La Iglesia puneña : órgano del gobierno ecleseástico de esta diocesis/Título posterior : La Iglesia Puneña periódico semanal. órgano ofial del gobierno eclesiástico de la diocesis(desde N°37)/Título posterior: La Iglesia puneña: publicación eventual. órgano de dcoumentos, doctria y hechos (desde n°180) - Año Nº1-18,/Nº19 Ene 12/Año 2-Nº2/Año 1,Nº3/Año II-Nº 23-51/Año III Nº52-79/AñoIV Nº 80-99/100-116/ Año V-117-136/Año VI 137-148/Año VI Nº149-172/Año VII-Nº175-184

y eternas; para olicclccer á esa palabra divina que ha fundado la Jglesia Euntes ergo clocete omnes ge11les; parn cumplir el deber mas nu.;usto de su mision soberana, pnra proclamar en una asamblea genel'al de la Iglesia, al frente de los errores humanos, las verdades cttyo depósito sagrado le confio Aquel que es In verdad mi ma. Esa es la obra de uu concilio ecumcnico: ¿húi en el mundo 0L1·a mas grande'? Hace t1•escie11tos al1os que el nu111do no babia visto esas nsambleas, y al principio de este siglo se las ct·eía imposibles.- •En los tiempos modernos-"- cscribín I. de IHaistre, nu1l 110 hace cincuenta aüos1-desde que el mundo »civilizado se encuentra, por decirlo ,,así dividido en tantas soberanías, y •>que ha qido aumentado inme11samc11- »te por 1n1estros ulre\'idos naregnntrs, ,,un concilio ecuménico se ha vuelto »unn quimera». Se recotdaha t.ambien las diílcultades políticas que tnn trisle111c11le cmbatnzaron el Concilo <le 'frcntn, apnrcciendo los nuevos tie111pus mas desfavo1•ables torinvia: se creía ú los poderes modernos mns desconftados y mas ho tiles, y In libertad de la lglesi;l mns entt'abada, y su accion mas debilitada que uunca. Pero no había razun para crdumniar i1 nuestro tiempo, J en vez de clesnfütl' á la Pro, ideucia, dcbcrihmos admirar su podei-osa rna110 que1 como lo deda el anliguo proverbio, seo'/ '' derecho .~obre li'11eas rurvas, y obliga á los ueolltecimH:11tos, apesar de los 1.wmhrc , á dolJI g,1rse ú sus eternos ª""i~nio~. }lisionern y peregt•iua, la J~lc-..in 11ecesila que se acorten todos los cami,1os. Predicadora v lilh'rtadora, se aprovr•<'ha y se regocija dP. la caidn de lodo~ lo-, olJslúculns. ])ero nuestt·a 1•pnca ha rca!1zt1do e~as dos ohrn<;, la suprc:-.inn ele las dislnucins, y Ja de ·truceion Je las barrera:;, loma11uu amlrn,-., cosas, a í en su sehtido social ) político, como bnjo el punto de vic;ta nn [1;r1al. Crcvúndose servir de e te modo I os i ll te ;eses, se Ita u scr- ~v ido las c1·een1·1as, y todo eRe movimiento <]lle p·1rf'da verificarse en sentido iuvcr-,o de la r~le.ja J co11trn la .lgle~i11, ha refluido en su provecho. El espíritu del tiempo moderno obliga de hnen ó mal grado á los gohlernos á ser mas eqnitatt ros con la Iglesia, y echa por tierra las viejas preocupaciones que, no há mucho, dificultaban su accion. Así es como la exislencia de un concilio ecllméuico e::;, politicarnente hablando, mas facil hoi que en los tiempos de l'eli pe JI, de Luis Xl V ó de José H. «Solo para convocai◄ ú todos los obis- »poc;-añadía de l\laistre-y para lrncc1· »c<•rtí(icar legalmente esa convocato- •• ria, no bastarían cill<'O ó seis nllos». Y sin embarµ-o, le lrnsta á Pio lX ela- ,·nr hoi su bula ~n los muros del Letran: la publicidatl n¡o<.Jerna, ann á de:-,pec:ho de las volunb,des contrarias, la llc\'a Insta la::; est rt>miclades del mundo. Gracias á los mara, illo-o:-; progre ·os de lns cieuc ns y de la industria, sobre las itlas que presta el \'il·· por á 11uc.::;lros b11q11cs1 sobre Jo.;; carros de fuego qne devoran el espacio, desde los co11Li11ente8 rnas opLtest,)s y desde las islas mas lejanas, los obispos vendnín al llamamiento del Poutíficc. Vendrün de los paises libres y de los que no lo son; y de este modo, me place repetirlo1 la doble co1·- rie11te de las icleas y de la industria ele nuestro tiempo, i;;ervirá 110 sr.lo i1 la vi la nrntc,>ri;1l 1 , ino al gohícrno de la::; almas, á la mns alta manifestacio•1 de la vida espiritual en la humanidad, á In obrn mas gra,n.ie <lcl .Espíritu de 1>10;.; sobre la tierra. IT. EL PuoGr.