La Iglesia puneña : órgano del gobierno ecleseástico de esta diocesis/Título posterior : La Iglesia Puneña periódico semanal. órgano ofial del gobierno eclesiástico de la diocesis(desde N°37)/Título posterior: La Iglesia puneña: publicación eventual. órgano de dcoumentos, doctria y hechos (desde n°180) - Año Nº1-18,/Nº19 Ene 12/Año 2-Nº2/Año 1,Nº3/Año II-Nº 23-51/Año III Nº52-79/AñoIV Nº 80-99/100-116/ Año V-117-136/Año VI 137-148/Año VI Nº149-172/Año VII-Nº175-184

N ANO IV. PUNO, JUNIO 20 DE 1869. No 9 2. ~!!!l!!!!ll'!!!!l!!!l!!!!!!!!!!!!l!!l!!!!!!!!!!ll!!!!!!!!!!l!~~ , !!!!!!!!!l!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!l!!!!!!!!!!!!!!!!l!!!!!!91!11!!!!!!!!!!!~!!!l!!!l!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!~!!!!!!!!!!!!!!!~!!!!!!!!!!!l!!!~~~!!!!!!!!!!!!l!!!!!!!!!l!l!!ll!---·- -'ª~x JgtcsiriJ fnñtñtt:, Puno, 20 de Junio de 1869. Tócanos la satisfaccion de ofrecer á los fieles, el ejemplo dado por parle del Venerable Cabildo Eclesiástico y Señores Curas llamados ·por S. S. IHma. nuestro digno Pl'el~do, con los ejercicios espirituales que han hecho en el local del Co- _l~gio Seminario, cumpliendo así lo dispuesto por las ((Constituciones . Sinodales» . d~ la Diócesis, que manda se hagan tales ejercicios anual:. . mente. La otra part_e del Cabildo _y seño~es Curas que faltan, cumpliran con _este sagrado' y . edificante · deberá principios del mes entrante. La . apertura s_e verificó en la noche del 12, y 4oi e:r;i la mañana, S. : S. _Ill_ma. r~partió la Sagrada Eucar1slrn a los venerables ejercitantes, en el santo sacrificio de la Misa que celebró con esle fin, despues de la esposicion del Evangelio, y ·habiendo terminado .c.on JID. .solemne Te .Deum. Mucho conmovió lan aug~sto espectáculo, y nosotros nos sentunos trasportados á los primili- _ vos tiempos del Cristianismo, en los que, como· hoi, los sacerdotes ocupahan el primer rango por su virtud, ejemplo y práctica constante de la frecuencia de sacramentos, llevando al terreno de los hechos los su_blimes preceptos evangélicos. Ho1 que el hasllo por las prácticas religiosas1 mina las familias y las sociedades, es absolutamente indispensable q' el sacerdote se coloque como centinela avanzado en el campo_de la mo1·al evangélica, señalando con una intachable conduela y alta ciencia el camino por donde los fieles deban seguirlo con paso firme y mesurado. Es de primera necesidad q' lo , q' .enseña desde la Cátedra del Espíritu Santo, lo realice en sí propio, para no ser la piedra del escándalo ni un mero encomiador ó porlador de la doctrina del Evangelio. Los ltechos contestan al preseule en nuestra Diócesis, ú los injustos cargos contra el sacerdocio, medianLe el heroico y abnegado esfuerzo ele nt:~stro infatigable Prelado; que por crerlo ofrece iodos los caracteres del lmen pa-s tor. Por ahora nos eircunscribimos á poner la lista nominal de los señ-ores s~cerdotes que han hecho, los ej,e'l'- c1cios espirituales: ,·cncrablc Dcan Dr. D. José D. JI11crla. Sr. Canónigo Dr. D. Mariano Hamo~. Idcm. Dr. D. Lucas Toro. PERIODIC.O SEitlAN AL. ORGANO OFICIAL DEL GOBIERNO ECLESIAST.1.CO ·DE LA DIOCESIS. Sr. Cura Dr. D. Manuel E. Lasleros. Idcm. D. Francisco Molina. Idcm. D. Francisco Bonatti. Idcm. D. Juan de Dios Cuenlas. Idem. D. Pedro Zenteno. Idem. Dr. D. Mariano Solano. Idem. D. Pedro Trillo. Idem. D. José Jesús RenjcJ. ldem. ú. Bias Cordova. Idem. D. Tomás Lechuga. Idem. D. Francisco l. Pinto. Idem. D. Federico Carpio. Idem. D. Manuel Pasccual Escalanle. ldcm. Frai Manuel Zamalloa. ldem. F. Pablo Salcedo. Idem. F. Mariano Bengoa. Idem. F. Manuel Cazorla. ldem. F. Juan de Dios Canal. ldem. F. Pascual Riva-Lopez• ldem. F. Francisco Reyes. Presbítero D. José Babia. ldem. D. Hilario F. Pmo. ldem. D. Miguel H. Castillo. ldem. Frai Jacinto Uniharri. Diácono D. Mariano W. Enriquez. Minorista D. Felipe Cabrera. ldem. D. Enrique Calderon. ldem. D. Telésforo Arce. Hace tiempo que la sociedad se resiente de un mal, que tiende a su inevitable ruina: e.~te :mal, .:J)Or aesgracia narto _frecuente, es el sistema desacreditado de dogmatizar ~ob~e_materias religiosas por cada mdmdu~, sea en publico ó en privado, sm temor de herir los principios de la moral, y hasta de escarnecer el buen sentido. Gracias al protestantismo, hoi _presume Lodo hombre tener la competencia y maestría necesarias para decidir c~esliones religiosas de importancia; y esto, aunque sea apropiándose trabajos ajenos, por via de los mas clásicos plagios. La conLraccion y estudio metódico, es una indispensable condicion para ocuparse de toda maleria especulativa y práctica; y al que el siglo XIX lo advierte falto de tal requisito previo, sosteniendo un principio, una práctica, y lo que es mas, solventando dificultades y decidiendo, lo repula un sarcasmo de la civil_izaci?n, y no larda en irnpone_rle s1lenc10 perpetuo. Mas, esta nnsma c~ntraccion y estudio, queda proscrllo para }os que, quizú sin conocer mas qne la