é imponderables deberes qu~ pesaban sobre él y .su hermano 1l~stre. Sentimos no poderlo reprrJucir por la premura del tiempo, Concluimos, por u.hora, estas mal formadas líneas, fdiciLando por segunda vez al dignísimo señor Obispo de la Pai, d~sP,ándole tod~ el auxilio de la gracia para el gobierno de su grei, y que cual sucesor de los Apostoles lleve la luz del Evangelio á todos los puntos de su Diocesis, manteniendo incolume la libertad de la Iglesia, sin la que apenas quedan esclavitud y fé~reas cadenas, en lugar de sus prec10sos derechos. Hoi al saludar y fel~citar «La Iglesia Puneñan con doble motivo, al Iltmo. señor Obispo Clavija, no puede menos de congratularse por haberle tocado tan alla honra; pues que siendo su objeto primordial la defensa de la Iglesia, tambien lo es el de tribular homenaje racional á la virtud y al merito. SEGCION OFICIAL. República Peruana.-Prejectura del .DeJJartaniento de Piww.-A 13 ele Ab1·il ele 1869. Al Iltmo. Sr. Obispo Je la Diócesis y Director de la Sociedad de Beneficencia. lltmo. Sr. El Sr. Ministro de Justicia, Culto, Inslruccion y Beneficencia, con fecha 26 de Marzo proximo pasado me dice lo siguiente: «En vista del Gficio de US. fecha 18 del actual, en que comunica d Gobierno el derrumbe que ha scJirevenido en una parle del Hosrital de San Juan de Dios de e9<t Ciudad, se ha espedido en la fecha el siguienLe decreto:- uHabiendose considerado en la partida 1,289, pliego 1. 0 del presupuesto general vigente la suma de diez mil pesos_ (10,000 ps.) para la construccionde un hospital en Puno; pase al Sr. Ministro de Gobierno, para que, atendiendo á las razones espuesLas en el oficio que antecede, se sirva dictar las ordenes convenientes.)) Que trascribo á US. IlLma. para su conocimiento y fines consiguientes. Dios guarde a US. I.-Iltm.º Sr. Jlfigitel San Rornanw Repúblfra Perucma.-.Di'.ócesi's de Pimo y .Direcci·on ele Beneficenci'a.-Pitno,_ d 13 de Abri'l de 1869. ,Al Sr. Coronel Prefecto del Depm·- tamen to. S. C. P. Acusando recibo á US. de su oficio fecha de hoy, en el que me trascribe la resolucion Suprema de 26 de Marzo próximo pasado, relativa á los diez mil pesos destinados á la construccion de un Hospital en esta ciudad, y por la que se ordena se pase al Ministro de Gobierno, para que en atencion á las razones espuestas en el oficio de US., fecha 18 del mismo mes, se sirva dictar las órdenes convenien tes; me cabe LA IGLESIA I>UNEÑA. la honra de contestarle, que, fundado en la decision del Gobierno a propender al bien de los pueblos, espero que aquellas sean conformes á las rectas intenciones de US. y á los buenos deseos de este Departamento. Dios guarde á US. JlJA.lW A.nDROtJIO, Obispo de Puno-úlrmaclo). Repúbli'ca Peruana.-Prejectura del .Depar tamento de Pitno.-A 13 ele Abril de 1869. Al lltmo. Sr. Obispo de la Diócesis y Director de la Sociedad de Beneficencia. Iltmo. Sr. El Sr. Ministro de Justicia, Culto, Instruccion y Beneficencia, con fecha 2 del mes actual me dice lo siguiente: C<El Sr. Ministro de Relaciones Exteriores, en oficio de ayer, me comunica que el agente diplomático del Peru. en Francia, ha dado las ordenes convenientes a la casa de Tomás La Cliambre y C.ª, para que compren y remitan los instrumentos de Cirugía que se encargaron para el Hospital de esa ciudad.>> Que trascribo á US. Iltma., para 3U conocimiento. Dios guarde á US. I.-Iltm.0 Sr. Miguel Sctn Ronian. República Peritana.-Du5crms de Puno y Di'recci'on ele Beneficenci'a.