lo q' importa es citar la matanza de sán, Bartolomé, y citarla c01?0 la citan los protestantes Y. los Jansenistas con las adulteraciones nece- ,. ., J' ' sar1as. ~ · 'ta inquisicion debe tan:bien venir 'á cuento, aunque se, ignore la genuina histqtia de su origen Y, ~uncrónes en España y sus donnmos' aunque se desconozca la conducta cleJ~apadó sierµpre paternal ?ont!a lqf avancé~ de e.s~ tribunal: laico en $U orígen, poHtic? en. sus fines y en lps. médios ele ap11cac1on para conseen · ¿~~¡:p.pa~ne, entre la gente de 1n co- ~Úiv'a: :d~t~ D~!que d~ G~isa y los Hugonotes r~ü~idos e·n Únn granja, íue lo que dió la señal dé la lucha. Habi~ndo acudido ~I Du- ·ue par~ re¡;tahlecer el órden, fue hcr1do de ~na peflrada; por lo cual, irritada s~ .gente, &l~aj~~-s,e.~fn~f. IJ.p~onot_es~ _Los _Calv1~1stas. se q~járon 'a.llaine!)te de esta v10la~10n del cd1cfó' ' ''¡jf)~6!, y ·empezaron la guerra al mandó d.el Prlncipe de Cóndé, exilado á su ,·cz PPJ eJ il}gl~s ThrocJqnorton. }fu~hos ~e i:us jetes cay_er~n p_risioneros en la indecisa bat':i'r:-de füeux . (diéiembre de 1 ?S62); el Duque dé 1 Gliih" 'i1e cobardel]lente asesinado en et sitio' de ·Orleans (1563) por un caballero lla- ~49 · J.>.Q.ttt9t; el Rey d~ Navarra ~.u:ic1 á co{\sccueqcia de una herida. Estas v1c1s1tu<les P.r:i~BJer~p '·e.1 ·d~creto de .Amboise (marzo ~e .t\&,tJ3), -~ q'úe_,;· aseturaba á los Hugono~es la litiertltd del · culto en tas ciudades. La rccontifi¡cíon' noiue mas que apar-ente J momcn- \a~~¡i. i,a t.ent~ti_ya de ªP.?d,erarsc del lley en el castillo de 11.onceaux hizo estallar de nuevo ii~~ 1 gú·e_rra ~itn (1W7); pr~d~ciendo ~deói(s escenas sangrientas y ct1mines horribles ciíüietidos por les Hugonotes en Nimes. Ob- \uvieron stgunda vez, con .el auxilio del Elcc- \0-J tj~l~t~o, la pa~z de Longjumeau :(H>68), que pQniá el;\ v_igor el edicto d_e H>62, sm las claus'\i~ que 'despues se le habian añadido. Esln P.ªf tJo 'fué 'pára ·1os H.ugonotes sino un medio cíe !ortüicarse. Habiendo obtenido,_e~ efcc!o, rectl?SOS de ~sáljel y efe los-Países .lláJOS, d1e- íi~ ~\~~ip_\o: ~{~j8) á fa. ter9era gyerra civil, «j_,&e eicediQ mu~ho á las otra~ dos en fu:or t. teciv.t\>_é'as_· c·ru?ldades. Bdquemnut, el prmt'ipál jefe de lo~ Hugonotes, llevaba un collar . d,e'~rejas. de Saéerdores as_esinados. Ga_spar de C,ólig.ll:~ .s._e ~~s? á la ca_beza del partido -re- "formado cuando el Pi:_1nCJpe de Condé sucumr,W•éh ·ta ']orn,..áda de Jarnae (156!)), y arraneo ! '. la 'córte :debi'litada 1.a paz de Sa1nl-Germain (i~jO).' Esla concedía á ' los Hugonotes la libertii! 1e c'lnci~ncia, muchas ciudades para el ejercicio pu~hco de ~u culto y el derecho de dfsefn~~ña'~ cargÓs publicos, d~~doles por garaiíiia lJs c\uiades fortificadas de la Rochela, dé lfonfaub~n, de Cognac y de la Charité. · Sin emb;\rgo, el recuerdo de las atrocidades ' ~omelidas por los l;lugonoles man tenia una stréla ·rermeñtacion en'tre . los Calolicos. Carlos IX~ con la esperanza de conservar la pnz, trató de ganar á Coligny y le alrajo á su córle. .j\p~~y_e_ch.4-nqo_~e ·et Almirante de su posicion, excitó a Culos contra su madre, J iomenló l~-.::gh°~ria ·de' Ji' Francia contra la España, obteniendo del Rey el' que apoyase a los Países Bajósrebetaaes. En fin, el ódio largo tiempo contenido terriblemente, estalló cuando el cas~~iénto ~~• Éririquc de Navarra (Enrique \:t) ~on Margarita, b~rmana del Res, h(zo. i: a t~r.ls pn gr~~ numero de caballero~ ,cal_vin1~- l;\s y Ías antorchas de la guerra CIVIi 1lum1- ~aton ¡á te'rrible no.che de San llartolomé (24 «ir ~~O!M ';je !t>72). Está ·110rriLlc matanza no íue el resultado 'de un proyecto largamenif{medit~d0, sino una resolucion pronta toma- da -¿~nt~a Coligny, para prevenir las conse- ~qeq~iaf gu~ bacia te~er el frustrado asesi- Í1Íi de 1~ Reina madre. Catalina ~e l\l edicis t. su ~ij~ men?:,. ~l Duque de AnJou, ~ sus éonfidenles, dec141eron al Rey á consentir en efa~esinato del· Nlmirantt, de Coligny, á quien aéusaban· de querer promover una guerra ci- ,n y ·· de poner en peligro ilasta la \'ida del ¡nismo Rey. Cárlos, Indeciso ~ agitado por iqúého tiempo, acabó por ' éeder. El Duque de 6\iisa, anslaso ·de vengar la muerte de sn pa- ~ré, ·se prenlpilo el primero en casa del Almirante y lo mató". (Al:ZOG.-«ÜISTORIA UNIVERSAL DE LA IGLESU. -«É('Protestaneismo en 'Francia.» Pag. 69, 1tTOM. 4.0 ) L.t\ IGLESIA PUNEÑA. guirlos (2): citar á la inquisision como un argumento pa_ra. probar la necesidad de que los Gobier?o~ te!fiporales intervengan en la ~1se1phna de la Iglesia, seria lo mismo que citar la O'Uerra de las cruzadas para demoslr~r q' Napoleon I. debió vencer en Marengo y en Auster1iz. (3) (2.)-«Viendo _en _In lnquisicio11 _un tribunal extraordrnario, no han podido concebir algunos, cómo era posible su existencia sin suponer en el l\f onarca q4e le sostenia y fomentab_a, razones (le Estado mui profundas, nnras que alcanzaban mucho mas allá de lo que se descubre en la superficie de las cosas. No se ha querido ver que ca~a cp..oca tiene su espíritu, su modo particular de mirar los objetos, y su sister_na de accion, sea para procurarse b-1enes,. sea para ·evilQrse males. En aquellos t1e,mpos, en que por todos los reinos de l~uropa se apelaba nl l~i~rro y nl fuego~ en !ns cuestiones rehg10sas, en que as1 los protestantes como los católicos, quemaban á sus adversarios, en que la lnglaterrn, la Francia, la Alemania estnban prese11ciando las escenas mas crueles, se ci1co11traba tan natural -tan cen el órden regular la quema de un hereje, que en nada chocaba con las ideas comunes. A nosotros se 110s edzan los cabellos ü la sola i<len de quemará un hombre vivo. Halláudouo~ en una sociednd donde el sentimiento religioso se ha amortiguauo en tal manera, y ncostumbrados á7 vivir entre hombres ·que tienen religion diferente de la nuestra, y a veces ningunn, no nlcanzamos á concebir que pasaba entonces como un suceso mui ordina, io el ser conducrdos al patibulo esta clase de hombres. Léanse empero Jos escritores de aquellos tiempos, y se notará la inmensa diferencia que va de nuestras costumbres á las suyas; se observará .cwc nuestro lc11g11afo tcruola<lo y tolerante húfoera s1uo para ellos. rncomprensible. ¿Qué mas? el mismo Carranza, que tanto sufrió de la Inquisi~ cion, ¿piensan quizás algunos cómo opiuaba sobre estas materias? En su citada obra, siempre que se ofrece In oportunidad de tocar este punto, emite las mismas ·ideas de su tiempo, sin detenerse siquiera en probarlas, dándolas co.. mo cosa fuera de duda. Cuando en J nglaterra se encontraba ni lado de la reina l\Iaria, sin ningun reparo ponía tambien en planta sus doctrinas sobre el rigor con que debían ser tratados los herejes; y á buen seguro que lo hacia sin sospechar en su intolerancia, que tanto babia de servir su nombre para atacar esa misma intolerancia.»