La Iglesia puneña : órgano del gobierno ecleseástico de esta diocesis/Título posterior : La Iglesia Puneña periódico semanal. órgano ofial del gobierno eclesiástico de la diocesis(desde N°37)/Título posterior: La Iglesia puneña: publicación eventual. órgano de dcoumentos, doctria y hechos (desde n°180) - Año Nº1-18,/Nº19 Ene 12/Año 2-Nº2/Año 1,Nº3/Año II-Nº 23-51/Año III Nº52-79/AñoIV Nº 80-99/100-116/ Año V-117-136/Año VI 137-148/Año VI Nº149-172/Año VII-Nº175-184

sus deberes marcados en la «Regla Consuela>). Y para los efectos á que pueda haber lugar extiendo l~ presente acta, que firman conmigo el Iltmo. Sr. Obispo, el Vene:ahle Dean y demas Señore.s Canomgos; de que certifico. -JUAN AMBROSIO Obispo de Puno.-José JJ. uu:erta, Dean.-Mari'ano Ramos, Can6nigo.-.Tori·bio Yaba~, _Canbnigo.--Lucas Toro, ?ª~10mgo.- IgnacwFernandez, Canomg_o. - Clemente /Jomi'nguez, Secretario. Es fiel copia- . Corneliu Salazar-(Oficial Mayor). SECCION LITERARIA. Publicamos una composicion inédita, del mui ·digno jóven limeño, don ~Ricardo Rossel, antiguo seminarista de Lima dedicada al lltmo. Señor Obispo ' . . de esta Diócesis Dr. D. Juan Ambros10 Huerta, con motivo de la sentida muerte del Dr. D, Felipe Amadeo de Piérola. Dicha composicion estaba reservada para formar parte de la «Corona Funebre,,, que á la memoria del recordado Doctor Piérola deberá ver muí pronto la luz pública: pero, en un dia tan especial como el de su cu~ple-años, no hemos podido menos de msertarla.- Héla aqui. EN LA. MUERTE DE 111 QUERIDO A.HIGO EL PBESBiTEllO DR. D, FELIPE A.Mil.DEO DE PIÉHOLA.. Dedicada al Iltmo. Señor Obispo de Puno D. D. Juan Am!,roslo 11.Qerta. S\, cantaré: la silenciosa lira, . Que, ingrato, largo tiempo dí al olvido, Haré vibrar con temblorosa ~ano, . . Hoi que un dolor inmens~ mi alma msp1ra. Ella traducirá con su gemido La pena que aliviar pretendo en vano: Sus-notas lastimeras Murmurarán trisllsimo lamento: Mis lagrimas sinceras . Brotarán, al lanzar mi canto al viento, E iran a humedecer sus hilos de oro Que pulsare bañadas con mi lloro. No quiero, no, que la profana mus-a Venga á. inspirar este sentido canto, Hoi mi aolor su proteccioD rehusa, Divino auxilio exije mi quebranto, Inspiracion le pide Al que tiende en cielo oscuro manto, Para enlutar la tierra pesarosa, Cuando el sol moribundo se despide; Al que enseño á las aves Sus cánticos suaves; A aquel por quien la tórtola amorosa Su duelo entona en la enramada umbría; Al -que a la luna, al bosque, al río, al oceano, Con creadora mano, Da encantos de sin par melancolía; A tí, que ves mi corazon que gime, Pido, Señor, inspiracion sublime. Y no la negaras, Dios soberano: Que al recordar al generoso amigo, Al lamentar la muerte Del que llamaba con orgullo hermano, Tu nombre santo á bendecir me obliga: Que tu vida y tu gloria de tal suerte Supo él unir, que repasar su historia, Es ·un himno entonar para tu gloria. Si, Ja inspirado me trasporto ahora Dcr Seminario al bendecido asilo, nonde, en dichosa calma, Pura la frente, el corazon tranquilo, Cual blanca ílor al despuntar la aurora, Tu noble --:,• c¡u1clida alma, Carisimo Aurntleo, ,-,¡ LA IGLESIA. PUNENA. * sw M:mt A las virtudes y al saber abrías. En sus claustros, aun niúo, ya te veo Huyendo de infantiles alegrías, Buscando diligente, En