La Iglesia puneña : órgano del gobierno ecleseástico de esta diocesis/Título posterior : La Iglesia Puneña periódico semanal. órgano ofial del gobierno eclesiástico de la diocesis(desde N°37)/Título posterior: La Iglesia puneña: publicación eventual. órgano de dcoumentos, doctria y hechos (desde n°180) - Año Nº1-18,/Nº19 Ene 12/Año 2-Nº2/Año 1,Nº3/Año II-Nº 23-51/Año III Nº52-79/AñoIV Nº 80-99/100-116/ Año V-117-136/Año VI 137-148/Año VI Nº149-172/Año VII-Nº175-184

~i3uiendo el ejemplo de muchos <le mis venerables cokµ:as que, lomi:Srn o 1•n Frnncia que en otros mnchos puntos de la cristiandad, han pnb!icado, 8ubrc este objeto instrucciones pastorales ven°·o á lrnblnrns <ld asunto. Os r~corda~é lo que son los concilios ccuméuicos, á los que no estamos a ·· costumbrados hace largo tiempo; os diré qué motivos inspirados de lo alto, han decidido al Sanlo Padre ú este acto, el mas extraordinario, el mas consi<lernble del gobierno pontificio; en serruida veremos si tienen algnn fnn · du°mento las alarmas que la noticia de un hecho semejante ha creado en nl- ~unos espíritns rnalé\'olos ó mal intelig-cncindos; os daré a cono_cer, por üllimo, lo que nosotro¡:, ohispos, sacenlotcs y fieles, tenemos derecho de esperar. J. EL CO:'iCILIO. «Dios, olee .Dossuet, ha hecho una obra en me<lio de nosotros, que separnd,~ de tot..la otra crnusn, y 110 dependiendo sino de ella soln, lleua todos los tiempos )' lodos los lugares, y lle- ''ª por toda la ticna, con la impre- ~ion de su mnuo, el carúcler ele sa autorid.i1: es J esncristo y su 'Iglesia.» EtisLe, pues, en este mundo sobre las ~'.osas hunrnnns, aunque mezclada pro[nndamente- con ellas, uon' sociedad cspiritunl, un imperio de las almas: imperio de un órdcn aparte y divino, mas de los ciclos que de la tierrn, y sin emba1·go, imperio verdadernmentc· de alsajo, socit.:dnd cornpletn, teniendo como toda sociedad, su orga·nízacion, sus leyes, su accion, su ,•ida; sociedad fundn·da no por mano de hombre, sino por el mismo Dios, y no necesitando· para existir de la auto1•izacion de nadie; porque ella tiene su mision corno su origen, sagrndos, y saca de allí todos sus derechos esenciales. Viagern en el mundo y estrangera clivinn, como dice aun Hossuel, es sin emuargo,. soberana, sohcra11a de las almas, donde tiene una manciou inv-iolnble; no usurpa los poderes lll1manos, pero no abdica en fronte de ellos sus úCrechos di vfoos; fdíz cuando- encuentra SLl apoJo, y no rcl:hnzando :;u alianza, sabe prescinuil' <le ella si es preciso; no perturba su mision tcnestre, pero no· cousiente que perturben In SU)H: sociedad uni- ,·ersul que n,o reconoce límites en el tiempo ni harret'as en el espacio; depositaria de los bienes celestes y encargada de comunicar á los hombres, hasta el fin de los siglos la verdnc.1 cvaugtlica; y teniendo eu el mundo, pot· esa, mision como por ese orígcn, en el mundo civilizado por ella, un puesLo, que poder alguno licuará jamás. Sí, existe esta marn, illa en el mundo: en medio de todos los gobiernos humanos, temporales, limitados, ,·ariablcs, existe est.a socicdnd cspiritllél l, este gobierno de las nlnrns, difundido en todas partes, inmutable, y 8in fronteras, la Iglesia. Si vemos su conslituciou de mas cerca-y es necesario tender, fl lo meno , una mirada rúpiua, - para mejor comprender el mas solemne- <le sus netos, el concilio ccurnéuico-\'CPcmoJ con qué arto lan- divino) Jesuerislo ha pro1)orcionado los medios nl fin. El Jlijo de Dios, tal es nuestra fé, ha dado á los hombre~, no pnrn un tiempo, sino para toda la duracion de los tiempo-:, onrnibus clieúus usque ocl consummalionem üucidi, un conjunto de Yerdadcs, d.e n nndatos y de institucio11cs sngra<lns. La sociedad cristiana, que - uestro Señor