París, junio 6/1898 Mi querido Manuel: Aún no te he escrito desde que me diste la triste noticia de la muerte de Carmencita Zevallos. Mucho la sentí, pues la quería muy sinceramente, era muy buena amiga y comprendo que haya sido un duelo general en la sociedad, porque se hacía querer de cuantos la conocían. Me figuro la pena de su marido, pues era un matrimonio muy unido y que se quería mucho. Si ves a Zevallos y si tienes ocasión, dile que lo recordamos con mucho cariño y que tomamos una gran parte en su dolor. Espero que esta te encuentre a ti y a todos los tuyos en perfecta salud. Aquí por el momento estamos, gracias a Dios, muy bien. Mi hija Clotilde espera otro chico en el mes de junio. Todos deseamos que sea hombrecito y que no tenga otro hasta mucho más tarde. ¡Los niños chicos dan mucho que hacer y los grandes muchas preocupaciones! En tu última carta también me hablas de tus cuñados los Álvarez Calderón. Qué simpáticos son; tanto ella como él me han gustado mucho. Ella parece tan niña para tener ya un hijo grande. Hubiera deseado verlos más, pero ella estuvo mucho tiempo sin ver a nadie cuando tuvo a su chiquita mala, y después se fueron de viaje. Así es que todo eso me impidió verla y tratarla con más intimidad. Aquí están los Heeren por el momento. Virginia estuvo, y algunos de sus hijos van a pasar el mes de junio y después se irán a Baden. Merceditas va a tener también otro chico. Ya ves que la familia aumenta de todos lados. Concluyo pidiéndote le des a Teresa un fuerte abrazo, y con mil cariños a mis sobrinos todos recibe tú otro muy de corazón de tu hermana Clotilde *** Biarritz, agosto 13/1898 Mi querido Manuel: Me figuro lo sorprendido que debes estar que habiéndome escrito en el mes de mayo haciéndome un encargo no te haya contestado aún nada sobre ello. El motivo ha sido la indecisión en que he estado hasta el último momento sobre lo que te iba a mandar. Apenas recibí tu carta fui a casa de 661
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