La Iglesia puneña : órgano del gobierno ecleseástico de esta diocesis/Título posterior : La Iglesia Puneña periódico semanal. órgano ofial del gobierno eclesiástico de la diocesis(desde N°37)/Título posterior: La Iglesia puneña: publicación eventual. órgano de dcoumentos, doctria y hechos (desde n°180) - Año Nº1-18,/Nº19 Ene 12/Año 2-Nº2/Año 1,Nº3/Año II-Nº 23-51/Año III Nº52-79/AñoIV Nº 80-99/100-116/ Año V-117-136/Año VI 137-148/Año VI Nº149-172/Año VII-Nº175-184

aliareis- pronta á- adaptarse á: todaslas grandes· trasformaciones sociales, y a s·e·guir á: la humanidad en todas las faces de su ex.isten€.iar El Evangelio es la lui del mondo y lo sera siempre, y esa la razon por qué, creedlo, sera la aurora que sale y no el sol que se acuesta. VIr TEMORES, INFUNDADOS RESPECTO DEL CONCILIO.. . ¿Que temeis pues. tímidos católicos Ó· políticos sombríos? Ah!. que la humanidad se regocije mas bien de la magnánima resolucion de Pio IX,- porque ella debe· ser para- los que creen como para· los que no tienen la felicidad' de creer, una esperanza solemne. Si tenei,s fe, sabeis que el Espíritu de Dios preside· semejantes asambleas. Sin duda que desde que allf habrá hombres, habrá tambien debilidades posibles. Pero tambien habrá allí, abnegacíones santasr grandes virtudes, altas luces, celo f)Uro y valeroso- por la gloria de Dios, y el bien de las al'mas, admirable espíritu· de, caridad, y por encima de tod·o·, una fuerza superior y divina, y Dfos,- allí- como siempre, cumplien- ' do, sus- obras. «Diosr Q ice Fenelon, cuida de q:ue los· « obispos- se reunan siempre· Iibremen- ,c te· <ruando es necesario,. de que sean <e fmstante instruidos- y atentos, y de «- q,ue ningun motivo corrompido pre- « valezca contra- la verdad de la_que « ellos son: depositarios. Puede haber « en. el· curso de un exámen. movien- « tosl frregulares. Pero Dio& sahe sacar « d'e todo, lo que le place: los dirije « á -su fin, y la coneiusion llega infa- <c liblemente al- punto preciso que ét « ha determinado.* Aun cuand·o·- uno, no fuerra cristiano y no reconociera en la Iglesia la voz de Dios, bajo, el punto de vista- simplemente htimano·t ¿hai algo mas digno de simpana.y ae- respeto 4-u1:: t!Sa gran tentativa- de, la Iglesia católica para trabaja~- eni lo- que-la concierne, por- la- ilumina-cion- y la paz del mundo?. ¿Hai algoi mas- augusto y mas venerable que la asamblea· de esos setecientos ú ochocientos obispqs, que· llegan de Europa, d'e Asia, de· Africa, de fas dos- A,métieas, de· las- islas lejanas de, Occeania; represe.ni-antes. los- ma& autoriz~dos- por Ja1edad, . la•ciencia y la virtud, de to- . dos- tos, paises que· habitan,. de- todos fos hombres. del globo, con los- que· es• tan en, contacto, cada· dia?;' Ese es el verdadero senado.dé fo humanidad·. Esono· se- vé· en I)inguna: parte, y se vera en Roma·. Yr sal'vo q_ue se tenga el sentido turbado, por las- mas infustas prev.encfones- ¿qué· cábalas, qué· exajeracfones,. que· arrebatos pueden temerse . de una reu.µfon. de· anoíanos· que vienen, de todosdos, puntos-del globo,. casi todos- desoonoci-dos, los-unos. á· los otros, sin otro, ví-ncufo. anterior que la: comunidad ·de la fe· y la; virtud?' ¿A dónde podri& encontrai:se en· el. mundo, una espresion-- mas, alta, una garantia, masalta de sabidüría, de sabid•uría,. aun en el sentido· en q_ue los- hombres-la. comprenden? ' He· oído decir que los- tiempos- mo- · dernos desengañados por dolorosas esperiencias- de- la- conffanza en. un solo homlire, ti-e,nen fé en las- asambleas:. ¿qué asamblea podria, presentar semejante reuuion de· luces, de independiencia·,. y semejante variedad en la unidad?· Qué son· esos- Obispos?' Leed sus- div.isas:. Eh rzomlire del Señorf:-Traigo la paz!- Quiero. la l-itz-Difundo · la caridad!-No 11ehuso el tmbajo!-Sirvo a Dios!