internacional contra Dreyfus, no exija al Tribunal que lo resuelva previamente, o más bien dicho, desde luego, sino que deje esto al libre arbitrio de los jueces. Tal vez la petición sería rechazada, porque generalmente los tribunales internacionales resuelven todo en la misma sentencia, aun cuando por su orden, y además por una consideración de carácter personal de los actuales jueces, y principalmente de M. Hafner. Este no admite que las partes le indiquen el procedimiento, y le he visto rechazar ya una insinuación de los abogados de Dreyfus. La idea de que nosotros vayamos a decir al Tribunal que no incluya a tal o cual acreedor porque el Perú no lo reconoce, nos llevaría a una situación peligrosa para lo futuro, y contradictoria del papel que deseamos mantener. El Tribunal tiene la facultad de entrar a conocer sobre la legitimidad de los créditos, si fuese necesario para distribuir el depósito. Presentándose el Perú como opositor de la admisión en el juicio de Dreyfus, por ejemplo, el Tribunal le pedirá las razones, tendrá que exponerlas, y helo aquí convertido en verdadera parte principal, que es lo que deseamos evitar. Muy diferente es el papel de simple tercero e indirecto interesado, que consiste en hablar de este modo: «Lo que ustedes traten sobre legitimidad de los créditos no me puede afectar, pues no he contribuido a constituir el arbitraje, desde que la Francia se negó a firmar un convenio especial. Pero, en todo caso, tengo derecho a exponer al Tribunal los principios de mi derecho constitucional y los del derecho internacional sobre los dictadores, y todo lo demás respecto de los fallos Piérola-Dreyfus, y a pedir que se tome nota de la reserva que hago de todos mis derechos». Preveo que el nuevo gobierno deseará reanudar negociaciones con la Francia sobre arbitraje, para manifestar que ha conseguido lo que fue negado a don José Francisco Canevaro. En estos momentos nada sería tan inconveniente como innecesario, estando de medios-participantes apenas, y a las resultas de la lucha en que Chile y los acreedores se han empeñado. Y otra consideración consiste en que nuestra defensa no está hecha todavía, es decir, ha sido antes de ahora falsa, exagerada, sin documentos, y es indispensable estudiarla de nuevo, llenar las lagunas, mirar las cosas 787
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