La Iglesia puneña : órgano del gobierno ecleseástico de esta diocesis/Título posterior : La Iglesia Puneña periódico semanal. órgano ofial del gobierno eclesiástico de la diocesis(desde N°37)/Título posterior: La Iglesia puneña: publicación eventual. órgano de dcoumentos, doctria y hechos (desde n°180) - Año Nº1-18,/Nº19 Ene 12/Año 2-Nº2/Año 1,Nº3/Año II-Nº 23-51/Año III Nº52-79/AñoIV Nº 80-99/100-116/ Año V-117-136/Año VI 137-148/Año VI Nº149-172/Año VII-Nº175-184

siásticas son inferiores en valor o sea en su fuerza obligatoria respecto de las leyes civiles, tanto mas, cuanto que la Iglesia tiene ~l ejemplo ,de , Nuestro Señor Jesucr1slo, que no se irritaba po/ una advertencia moderada que se le Mciese. Que la lei eclesiástica tenga menos valor que la lei civíl hasta -el punto de reservar toda la veneracion para la segunda, acumulando todo desprecio para la primera, es una leoría que solo puede·-pasar por verdadera y legUima en los países protestantes; porque entre los católicos -semej ~n le principi? es _calificado, cuando no ae absurdo, de uot_able apostásí?; y la razon es muí sencilla: ya la hemos apun lado en el párrafo anterior. Ocupémonos ·ahora solamente del argumento de hecho que se nos 0~ frece con ·el _ejemplo del Salvador. m. Decir que Nuestro Señor Jesucristo necesitaba se le hiciesen advertencias, es el colmo del ridículo, par no decir de la locura-¿Cuándo y por quiénes se le hicieron estas advertencias? ¿Merecen acaso tal nombre las capciosas preguntas de los fariseos para c.ogerJe en sus misma$ respuestas? ¿O se llamarán ad• vertencias hechas á Nueslro Señor, las acusaciones que los falsos t~stigos,. seducidos por los mismos fariseos; le:_ hicieron ante Pilatos para perderlo? La lectura detenida del Evangelio no nos ofrece mas datos en la presente materia. ·Y luego, es ~reciso tener en cuen la el pro1:tlQ..do i:e~peto que-inspiraba el Salv-iidor, no solo a sus discípulos, sino aun á sus mismos enemigos. Ya se -vé, los fariseos de hoi son mas a_üdaces que los de aque-llos tiempos. No se puede -negar que la libertad dH pensamiento prqgresa á paso rá• p,tdo; ¡ lo triste, ·lo desconselador. es que tal progreso, luchando á brazo partrdo co11 la verdad, acabará mas ~arde ó mas temprano por dar muerte á .la ' in-teligenéia! ·J,V. Ilái : _q:uienes 'di,cen tambien que lqsrqerechQs·foherentes ,-al ,Patrona..:. to ~deb~n ·mar,earse ·por -las decisiones y pQr -ln -voluntad del mismo -PatroQo. __ Bella, liberal y magnífica · -tea ría, por cíerlo, la que reune en -u,na s<;>la persona los cara<~leres dé Juez -y ·de parle. · DocLrina coroodisima, porque con ella, desde que seamos miembros con privileg.ios en algu-na asociacion, ya podemos alzarnos, como-se dice vulgarmente, con el santo y la limosna, otorg~ndonos los derechos que mas nos agraden. Hablemos ahora de nuestra especial s-iluacion. ¿Será ver<lad qtte al independizarse el Perú del coloniage, heredase no solo las prerogalivas Y derechos relativos al orden temporal, como justa y racionalmente debe conc~birse, sino que tambien absorbiese, á guisa de herencia, los derec_hos grac,iosos concedidos por la Igle$ia á los soberanos españoles en ~l orden espiritual? El Peru, al conquislar suaulonomfo , no pretenLA IGLESIA PUNEÑA. dió ser autónomo tambien relativamente a la Iglesia Católica: tan lejos de esto, que en todas sus Constituciones se reconoce miembro de la gran sociedad que se llama El Catolicismo. La autonom1a del orden espiritual absorbida por el Estado, es el _prim:legi·o de las sociedades prolestantes, porque en ellas el Rei es Soberano temporal y Pontífice espirilual á la vez; como si dijéramos, el soberano ejerce derecho de mando hasta en las conciencias, y el Perú aun no se ha protestantizado. No es pues aceptable en buena lógica la trasmision de derechos en el orden espiritual, como consecuencia de nuestra emancipacion