-No se sino el Cristal-Todo de todos! Triunfar del mal por e.l bien!-Paz en la· caridad! En. cuanto á ellos, han perdido sus nombres-de otro· tiempo, firman con el 1t0rnbre de un- santo y con el uombre (f.°€;' una-- ciudad. Su nombre propio ha· tfesayarecido, como el del arquitecto, en-. J'a, primera piedra del templo. Hé aq_uí á· Babilonia, y hé aquí á JerusaEen.. Hé aquí á New-York y á West• ,., LA IGLESI! PUNENA. mínster-. Hé aquí á Efeso y á Antioquía. Hé aquí á Cartago y á Sidon, Munich y Dublin. Hé aquí a Paris1 y hé aquí á Pekin. Hé aqui á, Viena y hé aquí á Lima. Y se llaman tambien Pedro, Pablo, Juan,, Francisco1 Vicente, Agustín, Domingo, el nombre de los grandes hombres que fundaron ó ilustraron á los pueblos, anuneiándoles el Evaujelio. No llevan solo los nombres pasados y presentes, sino tambien los del porvenir~ Ese está en el Rio Colorado, aquel en Daomey, el uno en el Or.egon, otro en Natalr en Victoria, en Saigou. Trabajamos- para el futuro, nosoti·os á quienes se califica de los hombres del pasado. Trabajamos por- las tierras que estan hoi sin poblacionest y por los pueblos que todavia no tienen nombre. Vamos mas léjos que la cienciar mas allá que el comercio, allí donde estamos solos, antes- que todos. Cuando no nos adelantamos á vuestros via- , jeros, les seguimos las huellas. Y para qué? Para hacer cristianos, es d'ecir homhres,. es-decir- pueblos. ¿Qué temeis pues entonces? ¿En qué puede un concilio haceros sombrat vosotros q~e os llamais, con. tau soberbia confianza, los hombres deli progreso, los heraldos del porvenir? ¿Se -perturbar.án la nacionalidad ó la patria por el concilio? Pero como pueden amenazarse ó .traicionarse las nacionalidades por hombres que representan todas las nacionalidades conocidas del globo, que las invocan, que viven en ellas por su cuenta propia y por la defensa de su propia fé? ¿Acaso l9s obispos de Polonia se han de poner de acuerdo con los- obispos de Irlanda para la ruina de las 11acionalidades y para la opresion de las patrias? ¿Pero existe un obispo francésr un ob\spo inglést un ·obispo de cualquier ~--lon que sea, q':1e ~eda ó no, importft C(nio-.. on p<>t.mofasmot que DO Se enorgullezca de ser tan buen francés, tan buen inglést tan buen ciudadano como el ,. mejor? ¿Tienen las- libertades aTguna inquietud que ·concebir? ¿Qué pueden ellas temer de los J1ombres, que desde las catacumba~- hasta los asesinatos de los Carmelitas,. no han fundado el cristianismo sino con el sacriffcio de su vidar y no· han visto correr su sangre, sino cuando se asesinaba la lif,)ertad, al mis- ;no tiempo que á la Iglesia?· ¿Serán los obispos de Amériea quienes se unan a los- obispos. de Béliicat de Holanda . y de· Suizat en un complot cont~a las libertades? Serán los obispos de Oriente los que se entiend'an con los de la: :francía y tantos otros- obispos eurapeost para cantar los• beneficios del despotismo? No,- no·r nada hai de verdadero en esos temores y no serian sino vanos y despreciabtes fantasmas· 1 sino se percibiera en el fondo- de toda·eso, la obra artificiosa- de un ódio que prevee el bienr queriendo á todo trance impedirlo. ¿Que hará el co-nci:lio?' Yo no vengo á decirlo, Dios solo lo saber á la hora, que- habló. Pero puedo decir loque es• un concilio', porque lo saben y lo atestiguan diez y ocho siglos de cristia-nísmo y de civilizacion. Un concilio es la fuerza moral por excelencia, esla mas noble alianza de la autoridad y de lit libertad, que pueda concebir el. espiritll '"humano, atreviéndome á asegurar que no la habría concebido él solo. No tengo· que bosquejar ahora los limites de la libertad ni los del poder; no· tengo, que caracterizar tampoco ni el cisma ni la herejía, ni el protestantismo inglés ó- aleman, ni la falsa ortod·ogia de Rusia; solo diré una palabra- que desarrollare en seguida: sí las Iglesias pueden volver á ser