-Puno, J, 13 ele Abril ele 1869. Al Sr. Coronel Prefecto del Departamento. s. c. P. Quedo enterado del apreciable oficio que con esta misma fecha me ha dirijiclo US., trascribiéndome lo que el señor Ministro de Justicia, Instruccion, Culto y Beneficencia le dá á saber respecto de los instrumentos de Ciruj1a que se encargaron para el Hospital de San Juan de Dios de esta ciudad y para cuya consecucion el agente diplomático del Perü en Francia ha dado ya las ordenes convenientes. En la suma salisfaccion que con tal noticia experimento, me permito decirle que en ella veo una solemne mueatra del amor del Gobierno para los pueblos que le son encargados, muestra que le hace acreedor á la gratitud de ellos, y especialmente de éste, que empieza ya á sentir la mano de su munificencia paternal. Por mi parte, doy al Gobierno las gracias á nombre de la sociedad que me ha honrado con su direccion, y con oportunidad tan plausible, repito á US. tambien mis mas cordiales testimonios de aprecio. Dios guarde á US. Ji.TA.Ni Al'IIDBO®IO, Obispo de Puno-(ñ1·1nado). Es fiel copiaCorncliu Scilci,~:ar-(Oficial Mayor). INSERCIONES. MONSEÑOR DUPANLOUP. LAS SIE'l.'E P A.I~A.DRA.S. Vi'ernes Santo. «O vos omnes qui transitis per viam..• .. attendite el videte ..... •. «¡Oh vosotros todos los que pasais por el camino, paraos un momento, considerad y ved si hay un dolor semejante á mi dolor! ¿Cuáles son estos gritos lamentables y estos doloras.os acentos, hermanos mios? ¿cuál es esa triste cruz y esa lastimera iudicaci9n? Escuchemos aun esos nuevos gritos que resuenan. ¡Uesolaos, puertas del santuario! Yo babia criado á mis hijos, y mis hijos me han abandonado: yo los había colmado de mis bienes, y me han despreciado: mi insensato pueblo no me ha conocido, y mis hijos me han pagado mal por bien y odio por amor. Entonces supliqué á los que mas he amado que viniesen á consolarme en mi dolor, y vinieron, sí, pero fué para desgarrar mis llagas que chorreaban sangre todavía, para atravesar mis manos y mis pies con agudos clavos, y para colmar la medida de mis dolores. ¡Oh vosotros tódos los que pasais por el camino, paraos un momento, considerad y ved si hay un dolor semt-jante a mi dolor! ¿Quién es, hermanos mios, quién es ese padre desgraciado cuya ternura ha sido tan in-, dignamente desconocida? ¿Quiénes son esos hijos ingratos? El esceso de los males, el esceso de la ingratitud han podido haceroslo reconocer: ese padre es vuestro Dios, -vuestro Salvador, J esucristo; desde Jo alto de la montaña santa, donde espira tendido sobre un infamante madero, exhala su triste voz: no m; pide en este día sino que compadescais sus-males y alivieis sus dolores. ¡_Le negareis su supuca, y no podrá obtener de nosotros que prestemos un oído a• tento a la relacion de su pa?ion y de su postrera agonía? ¡Oh vosotro~ todos los que pasais por el camino, paraos un momento, considerad y ved que si hay un dolor semejante á mi dolor! » ÍAh, hermanos mios! mucho tiempo hace tal vez que la palabra san ta no resuena ó resuena vanamente en sus oídos; mucho tiempo hace que oponeis al llamamiento del Seüor un corazon rebelde: pero en este dia en que Jesucristo os pide que vengais á meditar sé• riamente á sns piés, para comprender en fin el fondo de nuestra religion y de nuestros deberes, no resistireis iJ, las instancias de vuestro Señor. Todos vendr.emos, Sefior, á poner al pie de vuestra cruz corazones mas débiles que culpados; corazones, porque es preciso decirlo todo en ese dia, corazones cargados tal vez de los miserables lazos de la iniquidad, y que pugnan por romper esos lazos, corazones conmovidos por la solemnidad de este dia, y que se preparan acaso á recoger por unico fruto de esta gran santificacion, la profanacion de las cosas santas. » ¡Ah! gran deseo tengo, hermanos mios, de seros útil y de salvar vuestras almas, predicandoos en este día la pasion y la ultima agonía de nuestro divino maestro. ¡Singulares predicadores somos á veces!, .... ¿Y de qué servirían todos nuestros discursos, si dejásemos perecer las almas hasta al pié de la cruz de Jesucristo? Ademas, tended la vista: los altares despojados, la cruz sangrienta, el tabernáculo vacío, los gritos de dolor que se exhalan del santuario, la solemne hora que se acerca, todo nos mueve al mas religioso recogtmiento. Vosotros lo sabeis, hermanos mios: no venrro ahora á meditar