La Iglesia puneña : órgano del gobierno ecleseástico de esta diocesis/Título posterior : La Iglesia Puneña periódico semanal. órgano ofial del gobierno eclesiástico de la diocesis(desde N°37)/Título posterior: La Iglesia puneña: publicación eventual. órgano de dcoumentos, doctria y hechos (desde n°180) - Año Nº1-18,/Nº19 Ene 12/Año 2-Nº2/Año 1,Nº3/Año II-Nº 23-51/Año III Nº52-79/AñoIV Nº 80-99/100-116/ Año V-117-136/Año VI 137-148/Año VI Nº149-172/Año VII-Nº175-184

Doctrina de Ayaviri, pnra que la sirvais en cl<1se de tal, con todas las facultades anexns á la cura de almas, y con la pe11sio11 de que rfigais dos misa5 semannlcR, una pnrn la cofradía del Santísimo sa('ramento, y otra por nuestra SeI1ora de Alta gracia; En su mérito procedPreis á Pi11·ar¼!11ro11 de 'a e11uncionada Doctrim.1 de Á\il\iri, d1•11tro de 3. 0 día y l:lnj ,> de i11ve11tar10 formal y prolijo, ,1uc pr;11•t1l'an•is por a11te el Cura cesHnte, autori,fadt•" l11eall's ~ H?cí11os priucipnles dP e:,;e Di:i-tr ito, da11do11os cucn• ta oportuna de :--11 resultado. Dio~ gm11•Up á U. JosÉ D10:NbIO HuEnTA.-(firmado.) DIÓCESIS DE PUNO -Secretaria Episcopal. Puno, Mayo 7 de 1869. Al Selior Vicario foráneo de la Provincia de ..•...•••.•• S. V. F. El Iltmo. y Dig-nisimo Sefior Obispo de la Diócesis se ha servido espedir con esta fecha el auto que siµ-ue: «Palacio Episeo¡rnl de la DiócPsis.- Puno, l\Iayo 7 de 18ñ9.-Ordénese á los Sefiores Vicarios, que en el pere,.torio término de un mes, nos den cuenta certificada de si se ha hecho, ó 110, la publicacion de nuestras Sinodales, por los párrocos de su respectiva co11prension, segun lo tenemos mandado.-EI Obi~po. -Por mandato de S. s·. Jltma. el Obispo mi Señor.-Francisco Ruiz.-Secretario.» Disposicion que trascribo a US, para su conocimiento y demas fines. Dios guarde á US. Franci"sco Ruiz. -Secretnrio.- Es ñe.J copia- (Pfrrnado,) Cornelio Salazar-(Oficial 1'Iayor), -- SECGiON LITERARIA. ln Illmi. D. D. Ca/i:rti Clamj'oEcclesice Pacensis lJignissúni EJJi'scopi ad, Direcesim tjus reditu, hroc, qnre, si carent artP-, lamen cordis sui verba sirnl, carmina, in(ra scrfptus composilit, ·nwnc r)rcedicto Epúcopo. in veneralionis atqite veri amorú argmnentum suppticiter offert. In vasta popnlus quondan solitudine oherrans A Ce.eh, petiit suppli.ce voce cilJum. Aüre sonos capit ille Deus qui pabula míllit Esuriem :,;ati~t, la=>titiaqu<" replet. ' Ferve11Lis premitur sitis a>~Liva,que furor-e, Pcrrussa, et dulcis confluit unda, pclrn. Su!>pirans trislis tua gens alimenta precalur, Tu Pastor voces perci r,is atque suas. Et sitis illa suhit nunc ignem in pect0re siccre Quem valeaL \'eri ~!l'pe domnre liquor. Sed sar.ro rupta baculo petrnqne, serenos Pra>hebis 1aliceg, tu salnrasq11e sitim. Sic igitur liqui do perfoso verliPe, Patcr Chrismate, per longum ,cndere quroris iter. Qualis et in summo ratl1us quoque culmine vi- (brat Vastas per !erras, compila et alta, juhar; Tunr rapidus l,Jngas fugit ad valle~que remotas Gral<t alii g •11!i lum ;na fortr¡ue 11ovre; Prollnus banc leimm sic 110stra111 linqucrc cu- (ras, Atque tuf.t' fulgirlu~ fu!mina clara p;iras. Lucifer twud 110Li~ lu>.it n:1dLa , q11e per horas Q110 1il,i Pum porli~ pa11dim11s· rorda quoque. Omuibus alloqueris lrlandus vale, et omnilrns (iuquis Nunr. mihí ve~lri ardor >f'mper amor1s eril. Omnes rl , ervat t, sc,rval,11111 c-111dc pcrt>rmi Sic ani11111rn rne111111·t•111 pl'1 ¡wlu11111q11e tui. Salve t1111r all" ll'fll'l1111t rx J'l'f•l01·c• r·1111rli, Salle he11! inque 1111111i pr so1111t ore et ave.