buen éxito todos los medios decorosos posibles, y como ciertas intrigas [ilegible] me pusieron al fin en aptitud, sin haber tenido que comprometer en nada la acción oficial, de conocer de una manera precisa y segura la línea de conducta que se había trazado aquel caballero, después de saber bien que sus pretensiones a ser acreedor del Perú estaban amenazadas por una inminente declaración del Congreso en sentido contrario; y sin embargo, después de haber alcanzado tan positiva ventaja, tuve que sacrificarme en cumplimiento de órdenes perentorias de Lima, que no me permitían otra cosa que «entregar la carta» a Dreyfus. Por su hermano, a quien con este motivo he tenido ocasión de conocer y estimar, supe lo que estaba pasando entre las cancillerías francesa y peruana por causa de la cuestión Muelle-Dársena, y sé lo que ha pasado después respecto a la de Dreyfus; pero a pesar de esto, o por esto mismo, debería decir, comprendo menos las instrucciones que he tenido que cumplir. ¡Ojalá que todo ello sea Ad Maiorem Dei Gloriam, como dicen los obedientes hijos de San Ignacio de Loyola, cuyo ejemplo he seguido en esta ocasión! Mientras tanto, pronto sabremos a qué atenernos respecto al valor legal de esta cuestión y de la promovida con motivo de la anulación del contrato celebrado con la Peruvian, porque aunque los procedimientos judiciales sean lentos, y por lo mismo no habrá resultado definitivo sino dentro de ocho a diez meses cuando menos, el sentido en que resuelvan los tribunales ciertos detalles, permitirán prever en breve la decisión final; y aunque no sea yo quien esté aquí para entonces sino Bogardus, Araníbar o Gálvez, fácilmente comprenderá usted que no quedará la cosa por falta de diligente preparación de mi parte. Y ahora solo me resta desear a usted y a su familia toda la felicidad que muy sinceramente quisiera para ustedes. Su afectísimo amigo seguro servidor, J. A. Miró Quesada *** 21 Trebovir Road Londres S. W., 15 de diciembre 1886 725
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx