Jorge Basadre : vida y obra del ilustre bibliotecario peruano

178 César Castro en cajas de fierro o en estantes de acero o depositándolas, si ellos no existían, en lugares de seguridad? Por lo menos la figura jurídica del “delito culposo” asoma en este caso; si bien para ser justos, envolvía no solo a quienes habían tenido a su cargo la administración de la Biblioteca. También eran responsables los que, durante muchísimos años, nada hicieron para mejorarla [...]» (Basadre, 1975a, pp. 440-441). Luego de conocer las diferentes versiones, incluidas las de Basadre, solo resta decir que el Perú pagó muy caro por los largos años de indiferencia y desdén de las autoridades respecto a su primer centro cultural. Además, es verdad también que, de parte de los lectores, intelectuales y gente estudiosa que solía acudir a la Biblioteca, tampoco hubo una actitud vigilante y acaso de denuncia de las deficiencias que a diario percibían en sus viejos salones. Salvo José Carlos Mariátegui (1894-1930) que había dado señales de alerta sobre el estado de postración en que se hallaba, aunque con énfasis en la pobreza de sus fondos y la falta de catálogos. Por la gravedad del problema, se precisaba de una denuncia mucho más contundente o hasta de movilización de la sociedad civil que ayudase a romper el bloqueo perceptual colectivo respecto de la gravedad de los problemas que acosaban a la Biblioteca. En todo caso, solo una excepción: el «Conde de Calabria», seudónimo del columnista de un diario de cobertura nacional que, dos años antes del fatídico incendio, en su artículo: «El problema bibliotecario y la educación nacional», había formulado una serie de certeras y fundamentadas observaciones sobre el estado de la Biblioteca Nacional: las condiciones preocupantes de su local, la catalogación de sus fondos y la situación de su personal, además de otros aspectos (Conde de Calabria, 1941, p. 5). Es decir, la Biblioteca Nacional había llegado a una situación crítica extrema como consecuencia de una extraña complicidad de autoridades, funcionarios y trabajadores de la institución y lectores, que incapaces de percibir los problemas que la abrumaban, más bien,

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