llamaba su Trrlesia Ecclesiam mec1m, tiene el dcpÍ>sito d¿ esas rev<'lacioncs divhrns: sociedad Yisihle de.,de que la rcligion no debe &cr mw . cosa ocnltn; y per11etuame11\e visió.lc, desdo que la perpetuidad le ha sido promelidn; sot·.icdad uniYorsal, por úllimo, puesto <1ne Lodos los liomlm•-,, t.A IGLESIA PUNEÑA. sin excepcion nlgunn, son llumaúos u su seno. Vero el depósito de lns re-velaciones <livinus, 110 podian trnsmitirse sin ulternciou ú tra Yes a~ lns edades, oí se hubiese e11tregnd) á las movibles ,, capriclio::;as interpretaciones del se~·,Lido privado: or:1 pues, indispensable instiluir 1111n autorida(l doctrinal, sobc1·aJia, es dcc:,it· infoiible; ¡~orqne una antoriün<l no puede ser !-iObcra11n en ninleria de fé, ); alcanzar el aRe1llimic11lo interior, si11 poseer la infolibilidat.l. E~to es lo q.ne IÍn qncrido, lo que ha hecho el fondnüor del cri~tin11ismo, cuando, dnudo it los apóstoles su mision, pronunció estas pnlabrns, las últimas que liaynn saliuo de sus lábios. «Corno mi padre me ha e11,i.ndo, asi os cu vio~· Jd. pues: cnseüau it todas las nncioucs, bantizadlas en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Snnto, y cnseüadles il observar todo los mandamiL·ntos que he dado a los hombres: J esfaré con vosotros todos los J ias husla iu consnmaciou de los siglos». Tal es pues, el carücter ese11eial de In Iglesia: es nua autoridad doctrii!nlr prodtlencíulmente infalible por la: nsistcucia divina, en las co::;as reveladas por Dios De la infalibilidad, se comprende, naee In unidad; 110 una unidutl aceidcntal y de hecho simplemente, sino una unidad necesaria y penunneule, puesto que el pri1ic-ipio de la unidad es pcrnrnnente en la lgle~::;ia. El prillcipio, y ntlcmns el ceutro de nuidnd; esto se hallaba eri la naturaleza de las cosnsr en las indispensables condiciones de una Iglesia fundada de ese modo. Eú efecto, neccsit,tl.>n esn Iglesia docente, esparcida en todo el universo1 para reuuirla <!11 un solo y único cuerpo, un centro, una cabeza, un jefe: Jcsucrislo 110 desatendió esa 11ecesidad y escogió á uno de sus apóstoles,. á qufen invistió de· privilegios especiales, ú quien confió, segun su divina esptesron, las llaves J,el rebw de los cielos, en quien estableció la base, la JJieclrn fundamental del edifieio, el pasto/' lle las ovrjas como de los co·, deros, es· deci,·, el pastor y el jefe de Lodo el reb~üo, Hé allí la gerarqnía de la Iglesia. Para desrnenlit· pcrfectn111e11te, al tiempo que destruye todo, y para el esplrittr lrnmnno· que cousltrnlcmentc cnmbia, era i11uispe11sable utra sociellad religiosa coniltitui<la de ese moúo. lHas, para ello era uecesal'io tambicn ,11rn nrnuo <li viua que constituyera de esa suerte ú una sociedad cornpuc. ta de hombres, y estos grnndes caracteres de nutorirlad y de nnidncl en la perpetuidad y la catoliciJad, son eu la fglesia, corno el sel lo de la poderosa mano que la fundó. Ella permanece a<;i entre los hom;)res, estnlJlc, en rnedio de la movilidad universal. En ,1ano la inquietud uaturnt dcf espíritu hn11wno se estrellará contra sus <ln~·rnas, las heregias sucederán á las heregins: ese movimicufo inevitable scrú impotente co11tra su constit.ucion robusta, y ella será siempre, como dice el apósto!, columna y fundameulo <le la vcruad. Tal es la Iglesia cntólie.'l. Pnes bien, se11orc;-;, uu co11cilio erumcnico es esa lgiesia Católica, reunida- para hacer mas brilla11ternc11tc la obrn, que dispensn, que renlirn Jíariamc-·hte en la ticrrn, á Raber, la trnsmision á los hombres y In interpretaciou auténtica de la::; verdades dogmáticas y morales, conteuidas en la re,·clncion evaugélicn. Y hé allí, sefiores, lo que quisiera cxplil·a1· bien en este instante, y hacer comprender á nucslrns