- Regredere in Pacem qua srepe 1 exempla pro- (f11ndas, Errans jam carum dure ad ovile pe1•us, Vultu eum valido proh felix! animoqur sereno Qui inva11i1 pastum conjire rl inde l.up11rn. Sub ch peo Fidci firmo j1rn1 11l vive6, possit. Quf'm lil,i eommi,it Drxlrra s:i<'ra, ¡?;reg-em. Nunc zelum púscunl, nu11c quaudo r,erfidus er- , (ror In cuneta irrumpit, cunctaque in alta ruiL Ali LA JGLESIA PUNENA. Omnia nunc verLiL ferus, alque involvere ten- (dit, Et tumidis surgit fiuctibus illc furor. Atro de inferno fumos sustollere qurerit, Doelrinre fnmos pestiferre<¡ue nigros Impielas piceam petulans nunc evomat illa, Ser¡,it., ac exL, llit sidera atl alta raput. Aurlax eL semper demcns pessu1,dare lenlat Sacr11m, atque in tertis ponere 1egna cupil. Cerne l.ianc quce expectat Le jaro furibunda, pa- (lrestram, A rmis te ae<'ingf'ns, armac¡ue vince sua. Ut tibi sint cornilt's hic tanlo in mune 1C' sume ne pop11lo lectos chrii;mate, el unge viros. Curnr¡uc illis peragra latebras, imasque e11ver- (nas, fnsrqucre crrorcm, persequcre omne nefas. Forti namque \'iro Yictrix non palma negalur; lul'l,, la con~tantis gloria stmprr erit. Q11.:e lingua au t ratnlC'n ccrl é numerare valebit M1111era !une popt:lrs numinc parta tuor Quum ,incas 1,.-.~tes,la uro el jam tcmpora cinc ta Ad Ctrli vidor limina celsa "nrieas? Antca pror·umb en~ ,•ires lurcsque rogahis Quas dare non renuit Provid11s omne rigcns. Qumque preces summo admoveas ve] vel'llll Pa- (renli In mentem veniant nomina nostra tuam. :F. R. Puní, die ,ieesimo primo, mensi:; Apri/is M.D.CCC.LXIX. INSERCIONES, La mue:;-te ale !Eva. ESCENA 13Íl3LICA. f.un el sudor de tu rostro comcrh'> el p!rn, h:isla que v11el- ,·as á la tierra, de la q11e fuiste Lomudo ; porr¡11e pnlrn eres, J en polro le convei-lirá s. Y llamó Ad:rn rl 11ornure de su mujt-'r Ern, por cunnlo era madre de todos los vi, ienles. Ce,1esis, IIJ, 19, 20. J. Jóven tndnvin, el mundo nadaba en unn atmó:,:fera de pureza y de alegria. Estaba entonando su primér hir.11110: ahria n los ojos del Señor lns flores que de él h bia recibido; amaba y se exaltaba delante del Sclior. La C'olina 110 se cncorval.Ja todavía bajo los iueg(ls del volean: el árbol 110 tembla!Ja de frio, el viento co11ti11L1ado 110 ntravesaba las vnstas soledades. Un aura blanda y se• rena baliaba por todas partes la tierra, que ¡.rnrecia, de lejos, esmaltada y prendida como para una bodn, - un trono digno de Jehová,-y de cerca, una vírgen SP11tadn con su velo en el dintel de su casa, ngnardando il su esposo en un silencio lleno de venturas. u. En la crea<'inn, mil y mil voces partia11 1111ídas de inte11eio11 y te11d1a11 todas á elernrse h/1cia el Se1'íor, que aunque-ya nn se manifestaba, toda vía hacia descender su sombra s<Jbre las a:tul'ns y desde ellas se esteuclia sobre el espacio hnhitadn. El universo vivia de la adorncion: nunca hribia pr11sado en t:lecir: «3.íis rodillas est.1111 cansadas de doblarse, mis manos de elevarAe hácia el cielo.» Y si, en virtud de la terrible sentencia pronunciada en el :Edu1, la fert i Iídnrl 110 le venia ya ·maR que con el trabajo, por la tarde, termi11n<la su faeuú, tendía la vistn sereno, lleuo de cspen111za, húciu el lado del Oriente, do11de dormía el paraiso cerrado á los horul.Jres, guaruado por el ángel. m. El m rn<lo era jóven todavía, pero Adn11 l'l'íl viejo, y Eva e~Laba condenada á u11 íi11 poco distn1ite:-A1fo11 se aeercaha í\ la I it'1-ra de donde habia salido, -y _rn E vil ibil á vol ver ú ella. Una maúa11a e11 qnc pencttaha c11 el recinto del altar, víóse rodeada de t111 vivo resplandor: haj6 la eabeza, hizo oracion y d:jn:-«..;eñ.111· aguHrdo vnPstra voluntad," Vna voz si11g11la,·111c11te so11ora :2: itó a sus oi 1!ns:- «L\Iugel', uhre los oj r, ... ,Y mira c)fo ronoccs? ¿;~riy de tu r ;1z11?,, - ·?Í Íl'(), v v;ó un átwel cuya frente rottcubu un·a corona de siete estre• -llas, con las alas tendidas, y vestido de una tirnica de color oscuro. Eva respondió:-«Estabas a mi lado cuando fuí creada: viniste á mi sonriendo y yo al instante te tendí los brazos aun antes de saber quien yo era: tu me llamaste tu hermana. Pero, oh santo mensagero, tú siempre te has qnedado el mismo, y yo no he comprendido por espacio de mucho tiempo que cada día, porque yo dal.rn gracias al Señor, me envejecia mas y mas. Aguardo su voluntad.» IV. El áng-el respondió-«¿Te acuerdas de la prediccio11? Vivir padeciendo, y apagarte en fin como el sol se apaga por la tarde, al parecer. La primera entre las mnjeres, tú sufrirás el castirro de tu _culpa. Todo lo que has amad~, co11oc1do y pnl¡->ado desaJ¿nrecera de ante· tus ojo:.: dáte prisa á ver lo que te rodea, porque dentro de tres dins se cerraran tus ojos, y luego compareceras delante de tu Criador.» V; . . Eva se dió muchos golpes de pechos rn~oca ndo las oraciones del angel por ella:-«¡Sa11to mensa g-e ro, le dijo, si debo vol ver á tomar el camino del Eden, mueve á compasion a tu hermano 9ue guarda sus puertas; pídele que ba• Je aquella espada de fuego con que nos ame1111zó!»-Sin hnblar palabra, indicó el írngel a Eva el altnr, y desapareció, y ella creyó que acaso la oracíon le habria obtenido el perdon qlle pedia. De vuelta en su retiro, tendióse en el suelo y díjn:-«Ya es llegado mi fin: Jehová me lo ha ,rntrnciado: dentro de tres dias Jª 110 estaré entre vosotros.» Adnu se cubrió de polvo y cruzó las manos sobre su frente venerable. VL Cunndo Je pnreció que Eva se babia dormido, levantóse el a11ciano, y Jlarnnndo á sus cuatro últimos hijos, todos jóvenes y robustos, los unicos que haLia conservatio il su lado1 les dijo.- «ld, sin to~nar descn11so, sin enjugnros el sudor, sin bañaros en los rios, id á buscar á los hijos del primer hombre, a los que edificau cíudaJes, a los que trafican co11 ganndoi>, á los que labran surcos; llamadlos gritando en la direcc10n de sus moradas: "¡Hermanos! ¡hermanos! ¡nuestra madre comun vá á mo• rir? ¡venid, venid a recibir su bendiciou!11 YU. Todos los hijos prestaron el oído atento al grito del dolor de los mancebos. Euoc dejó su ciu<la<i, Seth la suya, Tubalcain sus obras de bronce; u'no df~jó su arco, otro abandonó su arado; todos se eir1ero11 la cuerda á la ciutu• ra y ae pu.•d eron en camino. Ilenniérouse a toda prisa en los cnminos1 en bs selvas, y cnando estuvieron reunidos formaban el estruendo de las olas del mar. Eng-ol fario en su dolo1·, A dan no los oía JlC'gar: Evanam, el nrns jó• ven de sus hijos, le tiró por el vestido, diciéndole:-"¡Padre, aquí estan!» Levantóse el ancinno y snljó á recibir á su prole: ni verlo, todos se arrodillaron siu dejar sus báculos, todos se agolparon á su rededor para tocar el borde de su túnica; pero él meneo tristemente la cabeza, y d1jo:-«Guardad vuestros besos para la t1ue os va á dejaros.» VIII. Pocas horas despues despertóse Eva, y habi,~nrlose incorporado, se apoyó sobre el cotlo flama11doa Evanam.-«~Iadre, dijo el niño, ;.por qué dejas tu blando lecho de musgo?-Quiero respirar el ait·e de la maünna.-Pero ya va á Ilc•g-ar la .noche.-¡Ya! ¿con qué yn no mido con la vista la c,rrrera del tiempo'? Ahora estoy corno cuando nací: todo lo miro con asombro, casi sin ver nada: to<lo es nurvo para mí.-lHadre, prepárate, ahí cstan tus h1jos.