La Iglesia puneña : órgano del gobierno ecleseástico de esta diocesis/Título posterior : La Iglesia Puneña periódico semanal. órgano ofial del gobierno eclesiástico de la diocesis(desde N°37)/Título posterior: La Iglesia puneña: publicación eventual. órgano de dcoumentos, doctria y hechos (desde n°180) - Año Nº1-18,/Nº19 Ene 12/Año 2-Nº2/Año 1,Nº3/Año II-Nº 23-51/Año III Nº52-79/AñoIV Nº 80-99/100-116/ Año V-117-136/Año VI 137-148/Año VI Nº149-172/Año VII-Nº175-184

11<•gar it 11ncstro pensamieulo la suueillez; y en tal caso podemos r pc•ordnr aquel <'<·lehre dicho que en tr0:-; p11lahras encierra filos,,fía tan prol'1l1lda. sigil/11111 veri si1HJJlex, In sencilkz e~ el carúetcr d(• la verdad. ~in embargo, uo q11r•remo:; dejnrlc si11 aclarar y desenvolverá Ja l11z de la íilo..;ofía y de la historia; no prekndemns pr<' .-.,(•11iarlc tan ::;olo en . una region (~levada J abslrac:ta, obligando á los lectores i.1 mir,Hlc de lcjo:-; y corno en perspectiva: el ser cxan1i11i1dns de cerca solo daña á los pe11samieulos [Hi:rns, 110 ú. los verdad.eros; el error por brillante qne sen, es una ilusion que se desvanece á 111edida que el enlendímicnto se le aproxima; pero la verdad . como es la realidad mismn, si es mirada <le lejos se la ve obscurn y de pcqoefio tamaño, pero en acercándonos a ella, sus dimeusiones crecen, y sus colores se avivan. Sin friteligencia no hay c-ivilizaóon; sin que brille en la frente del hombre ese destello rlivino, sin que ciña sus sienes esa bella aureola, esa .esple11de11te diadema que le distingue como a rey de la creacion, no es con('e.bihle la perf'ecciou de la socieJad; folta el manantial del bien, falta el título mas hermoso, el ma:; noble blason, el orgullo del hnmallo Jirrnµe. Tnn deslumbrador es su brillo, tan foseinadora su influencia, que nllí donde le vernos, allí aclamamos la civilizacion; sin pensar en lo que le rodea, sin pararnos en qne sea pasagero, en que sea tal vez una antorcha que resplandece en la cima de un edificio en ruina. El grandor de los imperios, su magnificencia y poderlo, sus colosales couquista~, su robustez, su duracion al través de largos siglos, no bastan para grang-earles el bello título de civilizados, si en ellos 110 se ha desarrollado la intelí1:rencia, si no se hulla embellecida su historia con tan predoso esmnlte. O sino ¿cómo <·s que al lado de los inmeni:;os imperios del Asia merezca una atencion tan preferente la Grecia, que no es mas en comparacion que un pequeülsimo espacio, y que en la misma Crecin, honrémos tan particularmente á In Atica que 110 es mas que uu punto'? Sabeis por qné? porque en Grecia, y mayormente en la Atiru, vemos el desarrollo de Ja iu1elif!encia, y en Asia el de ra fuer2c1: vemos en Grecia una centella que fulgura, ¿e agita y pasa, en A sin un coloso sombrío, firme si, oero inmóvil, si encioso como una estátna; y tal es el generoso inst int o d e la humanidad, que en nada estima )a <luracion, en nada el grandor, cuando faltas de i11teligeucia carecen de movimiento, de vida, de I uz. La Roma conqnis1 ndora del mundo, ]a patria de los héroes, la ciudad de ) ,1... · ,. mbres austeras, era sin duda algo prc fe r il0 :e i:t ]a Homc1 d e Augusto; r ¡uf1 cmbriaµ-a<la de placeres empezaba á dor•ni1· el , ol-1plu ·1~ri ~1H•:"1,i precursor de su muerte ; sin embargo en la Homa antigua no vemos la civilizacion, en la dn Augusto sí; y es que en aquella hay m:i :rnr ~rado de robustez y de fuerza, en esta d l· in-- teligencia; sus brazos se euernin, pero rn frente se anima; el coraznn se corrompe pero el entendimiento se ilustra; viene la muerte es verdad; pero es en medio de un bri11a11te festin donde perora la elocuencia, donde cnntao los poetas, donde ostenta el arte sus m11ravillns, rlonde resplnndece la iuteligenciu con vivísima luz, co11 l1ermosí;;imos colores. Pero cuanto mayor es el interés inspirado por el desarrollo <le la inteligencia, c11nnto mns deslumbrante y fascinndor es su brillo, tant() mavor cuidado es me11ester para no cifrnr la civilizacion en ella sola; porque es un error grave, gravísimo, el pensar que la sociedad se pcrfeceiona siempre que la intel igeucia se desenvuelve. Y cuenta, que de ninp:nn modo tratamos df ahog-ar por la ignorancia; cuenia que no la juzgamos ni saludable á la moralidad, ni couduccnte al bienestnr; y la extrnfia paradoja sosteuida por Honssenn en la Academía de Dijon t~n contra de las cienrins con respecto á la moral, nos parece muy digna de Sf'r la primera del misántrono, qne en su delirio huscaba la , ·irtud y la dicha en medio de lé1s hordas salvagcs . ¿Por r1ué había de iser coutA IGLESt\ PUNEÑA. trario á la moralidad el desnrrollo de Ja it1teligcncia'? La claridad del entendimiento ¿,no ha de co11tribuir á qne se \ea la virtud mas hermn,:-;a y el vicio mas uegro? Una seHsibilidad mas fina, cunl snele acompañar á nn espíritu cultivado ¿ha de ser contraria á la virtud, que se halla eu tanta armonía con los sentimientos mas delicados del cornzo11? Los hombres mas grandes ¿fneron ncnso grn11des ,:riminales? _La santidad infinita ¿no es In mí~ma intelirrencia infinita'? Penet,.'ad e11 el caos de eso~ siglos en que por u11 conjunto de cRusas aciagas y de trastornos espantosos. la i~norancia ha~ bia tendido sobre l':uropa su negro velo; y á cada paso tropezaréis con el asqueroso vicio revolcándose á sus anchuras en medio de las tinieblas. á cada paso sorprenderéis al crimen devorando sus víctimas en la obscuridad de las sombras. Pero renace el saber, y lns costumbres se suavizan y se mejoran, todo cambia, todo se regulariza y se perfecciona; el escáuJalo y el crimen l11:1yen pavorosos al asomo de la antorcha que esparce por do quiera sus claros resplandores, como al rnyar b aurora azorada el criminal busca rn g-uarida y disipándose la voluptuosa embriaguez de placeres culpables, corre presurosa la debilidad a ocultar su fol ta y su ignominia. Sí el desenvolvimiento de la inteligencia es saludable a la moralidad, no Jo es menos al bienestar; bastando para convencc·rse de esto una consideracion bien sencilla, el bienestar en l;i sociedad resulta de la abundancia de medios para satisfacer las necesidades, y estos medios no se obtienen sin la inteligencia. La naturaleza es rica y abnndante, pero ha de ser explotada, pues que el hombre puede morí rse de hambre entre mo[\tones de oro. Comparad países con paisesJ tiempos con tiempos, y la verdad resalta tan clara que se hace inutil insistir en probarla. Previas estas salvedades, vamos á proseguir nuestra tarea examinando en este artículo algunas de las relar•iones de la i11telige11cia con la civilizacion; sin cuyo trabajo no seria dable r.01,1prender lo que nos proponemos decir en los si.:,tiientes números. Parn proceder con toda claridad, y no confnridir cosas muy distintas dando lugar á equivocr. ~iones de gn1n monta, es necesario considerar t•I de~arrollo de la inteligencia en dos esferas· una superior, en CU)'O e~pacio se mueven los entendimientos elevados) donde se labran las grandes reputnciones, y en que se eli.-1boran aquellos monumentos, que trnnsmitidos á la posteridad inmortalizan la época; otra í11forior, pero que comprende un mayor número, qne se pone ma s en con tnrto con las pnsione& e Jll tereRes, que se nproxi ma ma s á los pormcnorP1-, _,· qne ,ejerce so bre lns r e laciones sociales." sobre la vida d C' I individuo, una iufluencia ma ~ tnmcdiata, mas directa, mas eficaz. l~stn intc-Jig·, ·nc·ia que podríamos llamar de segnndo órd en, no siempre anda ac-orde con la primera, no siempre le esta suborctinada, como á primera vista pnrece que deberia suceder; á veces marchan divergentes, tal vez en direcciones enteramente opuestHs. Como juzg-nmos muy importante esta refleccion, la apoya rémos con hechos. En el sig-lo de Luí!; XlV las altas inteligencias el'an religiosas; babia diferencias de opiniones, de tale11tos, de ge11ios, de miras, pero todo no hacia mas que créar diferentes centros de movimiento en el gran sistema, sin que esto obstase á que se conservara el centro comun donde se hal!Aba el regulador de todos los movimientos-la Religion, pero debajo de ese movimiento se descubre otro en sentido mn:v diferente; Dada menos que hacía la incredididad. Por mas que pueda parecer estraflo juzgamos que es mny cierto; mediando dos razones inconte, tables que concurren á demostrarlo. La una que podriamús llHmar a priori·, se funda en la brecha que debió de abrir eu las creencias r~ligiosas el protestantismo, brecha qne no pndo rer,narse ni ron la expulsion; y Pn la disposicion de los espíritus en .\lemania, en Trtglaterra, y sobre todo en Hoianda: paises qne estaban en incesante comunicacion con la frnncia, y CUJHS relaciones no era basta11te á romper toda la severidatl de la revocacion dei Edicto de Nantes. Otra razon que podremos llamar a JJosteriori es, que luttgo de mtlerto Luis XIV, levantó erguida su cabeza 1a incredulidad; es decir, que no suponiendo que en el siglo de aquel Rey germinaron eu a_bunda ncia las ideas irreligiosas, no será posible comprendel' las cpocas de la llegeocia y de Luis XV. La misma Francia nos presenta en la actualidad otra prueba del diferente camino que lleva la inteligencia superior y la inferior. En la region de las altas inteligencias cunden ahora las ideéis religiosns, . ó al menos socinles y conservadoras; y mucho dudamos que Jo mismo se verifique en las reE];iones mcuos elevadas: posible fuern que esto no se realizase todavía en mucho tiempo, y que las nuevas Hristocrr1cins le-vantadas sobre las ruinas de las antiguas, y qne como es 11atural trnLnJan por conservar su puesto, tuviesen que sufrir andando el tiempo, algunas arremetidas semejantes; á la famosa escena del Trinquete, y al atélque de la Bastilla. En lns doctrinas y en Jos hechos hay cierla lógica terrible, que los pueblos comprenden á las mil maravillas. Pero apesnr de esta divergencia, menestn es confesar que la situacion de nu pnis donde esto se verifique es violenta, y que por tunto deberá ser poco duradera. Porque los dos órdenes de inteligencia se tocan en mil puntos, se rozan il cada paso, sm; límites mnl deslindados se confunden á menudo, y esto tarde ó tempra110 produce uno de dos. efectos; ó bien el un orden arrastra el otro y le somete á sus doct riuas, ó bien resultan en la sociedad conflictos y revoluciones. Para hacer palpa ble esta verdad no sera menester que salgamos de España. Es indudable que á principios del presente siglo, habian cundido entre muchos de nuestros mas claros talentos las doctrinas de la escuela del siglo XVIII. Atendidas las circunstancias en qúe se eucontraba la nacion, esas doctrinas no podían penetrar en su seno, de• binn sobrenadar como sobrenadaron; pero esto 110 ha impedido '!Ue no se hayan derramado por ellas torrentes de sangre; y que todavía despues de 30 años de turbulencias y desas• tres, no se halle nuestra desgraciada patria en siluacion tan nngustir,sa, no tenga un porvenir tnn lóbrego .Y e11c<1potndo. que no es posible fijar la vista en él siu retroceder de espanto. Hemos presentado estas reflecciones con respecto al desarrollo de la inteligP.ncia, para de.:;vanecer uua ilusion que suele ser muy comun, y cnm,iste en que para apreciar el estado de la i11telig-e11cia en un pai:-;, se toma por barómetro la parte mas esclarecida y brillante; aquella que ext.ieude su fama hasta los paises extrangeros, es decir lo mas selecto en ciencias y literatura. Ai'iádase á esto la creencia no menos comu11, de que la literntura es un espejo donde refleja la sociedad, y hé aquí gne en viéndose una litera.tura llena de calor y de vida, facil es ser llevado á i maµfoa r que la sociedad se halla tam bien robu..,ta, floreciente y lozana. Consecuencia plausible, y á primer·a vista legítima, pero que sin embargo está desmentida por la histol'ia. Hay en la vida de las sociedadc>s ciertas cpocas críticas, en que suele aparecer la i11telige11cia en todo su esplendor; y cosa notable, resplandece fl veces con insólita y vivísima luz cuando la sociedad en cnyo seno vive, y de cnya atmósfera se alimenta está t.ocaudo al borde del ser)ll)cro. Resultado de combinaciones anteriores que le han sido fo vorables, y de circunstancias pasageras que la secundan, no ex presa la verdadera situacion del pais, es postiza, es un adorno meutido, es un magnífico cortinage que oculta el lecho de nn moribundo. Eutonces la intelig-encia superior es infecunda, no ejerce influencia sobre la sociedad, es un mueble <le lujo 11ue al prin1tr ~olpe se quebranta, y cuyos trozos se arrumba u couservándose tan

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