cor(eza del catecismo cristiano, atacan toc1o principio catolico, llevando en pos lauros d~ una victoria quo los convierte en ciegos voluntarios. Lástima causa leer escritos y escuchar discursos soh1:e materias religiosas, lanzados al aire, apoyados en sofismas artificiosos, y lo que es peor, lomados de autores estraviados, aun sin · 1a origin~li~a_d de alguna idea nueva, algun JU1c10 recto, 6 un raciocinio bieu comlJinado. . Maestros, los hai para toda ciencia y arte, que á fuerza de estudio y trabajo llegan a esa altura, para da!' lecciones con acierto pública y privadamente; pero en religion, que es la ciencia de las ciencias, nadie se encuentra en el caso de emprender trabajos sérios, todos y cada uno son maestros y doctos. Se lee un b?en 6 mal libro, se acepta su . doctrrna; eso sí, consultando en lo posible lo que halague las pasiones ' y las ideas sugeridas por el mundo; y hé aquí convertida una cabeza en eloouente personificacion de la ciencia religiosa: he aquí un apóstol de la libertad, de los sagrados fu~- ros de los gobiernos temporales, del progreso, de la civilizacion. ¿Puede darse un mayor despropósito? La sociedad, en su parte sensata no se alucina con tan solemnes far~ sas; pero la mayoría, compuesta de hombres sencillos, bebe las ao-uas cenagosas salidas de fuentes in~un. das é impuras. - No son las cuestion~s religiosas, y mas que todo las religioso-sociales, tan fáciles, que con un estudio descarnado y frívolo, se puedan Lra· tar á grado del que se propone tocarlas: ante lodo, conviene haberlas estudiado por mucho tiempo, con buenos libros, con conocimiento regular si no profundo de las ciencias eclesiásticas, de la hisloria y de una sana :filosofía. La Religion Católica, que ha engrandecido las ciencias y las artes, exije, no un homenaje ciego, sino racional: ella ofrece sus dogmas y pura moral á la luz de la sana razon, apoyada en todos los ramos del saber humano, como que . son_ sus hijos, alimentados por su savia. No es enemiga, sino protectora del principio de autoridad, así como de todo lo que coccierne al amor patrio y demas sentimientos nobles del corazon humano; pero re~uce y mantiene en sus justos límites, cuanto elemento es indispensable para el individuo, la familia y ~a sociedad; siendo genuina y umversal su benéfica influenc:ia. Abraza, pues _, la doctrina católica un_ vaslísimo terreno, ¿y podrá cualqmera abordar sus cuestiones y dificultades? Necia presuncion seria, la de el que con solo la lectura de la ciencia médica, quisiera disponer de la vida de sus semejantes; pues, aun es mayor la de aquel que con solo bosquejos de las altas ciencins eclesiásticas, dispone de los conocimientos en materia de religion, propinando á las sociedades un veneno que no lo advierte, porque en él ha producido su mortífero efecto. _Es~e extravío, supone dos causas prrnc1pales, una ignorancia atrevi• da, o una mala fe; y no sabemos Á la verdad cuál sea de peor condicion; porque una ú otra producen un inis. mo efecto, Ja tendencia á la diso• ciacion; que nosotros propenderemos á conjurar, ya dando la voz de alerta, ya oponiéndonos á los progresos del error. PE!'WSAIIIENTOfi 1!i1UELT08. l. El hombre, compueslo suslancial de alma y cuerpo, tiene por esto mismo necesidades, no solo materiales sino espirituales. Las prime.-. ras, natural es que sean consideradas por su orden jerárquico, con subordinacion á las segundas. ·Antes que el cuerpo es el alma. Antes que los intereses del tiempo estan los de la eternidad. Ahora bien: el orden espiritual tiene su autoridad, sns leyes, e&mo las h.-en-o--elorden temporal. La Iglesia tiene sus fueros, como los tiene la Repú• hlica. Mas, en uno de esos casos en que se produzca lo que los jurisconsultos llaman conflicto de deberes: en una de aquellas circunstancias (que por desgracia ocurren hoi con frecuencia) en que la Iglesia afirma lo que el Estado niega y los Gobiernos legislan atropellando bruscamente la Lei Canonica; en situaciones como esla ¿qué deberá hacer el cristiano, el hombre de conciencia, aun guiándose por solo el buen sentido? La lei civil es cierto que debe ser respetada y venerada, pero el respeto y veneracion que una lei merece está en razon directa de la veneracion y el respeto que nalura]menle impone la autoridad de que dimana: si pues la Iglesia, representante de Dios sobre la tierra, desempeña una mision divina legjslando en el orden espiritual; si los Gobiernos (aunque con mision divina lombien, pero no .directa como la de la Iglesia) solo tienen el encargo de dictar leyes 6 de exigir su cumplimiento -en .el orden temporal ¿sera juicioso, será confor. me <1l buen sentido füosófico, que reservemos todo nuestro respeto y veneracion para las leyes civiles, aun en los casos en que estas leyes, ntropellando la legislacion canonica, pretendan burlar con esto las disposiciones de la Iglesia? H. Suele Jecirse que· las leyes ecle-

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