-Yn Jo sé; el Espíritu Santo me ha visitado en sueños y me ha dado esa dulce nueYa: Eva~am, tú el mas jóven, tú eres quien ~ost1enes á la mas anciana de la tierra .. , Vamos, Evanam.» IX, Cuando se presentó Eva, toflos quedaron en uu sombrío silencio: parecia q~1e el dolor, los padecimientos, se halnan revelado por primera vez, y que todos l?s hombres, nuevos sobre la tierra, vetan e!1 el ejemplo de su marire ~om~rn la t~~ste herencia que iban á deJar ª Slls hrJos. Al punto se arrodillaron ~arn recibir la bendiciou de adios: ?e pie, en medio de aquellas frentes rncl.rnadas, Eva aparecía seD1ejante al anciano pastor, que agoviado bajo el peso ~e sus males, guarda todavia y proteJe á sus ovejas. Caían sus cabe• llos sobre sus espaldas, plateadas como los rayos de la luna: su brazo estendi• do sobre todas aquellas cabezas recia• maba la atencion, y su serena mirada el ~espe_to. Hi~o oracion y dijo: 1,Todo; se111s bienve?1das: vuestro aspecto ha r~fresc~_do m1 _corazo,~ y regocijado mis OJOS. Hi30s, vo1 á morir: me buscareis: y Yª. no me hallareis: muchas veces os dire1s en vuestro corazon~ Aquí venia á se~tarse; pero ya 110 volveré á tomar asiento bajo vuestro techo, ni á la som• bra de vuestros árboles. X. «Seré como el humo que se des-vanee~, co?1? el ruido que cesa, como la ce111za, umco vestigio de una palmera abrnsada. l.Ue buscareis mucho tiempo hasta el din en que los vuestros os bus: carán tam?ien. Y sin embargo, nací inmortal: 1111 culpa os ha perdido. ¡Ah! yo uo puc•do rontnros las delicia~ del paraíso: desde qne 110s fué vedado entrar en él, su recuerdo se ha borrad~ pnra nosotros. Acaso iré allá de donde he ve1rido, y donde os esperaré con leche _ y frutas ... Seth pregu11tó:- .. ¿La muerte; oh madrt>, 110 es i11movilidad? - Sí; hijo rnio.-¿Con qué quedarás como Abel, corno Abe! que duerme siem• pre, y nunca uos ha respondido? .. XL Apenas Seth hubo nombrado á Abet · estremecióse Eva y pareció que no po: din tenerse en µié. Sus mejillas se co• loraron corno dos rosas: sus rodillas se sacudieron maquinalmente como dos rocas que vnn á caer una sobre otra; y señaló con la mano izquierda una loma poco di:stante. Todos entendieron aquel mudo lenguage: cogiéronla en sus brazos cruzados, y la llevaron á la sepultura de A bel, donde Dios babia hecho brotar las flores mas hermosas y la yerba mas verde. Porque aquella éra la ultima mansion del justo, y cuando un ángel tenía que posarse en la tierra, dirigía su vuelo hária aquella sepultura. XII, Eva quedó con la cabeza inclinada. Cuando todos los que In rodeaban se afligían con la idea de su pérdidn, ella uo pensnba mas que en sn hijo <;uerido, arrebatado tan prcmaturnmente á su ter• nura.--«Aquí, murmuró, aqui estéí; ¡i:os• otros Jo depositamos aqui, nosotros mismos! ¡Oh victima querida! caiste teniendo en la mano los dones que ibas á ofrecer. El Señor te halló tan puro, íJUe quiso ntraerte á su reg;1zo;-ento11ces- ¿No es verdad, Adan?-corrieron de nuestros ojos muchas gotas de agua, que hemos llnmado léÍgrimas, y conocimos que estos ojos no nos han sido dados unicamente para ver.,, xm. Como estas palabras inspiraron á to· dos sus hijos un profnndo ~1batimicnto, Eva, que tenia ya poco.tiempo quepasar con ellos y les del.na sus consejos, levantó In cabeza, y enseüándoles las riquezas que se estendian en deredor de ellos, multiplicaclns en un vasto horizonte, les dijo:-«Véd esa tierra, jóven, fresca, abuudantej vuestr~ ~11ision es consenarla en eRa constante Jlll'CD• tud y luerro ir á descansar: uaií parte de Ía obra de Dios queda aquí, In otra

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