contemporúnco5 tan desncosllllnbrados á estas cosa~. L<imprencleis, sin embargo, que mi ohj<'lo no es tratará fondo d.c los conci!iLJ:,: se podría escribir y se ha escrilo volilmenes sobre ellos. Pero hai aquí, á lo meuos, algunas nocioucs ·11eccsarias1 que es esencial csponer cou precisionf puesto que estas materias son hoi pot;O familiares, y que nd<:· mns, eu todas las cosas son las mas útiles, las nociones simples y fundnmentalcs. ::;e llama pues, concilio, una asnmblca de obispos, reunidos para ocu~ pa1•,:;c de la fé, <le la moral y tle la dbciplinn. El concilio es ó general ó .¡rnrtícular: particular, si no repre:;euta sino unn parte de la Iglesia; gcuernl ó ecuménico, si rcprc:-ienta á l<t Jglc::;la ttuiversnL El concilio general, como que representa á toda la lgle5ia, ticuc el privilegio de infaliviiida<l doclrinal1 y de autoridatl suprema, dalla por JcsuCri:;to á la misma Iglesia, al cuerpo de los pnstores uuido á sn jefe: el eoncilio parlicnlar úo lo tieue. El Jefe Supremo de la Jglcsín, el Papa es el único que tiene derecho tle co11vocai· concilios generales. l>or la misma razouf al Papa solo corres¡Jonde el derecho de presidirlos, Y cfcctivnrne11te1 los Papas hau sido siempre por sí mismos ó por sus- lcgaúo:;r lo::; que han presidido los concilios ecuménicos. },sí en i\icea, en Consta nli11opln, en Efcso, en Calceclo-- uin, lo mismo que en el Concilio do 'frento, los Papas presidieron por sus legados. Eu los concilios de Lelran, <le Lyon, de Yiena, de .Florenciai pre.. sidierou eu persona, «Sautísímo Padre,-escribían ú Sri.ti Leonr los padres del Concilio de Calcetlouin-en medio .de los olJi~pos, jueces de la f1 \ pre~idinis como el jefe á los miembros, en la persona <la aquellos qne ocnpaban n1ostro lugar». .Así como corresponde ni Sobernno Pontífice convocar y presidir el concilio gcneralr asi le corresponde tambien el cfansm"arlo, y aun <lisó'lverlo en caso necesario, y couürmnrlo.· E[ ,ícucrdo· de los· obispos con el Papa es mnuifiestamcnte uece-sario par1l el bucti éxito ec·uméuico de un concilio. Ueunidos en concilio de todos fos lugares del mundo, y teniendo el Papa á la cabeza, sea por sí mismo ó pot· sus legados, lo::; obispos deciden las cueslioues,, como testigos de la fé de sus iglesias, como jueces dé derecho di ,·ino: Epúcopis jucliciblls, decían lospa_dres· de Calr;euouia. Dcjiniens subscnpsij subsc1·ipsi 7iron1rntians clmi sancta synocto, así es como firmnbau los obispos en Calceúonia y en Efeso, como· tarnbicn en Treuto. El derecho ha seúala<lo las formas e:Heriores de estas asambleas. Hai ses/ones solemnes cu que _so pronnilgan los decretos; y congreyacwncs donde se elaboran. Con qué cuidado, con qué eé:crúpulos con que investigacion! la hbtoda del Co11eilio de Trento lo atestigua, y el pr0ximo Concilio de Homa se1'á de ello una prueba no menos esplémlid:1. Hcctivnmcnte, desde· que el Pnprr se rm;ol vió á convocn1· uu concilio,• se ha ocupado de él con ncli vidad pro.. pol'cioundn it In irnportnflct;¡ de la futura asnmblen, y cüal couviene al ca~ ·rúder del jefe <le la Iglesia en un concilio ecnménieo. )luchas comisiones ó congregncioncs compuestas de sál.Jios carden¡¡[es, .Y de t,~ologos escogidos cut re todos los paises, han sido ni pu11to nombradas por (d, J trabajan con ardor en preparar las matel'ins que tienen que tratarse en el concilio. Hai una congregacion espc~ial rara el dogmff, una para el derecho canónico, nna para lo relativo ú 1ns órdenes religio-- sas, una para las relaciones de la Jglesin cou el Estado, una para las iglesias de Orieutc. Es de uso en la Iglesia, cuando el Papa qniu1·c convocar un concilio ecu111é11ico, ad,·crtir de antema1w y solemnemente ú los obispos que deben llevar allí, con la autoriuad de su