los tesoros de la humana ciencia, Verdad y luz para tu clara mente. Alll de nuestra alegre adolescencia, Sin afanes, sin penas, Pasaron ¡ay! los venturosos días, y nuestras almas, al engaño ajenas, Alli ligamos con el lazo eterno De sincera amistad, ele afecto tierno. Allí pasamos deliciosa vida Bajo el celoso amparo De solícito padre, sábio, amante, Que cual radioso faro De juventud querida, Guiaba el paso incierto, vacilante, Con su luz nuestro 1lsplritu alumbrando, Y el corazon al bien encaminando. El era nuestro amor, nuestro consuelo: Y, como al arbol secular, frondoso, Tienden las aves el lijero vuelo, Porque es el protector que las abriga, Que les brinda, á la vez, fruto sabroso, Refojio en el turbion y sombra amiga; Así tus brazos, padre cariñoso, Buscabamos con vuelo presuroso. ¡Ah! ¡cuántas veces al llorado amigo Prestaste en ellos delicioso abrigo, Cuando, ansioso, anhelante, Tu seno paternal buscaba amante _ Para el ardor templar de las pasiones De la gracia en la límpida corriente, Y saborear divinas emociones En las dulzuras de piedad ferviente! Y ¡cuantas ay! su virginal cabeza A tu pecho estrechaste enternecido, Cuando bañado el rostro en dulce lloro, A tí confiaba sin igual tesoro De angelical pureza, En los secretos de su casta vida. ¡Quién, padre tierno, como tú lo sabe: Tú, que de su alma -generosa y pura, Guardando avaro la preciosa llave, Forjabas la armadura De abnegac1on y caridad ardiente Con que, en glorioso y no lejano día, Co-n--hrcn.o- -fuente y-anrmo vaiienlc, A tu lado, Señor, combaliria! Ya Dios lo .quiere: su potente mano, Que orbe rige y la tormenta enfrena, ±55 Que alza al humilde y al soberbio humilla, Te da el cayado del Pastor cristiano, Unge tus sienes y partir te ordena De inmenso lago a la apartada orilla. El pueblo qae allí mora Es el rebaño que a tu celo encarga; Abandonado a tu destino hoi llora: Tremenda es tu mísion, dura es la carga; Mas, parte y nada tu impotencia tema: Que Dios te ofrece proteccion suprema. Y partes y te alejas: Mas, ¿solo parliras? nadie te sigue? ¿De tantos hijos, que afligidos dejas, La ingratitud tan solo te persigue?...... Ah! nunca, que ya veo De entre ellos al mas fiel, a tu Amadeo, Que· al Iiermano, al amigo y la fortuna, El suelo cuya brisa Mecio en la infancia su adorada cuna, Cuanto ama el corazon, . todo abandona Para seguirte alla donde divisa J,.a arena de1 combate que le espera. Su noble corazon gloria ambiciona Y alll la encontrara, que, en tiempo l.>reve, Inmarcesible y fulgida corona En su frente inmortal ostentar deLe. Apenas de su vida El quinto lustro en la mitad alcanza, Y mira ya cumplida De su alma noble y justa La constante y magnífica esperanza. Ya alistado en la falanje augusta Que del Señor en el santuario habita; Ya es el puro y magnanimo Levita Que sube al altar santo, Él llena de inefable llanto, Estremecido el corazon sensiLlc, Á realizar, de consuelos, El prodijio grandioso, incomprensible, Que salvó al mundo y asombró á los cielos. En ese ardiente foco inextinguible, Su caridad retempla y se dilata; Cumplicnúo su destino, # • De arrepentido pecador desala, ,, Con su poder divino, El lazo que á la culpa le ceñía; Ya. en el herido corazon del triste Penetrar hace plácida alegrla; Effl§EM Socorre al pobre, al moribundo asiste, y