• l!I metido al uso de la lengua quü-hua, o del aúnara, y será por consiguiente incapaz de participar de los beneficios de la civilizacion, ni de tomar asiento en la vida civil y culta. Este inconvenienle, al pa- :recer de ninguna importancia, es el mayor obstúculo para su mejora moral é intelectual, y para la coll3ecucion tambien de la unidad de raza, á que conduce el espíritu evangélico, y es ademas un elemento esencial para el progreso y engrandecimiento nacionales. Bien se comprende por todos, que la diferencia de idioma establece en el corazon de un mismo Estado un abismo incolmable entre sus miembros., una separacion que, si no constituye dos pueblos distintos en tendencias y carácter, divorcia por lo menos los intereses de la comunidad, dificulla toda transaccion y opone remoras á todo progreso, á lo menos por parte de la porcion que hace uso de la lengua que no es viva ni culta. . He ahí, por consjguiente, el lamentable estado moral e intelectual en que se encuentra el indio y la causa inevitable ' de sus vicios y de los de~órdenes públicos a que con frecuencia se entrega. En esa situacion de atrazo y degradacion, en ese completo oscurantismo, en que vive privado de toda nócion del deber y del bien, sin freno alguno dentro de sí mismo1 é incapaz de comprender debidamente los deberes d~ la vid::i civil y de la sociedad, sin conocimiento del principio de autoridad, ni de las ventajas ele toda asociacion ·política, indiferente á los beneficios del orden publico, y dominado umcamente por el aguijan de pasiones indómitas y brutales; facilmente se presta de ciegQ instrumento de las pretensiones de todo el que, lisonjeando sus malos instintos, quiera explotarlo en provecho de sus sordiclos intereses. No se desconoce que se ha enriquecido nuestra coleccion de leyes con disposiciones altamente protectoras en favor del indio; pero, fuerza es tambien confesar que dichas disposiciones protectrices no han sido mas que una letra muerta, de cuyo cumplimie~to y ejecuci_on no _han cuidado las autoridades super10res, m l~s :infe:riores se han tomado jamás el esléril trabajo de observarlas. Por eso et ·fodio, sin ser mejor, se muestra cada vez mas viciado, con mas propension al desorden y mas dispueslo á ser el funesto instrumento de cualquier jenio disociador y disolvente. Verdad es tambien que habiéndose proscrito, al menos en teoría, la servidumbre del indio, se le ha exonerado del tributo, medida que no puede menos que bendecirse como altamente crisliana, filantrópica y ~íviliz~dora. . Este :nismo inapreciable be_neficio, re~hzado sm "?na previa preparac10n convem~nte, y calificado por much~s, por semeJa~te razon, _de intempestivo é moporluno, leJOS de meJOrar al indio, ha consagrado su holgazaneria habitual, quitandole e_l único agujjon que lo estimulaba al trabaJo-la necesidad de pagar su tributo-y .1? ha hecho un ocioso, sohreca:rgado ele vic10s. Si existe, pues, el deseo caritativo y LA IGLESIA. PU~EÑ A . patriótico de mejorar renl y eiicazme~1le al indio; si se quiere volverlo 6. su vida pacífica y de constante y honorable trab~- j o; si se desea verlo §epar&do de las agitaciones políticas intestinas, de cuya naturaleza y tendencias no tiene la mas remola nocion; si se quiere que abandone el vicio y se aleje eternamente del d~sorden; si hay empeño en que _reasumiendo su dio-nidad de hombre racional, tome, b d. como ciudadano, su parle correspon ie.nte en la cosa publica, con conocim_iento y con conciencia; en una palabra., s1 se aspira á que el indio se porte como verdadero creyente, y en vez de las supersticiones ma3 lamentables, acate solo á la religion en sus mas puras y genuin~s m_anifestaciones, instruyasele en su mtehgencia y su corazon, eduquesele religiosamente- y de una man~ra efi?a.z y efect~- va. Hé aquí el remedio positivo, sencillo y hacedero para curar radicalmente las enfermedades del indio; hé aquí el único medio de impedir que en un dia dado se lanze con los ·suyos a desquiciar la sociedad, por medio de la matanza y del saco; hé ahí la única coraza con. que hay que escudarlo contra la seducmon y los incentivos de los esplotadores políticos, que, so pretesto de una causa, que el indio no conoce, ni puede comprender, lo arrastra sin embargo al sacrificio y a la ruma. El Gobierno, en la época de trasformacion política á que hemos llegado, ~e~e fijar su atencio:1 preferente en ~ultr¡~hcar para el indio las_ escuelas pr;1marrns, procurando, si es posible, que exista una en cada aillo, y eso con todas las precauciones necesarias para su progreso y régimen disciplinario. . . . En cuanto á la educac1on religiosa del indio alli está en· la parroquia rural un hombre, que no puede mover~e de ell~ ni de dia ni de noche, que no tiene parientes ni familia adquirida, que no debe tomar parte y está prohibido, de tomarla en el gobierno civíl, un hombre que por su carácter y sus funciones es superior á todos los que viven en la parroquia, hombre que por la paternidad q~e ~nviste y el caracter de pastor que le d1stmgue, no debe mezclarse y debe estar mas arriba de los bandos políticos que se form~n, un ~10rr;- bre., por fin, que, por deber 1mpresc1~dible y sagrado, por estímulos de c?nc1~ncia y ele honor, reconoce la obhgac10n santa de procurar la eterna felicidad de los ,parrog:uianos, ense_ñándole~ con ahnegacion á amar Y. pract~car la virt';1d, amar, obedecer y servirá Dios, cumpliendo con relio-iosidacl los demas deberes que pesan E, . sobre todo homlwe. Este personage., cuya divisa debe ser el desinteres y la caridad a toda prueba, y cuyo corazon_ debe pertenecer por entero á los parroqmanos, á fin de que viva completamente con ellos y para ellos solos-es el Párroco. A él es al párroco esclusivamen te, á quien le to~a la educacion relio·iosa del indio, de cuya moralidad y ete;na salvacion tiene que dar estrecha cuenta á Dios y á la sociedad. Cümpla, pues, el párroco su sagrada y ·civilizudora misiou; euseüele al indio, de dia y de noche, en la cuaresma, fuera de cuaresma, en todo liempo y siempre, de3cle la espljcacion clara y metódica del catecismo hasta los misLerios de nuestra santa religion, desde los primeros deberes de t0do cristiano hasta los qne se tiene para con Dios, para con nuestros semejantes, y para consigo mismo, desde las obligaciones del propio estado hasta las que se deben á las autoridades consLiluidas y á la patria. Recuérde el párroco, que inviste el carácter de fiel cooperador del Episcopado en el cuidado y esmerado cultivo de ]a viña del Señor, y teniendo á la vjsta no so- . lo las prescripciones del sagrado codigo de la Iglesia, sino tambien los ordenamientos tan repelidos y tan sábios del Diocesano y del Patrono Nacional, que todos de consuno le requieren al cumplimiento de1 su sagrado ministerio, mué~lrese aclivo en la instruccion religiosa del indio, arrancándolo con amor y caridad, pero tambien con perseverancia, del vicio y del des01·den, y preparándolo para que ll.n dia tome ·su legítima parte en el gran banquete de la ci vilizacion cristiana. Dios lo quiere asi y se lo intima al párroco; l~ patria lo exige tambien; y clamando al cielo la compasiLle suerte del indio se promete á su vez del párroco, que como v_erdadero Padre y Pastor llene SlJ. deber por propia espontaneidad y con edificacion de. todos, y de una manera efectiva y perseverante. <<La Iglesia Puneña» ~ consecuente en su trabajo por el progreso moral de todos los hijos del catolicismo, ha bosquejado los males que aquejan á la interesante raza indígena, é indicado los remedios mas fáciles, y por lo mismo los mas hacederos, conjurando á los párrocos, en la parte que les toca, á llenar su mision de enseñanza y de educacion religiosa. Cúmple ahora á los hombres de corazon y de reconocida capacidad escojiLar, á impulsos de su patriotismo y de su caridad, otros m~dios mejores y mas eficaces para mejorar la condicion del indio, que es la apremiante exigencia de la actualidad. Publicamos la alocucion de nuestro Padre Santo Pio IX, en el Sacro Consistorio Romano, despues del , triunfo de las tropas pon_tificias sobre las garibaldinas en Monte Rottondo, para que se comprenda, una vez mas, que 1a mano potente de la Providencia sostiene y proteje la soberania de la Santa Sede, asi como concurre todo el mundo católico á la defensa y conservacion de dicho poder, que, en último resultado, es el mismo catolicismo en toda su magestuosa unidad. Hé aquí la alocucion. ITALIA. ESTADOS PONTIFICIOS. A locu,cion pro'nunci'ada en el consi'stori'o secreto, por S. S. P IO IX. Venerables hermanos. El Dios rico en misericordias, que n.?S. consuela en lodas nue.,tras tribulaciones,
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