadamente le solicitan. Asimismo le anuncio que ya que ha querido servirse de mi pequeñez, encargandome generosamente el Gobierno de esta su Iglesia y Diócesis, acepto con el respeto debido tal encargo, y le significo mi mas profunda gratitud por la honra con que se ha dignado distinguirme. Recibo en compañia del Cabildo Eclesiastico, la bendicion, que al partir US. IlLma. nos da, y le deseo tanta ventura en su tránsito á Roma, cuanto es el duelo que deja en todos los corazoneJ de los que esperan en el Señor, les devuelva algun dia y con felicidad á su mas querido Padre y mas celoso Pastor. Dejo así contestado el apreciable oficio á que me refiero, y gozo del momento, que aun se me permite, p?ra testificarle una vez mas, mi sumision, y la verdad de mi obediencia á sus mandatos. Dios guarde á US. Iltma. JOSÉ DIONISlO HUERTA. ~ CARTA P.-1.STORAL QUE DIRIJE EL ILUSTRISlfflO SEÑOR OBISPO DOCTOR DON JUAN AMBROSIO HUE}lTA, AL CLERO Y FIELES DE SU llIÓCESIS1 CON MOTIVO DE SU VIAJE Á ROMA, PARA ASISTIR AL PRÓXIMO CONCILIO GENERAL. ~OS el Dr. D. Juan Ambrosio Huerta. por la gracia de Dios y de la Santa Sede Apoll(óllca, Obl•po de I•uno, etc. A'n,itestro Vene1·able IJean y Caln'.ldo, á nuestros Pá1·rocos y Sacerdotes, y á los Fi'eles todos de nuestra IJiócesis-Salud y paz en Nuestro Señor Jesu,cristo. ,,,Jttendite a. falsis prophetis, qui veniunt ad vos in vestimentis ovium, intrinsecus autem sunt lupi rapaces. A fructibus eorun~ cognoscetis eos. Guardaos de los falsos profetas que vienen a vosotros disfrazados con las esterioridades de m·ejas; mas en su interior son lobos rapaces. Por sus fr11to, los conocereis. (S. MATEO, Cu. Vllt , • HS.) (Continuacion.) La couvocacion del próximo Con-
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