La Iglesia puneña : órgano del gobierno ecleseástico de esta diocesis/Título posterior : La Iglesia Puneña periódico semanal. órgano ofial del gobierno eclesiástico de la diocesis(desde N°37)/Título posterior: La Iglesia puneña: publicación eventual. órgano de dcoumentos, doctria y hechos (desde n°180) - Año Nº1-18,/Nº19 Ene 12/Año 2-Nº2/Año 1,Nº3/Año II-Nº 23-51/Año III Nº52-79/AñoIV Nº 80-99/100-116/ Año V-117-136/Año VI 137-148/Año VI Nº149-172/Año VII-Nº175-184

.. se vá ......Sost:ncdme, á fin de que yo pueda admirar aun, tontas marnvillas. ¡Ahl todo eso nació conmigo;_ el mt~odo y yo emanamos juntos, al mismo tiempo de la mano de D10s. XIV. «Pero vosotros, hijos mios, vosot~o_s no estais en el mismo caso: la deb1hdad fue el primer signo de vuestro nacimiento: del mismo modo los árboles se han rep, odncido debiles; vosotros habeis tc11ido 11ecesidad de crecer, y ellos de echar raíces. Ya los seres que proceden de nosotros está,n su~etos á padecer; ¿lo estarán a lo menos á amarse? No quiero preveer•.. Ayudaos constuuterucnte; levantad al caído; ofreced vuestros frutos al que tiene hambre, agua eu la palma de vuestra _man~ al .que tiene sed: aunque habiteis pa1ses distantes, no o~ mireis nunca como estrangeros unos á otros. ¡Ah! ojalá pudiese yo quedar eternamente sobre. la tierra, á fin Je que mis hijos reconociesen siempre ¡;or mí su orígeu comuu! .. XV. Empeznba ya en tanto la noche á dejar caer su velo s'Jbre la tierra; todavía se csteniJ1a la luz en lar~os rauda• les que s11Jcaba11 el cielo por el lado de -occidt•Utt:', tit'ie11do los rios y lai, cima-s de los árbole-. de u11 color de fuego refl c" jado en toda~ partes. Eva fué quien l1izo admirnr uq11clla dulce Sl'renidad á su piadosa familia:. respiraba con cieli- •cin los últ1mcJS onws que dcl1iau hacer ondular sas cnbc !los, diciendo:- «Si al guna vez lleg-a pnra la creacio11 la noche de la eternidad, ojalá sea esa noche tan serena como esta! A:,:í como el agua va :-t.. 1vemente á mojar la · are11a de la orilla, del mismo modo sea llevado ·~I hombre Llandumente a los pies de sn Criador.» XVI. Pero derepente sobrevino una gran mud11nza. Los rayos de luz en que los hombres fijaban su vista, se retiraron como recojidos todos á Ja vez por ana podero~a mano. Un calor desconocido pesó sobre el air~, sombríos y gígm1tescos nubarrones se ncumularou como negras rocas suspendidas sobre la tier , a y próximas á desplomarse sobrn ella. L.os vientos rete11idos hasta entonces por Jehová, se predpitaron rebramando ni tra ves del m1111Jo y barrierou su superficie. Uu estrépito 11unca oído resonó de súbito: todo lo que vi vía prorr~mpió en amargos y 1111gastiosos alaridos. Los relampngos volvieron al horizonte una vivn claridad; el rnyo fué á rodar por lo profundo de los valles y rec~rrió con ansia la tierra, que no conocia~ XVII. Palidos y consternados, los hijos de Eva se apiñaban entre sí esperando en silencio al principio la severa manifcstacion de Dios: lnego empezaron á murmurar, en vista de aquella lucha de los elementos, desconocida para ellos:- .. ¡Qué estruendo! deciall, ¡qué estruendo! ¡qué uoche tan profu11da! ¿Que fuegos son eso¡;? ¿Por qué ncilba de caer ese alto cedro? Nunca hemos oido ni v~st? co~a semejante. Apenas podemos d1st10gmr nuestra voz....... ¡Oh Señod ¿Nos herireis tambien á nosotro,,? ¿vais tambien á preciµitarnns delante de vuestra cólera? ¿Por ventura, uo hemos nacido mas que para sufrir? Apenas podemos respirar; el