\,J\ DEL Co:xc1uo. ¿Con qué obj('to, con que rensamiento, el jefe de la Iglesia convoca á esas sesioues de la catolicidad á «sns venerables hermanos, todos los obispos LA IGLESIA PUNEÑA. del mundo católico, cuyo carúcter sa~ grado los llama á pnrticipn1· <le su ::iolicitu<l»'? Las letrnc; apostólicas nos lo cliccu claramente: es preciso leerla!', J juzgar ú la Iglesia con eqllidad, pol' sus propias palabra~, y no por el odio ni por los vanos comentarios. lié aqni co1110 el Santo Padre traza en la lwla el p1·ogrnma del fulu1·0 concilio: «Este concilio ccnmcnico, dice el Papa, teudrá pues, que examina1· con el mayor cuidado, y que determinar lo mas conveniente, en tiempos tan difíciles y tan duros, para la mayor gloria de Dio , para la i11tegrida<l de In fe, para el honor del culto divino, para la salvacion ctcl'llél de los hombres, pn1•a la disriplina del clero rcgtilar y secular, parn s11 i11slruccio11 saludable y sóliua, para la obserra11cia de lns leyes eclcsiúslicas, para la rcfor!nn de las costu111brcs, pílra la cducacion cris1ia11a de la ,it1\c11t11d, para la pazcomull y la concordia u11iver:-;nl. «Serü necesnt·io ta111bie11 tl'Hbajar con todas 11ue.·lrns fuerzas, con el au · ilio de Dit1s, en al<·ja1' todo mal de la Iglesia y de la soeieJt1d; en u·aer al recto 1-c11dero ele la n!rtlnd, de la justicia y de la sal vaciou á l0s cle~grnciados que se haJnll e"\trnviado; cu rcprimit• los vicios )' rechazar los errores, ü fin de qne nuestra aug11sta religio11 y su doctrina saludable adquieran nu~vo "igor en todo el munuo, qnc ella se propague cada di,1 mas y ma., que recobre su imrcrio, y que de este modo, la piednd, la honradez, la justicia, la caridad y todas las ,•irtudes cristianns se fortifiq11e11 y f101·t•zcau, pa1·a el nrnj•or Lie11 del gé11cro humano». 'fodo el programa, torio el trabajo del íutul'o coucilio se reuuce ú eslas pulnbrns. Tendrá pues, dos grandes objetos: el bien de lci l[¡lesict y el bien tic la sociedall !1111110 ,,a.. Esto es todo, y 11nda mas q 11e e:,;lo. \ntes que todo, la Iglesia se reune p,U'a reariirnar su , ida interior, y como dil'e el .\póstol, resucitar la gracici de IJios r¡ue eslri en no~olros. Vorque, se~ flores, la lg-lesiá tiene el privilegio adh1irablc que os he dicho! es el único cuerpo dotado de un poder de perpetuo· rejuvenecimiento, en el seuo de una perpetua existencia. En virtud de sn conslitucion divina, en las verdades que posee nada cambia, nada se crea, nada se pierde, ni una sílaba ui un punto: Jota ilmtm, twt wws apex non pn¡;teribit, dice .JesuGristo. Pero ittstitucion virn, compuesta de hombres, sacando sus jefes y sus miembros de todas las unciones, de tollos los rangos, siempre abierta t)n~ ra quien quicl'a dirigirse á ella, y aumentada sin ctsar con trnevas rnzas,- ú la 111a11era como el caudaloso rio, q11e recibe los arroyos en st1 setio, rcflvja los objetos que cslt\n sobre la orilln; y ndapta su curso a los clin1ns, á los lugares, y ü las pendientes-la Iglesia .. tiene el <lon de acomodarse á lo._ tiempos, ú las i11t;titucin11cs, ú las 11ecesidacles de las ~eneraeiones (Jlle atraYiesa y de los si1-4los que civiliza. Ella está ademas, aquí ¡¡!)ajo c11 u11a lnbor perpetua, ú fin de hacerse cada \'CZ mas digna de habla1· de Dios á los hombres y de ser est'ucliada y comprendida. Examina sin ce-;nr, con respeto, pero con soberana autoridaJ, sus libros disciplinarios, MIS leyes, sus inst: tuciones, sus obrns y, sobre torio, sus miembros, distnlrnidos cu los diversos grndos de la gerarquía. Ah! cierlamente q,1e no nos cr~en1os sin faltas, llÍ sin nrnncllas. «¿Acaso es nclmiracle, decía fe11clon, encontrar en el hombre restos de la huma1iidad'?» Pero, á Dios sean Jadas gracias inmortales, nosotros llevamos en r1 imrerc~ ccdcro tesoro de las \'Cftlndes y ele las le~ es di,inas, de que somos depositarios, el medio de reconocer siemnre nuestras faltas y ele reformarnos.' Contra nosotros es pues, ó mas bien, para uosotros, antes <]Ue todo, que se reune el concilio. ~o hnbrá uno solo <le entre nosotros que al tomar un asiento en e. a nug-usta asamblea, no doble en la ma1iana la rodilla sobre la última grada del altar, no incline la frente, 110 se golpee el pecho, v <li~a: «Si_ Dios uo es 11i mejor conocido, 0 ni me.1or sen ido á mi al reuedor, si la vct'dad sufre violencia, si los pobres no son a istidos, 5¡ la justicia peligra, oh! Dios, ~s P?r. mi culpa, por mi culpa, por 1111 max.1ma cul¡w!» HeJcs de Ja tiel'ra! rnso~ros que disponcis algunas veces con tan horrorosa libertad de la suerlc <le las naciollcs, de cuan to os a~rov_echaría semejante exámeu, si pud1enus soportul'lo! ..\samhleas humanas, parlnmc11Los, tribunales, con,·encioncs populares, ¿creis que esa mirada severa lanzada sobre vosotros mismos, esas confesiones, esos escrúpulos, esos h_úl..iitos valeroso:; de di::icipli11a )' d_e re{ormn, _serían i11úlilcs para apas!guar las ctegas ugi tacioues, las pasiones arrogantes, ó para sacudir la sofiolienta rutina? llabi6r1dose cada uno de nosotros e. aminado, intcrrog~do, acllsnuo scYeramc11te, nos preguntal'(,'mos cuales sou hoi los __obstilculos para la propagncion de la 1~ ?ntre los pueblos que no la 111111 recdmlo, y para su t·eslablecimient~ entre aquellos que In perdieron; revisaremos los rcglatncu tos, rcfot·maremos los abusos, restableceremos las leyes ol vid alias, modificaremos lo que uecesitc modificarse. Bajo la autoridad suprema del Padre comun del Obispo d_c los obispos, Ja espcri~ncia de los_ an~wn?s, el ardor <le los jóYe11es, l,~ rnsp1rac1on de los mas santos, ln sabiduría de los mas súbios, todo concurr!rá á -esa generosa y sincera verificacwn de nuestro propio estado, ele nuc:;tra mision sobre la tierra y de nuestros dcbetes; y renlizndo este C\.1\- men en la mas libre y fraterual disé~1sion, será seguido presto de resoluc1ooes sólidas que serán desde entonces y por muchos siglos, la re0 la de nuestra vida. 0 Tal será pues, el primer objeto de la . .Asamble de los obispos, objeto sublime y humilde, que admiran con rest)eto los hijos de la Iglesia, y que sorprende á sus mismos euemi~os con una ndmiracion que µrocurnn° disimular en vano. Sí, oueslro ministerio es tan hermo o, nuestras asambleas están tan por encima de las otras asamblea<;, que la lengua de los hombre:; conlicne la c?t1fcsion involuntaria de esa st1périonuad. Cuando ellos tJuiercn definir una íuncion noble, una mi~ion superior, un papel aparte, lo nombran, v nun cou exageracion ú menudo, sacer: Llocio: si quieren- hablar de una rell11ion importante, solenrne, que hnrá época cu la__hisloria, e.::;clamau: parecrn un co11ctL10 de reyes ó de legisladores. No tienen las· lenguas humanas palabras mas elevadas, sin que nosotros, sncerdotes ú ouispos, debamos enorgullecernos por esto; porque nuestras manos uo hicieron esas cosas; ,·ienen <le Dios, y la altura de las palabras (!Jne las expresa11, recuerda á nuestra humildad, jnnto con la majestad de nuestra Yocacion, la tremeuda estension de nuestros dehereH. l'ero, por último-¿quc razon tiene en mtestros dias y ahora mismo, esa reu11ion de todo el episcopado católico, en el seno ele un uuevo cenáculo? ¿Qué l'nzon tiene esa santa vigilia de las armas, si se me permite la palabra? ¿Q.ué razon tienen esas preparaciones, ese trabajo y ese aparato de un gran concilio? Por c¡n6, bajo la inspit'ncion y la mirada de Dios, ha juzgado el Pontífice convcuicnte reunirlo en esta se~ gunda mitad. del siglo XL'? Se ha dicho dt! nuestro :.