AÑO IV. PUNO, MAYO ~6 DE 1869. Nº 90. 1al!!!!!!!!!!!!l!!!!!!!!!'!!!!9!!!!!!!!~-!!!!!!!'!!!!!!!~~~-~!'!!!!!!!!!!!!!!!~~~e!!!!!!!!!!!!~!I!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!~-!!!!!!!!!!!!!!!~~~~~~~~~-= PERIODICO SEMANAL. ------------:".Rl-lllBl•ami&lléill-EM»+-♦-•e-EdiBIII•••----------------->' ORGAt~O OFICIAL DEL GOBIERNO ECLESIASTICO DE LA DIOCESIS. Puno, Mayo 26 de 1869. El Juicio que pronuncia "EL Oo11Rn•ER DE ETATS•Ull'IS'' sobre la ca1.•- ta del Papa al .A rzoldspo de Parls, es Inexacto y a1,aslonado. (Continuacion.) ¿En que despreci·a profundamente el Papa las leyes de Francia, al escribir su carta á Monseñor Darboy? ¡Qué mal sientan estas ligerezas en un escritor publico, muy mas cuando se dirigen á herir reputaciones tan bien sentadas como la de Pio IX, dignidades tan superiores en todo sentido, como la del Pontífice Supremo. El escritor merecería disculpa hasta cierto punto, si solo supusiéramos en él, como hemos dicho, falta de instrnccion científica e histórica; perca tememos mucho q' su artículo envuelva algo de malicia . Tanto candor no puede hoy otorgarse sin peligro á los escritores publicos. Con efecto: en la carta aludida, su Santidad reconviene, y reconviene con estricta justicia á Monseñor Darhoy, porque sostiene entre otros principios el de la superioridad del valor intrínseco de la ley civíl sobre la canonica. Supone, dicho señor, que «los artículos orgánicos)) , como si dijéramos, las adicciones hechas por solo el Soberano temporal, segun su antojo, al tratado solemne celenrado con la Santa Sede, bajo el nombre de concordato, deben respetarse como leyes que neidrali·zan hasta cierto punto, las decisiones marcadas en el concordato. Absurdo grosero, pues; aun considerados _ los concordatos como un simple pacto entre iguales, ninguna de las personas pactantes tiene derecho para ampliar, ó modificar por s1 sola, lo pactado anteriormente. Pero ese es todo el privilegio que hoi declaran á la Iglesia Católica sus detractores-No tener privüegi·os, n,i' aim, los que otorga el dereelw natural. Los Gobiernos hacen de ella lo que mejor les place: la despojan de sus bienes bajo diversos pretestos, unas veces inventando la teoría d? la desamortizaci·on, otras supomendo necesi·dades soci'ales de mas alta importancia, otras .....no acahari!lmos si fueramos á trazar el cuadro de los sistemas inventados para espoliar al Catolicismo. · Entre tanto, la Iglesia, ni tiene cañones ni gusta de empl0ar la violencia: para llevará cabo el cumplimiento de los. pri~cipios de justicia y de moralidad mtl'Ínseca. Mas , no por eso consiente, ni puede consentir en el triunfo legal de la iniquidad. Los Gobiernos pueden infringir para con lu Iglesia, por ejemplo, el séptimo precepto del Decálogo, pueden atropellar bruscamente su propiedad, o alguno otro de sus derechos: la Iglesia no sitiará, no bombardeará al Estado que tal haga, pero 6por qué quiere obligársela á que enmudezca para reclamar sus derechos? En esto, nada vemos de atentatorio á las leyes Nacionales. ¿Por qué llevais á mal que la Iglesia cuando la despojan, sea en su propiedad, sea en sus derechos, levante la voz para decir lo que ·J·uan Bautista á Herodes-non liºcet? Las leyes de una nacion deben ser respetadas, ¿y no lo serán las de la Iglesia? La Francia debe ser considerada y venerada en su legislacion-¿y los Canones deberán ser conculcados y despreciados? ¿Qué p_rincipio ~l~ ófico, jurí~ic_o o político, legahza tal proced1m:iento? ¿O será que cuando se trata a.e la Iglesia Cat6iica, no hai necesidad de observar principio alguno? ¿Será q' para la Iglesia Católica, que abraza en su seno á las sociedades q' se llaman católicas, no h:ii lei, ni siquiera la de urbanidad, como para aquellos malvados á quien~s el legislador declara fuera de toda lei? Solo así podemos aceptar la observacion del Courri·er de Rtats-uni·s, cuando dice que el Papa desprecia JJroj u1idam,ente las leyes de Franci'a. Habría acertado, si empleando la· antítesis hubiese dicho: la Franc1a conculca y desprecia profundamente, y á cada paso, las leyes de la Iglesia. Como: ¿somos tan noveles en historia, que no sepamos todo lo ocurrido entre el Papado y la Francia, especialmente de cerca de un siglo á esta parte? Léase con animo imparcial la carta de Su Santidad al Arzobispo de París, y en ella se verá, que Monseñor Darboy inicia una vergonzosa apostas1a:- ¡Dios lo libre , por su infinita misericordia, de tan horrible miseria! El Papa le re.conviene como padre , le arguye como maestroJ le llama al orden como Pastor Universal: he aquí