-(llALMEs.-«El Prolesla?1lismo compa1·ado con e"l Calolicismo.»-1'. 1.0 cap. 36, fol. 47ü) (3).-No citamos la causa de Galileo, que e~ otro· de los motivos que sirve de argumento conlra el catolicismo, porque es tan manoseada, tan conocida en su historia , que solo los 'vigilistas podrian ignorarla. Sin embargo, en gracia de ellos, copiaremos a continuacion el siguiente juicio histórico de Au gusto Nicolás en su obra «DEL PnoTESTA.."\TISllO ll , capítulo Lcrcero, Pag. 363. «Se ha arrostrado al Catolicismo como un crfmen de leso-r.rogreso pe la~ luces, el haL¡:ir formado ca,{c;a · ·á Galileo y á su sistema astronómico, en nombre de la Esc1'itura, que parecía condenarlo; J rI Prolcslantistno se ha prevalecido de todas las .calumnias que sobre el particular se han esparcido. Mas, aun cuando el heclio fuese cierto con todos los carne~ téres odiosos que se le atribuJen, no ctea poder vrevalcrse de el el Protestantismo; porque este proceso que accidcnlalmcnte y por una mui escusable equivocacion hubiese formado el Sanlo Oficio á Galileo, el Protestantismo lo ha formado en nombre de la Escritura á la eivilizacion entera, bajo el nombre de idolatrla. La destruccion de las basi!icas y de los monasterios, esto es, de todas las olíras maestras, de todos los santuarios de las art~s y de las ciencias, no menos que de la f é No hai pues hilacion lójica en el ar. gumenlo, y lejosdeesto, precisamente porque los Gobiernos temporales intentan tener derechos respecto á la disciplina eclesiástica, esta disciplina no produce sus efectos saludables: precisamente, porque la autoridad láica se empeña en tomar el incensario, el fuego del corazon sacerdotal se vá estingniendo y la llama de la caridad se vá apagando en los fieles. La disciplina eclesiástica es la ~s~resion del espíritu y de los senllm1~nfos de la Iglesia: es la traducc10n práctica del Dogma y de la mora.L ¿Cómo entregarla pues~ manos la1c·as? Los que tal cosa pretenden prueban una jgn?rancia comp.leta de la Doctrina Católica, porque rn todas las leyes de la Novisima, ni los PaY de la piedad, y la proscripcion sistcmatica, la condcnacion fanalica de todo culto sensi~ Lle, de toda expresion elevada J creadora del pensamiento y del sentimiento religioso, como contrario á la Escritura; J esta Escritura sola, trasform:!da en manos de las sectas protestantes como el Coran de un nuevo Islatnismo, ¡distan ciertamente mucho de este desgraciado proceso de Galileo, del cual tanto ca- ·carca el Protcslantismo! «Este proceso es la unica cosa opúesta a la ciencia que se pueda le\'antar contra el Calolicismo , J' esta cosa es una calumnia. La letdad ha por fin penetrado por entre el lu- ·mullo filosófico de que se procuraba rodear !;)sta cuestionj y en el dia sabe lodo el mun~ do el conccp!o que debe formar de esle suplí~ cio de Galileo, de esta prision pe1·pétua, de este calabozo horrible en donde se reptesenla al genio cargado de cadenas, trazaudo sobre las humedas paredes que lo encierran el sistema astronómico del universo. La buena Jé de los ProtestanLes, los amigo.; de Galileo, Ga1;1,,"' ~~!q""º º º ci.uien rn á informnl'.llilS .c;oh-r3 este