con vosotros las esce 0 nas de Jerusalen y del pretorio, sino únicamente la crucifix.ion, Jesus crucificado, las últimas palabras de Jes~s moribundo. Las últimas horas, las_ últ1mas palabras, las últimas angustias de un moribundo tienen algo de solemne y de sagrado: pero cuando el que sufre y muere es un Dios, cuando el lecho de sus padecimientos es una cruz; entonces debe reinar en las almas un silencio profundo, y es preciso invocar las luces mas puras y mas verdaderas de la fé para hacerse mejor á la vista de ese grande espectáculo. «Oh la mas desolada de todas las madres! no os invoco en este dia, porque respeto vuestro dolor. ¡Oh cruz, antes infame, y ahora adorable, solo á tí te invoco! Tú eres en este dia nuestra única esperanza: sostén mi debilidad en esta larga y laboriosa carrera; dame palabras, ó mas bien hábla tu misma, y si este santo lugar no se torna un nuevo cal vario en que resuenen nuestros alaridos y nuestros sollozos, vengamos al menos á tus pies á llorar y á arrepenti_rnos ............................... . «Estamos en la tercera hora del día. La triste noche que había precedido babia cubierto con sus sombras y ocultado á las miradas de los hombres, durante el reposo del linage humano, estrañas escenas, una traicion infame, un beso, bofetadas, ultrages, un horrible azotamiento, una corona de sangrientas espinas, gritos, furores; y sin embargo, á la mañana siguiente el sol se alzó como siempre sobre el mundo. Acercábase la sesta hora del dia, el sol iluminaba la tierra en todo su esplendor, y parecía que la naturaleza cantaba las alabanzas del Criador, convidaba a los hómbres á bendecirle: era el momento mas hermoso del dia. Derepente, viose aparecer en medio de los esplendores de aquel dia, en la cima de una montaña que dominaba la tierra, y alzarse poco á poco hácia el cielo, una señal de dolor y de muerte, la señal de un sangriento sacrificio., una cruz: un desgraciado aparecia en ella clnYndv, inmóYil, - poro Q~(!U<'hnd: ¡_no habeis oído, no ois todavía el terrible ' rumor de mil furiosos gritos que resuenan á lo lejos? Qué turba es esa que se agita tumultuosa á las puertas de la ciudad y parece ansiosa de un horrible espectáculo? ¿Quién es ese desdichado que se vé en la pendiente de una colina, agoviado bajo el grave peso de una infamante cruz? Las oleadas del pueblo lo rodean, lo atropellan; cada uno de sus pasos es una caida; lo levantan, lo golpean como á una víctima consagrada á la muerte; quédase inmóvil y aguarda el golpe mortal: ya ha trepado á duras penas á lo alto del monte, donde lo descargan de su pesada cruz, pero es para colgarle de ella. Le estienden,. le clavan sobre aquel lecho de dolor: una soldadesca desenfrenada traspasa con clavos sus pies y sus manos, sus manos que nunca se abrieron mas que para derramar beneficios! ¡sus pies que tantas veces coTrieron en pos de las ovejas estraviadas! clávanlo inmóvil sobre aquel cruel madero; luego á fuerza de brazos lo levantan poco á poco, y pronto queda suspendido entre el cielo y la tierra. En ton ces todo el peso de su cuerp-o abatido desgarra sus manos y estriba sobre sus pies ensano-reutados: su cabeza se doblega sobre°sus hombros: no se atreve a levantar sus ojos al cielo, como si los rayos ven(l'adores amenazasen aniquilarle, Y allí l1abia un gran pueblo que lo esta: ba mirando, y aquel pueblo estab~ alh como en todas partes, siempre mirando y hallando interesante aquel espectáculo. Entretanto, dos malvados habian sido crucificados junto á él, uno á su derecha, ot1'0 á la izquierd1, él so• lo en medio, solo él tambien coron~do de espinas: á él solo tambien le habr~n dado una amarga bebida, mezcla de hiel y de mirra.-Y los soldados que le habian crucificado se burlaban de sus. padecimientos, se repartian s~s _veSlldU· ras entre sí y jugaban su tumca á los dados al pie de la cruz: luego, levan-
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