El Perú desde la intimidad

Lima Querido amigo: El retardo con que contestó usted, el 24 de setiembre, la primera carta que tuve el gusto de escribirle de Londres, ha sido ampliamente compensado con el placer que me ha causado recibir noticias directas de usted. Leyendo su carta me he creído transportado por un momento al «retrete colorado» 781 de la imprenta, donde hablábamos de las cuestiones del día más o menos en los términos que lo hace usted ahora en ella, mientras nuestro viejo y querido don Manuel 782 sufría resignado en el salón grande la charla pertinaz y el chauvinismo de la generalidad de nuestras tertulias. Tiene usted razón, mi querido amigo, en temer que todos los esfuerzos que se hagan no basten a asegurar un porvenir tranquilo. No podemos ocultarnos que «el frío no está en la manta», y esto equivale a decir que todas las reformas que se emprenden tienen que escollar ante la falta de sujeto. Usted conseguirá sancionar muy buenas cosas; pero ¿quién ha de aprovecharlas, si el elemento social de que formamos parte está abstraído por una preocupación única, constante, que no le permite dedicar su atención a resolver ningún otro problema que el de no morir de inanición? Desde que tengo uso de razón oigo hablar en el Perú de situaciones críticas, de momentos de verdadera crisis, etc.; pero lo que hasta ahora ha sido pura palabrería es en esta época una amenazante realidad; porque no puede concebirse una crisis más seria para un pueblo sin hábitos ni elementos de trabajo, que la transición del periodo de las siete vacas gordas al de las siete vacas flacas a que usted alude. Pero en medio de todo, como usted no tiene la culpa de lo que está pasando allá, no creo que tenga derecho para martirizarlo con apotegmas melodramáticos, más propios de uno de nuestros criollos periódicos de Lima que de una carta de la naturaleza de la que estoy escribiendo. Por los diarios se habrá impuesto usted de la campaña que [se ha] emprendido últimamente contra Dreyfus. Debo confesar con ingenuidad que si allá parece bien lo que he hecho, resultaré representando el papel de héroe por fuerza. Un mes de desvelos, durante el cual miré el incidente de la cuestión Dreyfus a que me refiero bajo todas sus fases y empleé con 724

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