En octubre si hay milagros

43 No era desagradable vivir entre tules, tafetas, terciopelos, lanas y satén. Quedarse dormido entre brillos y oropeles podía estimular un hermoso sueño y dejar a un lado cualquier pesadilla que la incertidumbre de la travesía los tuviera todo el día con el rostro serio. —Vamos —dijo una mañana el capitán de la familia—. Es hora de estudiar y saber más sobre el lugar que nos acogerá. Fueron los días del viaje a la escala en Panamá los que sirvieron para aprender español de cabo a rabo. No había mucha diferencia entre el portugués y el nuevo idioma. Al unísono repetían: —O rato valente sempre encontra um pedaço de queijo delicioso. Para luego decir en la nueva lengua: —Un ratón valiente siempre encuentra un pedazo de queso delicioso. Alguna vez, Aristóteles escribió en su diario que esa afinidad fonética era el indicador de que habría muchas cosas similares a su tierra en la nueva y que serían bien recibidos por aquellos que, al oírlos, los verían más cercanos. No en vano Brasil era un país enorme cuya frontera limitaba con la del antiguo Imperio inca y estaba más cerca de los peruanos en distancia que de quienes colonizaron Porto Seguro un 22 de abril de 1500. La relación del viaje la encontramos en la bitácora de viajero del hijo mayor de Aristóteles, Vasco, quien describió al detalle los cuarenta días que duró el recorrido. Amante de la caligrafía, Vasco no solo dejó el legado del viaje, sino una pieza de arte de lo que podía ser un cuaderno de viajero. Dicho documento está guardado en el archivo familiar y su réplica acompaña esta historia como anexo final».

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