importantes políticos chilenos de la segunda mitad del siglo XIX. Hombre de gran capacidad, fue cercano colaborador y ministro del presidente Santa María, sucediendo a este en la primera magistratura. En efecto, fue elegido presidente de Chile en 1886. Desarrolló un importante programa de obras públicas y de mejoras educativas, pero la inestabilidad política y las tensiones sociales llevaron a que su gobierno concluyera en medio de la guerra civil de 1891. Luego de transferir sus poderes al general Manuel Baquedano —tras comprobar que sus opositores lo habían vencido— puso fin a su vida el 19 de setiembre de 1891 (Collier y Sater 1999: 141-147). 118 Son palabras que Balmaceda escribe a Eulogio Altamirano y a Jovino Novoa el 8 de diciembre de 1881, diciendo además lo siguiente: «No se nos escaparon las dificultades que el cobro de la contribución ofrecía; pero quisimos dejar establecido que el gobierno había autorizado las medidas más extremas de rigor (...). No veo dificultad para que se forme un rol en Lima y otro en el Callao, de las personas que puedan pagar una contribución de guerra de mil pesos arriba. Todavía podría hacerse un rol de segunda categoría que no baje de doscientos pesos. Y por último un tercer rol para cobrar por cabeza uno o dos pesos (...)». El mismo 8 de diciembre de 1881, Balmaceda se dirige a Patricio Lynch: «en cuanto a la contribución de guerra, quiso el Gobierno dar a Ud. autorización amplia para imponerla en los términos más rigurosos. Si sus representantes allí no creen posible medidas de tanto rigor, el gobierno descansará ya en la impracticabilidad de impuestos que ha deseado y autorizado cobrar. A pesar de todo, sostengo que debe cobrarse una contribución de guerra (...)». Estas cartas fueron citadas por el propio Balmaceda en su intervención en la Cámara de Diputados de Chile en sesión extraordinaria de 14 de noviembre de 1882 (Diario Oficial de la República de Chile, 8.12.1882). 119 «Los chilenos calumnian a los civilistas acusándolos de instigadores del levantamiento de los indios, tan funesto para los primeros y también para los segundos, aunque en diverso modo. Cotera, García y G. (J.A.), Candamo, Elías —Carlos e Isidoro — (este último remitido de Ica), Correa y Santiago y algunos otros, han sido aprenhendidos y van deportados, según se anunció, a la isla de Juan Fernández. Químper y Forero han sido buscados con empeño, pero han logrado escapar. Asegúrase que el primero va al lado de Cáceres. Canevaro y Recavarren han huido también. D.P. Solar ha salido también de Lima, llamado por Cáceres, al decir de su señora» (BNP, Colección Piérola, XNP, Carta de Carlos de Piérola a Nicolás de Piérola, de 2 de agosto de 1882). 120 En La Patria. Diario de la mañana —periódico editado en Lima por chilenos durante la ocupación— apareció el 9 de agosto de 1882 un artículo titulado «Los últimos prisioneros» y firmado por «E.O.», en el cual se comenta con beneplácito el referido destierro: «Desde algunos días atrás varios señores de más o menos importancia, de más o menos encumbrada situación social, han sido reducidos a prisión y ya han sido remitidos a Chile. Excusado es decir que todos ellos pertenecen a esa diminuta, pero peligrosa fracción, que bajo el nombre de CIVILISTA, ha causado, causa y causará (si no se le pone atajo) todos los males que afligen a esta hermosa parte del continente sudamericano. Gran contento ha producido ese legítimo acto de guerra de la autoridad chilena. Con esto el gobierno de Chile ha dado un golpe maestro a los cabecillas que dirigían el pandero de lo que ellos llaman política. Las revoluciones, los cambios de frente, las proclamaciones, los pronunciamientos, todo, todo salía del majín 826
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