como ultima y roas formidable arma, apelais al (que para vosotros es principio)- rLa Iglesia esta en el Estado». Como si dijerais, la Iglesia tiene (Iue hacer lo que el Estado quiera, tiene que obedecer y callar, porque es esclava. Ah! no, jamás consentirá la Iglesia en aceptar un título tan humillante, y menos creado por vosotros los que os titulais apóstoles de la libertad, los que haceis gala 4e haber abolido la esclavitud. ¡La Iglesia esclava hoi, cuando no hai esclavos en el mundo civilizado! ¡La Iglesia, esclava de los que otrf> tiempo, siendo esclavos, nacieron á la libertad por sus esíuerzos maternales! ¡blasfemia! ¡ingratitud! ¡infamia! XXII. Para robustecer lo anteriormente clicbo, vamos á trascribir las sérias ,y elocuentes re:flecciones del muí ilustre y muí digno Monseñor Cle- ~enle Augusto Arzobispo de Coloma, una de las víctimas del libe- . rnl1:smo y de la tolerancia de los Gobiernos actuales. «¿QUÉ ES LA IGLESIA?-Se dice: es una sociedad, una soci'edad en el Estado é la manera de las sociedades industriales de los caminos de hierro ó. de la navegacion por el vapor, soe1e~ades enntuales, efímeras, que necesitan de la sancion del Soberano para existir ellas y sus estatutos, y que con un simple decreto puede disolver y reducir a la nada la autoridad soberana, » Dlcese tamhien que es nnn ~ociedad que se congrega y .se re~me para celebrar el culto divino en comunidad, y que no se echa de ver luego que sale de sus templos y ha cesado de cu~plir este deber. » Muchas veces se la confunde con otras sociedades que se 1'tan separado de la Iglesia catolica, y que al tiempo de su cisma se echaron por necesidad en brazos de los Estados; y algunos hasta se atreven á señalarla como. un~ inyen~ion utilísima y como una rnsbtucion de policía mui ventajosa al Estado. ,. Entre todas las sociedades religiosas ~e las que. se han separado do la Iglesia, no hai una $Ola cuyo inventor no sea tan bien y tan generalmente conocido como la época de la separaci?n: Mas, por otra parle, !e sabe_as1m1smo y de una manera no menos terminan te quién edificó la I!flesia católica. Y ¿quién es el glorioso _funda~or de esta Iglesia indestructible; smo el que dijo: «Tu eres Pedro, J: sobre esta piedra edificaré yo mi Iglesi·a, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella?» -(Mat. XVI,. 11). • » Y ¡que! ¿ estará la Iglesia católica dentro del Estado? La Iglesia que en la extension no tiene otros límites ·que los del universo · que en cuantoª.~ tiempo no cqnoce' otros q' la durae1on d~l mundo, que no tiene otra vocac1on ni otro fin que recibir en . -~ª vasto seno á todos los hombres:· príncipes · y ·súbdi.t~s, y abrazar como una madre tierna y fiel á todos los pueblos de la tierra· la Iglesia católica cuya mano mater: nal ha recibido obligacion y potestad de confundir en una bendicion coro.un á los hombres y todas sus instituciones, ¿será una sociedad dentro del Estado? Esa Iglesia uní-· versal que se ha extendido por todo el mundo contra la voluntad de los príncipes y en abierta conlradiccion con sus leyes políticas, 1ero obediente á la voluntad de aquel á quien fué dada toda potestad en el cielo y en la tierra y que edificó la misma Iglesia; ¿no será mas que una sociedad dentro del Estado? Sin duda será denÍro de los estados, cuyo orlgen b.o sube mas que á una época en que había ya muchos siglos que la Iglesia cubría el universo de sus flores y frutos. · » ¿Será dentro de esos estados que estrechamente circunscritos en algunas partes de la tierra se separaron de la Iglesia universal en cuanto a la religion de sus soberanos y una porcion de sus subditos, abandonando la casa de su madre y pretendiendo que nunca la habían tenido para justificar un aban<lono tan desnaturalizado? ¿O acaso la Iglesia universal se dividirá á la manera