TRIXIA OSORIO ANCHIRAICO 24 lograr el mismo efecto comunicativo en el receptor del texto traducido. Esto implica que el traductor no solo debe interpretar los valores semánticos de las palabras, sino también las implicaturas, actos de habla e intenciones del emisor (Searle, 1969). Asimismo, la pragmática permite reconocer cómo los elementos contextuales influyen en la interpretación del texto, especialmente en géneros especializados o literarios donde el significado depende de inferencias culturales o estilísticas. Por último, el nivel cultural resulta decisivo en el proceso traductológico, pues el lenguaje está profundamente ligado a la identidad y a la cosmovisión de cada comunidad. Venuti (1995) advierte que toda traducción implica decisiones ideológicas, ya que puede acercar o distanciar al lector del contexto cultural original mediante estrategias de domesticación o extranjerización. De este modo, el traductor actúa como mediador intercultural, responsable de mantener la coherencia semántica y la pertinencia pragmática sin perder la carga cultural del texto. En consecuencia, la competencia traductora integra la sensibilidad semántica, la precisión pragmática y la conciencia cultural, garantizando una comunicación efectiva entre lenguas y culturas.
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