en el orden político. Y. En la historia del cristianismo se ofrece un fenómeno, que rogamos á. nuestros léctores no lo pasen desapercibido. La- Iglesia fué perseguida al nacer, mas esa persecucion no pudo doblegarla: tan lej0s de esto, que, como decía Tertuliano, la sangre de los ·mar tires era una semilla fecund1sima de la que brotaban millares de cristianos. Las heregias Jesplegaron un artificio verdaderamente diaMlico para perderla; y por no hablar sino de las dos que se han ofrecido como mas universales y mas imponentes, á saber -el Arrianismo en el siglo IV y el Protestantismo en el siglo XVI, notamos que ambas heregias MONSTRUOS, con toda su pujanza debida á la PR0TECCION de los Gobiernos, con su inmenso apre5lo de guerra, y sus ataques bruscos, han tenido que cantar la palinocli·a, mas tarde 6 mas temprano, reconociendo su impotencia para dar en tierra con la Iglesia Católica. Ni todo el influjo de Constancio y sus demas sucesores en el trono baslaron para dar vigor al arrianismo; ni todd la audacia insolente de Enrique VIII y de los reyes de Alemania fueron su.ficienles para descalolizar al mundo. Lo que prueba, que aquellas heregias, re~o~ociéndose incompetentes para m1poner la fé qite no llevaban cons,igo, creyeron ¡ilusas! sacar de la proteccion de los Gobiernos la fuerza necesaria para establecer su procelilismo. Hé aquí el por qué de sus miserables adulaciones al poder temporal, y de la autoridad omnímoda que le otorgaban sobre los asuntos religiosos. .Mas, entrelanlo: ved á la Iglesia Católica, irradiando siempre libertad é in<lepenclencia: vedla luchando con tanto enemigo que ele contínuo la ha perseguido: colocándose de frente a11Le los Soberanos temporales,, para hablarles el lenguaje de la verdad, sin disimulo, sin ambajes, sin temor de herirlos en su delicadeza cua udo es tan, pura ella, de por medio los intereses eternos: yedla derramando la sangre de sus hijos en los desiertos abrasadores del África y del.Asia, esperimentando el ostracismo con todas sus horrorosas consecuencias en la Polonia, en la Prnsia, en la Alemania y aun en la misma Améri<:cJ; sufriou<lo con 1idalg_a firmeza ~os in~ultos, los desprecios, las v10lencias que hoi emplean la mayor parte de los Soberanos para obligarla á que doblegue su serviz, á que se humille y á que se arrastre como vil insecto ante las gradas del Poder, so pena de no obtener las pocas migajas de pan que suelen arrojarle, aunque con desden, los que se titulan sus protectores. Ahora bien: este hecho, ó mejor dicho, esta serie de hechos, es insólito en la historia de la humanidad. Para los católicos nada mas fácil de esplicarse: la Iglesi·a Catóhca es de origen divi·no; las _rruertas del infierno no pueden prevalecer contra ella, con esto se ha dicho todo. ¿Cómo nos esplican este fenomeno los enemigos del catolicismo? ¿Qué nos dicen para hacerlo inteligible los que, tiernamente apasi·onados por la veneracion que se merecen los fueros de l_a República, se empeñan hoi, mañana y siempre, por persuadirá la Iglesia Católica de la necesidad en que se halla de sorne terse en todo á las leyes civiles, aunque sea con mengua de sus propias leyes, de su dignidad y de los intereses de la conciencia? VI. Mucha gracia nos hace el juicio de algunos que creen (suponemos que esta creencia sea .de buena fé) que los derechos del Patronato mayestático o nacional, son 1,'nkerentes á la soberan1a: esto equivale a decir que todo Soberano es Patrono de la Iglesia, por derecho natural. Así lo serian sin duda _Neron"' Dioclecia• no, Maximiano &., porque ·desde que fueron soberanos se hallaron espedi tos en el uso de sus derechos. Y buenas pruebas nos dieron, por cierto, de su Patronato. Quedarán pues justificadas todas las persecuciones hechas á los ·cristianos en los tres primeros siglos, y por lo mismo deberán ser legales los ataques de los