- ¡;;;,. ---- D _-:¡;,,.. sufrió Lambien S(~rios sac udimien los: ¿/t 11nii'.ln se le oculta? Se inlent6 a~enguar la obediencia que en nueslra rahdaJ. do ratólicos debernos á 1a Sautu Sede, y á ;1urstros legítimos po.slores; y como q~1ien :..;iembra .;ie:1tos t·osPchar·ú tem pestadrs, ln q ne se obl.11Yo foé la relajaeion :le los Y[nculos que unen ti los ciudadanos con el Vodn supremo de 1a ~ilc,ion. Se proyecto qniz.'.i hacer ilns01Jas 1as grar:ias del ju- }1ileo santo. y tan nefando consejo con lril,uyo á multiplicnr el numero de los que do él se aproYecharon. Y vell, señores, cuan cierto rs que fo ahsurJa estensíon que se quiere clar al derecho de exeq1tatnr, aparte de no tener razon alguna que la 1egjtirne, ]o hace ma11ífieslamente inutil, como voy á <lemostl'arlo. Siempre que sa ejercicio da por resultado la retension de las Imlas, é importa por 1o ruj smo un velo absoluto que tieude a h,rner ilusorias las intenciones del Snprcmo Jefe de la Iglesia, se coloca á los pc1stores y ú los fieles en la dolorosa altnuatí va de obedocer al Es lado con meugna de la I;;1esia, ó vice versa; y en esto la eleccion no puede ser dudosa. Porqne, cfect.ivumenle, ¿cómo pretender que ellos obedezcan en asunlos de la exch1siva competencia de la IglPsia, las prescripciones <le un poder que á éstas no alcanza:' 6Cómo exijir que los unos como los olros salgan volunlariamenle del seno de la lglc1-\Ía, ele la que se separan cuan los no conforman con ella su fé y co:.:;Lumbres, por solo ceder á las absurdas exijeucias del Podr.r político~! Y hay mas, la inuliliJad de esle <larecho crece de punto, cuando se refiecciona sobre los mil y un modos que hay de eludirlo. «No se puede retener, dice con harta exactitud el juicioso escritor D. Vicente de la Fuente, sino lo que sr tiene; no teniendo bu1as que l'ffvjsar, no se ·veran los Gobiernos en el duro trance de · retenerlas.>) Así pues, este presunto. derecho carece de ejercir,io en todos los casos en que 1os Prelados, conociendo sus der0chos, eludan pedir el pase de un dot~umen to en el que no puede ser el juez el Poder civíl. Y por eso, lo diré de paso y eon verdadern doJor , el orígen <le este abuso no se halla tanto en las exajeradas rretensioues de los Gobiernos, <.man to en el lamentable servilismo de algunos Prelados. De otro fado, los Obispos pueden realizar las intenciones que abriga la Santa Becl.e al expec1ir sns bulas, evitando todo aparato ex teríor. Y bien: ¿no es altamente ridículo, manifiestamente inutil, aparte <le su injustieia int.rfoseca, el exequa- {u.,r, cuando él, suponiéndolo todo, solo al- <"',anza á privar á las bulas de sns solem11idacles? ¿,Quién podría impedir que los Pa~lores en las iglesias condenasen desde su cátedra lo que Roma condena, y pus-iesen á disposicion <le sus fieles las gracias de que ordinaria o extraordinariamer.te son <leposi lurios? ¿Sobre qué ejercería el Poder ciYíl su clerecl10 de exr:quatur, cuaJ la mat.eria CJUe reclamaría para lucir s'u placitum regiwm? Por otra parte, ¿no es una conduela iuealificaLle la írue ob:::crvan los ... t:\ IGLESIA PUi\ENA. que pcrmiliendo al pórroco ens0 ñar ú sus foJigrese~ en rn parroquia, al Oh1spo desJe su sedA, levantan 1·01·tapisas al qne desde lo silla ~a11 ta debJ reglar la co1;ciencia de todos ]os calolicos? Pero se nos dice: el Papa rs un soberano extranjero, cuya iufluencia puede ir hasla viciar 1a lejis]acion y el modo de ser de cada pais. Causa verdadera lástima ver romo se confunde las mas triviales 11ociones cuaulo se trata de coruholir á la Iglesia. El Supremo Pastor de las almas y el rey de Horna, son dos enti<lades perfectamente distin Las, y que no basta á confundirlas el hecho de eslar desempeñadas las atribuciones que les respectan por una sola y misma persona, y cuya distinrion se halla eucarnada en la practica, por la admjra1le estructura y súbja economía del GoLiel'llo papal. Pio IX, como rey de Roma, es el venerable jefe de un EsLaclo extranjero, cuyas relaciones con los demas Estados son de potencia á potencia; pero como Vieario de Nuestro Señor Jesucristo, es el San lo Padre de todos los fieles, á quien todos, sean soberanos, sean sübditos se encuentran sornetiJos. ¡Ay del que no escucl1e su voz; del ,que nt> se someta á sus prescripciones; del que repute como exlraiío un eorazon que -para todos tiene sentimientos pater11ales; ese tal ya está juzgado, porque no cree en la palabra del hijo de Dios. Estutliemos ahora este <lerecho en sus relaciones con la libertad, y m ny especialmente con el alto grado ele desarrollo que ésta ha alcanzado en nuestra epora, y le veremos acompañado de los caracteres de 1u mas terrible de Jas tiranías. Des- <le luego, su norn1Jre nos rewla hien