La Iglesia puneña : órgano del gobierno ecleseástico de esta diocesis/Título posterior : La Iglesia Puneña periódico semanal. órgano ofial del gobierno eclesiástico de la diocesis(desde N°37)/Título posterior: La Iglesia puneña: publicación eventual. órgano de dcoumentos, doctria y hechos (desde n°180) - Año Nº1-18,/Nº19 Ene 12/Año 2-Nº2/Año 1,Nº3/Año II-Nº 23-51/Año III Nº52-79/AñoIV Nº 80-99/100-116/ Año V-117-136/Año VI 137-148/Año VI Nº149-172/Año VII-Nº175-184

LA IGLESI! PUNEÑA. aiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii¡.¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡.¡¡¡¡¡.¡,.¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡.¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡.¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡...;¡¡¡¡¡¡;¡;¡¡¡¡¡¡.¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡.¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡iiiíiiiiiiiiiíiiíiiiíiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii..íiíiiiiiiaiíii.-,.¡¡¡¡¡¡¡¡....¡¡¡¡.¡¡.¡¡¡¡¡.¡¡¡¡iíiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiíiiiiiiiiiii iiiiiiiiiiii.i¡¡¡¡¡.; -cr:::::::::¡¡¡¡¡¡¡;;;¡;¡¡¡¡,_¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡iiiiiíiiiiiiiii¡¡¡¡¡¡¡¡ · R~dmo. Obispo de la Diocesis nos dirigia la palabra llena de uncion, enseñándonos que el Eterno se aplacaba por medio de la conversion; y para que esta fuese buena, se ocupaba en-.]os ocho dias de manifestar las cualidades indispensables para que nuestro arrepentimiento fuese verdadero. Despues de la exhortacion seguia el santo sacrificio d8 la Misa, celebrada acl hoc por manda to del Prelado. Por la tarde. despues del santo Rosario y de una pequeña oracion mental, precedida de la correspondiente lectura, volvia el Sr. Obispo á ocupar la Cáledra del Espílitu Santo, y allí, cual otro Jonás que anuncia a los Ninivitas los decretos · divinos acerca de su futura suerte, así nos lo anunciaba, haciendo de las verdades eternas una aplicacion a las circunstancias que nos rodeaban, consiguiendo un inmenso fruto, ya con su palabra inspirada, como con las lágrimas que circundaban sus megillas. El pueblo conmovido, regaba el suelo con sus lágrimas, resonando en la bóveda sus ayes salidos de lo h1timo del pecho. El templo desde uno á otro estremo estaba lleno, de manera que hasta el cementerio ocupaban las personas, que con su arrepentimiento querian aplacar la ira de Dios; y no digamos qee por la novedad babia tanta concurrencia de toda edad y condicion en el momento del conflicto, sino que todos los dias sucedía lo mismo, manifestando su verdadero dolor. La víspera en que el Cordero sin mancilla había dé inmolarse y darse á las almas dispuestas, en testimonio de que babia aceptado sus ruegos, se veía el hermoso templo de la catedral lleno de personas que lavaban sus conciencias por medio del sacramenLo de la peniLencia, asimismo la parroquia de San Juan, en cuyos templos estaban distribuidos los señores sacerdotes, para dispensar su ministerio pastoral, y desde ese momenLo en los semblantes revelaLan el consuelo que habían obtenido. El 30 de Agosto, día en que el Perú conmemora su primera gloria obtenida por el Catolicismo en Rosa de Santa Maria, fué el destinado para transformarse en Nuestro Señor por medio de la San ta Eucaristía. Reunidos lodos los que habían de acercarse á la Santa Mesa, y despues de una plática al proposito, dirigida por el abnegado Pastor, y celebrado el sacrificio por él mismo, cuando llegó el momento solemne, se distribuyó el Pan Eucar1stico á los mas de los concurrentes por dos señores Canónigos, y -al Seminario por el Sr. Obispo; y á