de las confesiones disidentes en porciones territoriales desigualmente circunscritas dentro de los límites mas 6 menos extensos de los estados? Así, esta Iglesia única, porque es universal, se incorporaría á las instituciones políticas que se llaman estados. El reino de los cielos sobre la tierra~ ese reino que no es de este mundo y que no se instituyo para él, ¿sé subordinaría á los reinos que no existen mas que en el mundo y para el mundo? Lo na perecedero ¿vendría á ser patrimonio de lo que es perecedero por su naturaleza? Lo inmutable ¿ligaria su eterno destino con lo que bajo mil formas y en mil circunstancias está esencialmente sujeto á las variaciones de los tiempos, de los sucesos y de los caprichos de los hombres? La Iglesia, depositaria y conservadora de lo que es eterno, ¿se confundiria con los estados, que no tienen que conservar mas que lo que pertenece á la tierra y al tiempo'> (1) >> Perseguida por el. hierro y el f~ego, mas á menudo y mas artificiosamente combatida por herejías cu.?as diabólicas argucias descubren su mfernal orlgen, contristada mortalmente por los crímenes y los escánda_los de sus propios hijos, calummada, ultrajada, infamada, blasfemada, oprimida, violentada, atada en cuanto es posible y aprisionada, saqueada, despojada de sus mas sa- (1). -Sin duda aquellos para quienes el hec~o de. la institucion divina fuese puramente h1potét1co, no se resislira.n á una demostracion que nos atrevemos á llamar matemática. L_a e.xten~ion actual é incontestaLle de la Igle• sta catoltca demuestra que es una institucion có~mica que abraza 6 debe abrazar el mundo, m1~ntras que los estados forman instituciones parciales, tanto menos durables cuanto mas se extienden, segun atestigua la historia. Hacer pues entrar la Iglesill en el Estado 11eria colocar el todo dentro de la parte y pretender encerrar el Océano en un estanque. Lo que es relativamente mas pequeño no puede contener lo que es relativamente mas grande; Y que se nos señale un imptnio mas dilatado que la Iglesia.~(N. del T.) gradas instituciones, que uno_s antepa~ados mas piadosos fundáran para bien de la humanidad, da testimonio a la verdad cuya custodia le está fiada, á imitacion de su divino esposo y con sus mismos tormentos: nodriza y conservadora de la verdadera ciencia y de las bellas artes, destúzada el for1na1· la juventud y encargada de la educacion de 1-a humanidad, es la fiel depositaria de la palabra de amor y de verdad. Guiando sin cesar á los hombres que no rechazan su mano caritativa, bendiciendo á cada uno de ellos desde la cuna ha sla el sepulcro y aun mas allá, abrazando a un tiempo todos los miembros de sus partes, triunfante, militante y paciente, civilizando á l6s pueblos salvajes y poblando los desiertos, inaccesible al temor, poderosa por sus bendiciones, . _Pe~o, se nos repli~a y ¿qué quereis? ('gque la República se convierta en co1~~IA clel Papa? ¡Por Dios! ¿es posible que en el ultimo tercio del sig~o XIX exista una cabeza de s~r racional, q' siendo católica conciba tal clesati_n?? ¿cónque porque • en el ord_en_ espmtual pertenecemos, c_omo cristianos, á la Iglesia católica, tenemos que ser colonos del jefe de esla Iglesia en el órden tempora~?. Oh! ¿en dónde estamos? ¿quis a-~dibu~ it1nquarn tale? ¡Santo Cielo! discurr~r así, y correr el peligro de ser mui pronto encerrados en la casa de Orates, equivale á una misma cosa. Por honor de la razon no podemos concebir que los que de tal manera se espresan, abriguen de buena fé una sospecha tan necia. santa todavi a y sagrada para los corazones de millones de hombres diseminados por todo el mundo, grande y gloriosa á los ojos de los potentados, revestida de una autoridad tan extensa que ella sola basta para todo, porque sola ella tiene su raíz en la fé, y por consiguiente