El Perú desde la intimidad

por todo el país y apoyado por la opinión pública; y no por pequeños intereses de partido, sino por un alto interés nacional, se resolvió hacer esa exposición, dirigida tanto al país como a los extraños y aun al enemigo; y como la Junta Directiva no tuvo razón para suspenderla, no la suspendió. Esa Junta no tiene, pues, responsabilidad alguna en este caso, y si la concordia entre los partidos no se verifica, no será ciertamente por su culpa. Y dígame usted, mi querido amigo, ¿motivo tan infundado, o tan pequeño siendo fundado, era bastante para decidir al Comité del Partido Nacional a esa abstención, que según me dice en su apreciable que contesto, ha adoptado como regla de conducta en la presente y gravísima situación del país? Sea de esto lo que fuere, respeto esa resolución, inspirada seguramente por muy patrióticas y elevadas consideraciones; pero es sensible que por ella se prive el país del poderoso concurso de todos esos caballeros, que van a quedar de impasibles espectadores de los esfuerzos que hará el Perú, su patria, para salvar su existencia nacional y salir lo menos mal posible de manos del enemigo extranjero. Tal vez muchos de ellos se persuadirán en breve de que un imperioso deber les obliga a salir de esa abstención, tan parecida a una expectativa sospechosa, o por lo menos a la indiferencia; a apoyar y defender al gobierno constitucional, emanación y representación del régimen en que hemos nacido y vivido; y a contribuir, como buenos ciudadanos, a la defensa de su patria con todos sus esfuerzos. Sé perfectamente que usted no es hombre de intransigencias ni de pasiones políticas, y estoy seguro de que si la concordia no se ha realizado, no [ha] sido ciertamente por usted. Perdone usted lo largo de esta carta y créame siempre su afectísimo amigo y seguro servidor, M.C. *** Marzo 13 1882 714

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