estimaría las opiniones que se iban a emitir, porque si, como lo había dicho al principio, se sometía a lo que acordase la mayoría, había gran responsabilidad para cada uno de los presentes, porque se trataba nada menos que de inducir al señor García Calderón a seguir un camino determinado, que podía ser funesto o salvador; y que así cada uno pensase bien en la importancia que tenían sus opiniones. El señor García Calderón contestó que así era, y que él estaba resuelto a hacer lo que allí se resolviese» (Martin 1972: 46). Más adelante, en el mismo texto, se registra la siguiente opinión: «El señor don Manuel Candamo manifestó que, desde hace tiempo, él consideraba que era necesario poner fin a un estado tan lamentable como el del Perú; que creía que no debía tomarse para nada en cuenta la venida de Piérola, con que se nos amenazaba; ni menos la fuga vergonzosa a que la amenaza se refiere; sino estimar lo que conviene al Perú y ceder Tarapacá, sin subterfugios ni venta, sino cesión, porque no se puede más. El señor don Juan I. Elguera dijo que se adhería por completo a la opinión del señor Candamo, y que estaba por el sacrificio de Tarapacá para salvar el resto del país» (Martín 1972: 47). El mismo testimonio de Elías registra la opinión de Logan en el sentido de que si los desterrados no aceptaban la fórmula propuesta por Norteamérica la presión de Chile aumentaría: «El señor Candamo contestó: que, a nombre de todos, le agradecía su buena voluntad, para venir hasta tan apartado lugar; que comprendía la necesidad de la paz; pero que él tuviese en cuenta que, cualquiera que fuese la resolución que se tomase, nosotros no pensaríamos en nuestra condición personal, que nada tenía que ver al tratarse de la suerte de nuestro país; que tampoco tomaríamos en cuenta la amenaza que Chile nos hacía con la venida del señor Piérola al Perú; que así como no seríamos capaces de sacrificar nuestro país, por consideración alguna, tampoco dejaríamos de hacer lo que fuese conveniente a su honra y a sus intereses. Por mi parte (dice Elías), manifesté al señor Logan que apoyaba las ideas del señor Candamo y que las ampliaba, preguntando al representante de los Estados Unidos, si su gobierno creía, que el Perú, por el hecho de haber sido vencido en la guerra, estaba colocado fuera de las leyes morales y humanas, que en la actual civilización cristiana son protectoras de las sociedades; porque Chile parecía olvidarlo todo, con mengua para las demás naciones de América, y muy en especial para los Estados Unidos, que tanta parte había tomado últimamente en el conflicto del Pacífico. Pregunté además, al señor Logan que, si los prisioneros aceptábamos una base de arreglo, cuál sería para nosotros el compromiso que con esa aceptación contraíamos» (Martin 1972: 49). En el mismo texto de Elías se expresa que García y García y Ribeyro manifestaron su opinión de acuerdo con la expresada por Candamo y Elías: «Candamo y yo nos quedamos un momento conversando con Mr. Logan, y entonces insistió éste con nosotros para que dijéramos a nuestros compañeros que no dejasen pasar la presente coyuntura de salvar al Perú» (Martin 1972: 52). 353 Zoilo Flores Aponte (Santa Cruz, 1846 – Santiago de Chile, 1916), conocido como «cuico», fue un escritor, abogado y político boliviano, autor de Efemérides americanas (1869) y de otros trabajos muy apreciados. En 1879, al declararse la Guerra del Pacífico, estaba trabajando como abogado en Lima, y fue nombrado enviado extraordinario y ministro plenipotenciario de su país en el Perú (Barnadas 2002, I: 869; Cortés 1876: 184; Wu 1986: 16). Cuico es el apodo «que se le da al indio boliviano», según el Diccionario de Americanismos de Augusto Malaret (1946: 279). 354 Es muy posible que se refiera a Aníbal Fuenzalida Lazo, teniente coronel del 854
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