cualquier otra autoridad se ve forzada á tomar de ella el principio de su estabilidad; ante ella han pasado y pasarán aun una multitud de estados, naciones, conquistadores y héroes. Ella es la ciudad antigua é inexpugnable construida sobre la roca, á cuyo pié vienen á estrellarse las olas furiosas del Océano del mundo. con sus espantosos bramidos, que agitan y embravecen las puertas del infierno; mas la impura espuma de aquel mar tempestuoso se disipa como la arena que levanta la tempestad del desierto: prefigurada por ~l arca de Noé, casa de Dios (I ad T1m. III, 15), cuerpo del Señor (I ad cor. VI, 15, XII, 12 á 31). » ESTO ES LA IGLESIA. Esto es la Iglesia catolica romana unica que edificó Jesucristo.» ' XXIII. ~º. 'faltan católicos que todavia h01 sm rubor alguno se atreven á citar contra la independencia de la Iglesia á canonistas como Cabalario y á regalistas como Solorzano. ·¡Ci~ tar á Cabalario, cuya obra de 'Derecho Canonico eitá condenada por decreto de 27 de Eneró de 1817 ! ¡Citar á Solórzano, cuya POLÍTICA INDIANA fué asimismo condenada por decreto de 11 de Julio de 1642! ¡Por cierto que es un medio ele defensa peregrino!-¡emplear el testimonio de enemigos para fallar en una causa! Y entretanto ¿nada vale la mayoría de los canonistas catól~s? ya se ·ve: desde que son Papistas son RETRÓGRADOS, son oscuRANTISTAS'. son .... cuan to se quiera. -Cabalano fue un sábi'o, y Solorzano un Jéniºo, precisamente ·porque el primero, como b1 uen jansenista, atacó los derechos del Papado, y el segundo, como excelente RegaNsta, aduló al poder temporal. No se puede negar que la ,h·bertacl progresa, y que la cli'gn:z'dad hu1?11Jana va ga:uanclo inr-nensarnente con el tal liberalismo. ¡Di~s-; s~a benditoi ·t. ..· XXIV. Para apoyar la doctrina del Patronato como inherente á la soberan~a, n_o faltan quienes ocurran á la historia, rebuscando en ella HECHOS que prueben el DERECHO de tuicion y de suprema inspeccion de los soberanos respecto de la" Iglesia-¡como si los hechos probáran el derecho! ¡como si el carácter sagrado de~ derecho natural pudiera ser esph?ado por los caprichos y ]as miserias humanas! Revisemos algunos de esos hechos. XXV. Leon Tracio, sucesor de Marciano en el imperio de Oriente, apenas elevado al trono, quiso darse una importancia estraordinariá, como suelen dársela los soberanos que, no comprendiendo su mision, se envanecen hasta creerse dioses l> hasta decir como Luis XIV-El Bsta- · d? soi yo.» Hacia gala del Catolicismo, pero entretanto, desde el principio de su reinado volvió á levantar la cabeza en Egipto el partido de ~utiques. «Un monje, llamado T1moteo Eluro en entredicho :r,or ~ausa de su apego á la hereJia, Juntó en las cercanías de Alejandría una turba de sediciosos ganados por el oro; entró en la ciudad á su cabeza, é hizo matar en la Igles~a misma al santo patriarca Proter10, cuyo cuerpo fué arrastrado por las calles, entre gritos del populacb_o. Timoteo ejílr?ió entonces pú. hhcamente las funciones del episcopado en Alejandría. Anatematizó al Concilio de Calcedonia y a todos los que le recibían, esto es, al Papa San Leon, á Anatolio de Constantinopla y á Basilio de Antioquía. Tod?s l.os obispos cat?licos de la provrncia fueron arroJados de sus sillas, y reemplazados por hechuras del intruso. J ulian de Cos, legado del Papa en Constantinopla, participb tan horrendas noticias á San Leon. 'fimoteo Eliwo y sus partidarios se habian dirigido al Emperador Leon Tracio para log rar la convocacion de un concilio, destinado á revisar el Calcedonense. El Papa se opuso vivamente á esta fechoría de los herejes, y todos los metropolitanos de Oriente la reprobaban igualmente. «Nunca acabarían los desórdenes si » se renovasen las discusiones al ca·
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