doquier va dejando, en su sendero, De evangelica paz ancho reguero. La caridad, oh padre, en Ll fecunda, Amante cria numerosos hijos: y él, que tus miras sin cesar sec~~nda, Les dedica su amor, su afan prohJos. La juventud su corazon cautiva Y á élla consagra casi su existencia; Sus virtudes alienta, su fé aviva, Les abre los tesoros de su ciencia, Con diestra mano sus destinos rige Y al fin que te propones los diríje. Siempre á tu lado fiel, con su dulzurn Tu penar alivia, tu dolor consuela; Tu justo enojo su humildad conjura Y a perdonar te inclina; Porque se cumplan tus mandatos vela. Y escribiendo inspirado tu doctrina, Traduce en bello esti-Jo tus ideas; Por tus empresas entusiasmo siente; Solo apetece lo que tu deseas, y anima el fuego de tu celo ardiente. y tú fincas en él dulce esperanza: Acaso, en grato ensueño, Mas grande á verlo tu mirada alcanza En no lejano porvenir risueño ......... . Mas ay! despierta del delirio vano, Tómese en llanto acervo tu alegría: Que apenas queda á tu paterna mano El postrero y tristísimo consuelo De bendecir de tu hijo la agonla Mientras ya triunfante se remonta al cielo. No murmure tu labio pesaroso: Porque era siervo fiel, Dios le ha llamado: Su talento miro centuplicado Y le brindó en su reino, generoso, Eternales contentos y alegrías. Es el fiel y evangélico operario _Q.ue--hn 0 an&a-o folí-z, en breves días, Con su esfuerzo tenaz rico salario. Guerrero esforzadlsimo, in vencible, Que ha peleado el combate de la vida Y corona fulgente inmarcesible, Ciñe sobre su frente esclarecida. Es el tierno arbol que precoz tributo Al labrador que lo cultiva ofrece; Mas, recio vendaval sus ramas mece Y al grande peso de su propio fruto, Que el debil tronco sostener no puede, La copa inclina y á su impulso cede. Su alma reposa en la mansion serena Donde todo es amor, gloria y consuelo, Mas nosotros, Se1ior, le hemos perdido Y es justo nuestro duelo. Una misma es hoi, padre, nuestra pena, Idéntico dolor nos ha afligido, Un solo rayo ha herido, Cruclisimo y certero, Tu corazon ·amante, Mi corazon sincero. De tu amor necesito en este instante, ' Que mi alma triste en su dolor socorra: Al,rázame, Señor, como solias De mi existencia en los mejores dias Y que mezclado nuestro llanto corra! Lima, Octubre 27 de 1868. Ricardo Rossel. INSERCIONES, Tel§is»ostenida por el alumno tle la cl~;e de "Fun«la01.e11tot;11 del OatoUcilimo" D, Mano.el Montesino~. (CONCLUSION.) El Cristianismo no tiene mas que un principio único, como Aq~el que J? ha enseñado: pero que contiene en s~. todos los principios á que debe_ cemrse el hombre, racionalmente cons1derad_o. Este principio es la Caridad. Jesucn~- to su divino fundador, no ha predicado pues, de mil diferentes maneras y formas, sino esta ~ey::--am~os lo~ _u.nos a los otros, JJOr cmwr a mi Pad1 e Cele1Jtial. Hidb -El corazon rebosa de una alegría inexplicable, al escuchar este sacrosanto precepto, tan conforme con lo qiie es el hombre: la inteligencia se llena de una luz vivísima y deslumbradora, al consíderar el número, sin numero, de las verdades que se desprenden de él.- Por ventura, ¿hai algo de mas bello, de mas sublime, de mas santo, de mas civilizador, que haya enseñado la ~l?