En octubre si hay milagros

33 la aridez y la muerte que traen consigo las armas humanas, nuestros vecinos de otros lugares huirían al oeste para sobrevivir. Fue en ese tiempo que el buen Aristóteles empezó a planear su viaje. Premunido de sus investigaciones bajo el brazo, fue a buscar a sus familiares más cercanos para convencerlos de que, más pronto de lo que se creía, Lisboa sería invadida por roedores del este, quienes traerían consigo hambre y enfermedades, y de ninguna manera él caería en el enfrentamiento con sus congéneres. —Que los humanos se ataquen entre sí no puede obligar a que las especies que sufrimos esas consecuencias nos comportemos como ellos —aseguraba enfáticamente, marcando la diferencia entre él y una especie que usualmente no comprendía». —Vaya que era sabio ese recontra tatarabuelo tuyo —me sorprendió Dantés, y continuó leyendo emocionado. «Las reflexiones del sabio ratón calaron en algunos de nuestro clan; otros temían sacrificarse en favor de la paz y estuvieron dispuestos a quedarse y mezquinar un pedazo de queso a un ratón extranjero. —Los muridaes pequeños —los ratones domésticos como nosotros— no tenemos la fuerza y las ventajas de roedores más grandes. Ardillas, marmotas y ratas arrasarán con parte de los granos que han sido hasta ahora nuestro alimento, si no es que los humanos también —enfatizaba el sabio. Fue esta sabiduría previsora la que hizo que los Picalibros y sus primos, los Colariza, asumieran como un hecho el preparar las maletas y subir al primer barco de carga que zarpara del

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