\facstro el divino Salvador del mundo: l'ulneralus ,•.,l ¡1¡-11¡;/er i11i,¡11ilatis nostras. Pues bien! por las i11icp1idades de lus hombres y por las nuestras nns vamos ú imponer tantos trabajos. Cuanto mas dificiles son los tiempos, mas puros debemos ser para mus tremendas pruebas, armados para combates mas ru<los, sñbios en vísperas tle discusiones mus aruientes. r si los hombres nos preguntan para qué vamos ú esforzarnos de ese modo para aumentar entre nosotro · la l~z y J~ cnridnd, les respondemos, que su1 olv1dnrnos de nosotros mismos v de nuestras necesidades, lo haccmo~s tambicn por ellos, contemplando su estado, sus aspiraciones y sus sufrimientos, y con el deseo <le hacerles biene:; mayores. 111. C \l"SAS JlEL Cü,CILIO. ¿('.uál es pues, hoi, el estado <le las almas y ?~ los pueblos esparcidos e11 la superficie de la tierra'? ¿(Íuién 110 se preocupa de estas cosas? Echando el Papa uua mirada sobre e! mt~11do y prestando desde lejos el 01do a los rumores de la sociedad coutemporánen, 110 ha podido dejar de v_er, como todos lo ven, dice, Ja crisis profunda, o con10 se cspresa la bula, la tormenta que agita á la Yez a la Iglesia y á la sociedad. ¿Cuál c5 pues, seliores, esa crísis de la Iglesia y del mundo'? 8i tcndeis la vista á la hi.:,Loria, á ese i asto occeano de las edades al que somo~ arrastrados uu momento para sumergirnos en seguida; respondereis al punto: que esa crísis no es sino un incidente ele la crisis perpétua, una escena del d1·ama permnnentc que compone los destinos del genero humano. Los pasageros noveles se creen siempre embarcados dUI·aute el mal tie1~1p_o, y se imaginan que solo para ellos tiene el mar escollos y peligros. Pero los navegantes avesados conocen perfectamente la incertidumbre de las olas, y que In tempestad del día que se levanta, ha sido precedida por otras tempestades ya pasadas. Y si somos tan atentos como justos, reconoceremos que esta crí::;is del tiempo presente, ni marcha al acaso, ni se escapa, lo mismo que líls otras, á la rnluntad de Dios. Y aun añadiré que, considerando los profundos desiC7nios de la Providencia, esta crisis io carece de grandeza y tiene su belleza, sus leyes y su fin, como los fenómenos en apariencia mas confusos y mas desordenados de la naturaleza. Por enmedio de las luchas y de los o_bstáculos siempre renovados, la Jglesrn que sabe a doude se dirige, y los hom~res á menudo contra sn grado, persiguen el ideal cvnngélico, y la Iglesia cuya mision es la de elevar ]ns almas ·hasta él1 gí111e aqni abi1jo, por- <] ue ese ideal uo se ha realizado uúnca lo hnstante, para la gloria y felicidad del genero humano. Sin duda que debe reconocer::;c los esfuerzos del trabajo, del snber y elcl valor, que clcsp_legan hoi los holllbrcs. Hace algnnos siglos que han ncumulado tesoros de cieucia, de riqueza y de poder, y ha aparecitlo en ambos mundos una cosecha sorpr,~ndcnte ele hombres <le Lal?nto, arti:-las y oradores, sübio:; y militares, administradores y publicista:;, cuyos nombres y cnyos trabajos serán s~ludados por In posteridad, con legítimo recouoci111iento. Pero no Lasta todo esto pnl'a la humanidad, y haLienclo sido justos con lo bueno, scam~>s justo:i en presencia de lo malo, m11·cmos .frente á frente á 11ueslro siglo, y conve11garnos con el atwusto v veridico Pio lX, que las sociedades hu·- mauas estún en este momento profundamente perturbadas. Y _no creais, scliores, que pretenda refcnrme á las perturbaciones de la política y de ln guerra. No ignoro que In Europa ha resonado mas ele una vez en estos últimos at10~, cou el ruido de las batallns; que una sorda iuquietud agit<l ahora mi::,'..

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