claro que nació allá en los tenebrosos tiempos de completo absolutismo, y en los que el querer del Monarca era la suprema razou. Corrobora esta observac:ou el ·hecho de en con lrarse en su mayor auje en España1 la nacion en que mas arraigadas han estado las teorias absolutistas. Yentrando en la esencia misma de la cosa1 facil es descubrir cuán cierto es lo que hernos aseverado. ¿Qué es, siuo obsolutisrno, someter á ]u Iglesia, la mas alta de lns instituciones sociales, á la voluntad drl :\fonarca, precisamente en sus mas íntimas y delicadas re1ac·iones? ¿Qué es sino absoluli.smo, aguardar del Poder civíl la de tcrminacion de las funr,iones y el moJo cómo deben ser rjercidas en el orden espiri tnal por los Pastores de la Iglesia? ¿Qué es sino absolutismo, algo mas, trcmenJa tiranía, hacer al Estado juez de nuestras conciencias, y reunir en él con la facultad de dirigir nuestro hrazo, la de comprometer el pr~ncipio inlerior de nnes- ~ ü-a acr·ion? Sí, señores, esta es, lo repito, la mas terrible de las tiranías, la tiranía ele 1a mi:lteria y el espíritu, el envilccimien to del hombre lodo, v la absorciou de él por el Estado. No" ex.ajero, señol'es: la misma mauo que intenta encerrar vammrnnte á 1n Iglesia dentro de sn puño, hará desaparecer las insti tucjonc~ sociaies lodas, para levan lar sobre sus ruiuas el lúgubre estr1.ndarte de su desoladora dominac-iou. --· -· e--,· , - ,1 .... :ra nm- ¡ Señores, si nada • importase la libertad de la Igles1a, deher nuestro serja sit'mpre a!:iogar por ella y conservarla incólume, pues ella es el rspeso y formidable muro <lo se embolan los tiros que, a no ex1st1r, compromelel'Ían los intereses de los individuos como de los pueblos. Despues de la Francia oprimida, a fines del siglo pasado, en sus intereses religiosos, por la impía ConsLituyenle, nada mas lógico que la Fl'ancia de Robespiere, y despues la Ftancia de Napoleon, 'quien con mas exactitud que Luis XIII pudo decir: el Estado soy yo. Allí terminan s1empre las maquinaciones de los en~rnigm; de la Ir)'lesia, que se ven obligados á cambiar n~uv á su pesar el papel de victimarios por ;¡ ele víctimas. Señores-la bondad~sa acojida que me habeis dispensado, me da alienlo para expresaros el _;voto que bago en estos momentos solemnes. Que el ilustre claus~ - tro de la Universidad Pontificia de San Marcos, imparcial tesLigo de nuestras viscisitudes, sáLio observa<l.or de los acontec1mienlos que se l~au realizado en su deredor, con los títulos dé su secnlar :;aber se esfoerze por ·arrancar de nuestro código político la hoja en que se consigna el iofun<lado, monstruoso é ÍlmLH derecho de exequatu1~ sobre asuntos r;1,e1·e espirituales. Su palabra tiene eficacia bastante para resonar en las alturas del poder, .Y alcanzar de él el Lién que os deman do para la Iglesia y el Estado. ANUNCIOS. i\I ES OE MAHU . Ln pra<"tica <le esta dev0cion, in~piracla por el celo de la sal vacio11 de las ni mas, hi\ tenido su 0rígeu rn Francia, ge11eralizá11dose rilpidame11tc por todo el orbe catolico.-La piedad de lo~ fieles se ha distinguido á porfía, con la variacio11 de ciertos ejercicios. q1w si difieren en la forma no sucede lo mismo con lo substancial del fin que se propone-que no es otro que honrar á la Santísinrn Vír~en, ourante el mes de l\fílvo, ofreciéndole en la práctic.1 de todas las ,•lrtndes cristianas, flor<'s que formen una coronn que debe ponerse á los pies de María el ultimo din de este mei -en que se hace la comunion general, El medio que se ha ndoptndo con tal objeto, ha sido preparHr convenientemente el corozon. con meditaciuncs sobre lus verdadC's eternas, disponiéndolo á la confesion, que e~ lo principal en esta práctica, por cuanto nos justifica y reconcilia con Dios, ntra_yendo sobre nosotros todas las grncins que podrcm0s recibir por intercesion de la Yírgen María cu c~te mes rle bemlicion. Con este fin se ha escrito en In capital 4e la República un librito que ha merecido lit aprobacion y preferencia de todas l11s personns que lo conoce11, por el orden en que es• tá dispuesto y por contener meditaciones llenas de unciou, obse1·v11ndo la sncesion de l11s tres vías de la vida espiritual, para lleg-ar á la union con Dios, que dP.be co11snrnnrse sacramentalmente por medio de la comuuion general-el último dia. Acercándose pues. el me!'\ de l\Ia.vo, en el que los Ser1ores profesores del Seminario se proponen hacer el mes de l\larín, nos es grato anunciar que se halla de venta en estn imprenta el aludido librito, esperando que las personas devotas se apresurarán á. tomarlo en d módico precio de tres reales e,1emplar. lmprcuta Lle «La lgle:-ia L'u11cñu11-Pur Al. C. Mnrtinez
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