particular: <Al escuchar los patéticos relatos y 1as re- «pe tidas reflexioues sobre este asunto que se ce lcrn en mil obras,-escribia ya en 1784 el «prolcstanle genoves Mallel du Pan,-el físico 11toscano füe sacrificado á la barbarie de su c, si glo, y a la inepcia de la Oorte de Roma; «la crueldad ~e mancomunó con la ignorancia «para sofocar al físico en su cuna, y no era «dado á los inctüisidores que una verdad fun- «damental de la aslronomla fuese sepultada en «el calabozo de su primer derttostrarlor. ct Es.ta opiniones un cuento. Galileo no fue «perseguido como buen aslrónomó, sino en ca~ «lidad de mal teólogo . Se le hubiera dejado tran- «quilamentc que hiciese caminar 1a tierta, si «no se hubiese metido a explicar la Biblia. Sus «descubrimientos le dieron enemigos; peto so- «lo sus controversias le dieron jueces, y su pe- «tulancia amntgas pesadumbres. Si esta ver- «clad es una paradoja, esta paradoja tiene por «autor al mi sn10 Galileo, en sus cartas ma- «nuscrilas; a Guichardin y al Marqués Nicoli- «ni, embajadores de los grartdes duques en «Homa, y los dos, as1 como los l\fédicis, pro- «tectores, disclpulos y celosos amigos del im- «perioso fil ósofo. En cuanto a los bárbaros «de aqu ella época, los bd?'bat•os eran el Taso, «el Arioslo ; Maquiavelo, Bembo, Torricelli, «Guichardin1 fra Paoto, etc. " (a). (a.) - !lfercut'io de F'tancia, tomo ~H, pág. 141 julio de 178-:t.-La cuestion ha sido 1l_ustrada en el mi smo sentido por ot~o escritor protestante sir David Brewster, m1em~ro ~e la Academia real de Lóndres, en un lthro lltulado los Márt ires de la ciencia.-Pero s~- bre todo quirn ha Lomado otra vez, profundizado J defü1itivamP.nte t~a~ado este asunto, h~ sido nuestr() ilustre amigo el S~- Coi:id~ Alfredo de Falloux, con aquel . ?1scern1m1e~Lo franco e inteligente que no drnmula, !1º d1re. ningun hecho, sino nin,guna razon, ~mguna consideracion favorable á,.sus adversarios, con Lal que sea verdadera, y que ))USC'.1 en esta sinceridad de no olvidar lo mas mmuc10so la a}-1toridad de la ímparcialidad en fav?r de la ultima conclusion: de modo que confunde la rectitud de la couciencia con la dcslreza_del raciocimo. (Vease la fJiografia de. Galileo ~or el señor de Falloux en la c?lecc1on del <,or1·espondiente, n. 0 de 29 noV1embre de 1847). dresde Calcedonia, niSan Gerónimo, ni San Bernardo y demas autori"da,_ des que el Dr. Vm1L puede citar truncando las citas, ó desentendiéndose de los antecedentes hisloricos, serán bastantes jamás para desvir.:. luar la fuerza de este divino pronós· · tico:- «Las puertas del infierno no prevalecerán contra ella» . Y este pronóstico se haria ilusorio, desde que los Gobiernos pudieran intervenir en la disciplina-Con efecto: la disciplina importa la conservaci on de la fé, importa la observancia de las leyes morales. La disciplina . eclesiastica es la que mantiene el órden, la que fomenta la virt.ud y dá la paz que Nuestro Señor Jesucristo vino á importar en el mundo. Si el órden no existe, si la virtud claudica, si la paz falta, culpa es de las soberanias temporales, que desde algun tiempo á e~la parte (~) se han dejádo dominar por la mama de so_- «Resutta de la correspondencia de Guichardin, que lo que motivó la euestion fue la p~e'" tension del mismo Galileo en apoyar su sistema sobre la Biblia, y en querer que fuese no solamente un arL)culo de ciencia, sino en- cierto modo un articulo de fé. «/frigio, dice Gu¡:- ctchardin en sús despachos oficiales, de + do «marzo de 1-616, que el Papa y el Santo Ofi- «cio declarasen el sistema de Copernico funudado solwe la Biblia ..