Gobiernos de hoi contra la Iglesia, con la diferencia, no pequeña por cierto, de que hoi, gracias á Dios, no suelen antojarse los soberanos, de mandar . a los Obispos ni á los fieles á los leones ó á las hogueras, 6 de revestirlos de ·pez, para que alumbren un circo. Cuando mas un destürro, un atropello, una vi'olenda, para exijirles lo que no les es dado hacer en conciencia: eso NADA V ALE; son cosas PEQUEÑAS q·ue nad{t únportan, y sobre todo, cuando los Gobiernos, en su CALIDAD de Patronos por DERECHO NATURAL, tienen facultad para hacer mucho mas. ¿De dónde puede partir lan peregrina teoría? Aquí tropezamos como siempre con el protestantismo. VII . Pero avancemos mas. ¿No fuó Nuestro Señor Jesucristo el fundador de la Iglesia Católica? ¿y de qué lugar del Evangelio consta <¡ue el Patronato sea de derecho natural? 6Será de aquel en que dice- «Dad al César lo que es del Cesar, y d .IJios lo q' es de .lJiOSJ>? Mas ¿y quién interpreta estas palabras dándolas un seuticlo tan violento? Del mismo conleslo del Evangelio se deduceque Jesucristo, con una moneda en la ~ano, despues de preguntar de quién era ese retrato que en ella se hallaba, la · devolvió diciendo las palabras citadas. Luego Nuestro Señor solo quiso decir: dad á los soberanos temporales, lo temporal; mas ]a conciencia, los intereses del espíritu, á Dios. No lo quereis en- !ender asl? ¿quereis separaros de la mterpretacion sencilla, genuina, aceptada por todos los cristianos de todos los tiempos, para rendir culto al comentario interesado y malicioso .hecho por algunos enemigos de la Iglesia Católica? &ea en buena hora, pero tendreis que aceptar las siguientes consecuencias; escuchad: Si el patronato es de derecho natural, la Primacía de Pedro está de mas en la organizacion de la Iglesia, y no solo demas, .sino que sirve de tropiezo para su mar· cha conveniente; luego la Iglesia tampoco es de origen divino, puesto que deben intervenir en su régimen y en sus delerminaciones, las órdenes, los vetos de la autoridad temporal, á la que nipalabra ha dicho Nuestro Señor q_ue pudiera servir de garantla á los fi.e- . les, para escuchar su voz en materias religiosas. Y luego ¿cómo suponer que la Iglesia sea fundada por Dios para salvar á las almas, ~i la eoncebimos sujeta á todas las peripecias de la política, á toaos los. an· tojos de los soberanos, á todos los caprichos de las pasiones ·populares? Admita pues el que quiera, en buena hora, que el Patronato es inherente á la soberanía (que la libertad de pensar se presta para TODO),- pero á condicion de renunciar al Catolicismo; porque el mas ligero conocimiento que se tenga de lo que es la Iglesia Católica, jamás podra amalgamarse con una teoría tan opues ta á su constilucion. VIII. 6Quien será capaz de entender á los que combaten á la Iglesia Católica so pretesto de respeto á los 0-obiernos? Podemos afirmar con toda seguridad, que ni ellos mismos se entienden. Los unos piden con entusiasmo el divorcio entre la Iglesia y el Estado; los otros quieren la sujecion de la Iglesia al Estado. Los primeros no quieren Iglesia, es decir, REL1G10N: los otros, por el . contrario, quieren Iglesia, pero la quieren sin decoro, sin dignidad, sin sello d1vino que determine su naturaleza y sus derechos, en una palabra, sin ind~pendencia.: es decir, que solo qmeren un srnrnlacro de Iglesia, no la Iglesia verdadera; quieren un quid pro q.uo de Iglesia, y esto para que sirv~ en ºP?rtuni:lacles dadas , ele med10 JJOhtico á fines particulares: !os que así_p~ensan llevan su entusiasmo rehg10s0 hasta la exageracion, hasta revelar en fal 6 cual circunstancia, un zelo porla Religion, q' ni el mismo Santo Padre lo tendria: ¡lástima gue ~ea basw.rdo en su orígen y aphcac10nes l Pero el resultado siempre es el mismo: ,,LA GUERRA DECLARADA AL CATOLICIS1101 EL I~-

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