el contenido de la carta, y el autor del artículo insertado en «El Courrier deEtats- um;s'' tacha tambien por esto al señor Pio IX de iiriurtbano, por cuanto siendo IGUALES todos los Obispos, ha debido el Papa tratar con mas respeto al Arzo- - bispo ele París. . Cuando se leen absurdos Lan g roseros, reproducidos y paLrocinndos por periódicos que aspiran á conquistarse popularidad, tamaña aberracion causa pena, por no decir asco. ¿Los Obispos iguales al Papa? ¡Oh! 6Será verdad que el pobre RrcHER, cuya mezquina fama ha pasado completamente desapercibida, triunfe hoi, para mengua del Courri'er de Etats-uni·s, y de los patrocinadores de su doctrina? ¿Será posible, que la teoría loca y necia del jansenismo, pretenda establecerse hoi como verdad, en lo que tiene de mas raro, de mas grosero, de mas absurdo? El Papa, Vicario de Nuestro Señor Jesucristo. El Papa, Primado de la Iglesia, con una primacía indispensablemente necesaria, no solo de honor sino de jurisdiccion-El Papa, reconocido siempre por la Iglesia Católica como el centro de unidad, cuya voz deben escuchar siempre los Obispos, para estar siempre firmes, para conservar su gloriosa independencia, para enseñar la genuina doctrina del Evangelio-El Papa, padre comun de los católicos, Pastor de los corderos y de las oveias ¿será igual á los Obispos? ¿será nada mas que el prfrnero entre sus iguales? ¡Pobre Iglesia Católica! ¡Cómo se conoce la ignorancia de los que te ultrajan! ¡Razon tienes para desear, como deseas, la difusiori de las luces! Motivos mas que suficientes te asisten para obligar a tus sacerdotes á la recitacion diaria de esta fórmula progresista y civilizadora-Da milií i·ntellecturn et vi·- vam,. Sí: la falta de inteligencia: la ignorancia, hé aquí el gigante horrible, unico que pone espanto á la Iglesia Católica. (Continuara) . ~G de lila.yo. llé aquí un dia de recuerdos encontrados; de recuerdos que engendran ese fenómeno, hasta hoy no explicado suficientemente por los filósofos, el de---el afecto complejo de la alegria y el dolor; mezcla misteriosa pero real, que tiene lugar con harta frecuencia en nuestros corazones. Hoy hace veinticuatro años que nació al mundo Feljpe Amadeo de Piérola , para gloria de la sociedad peruana ) para consuelo de la Religion, para dicha de la nueva Diocesis de Puno. Su talento pre~oz, su erudicion mas precoz todavia, honraban al Perú. De tiempo en tiempo suele la Providencia ordenar la aparicion de ciertos meteoros intelectuales, que iluminando moralizen, y que moralizando civilizen. Tal fué Felipe A. de Piérola para la sociedad peruana. Su juventud, no se encontrara manchada por los estravios que son consiguientes á una edad de irrefleccion; anciano era desde niño por la pureza de sus costumbres: en él, precisamente, se realizó la sábia máxima de Salomon-Cam: aittem sum sensus hmni"nis, et cetas senectidis VITA INMACULATA. Educado en el Seminario de Lima, al que ingresó de edad de nueve años, sus virtudes, su candor, su clara inteligencia, su particular decision por el conocimiento de la verdad, de la verdad pura, de la verdad catolica, le hicieron distinguirse muy wonlo entre todos sús colegas. A los diez y ocho años fué condecorado con la insignia del magisterio, no sin haber obtenido premios especiales, y entre ellos, el premio primero, durante su carrera escolar. Veinte años apenas contaba, cuando fué Pro-Secretario de esta nueva Dio- · cesis. La sociedad peruana, tenia en su seno un joven digno por sus tan nobles cualidades: contaba un hijo que, amante de su pátria, como el que ,pJ.as, ardía en amor al Perú; pero en un amor sincero, generoso, cristiano! Y la Iglesia católica, por su parte, se gozaba á su vez de tenerlo entre sus noveles aspirantes al santuario, porque su pureza, su piedad, semejante á la de Luis de Gonzaga, y su anhelo ardiente por la gloria de Dios, le prometían dias de dicha y de felicidad. Felipe A. de Piérola, era pues no solo la gloria de la sociedad peruana, sino el consuelo de la Religion. Puno comprendió muy pronto, lo que podía importar para su engrandecimiento un j 6ven tan decidido por su progreso. Con efecto: él fue el fundador del nuevo Seminario Punense. Como Vice-Rector y Profesor, en un.ion de sus jovenes compañeros, organizó el colegio. Como Rector, pt>co despues, le dió mas impulso, y el Seminario de San Ambrosio rindió sus cettámenes anuales con lujo y esplendidez. Allí eslan .sus programas, existen los alumnos que han escuchado sus elocuentes lecciones, y las personas mas caracte-
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