hermanas, si los hombres pueden volver á ser hermanos, jam11s lo conseguíran ni eon mus seguridad, ni con mas grandeza, ni con mas ternura, que eu un concilio, baj_o· los auspicios y en el seno de la IgLesiw, q' es fo verdadera madre. ¿Os inquietan las di versas corriente; de opinion que temeis percibir en 1r Iglesia? Tendria algun derecho de ad mirarme de vuestra solicitud, pero quie• · ro considerarla sincera y os respondo A la Iglesia la conoceis muí poco! Sm enemigos pintan diariamente nuestr, fé como un yugo abrumador, que nm conserva inmóviles y que nos impide pensar. Y cuando nos ven pensar libremente se admiran. Pero eso esfá en las mismas condiciones de la vita para la Iglesia, y en su se_no se 1a verificado siempre el mas grande m>- vimiento de ideas. Es verdad que tenemos un símbolo inmutable, y no fOmos como los otros filósofos que no lncen sino investigar y volver á come1zar perpetuamente sus investigacionei; que ponen siempre todo en duda, qte marchan y que no llegan nunca. Hay para nosotros, puntos adquiridos, definidos, sobre los que nunca disputamoi. La Tglesia tiene por esto fundament~s inquebrantables y no es un edificio m el aire. Y entretanto, en la Iglesia Católica, la libertad tiene tambien, m puesto. Nuestras áncoras son poderos,s y nuestras perspectivas sin límites, pcrque mas allá de los puntos definidcs, el espacio es todavía inmenso. Aun SJbre los dogmas, el espíritu cristia10 tiene que realizar un trabajo magnífüo, trabajo que se proseguirá incesantemente; porque, como lo decia hace poco, nuestros dogmas tienen profundidades infinitas como el mismo Dios, y la ramn cristiana podrá beber en ellos per~epetuamente, sio agotarlos jamás. Que no se admiren pues, al mirar, fuera de los puntos definidos y sobre esas cuestiones complejas y difíciles que el vago lenguaje de la polémica no hace sino oscurecer-, que no se admiren pues, de ver á los católicos pensar libremente. El espíritu del cristianismo fue defü,iclu, nace mucho ti~mpa, por San Agustinr con estas palabras memorables; In necessarís itnitas, ín dubus liber- , tas, in omnious char_itas. El curso de los siglos nada ha cambiado en esto. Ademas, lo decia hace poco, y lo repito ahora, el Concilio, precisamente porque es ecuménico. es decir-, comP.ueato de los representantes de todas las Iglesias de la tierra,. de obispos que vi verr bajo todos las Constituciones políticas, bajo tados los rejímen1:s sociales, excluye necesariamente el predominio de una escuelat de un espíritu estrechoy nacional, y las preocupaciones locales. El gran espíritu católico será seguramente, y no tales ó cuales ideas, quíen inspirará las- decisiones; y cualesquíera que sean las opiniones especia-- les de tal ó cual fraccfon, de tal ó cual escuela, et concilio hará la verdadera luz y la unídad. La libertad permanecerá completa para los puntos no comprendidos- en las definicíones. Pero estas- definicíones serán la regla de todos los católicos y no deben de antemano inquietará ninguno. Lo repito todavía, eltas no amenazan nada de lo que pue• de seros caro, con justo título, hombre& de este tiempo, nada sino el error y la injusticia, que son vuestros enemigos y los- nuestros. Y si quereiscorrocer el verdadero pensamiento de este magnánimo pontífice, objeto de tantas odiosas é ingratas calumnias, y de los obispos, sus hijos y sus hermanos, si quereis presumir el espíritu del futuro concilio, está todo entero en estas hermosas palabras dirijidas por Pio IX, hace apenas un afio, á los, publicistas Católicos, é inscritas por elfos, sobre su bandera, como una divisa sagrada: «Solo á la caridad cristíana corresponde abrir el camiuo, desembarazándolo de los obtáculos, á esa libertad, á esa frnte1·nidad, á ese progreso de los que estan las almas tan ardientemente enamoradas.» No sabría repetirlo bastante, y no sabríais