- sofía antigua y la doctrina de la VIeJa ci vilizacion? La científica Grecia, la soberbia Roma, han podido, siquiera sea someramente, enseñar nada parecido á este principio?-Voy, pues, a examinar su aplicacion practica, al triple desarrollo de la sociedad, fij~ndome en los dos elementos que constituyen él esta -el individuo y la familia; y sacando, por fin, en conclusion lógica, la verdadera civilizacion de aquella. El individuo, es el elemento mas sim• ple de la sociedad, y lo contemplaré en su relacion con el Cristianismo, prescindiendo de las que guarda con la SO• ciedad.-El individuo, en el paganismo era un ser degradado; su voluntad se dirigia únicamente á la satiafaccion de los placeres sensuales; la · regla de su conducta no era otra que el dictado de sus brutales instintos; no tenia la conciencia de su poder ni de su grandeza morales; pues, ignoraba su no~le orígen y su glorioso. desti_no; ~us acc10nes se realizaban baJo el mflu30 del mas vil fatalismo, porque creia ser siempre guiado en ellas por las in~piraciones de algun geni'o ó dios) a qmen se enco~- traba necesariamente sujeto durante el curso de su vida. Obraba ciegamente y no acertaba a dónde debía dirijir su corazon y su iibertad, para encon~rar la felicidad que ansiaba p~r do qu~er. Apareció el Cristianismo, y enseño_ al hombre, cual es su orígen y á qmen debe su existencia, en el dogma de la ((Creacion; á donde debe encami~ar~e, como el último término de sus aspiraciones, en el precepto del-amor á_ Di?s»: -le anunció el secreto de su miseria y, debilidad en la ,,trasmision del pecado origi~al,,; y al mismo tiempo, el sentimiento de su dignidad y grandeza, en el dogma de la «Redencion>1 , _po_r la cual fué rehabilitado en sus primitivos dones. Todo esto, señalando c~al es su verdadero bien, y cuál la sa1_1c10~ que ha de alcanzar_, por el mé_r~to o demérito de sus acc10nes, le estlmularon á que desarrollase el individuo s~ poder moral: á que confor~ase s1_1 _ hbertad con la voluntad de D10s, le1 impuesta á su naturaleza; d~struyend_o de este modo el sensu,alismo y el fatalis1:1-o, que le tenían sumido en la abyecc1on y el desorden; y hé aqui, al hombre regenerado, constituido en v~rdadero h?mbre, hecho á imágen y se_meJanza ~e D10s•. Tal es la doctrina católica, conside~ad:1 en su elemento moral para el md1viduo. Veámosle respecto de su inteligencia•. Esta se encontraba entenebrecida por el error: no era la sublime ant_or?ha que debia guiarle en el descubrimiento de la verdad: el excepticismo mas absurdo y extravagante, _do1;1inaba en ~lla: s~ ciencia se reducia a formar mil s1ste mu ridículos y caprichosos, s?hre ~l orígen de su sei·, sobre la ex1s~enc1a del mundo, su destino, &. Vrno el Cristianismo y le enseñó las verdades mas necesarias é import~n~es, c0?1° 1~ existencia de un D10s, umco é rnfimtamente perfecto, caus~ de todo lo qu~ veia, y del hombre m1sm?; la espmtualidad de su alma, su. rnmortahdad y la eternidad que debia espe~~r; la fe, que debia tener, _como ~uxll10 de su inteligencia; y le mstruyo, en _fin, en los principios de la verdade~a cie~- cia, aconsejandole á dónde, y com~ d1rijiria sus esfuerzos, para consegmr la vm·dad· operando de esta manera, el desarr~llo de su elemento intelectual. Contemplémos]e ahora, en su aspecto material.-Lu iuaccion, la pereza, '

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