••• Galileo, añade, pone tcetl todo·eslo un empe.ño exlraordjnario yha- «ce mas caso de su opinion que de la de sus «amigos, etc.,, Aqul teneis, pues, las causas de la condenacion de Galileo. Veamos ahora, en cuanto a. su suplicio, como lo refiere el m.ismo,: «El Papa me crei¡i d-igno de su estimacion.•.• t1Fuí alojado en el delicioso pa,lacio de la Tri:- c,nidad del ~lonte .••• Cuando llegué al Santo r,Oficio, dos jacobinos me invitaron co·n lamarij•ot urbánidad á hacer rrii apolog\a. ;.. Yo es-- «taba obligado a rell'aclar mi · opínion, como «buen católico. Para castigarme, se me pro- «h ibieron los diálogos, y se me despülló des::. «púes de cinco meses de permanencia 'e~ Ro... ,,ma. Como la peste reinaba en Florencia, s~ «me destinó por habitaeion el palacio de n'i1 «mejor amigo, monseñor Piccolomini, Arz~o- «bispo de Sena, en donde he gozado de p_l~~~ «sociego: hoi me encl\éntro en mi campu~a «de Arcetra, en donde respiro un aire puro ctcerca de mi querida patria.,, (Carta de Galileo al P. Jleceneri, su discipulo.) 'tal es la verdad acerca del suplicio de Galileo, y acerca las causas oe su condenacion. (4).~Cuando Constantino dió la paz · á• la Iglesia, se so_meUó A ~!la no solo .e~ el órd,~ Dogmático y Moral, smo en el D1~c1plinar. Buena prueba de esto es la hum1~~e a~t1tml con que se presentó ante _el Conc11to ~,ceno y las palabras de venerac1?.n . y respeto que ditijió a los Obispos. Su h1Ja C~nstanela, ~o-- fluyó en su animo para. convertirlo al arrianismo (herejia que, e~tonces grasabaJ. ' Co~ tal motivo, se estráhm1tó ,al.gun~ vez, preten diendo dominar a la Iglbs1a. ¡Siempre la h~- rejia siempre la impiedad, esplotanc''o la mtseria1 del corazon de los Sober'.1nos! Mas, e._ntrelanto; Constan Lino comprendió que la _sociedad se desmoronaba y qlie le era pr~c!so un auxilio especial para salvarla de su ruma, Y. ese auxilio fúé la Iglesia Católica. La llamó puesj no al seno de los pu_cbl?s, porque ya se hallaba cuatro siglos hacia mcrustad~ e~ ellos sino al TRONO para que lo robusteciera; al 0 ;den político para que lo salvára de. la anarquía que lo amenazaba; al ~rden soe1al para c¡ue ejerciendo en él Ampliamente su m~ fluencia benéfica, lo sacara. del c~oz ,e~ que lo tenia sumerjido el PagamsD?,O· ¡Ay. ,cuan ingratos son para con la Iglesia, los que pretenden esclavizarla al _poder tempor~!, so pre: testo de que -Constant1110 ·«fué .el PI!mer So "hernno que la elevo á gerarqu1a social y p~- "lílica concedicndole Lodos los fueros .Y pr,- vilecrios de que ha go-:.ado.,, La Igle~1a sa-: "ó á las sociedades nioderhas del ~ataclismo _q las amenazaba, desde que acced10 á la su7 r de Constantino para figurar en el órd_en P ~R~ico. y no faltan escritores modernos ¡mp t I que le echan en rostro es~ ~tr buena ~~~u~tad, para humillarla y desprest~g1arlal ¡~o f ltan quienes digan que «la Igle~1a ha rec1- b ºdo derechos graciosos del Estado, y no ésla "d~ aquella"! ¡La ignorancia ó la humana ~iseria, son las unicas causas de tant~ ~bcrracion!
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