cáracter, los consejos de su rxperiencia, y las luces que su dispeFsiou por todo el mundo puede darles, y la competencia especial para la iutelineucia dL los tiempos y las necesidades de los pueblos. Asi, desde el mio pasado, Pío IX, en <los alocuciones dirigidas á los obispos reunidos en Roma, les anunciaLa el futuro concilio; y ncnba de lla111nrlos á todos cu su última bula1 y de sefialar la fecha precisa1 ú fin de que los prelado~ advertidos y convocados de antemano tengan tiempo de estm.linr con ~cscauso las cuestiones, y de llegar pertectamcntc p1 eparados en In época indicada por el ¡;obarano Pontífice, ~o uc~esíto nfiar!ir, que si el Papa y los obispos reurndos pueuen dar leyes disciplinarias y modificnt< mas ó menos ?n el derec'.10 cai1ó11ieo lo que no_s. es rnmutablc pOI' su naturaleza, la rn1siou de los concilios en materia de fé1 no es crear el dogma: en los coucilios. no se hacen dogmas1 se <lec!al"an s1111plemc11te. f,o que les corresp_ond~, lo que han hef'ho siempre, ha sido rnterrogar líis escrituras y la tradiciou y ú los iutérpi'etes aütorizados de una y otra~ de este modo, con ílll!· da de todas estas loces renni(.ias, despues de los mns concie11zndos debates Y, el nu~ilio del Espíritu Sñnto, largo tiemp,o_ rnvocndo, se define, sC'guu las Hece~tdades de' los tiempos y las exigcucrns de- las- almas, lo que ha sitio, lo que es Ja creacio11 de la J•Tlesia. La historia cuenta hasta ¡~fiora 13 concilios ecuménicos. Y sería difícil detel'minnr el itifinito ll'i1mero de los concilios particulares. :úda pone mas en ~~nílpat<encia, que esas asambles cooc~lrnrcs la poderosa '>'itnlidnd de la Jglesrn y la fuerza que lle,•a en su se110, para defenderse ya contra los errotes que engendra ine!esanteniente el c~µiritu liumnuo, p contra la corrnpcion y los nhlisos inevitables- en la enfermiza naturaleza del 110mbre. Esn es la {wicrr sociedad <le In tierrn donde· no son necesarias las revo!uetot'lcs, Y. donde .!as rcforiuns son siempre· pos,_b,lcs. i\i uno sofo de esos mi[ cooc,_l¡o_s ~ia dejado de estatuir sobre la d1sc1plurn al mi_smo tienipo que sobre ICT fq Y el mismo' gran concilía de Trento,._ sin temer Ia palabrn reforma qna ngilaba la Europa; la tomór porque le p_e1_-te11ecía, y acompañó todas sus deñnic1ones sobre la fé de decret?~· de re(ormalione. Rconrdo~ en co11c1lia e_cuménico, el Papa y fos obispos, nude,t _con, vista firme todo el conJmüo _de. la ~1tuacio11 de las casas cu la republ!ca cristiffnílr y nplican vnlerosame11tc_ e~ remedio ti las hcr-idns y á los sufr;m1entos. De ese modo se ren_neva la :inmortal juven(ud dC' la Jo-lcsi·~, u_n wplo· de_ Yida mas activ~ y rn,,s íuerte se difunde en ese vt1:,lo C\1erpo, y ~a sociedad misma experimenta su h1e11l1cchora iuílnc11cia. !] Papa acaba, rucs, de cam1 ocar, s~11ores, unn de C'S~s asambleas ec11méu1cas. .De~pnes de meditar profunda-• mente en los 11ece::.idades de los ticmP?S, Y o_ra_do mucho- en presencia do O_io~, el Jl'Íe de la Iglesia católica ha dfeho 1111a pnla!ira, hn hecho una scü_al sotemnc, Con eso hasta, y del Occule'.1 Le y del Oriente, del 0 :\orte v iHcd,odía, <!e· todos los puuto& tl~l m1111do hab1[ados, de toda tribn, de toda len~ua, de toda naeion, los jefes de e~•. 1 gTan soriednd cspírit11al, todos los- m1e1111Jros dispersos de ese gobier- ' no de las nlmas, que se !Iarnnn como se llamnn las primeras c-i11dades del Uuiverso donde rc:::iden, los obispos van á partir, y á reunir!:e en el lugar determinado por el Soberauo Pontífice, para tratar juntos, no como en los congresos humanos, de la paz y cJc la guerra, de co11quistas y de fronten1s, síno <le las almas y de sus intereses sngrntlus, tle las cusas espirituales

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx