En octubre si hay milagros

60 carga, la luz del día se filtró por las rendijas de la unión de las maderas. Estuve por un momento en un hermoso lugar. Los rayos me permitieron ver, así que cambié de lugar y pude estar muy cerca del rostro del santo que nunca dejó de mirarme con ternura. Sentí que aprobaba lo que hacía. A esas alturas, yo había aprendido que hay cosas que valen más que lo que el dinero puede medir; si no, pregúntenle a este hombre que unió a perro, pericote y gato. Durante el trayecto al convento regresé a mi ubicación mientras pensaba que a veces tenerlo todo nos impide sentir a los otros. Es una engañosa soberbia que dificulta que nos demos cuenta de que unidos somos más hermosos. Ahí estaban los enemigos históricos, frente al hambre, comiendo del mismo plato. La noche anterior, Dantés me había contado cómo completaría el plan. Buscaría a su amigo, el famoso Murdock, un perro tan negro como él, con un pasado de leyenda que lo había convertido en un héroe local. Era como el hermano mayor que ponía las cosas en orden si un perro violento quería abusar por diversión de un gato, o si un gato majadero molestaba a un perro apacible para desesperarlo, o si un ratón huía en su búsqueda para que lo rescatara de un gato cazador. La vez que las niñas me llevaron un pedazo de turrón de doña Pepa, Dantés guardó un poco para compartirlo con su amigo. Cuántas veces había ido con Murdock a la puerta trasera del chifa del final de la calle a recoger el langoy que un viejo amigo le daba en algunas ocasiones como retribución por haberlo salvado de un gato siamés furioso. Mr. Feng era un ratón cantonés que sabía ser agradecido.

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx