Fue diputado por Piura, prefecto de la misma ciudad y enviado extraordinario y agente financiero en los Estados Unidos, entre 1878 y 1879. De regreso en Piura sirvió a las órdenes de Lizardo Montero, se trasladó a Lima y fue desterrado a Chile. Después de la guerra fue senador por Piura (Trazegnies 1965: 140). 350 Fragmentos de esta carta han sido transcritos por José Carlos Martin (Martin 1972: 43). 351 Carlos T. Robinet fue un parlamentario y periodista chileno. Sin embargo, no hemos verificado su condición de sobrino de José Antonio García y García (Figueroa 1925-1931, IV-V: 667; Fuentes y Cortés 1963: 264). 352 Cornelio A. Logan fue representante norteamericano en Chile desde setiembre de 1882. Defendió la idea de la paz con la entrega de Tarapacá y la compra de Tacna y Arica por Chile, con la cesión al Perú de la mitad de las ventas del guano que Chile percibiera en las islas de Lobos. García Calderón fue presionado para la firma de la paz dentro de ese esquema. Siempre planteó la necesidad de viajar al Perú para «conocer de cerca la opinión del país sobre la cesión territorial» (Basadre 1983, VI: 304). En carta de Juan Martín Echenique a Nicolás de Piérola hay referencias de la entrevista de García Calderón con los desterrados en Angol: «Juzgo que el gobierno de Chile a fin de llenar el expediente formuló pretensiones exageradas que pensó rechazaría de plano García Calderón pero no fue así; este las aceptó y fue por esta aceptación que se le consintió el ir a Angol a persuadir a sus amigos que aquellas condiciones debían ser aceptadas. Entre estos encontró decidida resistencia en Forero, Ribeyro, La Cotera y Químper, se asegura que los demás aceptaron» (BNP, Colección Piérola, XNP, 25 de octubre de 1882). Logan y García Calderón viajaron juntos a Angol para reunirse con los peruanos desterrados, «que eran amigos políticos de éste y tenían destacada significación por ser altos jefes del ejército, abogados de nota, ricos propietarios, antiguos ministros de Estado, ministros diplomáticos, diputados, senadores o altos funcionarios» (Basadre 1983, VI: 304). Basadre cita un extenso fragmento de las memorias de García Calderón, sobre el ambiente que encontró en Angol: «¡Qué cuadro presentaban los prisioneros! (...) Siendo entonces cerca de veinte estaban hacinados en cuatro pequeñas habitaciones. Cuando llegaron se les dio ese local; y no tuvieron no digo una cama, pero ni siquiera un banco en qué recostarse; y enseguida se les dijo que el gobierno había asignado veinte pesos para la manutención de cada uno de ellos. Y allí estaban como criminales en el presidio y aun peor, sin más menaje que el procurado por ellos mismos; viviendo la mayor parte a sus expensas por lo que les fue posible rechazar la pensión que se les ofreció; y en una casa por todos lados accesible porque el cerco provisional que la rodeaba estaba roto en varias partes. El edificio se reducía a las habitaciones mencionadas y lo demás era un gran patio lleno de lodo. El almuerzo y la comida tenían que buscarlos fuera de ese recinto. Mi primera impresión al ver a esos amigos, de quienes me hallaba separado desde noviembre de 1881, fue de profundo pesar; pero la alegría que brillaba en sus semblantes, la resignación con que soportaban tanto vejamen y su inquebrantable firmeza para sostener los derechos de la patria, devolvieron la calma a mi espíritu y, participando de sus sentimientos, reí con ellos de su sistema de vida» (Basadre 1983, VI: 304; García Calderón 1949: 172). Sobre la presencia de Logan en Angol, véase Bulnes (1911-1919, 3: 332-337). En el testimonio de Carlos M. Elías sobre las conferencias de Angol, que publica Martin, se registra la siguiente intervención de Candamo: «El señor Candamo preguntó al señor García Calderón, cómo 853
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