tampoco, señores, decirlo suficientemente al rededor vuestro, grnnde es el error de los que denuncian el futuro concilio, como una amenaza, e.omo una obra de guerra. Vivimos en un tiempo en que es~amos condenados á oírlo todo. Pero no debemos dejar creerlo tocro. Cuando hace un aiío, el Papa hizo saber á los obispos reu• nidos en Roma su resolucion de convocar un concilio ecuménico ¿qué vieron en ese concilio los obispos del mundo entero? Una grande obra de iluminacion y de pacificacion, son sus mismas palabras, La bula contiene el propio lenguaje. ¿Que es lo que el Papa pide á sus. hermanos los obispos que examinen en ese concilio ecuménico, que investiguen, con todo el cuidado posible y que decidan junto con el? Lo que se refiere antes que todo á la paz comun y á la concordia universal. Hé allí la verdad. Y cuando vuelvo á leer la bula por completo ¿qué encuentro en cada pájina, en cada línea? La espresion de una solicitud mui digna del Padre de las almas por la sociedad civil y por la Iglesia: él no las separa nu-nca; cuida de hacer notar que sus males y sus peligros son comunes; que la misma tempestad combate á ambas con las mismas olas; que. en los momentos actuales y en este tiempo que se llama de transicion, la relijion y la sociedad atraviezan ambas una crisis tremenda; que hoi existen hombres que quisieran destruir la Iglesia si pudiesen y trastornar á la misma sociedad en sus fundamentos. Y para auxiliará la una y á la otra, para conjurar los- peligros que las amenazan á ambas, el Santo Padre ha concebido la idea de un concilio, y el objeto seflalado por el á los obispos, es el de sondear precisamente esa situacion critica y poner remedio á esa doble llaga. «Es preciso, dice, que nuest~os venerables, que sienten y deploran como nosotros la situacion crítica de la Iglesia y de la sociedad. · una nohi.~r.11,rn trístistímam reí tum sacr~ tum puólíre condicíune-m maxime dole-ntes, es preciso ·que se contraigan con nosotros con todo su poder á alejar, Dios mediante, de la Iglesia y de la sociedad los males que la afectan, intentissírno studío curandum esl ut, Deo bene iuvctnte, omnía ab Ecclesia et civile societate amoveantur mala. Se os asegura que el Papa quiere divorciarse con la sociedad moderna~ condenarla, proscribirla y causar en ·ella una turbacion profunda. Sin embargo, jamá's, pueblos cristianos, los males que habeis sufrido hao conmovido mas dolorosamente al Jefe de la Iglesia, jamás ha sacado de su alma acentos ma!f, sim• páticos, para vuestros peligros y vues• tros dolores~ Y todo el mundo lo ha notado despojado de las tres cuartas partes de su pequeño Estado, reducido á Roma y al territorio que la rodear colocado entre los peligros de ayer y los peligros de mafiana, suspendido en medio de los abismos, el Papa parece que no se preocupara de nada de esto. No es su trono amenazado el qut! procura defender; no se lee una frase, no se escucha una palabra sobre ese gran interés, no, en la bula de convocacion, el príncipe temporal se olvida y calla: el Pontífice solo es el único que habla al mundo. , vu. EL CONCILIO Y LAS IGLESIAS SEPARADAS. No lo hemos dicho aun todo, Todavía pueden concebirse otras esperanzas del futuro concilio. Complace prever otrós grandes resultados. Las cartas del Santo Padre á los obispos orientales no unidos, y á nuestros hermanos separados del Protestantismo, nos permiten creerlo. En dos épocas fatales de la historia del mundo, dos grandes cisiones, sefiores, han sido hechas en este imperio de las a1mns, que es Ja Iglesia: dos veces el traje inconsutíl de Cristo ha sido desgarrado por el cisma y la heregía. Fueron esas dos desgracias de la humanidad; y dos de las causas mas profundas que han retardado la marcha del mundo. ¿Quién lo ignorn? si el antiguo impe-

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