temor embarga nuestros corazoue¡,; ¿,por qué, Sei'íor, por qué olviduis que somos vuestros hijos?» xvm. Eva ► aunque ya próxima á exhalar el último suspiro, o_yó aquellos murmullos, _aquellas palabras de duda. Alzó los OJos al cielo y 110 vió en. él mas que la tempestad: por toans partes reinaba el desórden. Entonces suspiró y profundnmente dijo:-«Esas revueltas en au alma y en la uaturaleza me presaginn muchos males: la prediccion se cumplirá. Los hombres estarán nlgun día. ,e¡ LA IGLESlt\ PUNENA . divididos entre sí; no se reconoceran unos á otros en Ja norhe de su odio, no responderán al nombre de hermano mas que con In amenaza. Yo sembre el mal, y mi primogénito recogió t!l fruto de aquella fatal semilla. Mi descarrio no será estéril: el seno de la muger ha concebido; del mismo modo su culpa concebirá. La serpiente 110 morirá conmigo.» Dicho esto murió Eva lleuu de dolor. XIX. Todos sus hijos, distraidos de sus te• mores por la muerte de su madre, oraban junto á ella . . De pro11to se rns¡:ran tas uubes, brota el relámpago en el horizonte, cae el rayo con estruendo..... Y á aquel tremendo resplandor se vió a lo lejos, mui á lo lejos, un hombre que huia, con el peto edzado, con los vestidos en desórden, perseguido por la tempestad ...... XX. Y aquel hombre era Caio. El nacimiento de Jesucristo. En el afio 4,004 de la crencion, poco mns de mil años despues de In fundacion del templo, en el nño 751¡ de noma, '29 "ñ-os despues de la b;1talla de Acti11111, Je~u<Ti:-to, h1)'0 de Dios en la eternidad, hijo ele Aúraha111 y d~ I>abid en el tiem¡,o, nació de i¿11a viryen .... Doce nüos hn<'ia qne disfrutaba el 111Jiverso de una paz general. La monarquía romana, , la última de las cuatro g-randes monnrquHtS que, srgun la proft cía de _D•~niel, debían sucederse 1111tcs del nar11me11to del l\Iesias, la monarquía romana acabada de cimentarse sobre las ruinas de la republic•a, Octa vio Augusto era Sefior de lüs Romnnos, de Roma, y de toda la tierra; Herodes era tetrarca de Galilea. En aquellos tiempos publicó el em~ perador uu edicto por el cual mando a todos los súbt11tos de su imperio que se hiciesen empadronar en I s sitios que se les i11dicnria11, con arreglo á sus provi11cias, sus ciudndes y sus familias; encabezamiento general que teuia por objeto hacer conocer las ful'rzas y las riquezas de caclu provincia: el procónsul Quirino recibió el cargo de h.icerlo en Siria y en Palestina. Los de:-c1 ·11dientes de David recibieron orden Je hacerse emrad_rona_r en Belen, pequefio pueblo de la tribu de Juda. á dos leguas de Jeru.;;ale11. La Providencia rreparaba todas estas circ1111stancins á fin de manifestar al universo entero que Jesucristo era de la casa de Da vid y de la tribu de Juda, como lo habían escrito los profetas. José y l\Inria, obedeciendo cotno toda In tierra, las órdenes del emperador, salinon de Nazaret, donde estaban establc<"idos, y se pusieron en camino para Belen. l\Jaria estaba ya casi en el térmi110 de su embarazo. Al cabo de un penoso viage, que d111ó fllU('hos días, por un país muy montañoso, llegaron á Brlen; pero este puebto era tau pequeño, y acudia á él tan~a gente, q_ue la santa virgen y su mondo 110 pudieron hallar donde hospedarse: ademas, eran pobrrs, y las personas que no pueden hacer gran ~nsto no son las que con mas ~w,to reciben los posaderos. José y Maria flevaran en paciencia aquel contratiempo, y st retiraron c~n otros muchos forasteros á uua especie de m·ercado público, á ·esperar que llegase su turno de empadronarse. Preciso era que no qnedase ya en ~elét~ nin<7\lila familia del· linaje de David, o quer- estuviese enteramen.t~ disipado el patrimonio de esta fo_mtlrn, puf's qrre Jose y l\Jnria, descendientes de ella! no hallaron pariente alguno que. pad1ese recibirlos. No es menos aJm1rablc el que á nadie moviese á compasion el e?- tado de Maria; pero todo esto eutra~a en los designios de Dios, que quena que su hijo, viniendo al mun~o para enseñar á los hombres la humildad y para darles grandes lec~ioues sobre. la vanidad de todos los bienes de la tierra eucontrase desde sus primeros pasos 'en la vida, la pobreza, el aislamiento y el desprecio: Precisada, pues, Moría, á retirarse con José á un sitio, abierto á todos, entró con el en una cueva !obrada en la roca, y que servia de es.tablo _á _la posada p~~ blica. En nquel tnste sitio sorprend10 el momento del parto a la madre de Dios, que si bien <lió a luz su hijo sin suirir los dolores que pasan las otras madres uo tenia en cambio ni una mi~ serable 1 cuna que darle; envolviólo como pudo, y lo acostó en un pesebre. Así se hallaban yo justificadas las pal~- bras que Jesucrist? Jijo desp1!es: El ht. jo del hombre no tiene un sitio suyo, ni un asilo donde apoyar la cabeza, Pero por° otro Indo, Dios realznba con dos milaO'ros el humilde nacimiento de su hijo. "Tres rcye~ magos. con<!ucidos por un.a estrella, iban de los pnises del Oriente á prosternarse ante la cuna de un niño, y á rodea do de perfum~~ ~ de homenajes: un án¡:rel se aµnrer10 a unos postores ocupados en guarda.r sus rebaños, y les dijo: «Hoy. en la c1Udnd <le David, os ha 11acido un salvador que es Cristo. Por. ebtas senas le couocereis: hallareis un iufu 11te envuelto en pafia les y tendido en un pesebre.» De esta suerte los pa~tores y los m¡ig~s, los primeros y los últimos de la tierra, eran convorndos en un establo para glorificar al hijo del rey de lus reyes. ¡Qué humill i! cio11 y r¡ué gra_ndeza! ¡Qu_é tema de profu11d·as rdlecc1ones! Y s1 todos estos sucesos no fueran una de esas cosas sagradas que no se escuchan sino con la frente iuclinada ¿dónde se hallarian enseñanzas mas profundas y mas. sublimes? Segun todos los pnd~_es de la_Igle&ia, la Encarnacion del h1Jo de D10s, rs, sobre tocio, un mi,,terio de amor_. ~I amor á Dios y al prójimo e:; el prrnc1pal tributo que nos pide el. Señor en el aniversario de esta celestial e11carnacion. Lo!!l l!íllf"te dolore® de J!a1·la, [Por Abigail Lozano.] I. •Génio de la cristiana poesfa! Segundo A ngt'I custodio del poeta,. Venid a mí: preseutadme la armn111n Del arra celestial del rp~•-prPfct:i: flañadme ('11 ta tristeza q11e c·111>na El corazon del santo anacoreta, Para poder cantar los JH•gr,:s duelos De la MISTICA ROSA de los cH.:los. n. Llevadme á la montaña misteriosa Donde lloró JESUS ntrilrnlado; . . noude en visiou espléndida., 1:donosn Apareció á :\loisés, trnn:--figurado; Donde vertió su sa11gre ge>nao~a Para borrar el terrenal pecaclo, y cantaré el martirio y a~onía De los SIETE DOLORES DE 1\IARIA, III. Llevadme. á las riberas del torrente Donde lrnllaba DnYid inspiraciones, Donde con voz profética y doliente Pn!ludiaba sus lúgubres canciones. De fúnebre ciprés, cubrid mi frente, De babilóuio sáuce y de crespones, Para decir al mundo los pesares De la díviaa ESTRELLA DE LOS MARES, IV. Dadme el arpa del triste Jere~í~s, Los suspiros de PEDRO arrepentido, El llauto que virtieron lus ,MARIAS . Sobre el sepulcro _en ~an~re re~eñt_do: Dadme la ardieute 111sp1racto11 de ELIAS, Y de Job el hondísimo gemido; Porque es triste, tristísima la hi:storia De la REINA y SEÑOllA DE LA GLOill'.A. v. Si:: yo quiero cantar esa Señora A cuyo nombre el Ténaro enmudece, Esa mujer mas bella que In auroru Con que el sol de los cielos amanece: Esa mujer que el mismo Dios adora, Y á quien el mar se humilla y obedece: Esa mujer tan bella ) tan divina Que el ángel Jlama: ESTRELLA MATUTIN4, VI. Mi canto gemebundo y soJitario Resonará por ELLA: ÉLLA me inspira; Y con el llanto que emµapó el Sudario Bañará los alambres de mi lira. Flor teñida en la sangre del Calvario, Por quie!i ansioso el corazo11 >ius¡.,ira, Yo tamb1en sé llorar; desde la aurora Lágrimas tengó para ti, SEÑORA, ' VII. Yo tambien sé llorar: mi pecho encierra Abismos de tristeza y de amargura: Nnnca dichoso fuí, porque In tierra Es pnr1i mi una inmensa sepultura: Cu;1l un e"'pectro q' en los sombras yerra Cruzo este negro valle sin ventura; Y el mundo, si sollozo, Madre mia! Dice que mieu to, y burla mi agonfo, ,, vm. Mns, tú no lo diras, porque el tormento De un corazou que llora su abandono, Ya co11ociste, y un dolor crüento Cebo en. tu pecho su feral encono; Y aunque habitas allá en el firmamento; Sobre el sol y la luna en albo trono, Eres siempre el refugio y el consuelo De todo el que solloza en este suelo. Mas, perdon, Madre mia, si insensato A I pensar en tus trágicos dolores, l\li ¡:;emido en la 11tmó:-fera dilato Recordando terrenos torcedores. Si el muudo al bienhechor fué siempre (ingrato, Si a risa lo movieron tus clamores, ¿Qué mucho que, perdido por el viento, .l\Iuera en lu soledad uuestro lamento? Solo el canto qae suena en tu alabanza No perece jamás: que de tu coro Un Espíritu fúl~ido se lanza Sobre una nube fulgurante de oro: Yo ·se q11ien es: conduce la bonanza Bajo sus blancas alas: para eí lloro Un cendal tiene siempre;-nació un dia De una lágrima nrdien te de MAnIA, El me arompaña cuando el cielo alfombra ~us caminos de estrellas: cuando nace Harliente el Sol. Sus alas me hacen sombra Cuando el cielo en borrascas se deshace: l\Ii labio en medio el temporal le nombra, Cuando mi pecho sin aliento yace, I el, como el Cristo, ¡.;ohrc el mar se avanza Y dice, 110 temais, soy LA ESPE.ltAJSZA. ¡Oh, Marlre! qne ese Esríritu de gloria l\Ie cubra con sus 1tlas 110.che y dia. Miéntras en esta eárt el transitoria Suspire ror tu cielo el Rlm'.1 mi.a; Y así diré tu lamentable lnstorrn, Llena de triste y sa11ta poesía, Vertiendo nmargo y hurnildo:-o ll1rnto Al ronco snn del rlañidero canto. ANUNCIOS. --====-=------:-=-";-;;;:a¡;¡;;;a;a• Por toll.o lo 110 firmadolGNAClO FER~ANDEZ. CO~FIRU.~CIO~ES, Hace tiempo que el Iltmo .. Sei!or Obispo de la diócesis, tiene designados lo~ dias jueves de ca~a spmana para administrar el Sacramento de la Co11firmacion, anunciandose por el toqne de cam• .pnna, que todos sab_en. Se hace esta prevencion, para evllnr que f~er~ _de Jns días señaludos se cause mort1fic'.1c10nes indebidas al lltmo. Señor Ob1s~o, con perjuicio del tiempo que le es 111dispeusable para ocupaciones de alta. importancia. Eu esta imprenta y la librería .. cat~ lica», se e11cuentran de ventn, el pr.1• mer tomo de «Los Anales. de la ~A"les1a Puneña" y las «Constituc10nes Srnoda• )es» de la Dince,;is. 1~1PnENTA DE «LA IGLESIA PUNEfA». Por M. c. M.-CaJ.le de Jerusalen, n, t:SM.

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