todos se les veía cruzar por sus megillas dos fuentes de lágrimas, shnholo de su arrepentimiento verdadero. El sollozo que se notaba interrumpido por las melodías del canto, pulsaba las fibras mas delicadas del. cora~on, elevándolo, por decirlo así, á las ., regione~ eelestes; y Dios~ al contemplar á esas almas purificadas, no pudo menos que acceder a sus plegarias, porque EL no desprecia á un corazon contrito y humillado. Honor pues al digno Padre de la Diócesis de Puno, porque su corazon uo se detiene para realizar el bien d~ sus hijos, y éstos en corresponderle. ¡Ojalá Puno siempre tenga la gloria de poseer al frente de sus intereses espiriLuales, á un Obispo de cualidades tan relevantes, que no omite sacrificio alguno para propender al bien posible en sus amados diocesanos. F. S.A. sínorlo Dlocesan& Puneuee. Nuestros lectores no habrán olvidado las nobles aspiracio11es que nos permitimos espresar con ocasion de este Sínodo, que debió teuer lugar. Reeordaráu asimismo, toda la importancia que asignamos á este acontecimiento verdaderamente notable, por ser ya muy raro eutre uo~otros, no obstante la espresa prescripcion del Derecho para su periódica realizacion, y considerarse, por lo mismo, como uno de los altos y mas indeclinables deberes del Epis<'opado católico. Hoy que el espíritu vigoroso y de profunda piedad f1Ue distin~ue al Prelado apostólico de Puno, ha conseguido reunir y termiqar al mismo tiempo con felicidad. su primer Sínodo Diocesano; hoy que el pueblo católico ha presenciado por sí mismo la delibcracion concienzuda y reflexiva á que sus conductores espirituales y su Pastor sagrado se han entregadu con asiduidad en todos los asuntos que interesan á su eterpa salvacion; á su moralidad y aun á la mejora material de sus templos y cementerios de enterramiento; hoy que se ha edificado la conciencia publica católica, no solo ron la purificacion de sus párrocos .Y <lemas sacerdotes, mediante los ejel'cicios e!-piri tuales que personalmente los dió el Iltmo. Sr. Obispo Huerta, cuyo celo piadoso, harto inteligente y siempre oportuno, es demasiado reconocido ya, sino tambien con la solemne promulgacioa que se hizo de todas las constil·uciones sirwLlales en la última se::1io11 pública que el dia 3 de este mes tuvo lugar en esta Santa Iglesia Catedral, previa verificacion de todas las ceremonias del llitual del caso; bien podemos proclamar en alto, que para el hombre del deber, para un Sr. Obispo sinceramente católico, no hay dificultades que l_e impidan la produccion del bien, ni obstáculos que le embarazen llenar su ele\'ada mision pastoral, haciendola fecunda y espansiva. Hé aquí por qué Puno ha tenido la fortuna de contemplar, en la cuoa misma de su vida de Obispado, un hecho de altísima significacion y trascendencia, y harto memorable por lo mismo én los fastos de su Historia, la celebracion de su primer Sínotlo Diocesano) bajo los auspicios y por la legítima autoridad sagrada de su primer Obispo fundador- el Dignísimo y Heverendisimo Sr. Dr. D. Juan Ambrosio lfnerta. Facil nos sería hacer una apreciacion minuciosa y filosófica <le todas las constituciones del Sínodo Punense, y comprobar asi nuestro aserto de a11tes, consi6tente en que considerábamos este hecho realizado, como uno de los contingeutes poderosos y eficaces con que se concurría al profundo arraigo y creciente ens,rnche de la verdadera civilizacion católica de este Departamento, donde por este título y por mil otros muy fecundos y reconocidos, se le reputa con sobrada razon al Iltmo. Sr. Huerta, cual su genio benefico y tutelar, fé concienzut!n que anima á. todo humbre de corazou y de ilustrada