AÑO 111. PUNO, E\EUO I O BE 1868. o N. 52. nntñn. PERIODI.CO SEMA.N AL. ** CD • • &Hé&fi& #tii41itW+iWi ORGANO OFICIAL DEL GOBIERNO ECLESIASTICO DE LA DIOCESIS, Puuo, Encrn ·JO de 18li8. El pasado es · la ga.ran t:a rlfl prese·nte y nnct pr~fesía, del porven,r1,1·. -EL,ABA 'l'E R:\ YMO~. Hemos terminado el año 1867 v recorremos ya el G8.-¿Cuál será la ,~:ida qtrn onime á <,La Iglesia Puneñan , y crnH el porvenir que le está depm aclo? Represeutante de su Santa Iglesia Episcopal, cuya palabra autorizada, cuyo eco fiel es; de~- tinado, cual un cenL:inela avanzado, á 1a · conservacion v ú la- defensa de sus venerandas instit~ciones, a dar vida y movimiento á todo lo que es conducente a la grey puneña, cuya dicba temporal y eterna está encomendada al celo apostólico, probado y reconocido ya, del Reverendísimo é Ilustrísimo _Sr. Obispo Huerta; como ha vivido en su pasado de ayer, avocando ante su exámen con santa libertad algunas cuestiones religiosas ocurrentes, sujetando á su criterio imparcjal y severo otros asuntos, ora graves y transitorios; ora de interes local y circunscrito o con mifas que tiendan á la comunidad social; vivirá hoi alimentando el mismo espíritu, propagando las mismas doctrinas, dirigiendo la misma voz de alerta contra los avances, las falt.as 6 los abusos, y llenando siempre su mision de defensa de todos los intereses de la Iglesia y de propaganda d~l bien moral y espiritual de sus hijos; y su porveni~ estará entonces perfectamente caracterizado por su pasado. Contemplemoslo, sino, con una rápida miroda retrospectiva. . Habia venido desde el Vaticano, depósito esplendente de las gracias celestiales con que Jesucristo enriqueciera su amada Iglesia, el Santo Jubiºleo, esta panacea espiritual d~stin,ada á cicatrizar los corazones ulcerados, consumar la reconciliacion del pecado~ con su Dios ofendido, y prepararle su mgreso á la eterna Jerusalen. Nada habia en este indulto pontificio que no fuese pu_ramente espirilual; nada que no se refiriese al fuero estricto de la conciencia; y ?~da por fin que pudiese rozarse con los mtereses sociales, contrariándolos ó deprimiendolos. Pero alli estaba el patronato, convertido en temible espantajo por el poder civíl; el patronato, que, con- ~ra ~as prescripciones de la ciencia y las rnsp1rac10nes del sentido comun, habiase hecho elástico desgraciadamente por los opresores de 1a Iglesia, y convertído3e en nn vrrdodero monstruo, capaz de inYndirlo lodo y devorarlo desapiadudumenLe. Lánzase, pues, el patronato, extru1irnitado y monstruoso, u oponerse al u so del J nbileo Sao to, a privar á los fieles d~ es Le socono espiritual y hacn· nugatorios los anxilio3 con que la Iglesia fortalece la flaqueza y ]a iruperfeccion de sus hijos. Pero cuauclo el patronato se agitaba convu]- siYo, esgrünitmdo su impotente veto, olvidó que en el episc:opndo peruano, deposito de virtudPs evangélicas y de saber profundo, residia Yerdadero celo pastoral y esa santa liberLacl aposlólicn, con que se afronta ante cualquiera tiranía, i-iara ele~ mandar respeto y acatamiento en pro de la libertad é :independencja de ]a Santa Iglesia de Dios'. En el concierto majestuoso é imponente con que, en esta solemne ocasion, reclamó el episcop.do contra los ataques y la tiranía del patronato, no - fue meuos varoníl, menos enérgica, ni menos santa y libremente apostoli;a la voz autorizada del Illm.º Sr. Huerta; y _<<La Iglesia Puneña,>) feliz por la oportunidad que se le presentaba para llenar su rnision, esparcio por do quiera las luces que se irradiaron de su Principe Sagrado, y esprimio todo el contingente de las inspiraciones de su conciencja profundamente caloJica. ¡Que este precedente de gloria para el episcopado peruano sirva de leccion fecunda á todo patrono nacional, á fin de que circunscriba su accion dentro de ]os precisos limites de su ,esfera legal, respete en su legítimo desarrollo la libertad religiosa de sus gobernados, y lejos de oponer cortapisas á su perfeccionamiento moral y espiritual, lo fomente con todo el alcance de sus esfuerzos! ¡Que los fieles todos acepten esta enseñanza fecunda pastoral, no solo para que amen mas á sus virtuosos Prelados, que debidamente cumplen con su misio~ pastoral, sino tambien para que redoblen su celo por todo lo que pertenece á Dios y á su santa religion! Marcado as·í el credo periodísLico de «La Iglesia Puneña,>) la inclepenclencia y la l~._ bertacl de la Santa Iglesja de Jesucris lo serán constantemente el faro que ilumine su vida; y cuando so pretesto de tuido_n se quiera introducir una hoz estraña en la mies del Señor; cuando se pretenda malear sus sagradas instituciones, de donp.e quiera que parta el avance, por do quiera que el atentado se consume, levantara su voz de alerta y dirá aftas, porque la Religion Santa del Divino Salvador no puede existir sin libertad ni independencia. Y ¡ay de los que esto no comprendan! entonces fa reli gion que hace 1a fel ici<lnd ternpo_ral .Y eLema de los pueblos; que sirYe Je prrn~1pal fundamento üel orden social v Je sólida ,garunLía para el imperio y firrn·~ UITaigo de todn inslitncion política, esquivará para siempre sus favores. Y ent~uces se rea!izará, apesur de todo, lo que dice á propósito un célebre orador contemporá_neo: ((Tan cierto es que los gobiernos r~o tienen apoyo, no tienen salvacion, Do trnne~ clefensn, no lienen probabilidad de clurucion m¡:is que por la libertad que den á la lglesia, y por las consideraciones v el respeto que tengan á los puelos, cons{'derados por ellos como hijos de Dios.» La Santísima Cruz de Jesueristo, símbolo de la redencion · humana, refulgente enseña de verdadera civifoacion y lábaro ·misterioso que ha producido y fecundado entre los pueblos su regeneracion espiritual, moral, polílica,y social, babia sido el mejor, el mas positivo y el único bien que importára en este hermoso suelo de los Incas la vetusta corona de Españn. Bajo su divina y benéfica sombra babiasA realizado paulatinamente la unidad ele fé y de creencia, y con ella el reinado pacífico, majestuoso y exclusivo de la verdad religiosa, de la verdad del Catolicismo; producien'do por todas partes el conocimiento y debida apreciacion de los derechos imprescriptibles del hombre y de las virtudes evangélicas, cuya práctica es la condicion indispensable para su bienestar temporal y eterno. Esta unica religion verdadera y divina, abrazada publica y oficialmente, acompañando siempre al cristiano desde su cuna hasta su sepúlcro, á fin de hacer no solamen te moral y be-- neficiosa su vida, sino tarnbien de ·convertirla en una grande y conveniente ini-, ciacion para la eternidad; esta religion, decimos, que había producido una metamorfosis en el Perú, y que producirá tambien la mejora del indio, desheredado hasta ahora de los beneficios de ]a civilizacion cristiana, y convertido tan solo en objeto de lucro para los esplotador.es de toda clase, llego á ser desgraciadamente el objéLo ele poco miramiento de los políticos del dia. En su comezon por implantar en el pais reformas intempestivas y de ninguu provecho, esfuérzanse por ,~stableeer legalmente la tolerancia de cultos, la libre enseñanza de toda doctrina_ y otras prescripciones directamente opuestas á los fueros y prerogaLivas de la Iglesia. Mas el pueblo, en cuyo corazon está encarnada la Religion del Crucificado, en union íutima é indisoluble con sus legítimos
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