imparcialidad. Nos abstenemos, empero, de este propósito, que nos babria sido muy grato y lisongero, ya por los estrechos límites que circuuscribeu á uu articulo de periódico, ya tambien porque mañana tau solamente verán la Juz pública dichas constituciones. Entonces la razon social observará con satisfacciou que no se ha esquivado en este importante trabajo niugun mandamiento que diga relacion con Ja reforma y la mejora de las costumbres, la estirpaciou y el desarraigo de abnMs, de donde quiera que partan, cualquiera que sea su filiacion, y por respetable que sea el patronazgo á que esten acnjidos. Veráse los medios atinados y convenientes que se ha·B escojitado para combatir los males, ya ficicos, ya morales, que sirven de rémora a la moralidad y al progreso del pueblo, así como los elementos del bien y del deber que deben poner5e eu juego, para la conservacion y sostenimiento ¡-:.rogresivos Je su vida espiritual y moral, y todo esto con valor apostólico y con una abnegacion á toda prueba. Oírase, es verdad, el grito partido que elevarán mariana los intereses egoístas heridos; seutiráse el bostezo in -- fernal del espiritu de logrería, combatido en todos sus atrincheramientos, y el despecho de las malas pasiones que se ven contrariadas en su funesto influjo, no se detendrá tampoco 11i ante la injuria, ni ante la mas soez calumnia. l\Ja5 todo esto ¿qué importa para cou el que tiene la conciencia del deber y del bien positivo que va á obrar? Su propia satisfaccion interior y la idea de que tributa á Dios un caro homenaje, llenando prácticamente su mision y sirviendo con provecho á sus prójimos, serán su mejor recompensa y el poderoso aliento que lo sostenga contra toda clase de tormentos y de perfidia. Hé aquí por qué semejantes considernciones son absolutamente nulas para el Sr. Huerta. que se halla mas arriba de lo que creen las almas vulgares; hé aqui por que tales espantajos no le han detenido a11te el bien que se ha propuesto obrar. ¡Que su noble y pastoral aspiracion sea fecunda y proficua en resultados! Pero no es esto todo: observaráse tambien en las mismas constituciones los remedios empleados, ora para sostener el verdadero poder y los prestigios del parroquiado y del resto del Clero, por medio de la práctica del deber y de la virtud, sin descuidar la adquisicion y aun el ensanche de su con- -venieute instruccion, ora las pre<.:auciones que se han tomado para atender co11 oportunidad y eficacia á la conservacion necesaria v decorosa de los templos materiales y· su decente paramentacion; y todo esto con estricta sujeciou a las leyes preexistentes de Ja Iglesia y dentro de la órbita <lel Derecho. Los señores curas, que eo11 su experiencia, con sus luces y co11 su palabra sacerdotal han intervenido eu todas estas sanciones, saben bien lo que deben ser, y la espontaneidad con que por su parte tienen t.Jue llenar dichas prescripciones, inherentes a su estado, obligatorias en conciencia v demandadas tambien por la sociedaJ, que, cual uu Argos, tiene fijos en ellos sus mil ojos. Y ¡ay! de ellos si se muestran refractarios, ó .prevarican cou escúndalo en su deber! la justicia <liviua pesara sobre su cabeza, á la manera de la espada de Damocles, y el brazo vigoroso de su Prelado los contendrá en el deber, 6 los anonadará. llai pues profunda f é para esperar de estos colaboradores del Epi.-;copado en la viña del Seüor, que no esqui varan sus esfuerzos, como conductores del pueblo, para sautificar:;e á si mi;;rnos y edificar a sus feligreses medianto su trabnjo minü;teria.l, pcr - :;eYcntntc y ft:cuucl o, y el de ¡._; ari-ollo conveniente y eficaz de las Constitucioues Sinodales. ¿Qué diremos de los diocesanos seculares de Puno en relacion con Jas Constit~ciones Sinodales? Nada que no sea c?ntorme con el b~e~ sentido que los d1strngue y el sentumento reliofoso que los anima. Porque ellos, como O nosotros, sa?eu la obediencia racional y Y obseq?10~a que deben prestarles. Sab?~ mUL bien que su Prelado, en ejerc~c10 de su ministerio apostólico, y en v1rt~d de la autoridad divina que Jesucristo le ha conferido, para rejirlos y apacentarlos en el Señor, ha estatuido co? _esp1ritu de amor y de caridad evaugcl1ca todo lo que es conducente a la. con~ecucion ~e s~ fin espiritual y moral, ) no esquivaran por Jo mismo su entero y cordial sometimiento. Saben que se les ha dicho por el Divino Maestro. «El que oye á mis Sumos Sa- » cerdotes, á mis Obispos, á mi mismo » me escr!clia y me oye; y el que los » desprecia, me desprecia tambien a mí». No puedeu olvidar que por boca del Apóstol de las gentes, les tiene dicho asimismo-«Que todo el que <lesobe- "dece y resiste á los mandatos de la "a_uto~idad legítima, desobedece y re- »s1ste a la ordenacion de Dios, de quien ,. procede toda ílntoridad». Por consiguiente, profunda fé nos anima para prometernos de parte de las ovejas de ~uno! un acatamiento y uua obediencia eJemplares á los mandatos sinodales de su Pastor y Prelado Diocesano. El. Cabildo Eclesiástico, que constituye el alto Clero de Puno, ha concurrid_o ~ambien _con su ilustrada experiencia a la dehberacion y formacion de las Co_ustituciones Sinodales, y le ha merecido a su Prelado la promulgacion de s_u Regla Consueta, apropiada y convemen te, y conforme ademas á la Bula Ereccional del Obispado. De este rriodo ha quedado terminado el primer Sínodo Diocesano, cuyas disposiciones ejecutadas con interes y de buena fe, no dudamos, producirán para el pais mejoras en todo sentido, fecundas y eficaces, de.;arraignndo sino en el todo, por lo menos en todo el alcance de los esfuerzos que se empleen, los males de toda clase y las mil preocupaciones que lo depriH1eu y lo mantienen estacionario, y á su inmensa mayoria, en estado de completo oscurantísmo. Apcsar de esto, no hay por <JUé desesperar ni del género humano, ni de un pueblo cualqniera: Dios ha formado perfectible al hombre, lo mismo que á. los pueblos, á quienes, como ha dicho la snbiduria eterna-los ha hecho curables. Por lo mismo es, pues, digno de un Prelado Católico y ejemplar, hacer de la mejora espiritual y moral de su grev muy amada el objeto de su mas alta so"- licitud. Este es su derecho imprescriptible, y al mismo tiempo su mas sagrada é indeclinable obligacion. Pot· e-,o, y de lo intimo de su corazon, con aque !la voz tierna y solemne del Padre IJUe amn eutrañablemente y se desvive por la verdadera felicidad de su& hijos, el Iltmo. Sr. f-luerta encabeza sus Sinodales con la Carta Pastoral, que en su lugar respectivo se rejistra en este núme ro . E11 ella, como se impoudrán uuestros lectores, esU-1. vaciado el corazon del Padre y del Pastor, palpitante la ternura con que esprime todos los remedio? que propina para la curacion y la meJora de todos sus diocesanos. v fráucas y legitimas las as piraciones qu~ manifiesta en sus paternales esfuerzos por su bienestar eterno y temporal. Al frente, pues, de un tan notable y autorizado documento, seria descarnado y pobremeute estéril cualquier comentario periodístico. ¡Que el lltmo. y Reverendísimo Sr. Huerta, que tanto se ngita pol· el bien de su _Diócesis, encuentre cooperacion activa y concienzuda en todas las clai;es de su cara grey, a~i como una adhc :-;10u y somctim1l!nto razonable · .J es-

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